Hacia el sentido común – José Luis Sánchez Saliquet

“Foto de mayo 2018. Esta año la flota no ha venido tras las prohibiciones de fondeo”

La naturaleza fue generosa con las pitiusas, donde sus gentes supieron abrazar con generosidad a los nuevos visitantes, sin un ápice de ambición ni desconfianza, sin exclusiones ni discriminaciones. En Ibiza cabíamos todos, en libertad y en armonía. Semejante cocktail ha sido la fórmula para que la riqueza que vino acompañando al turismo permitiese un salto cualitativo de primer orden en nuestra prosperidad social y económica; lo que en los años 50 parecía una utopía se hizo realidad.

Hoy las islas tienen cadenas hoteleras propias presentes en varios continentes. Son empresas de primer orden, líderes e innovadoras en su sector, y su floreciente industria turística ha logrado que el nombre “Ibiza” sea una marca que se exporta a todo el orbe y que permite, solo por ostentar su etiqueta, beneficios. Parece una obligación además de una necesidad mantener esta herencia y lograr perpetuarla para nuestra pujante y ambiciosa juventud.

Desconocer la fuente de dicha fortuna es precipitarse a un anunciado fracaso social y económico, tan evidente como pretender mantener la actual prosperidad y los derechos y servicios sociales que sustentamos con ella, solo con un modelo turístico, que muchos hoy defienden como la panacea de todo mal; el turismo familiar.

Aquel incipiente turismo que prosperó en los años 70 y 80, no fue responsable del éxito de la marca musical Ibiza, verdadera fuente del éxito social y la actual prosperidad en que vivimos, y de donde nacen los descuentos a residentes, hospitales, telecomunicaciones, nuevas infraestructuras en carreteras y puertos, o la amplia red de escuelas, alcantarillados, agua potable, desaladoras, y un sinfín de cosas más de las que sin el turismo musical no gozaríamos.

Prescindir de un turismo en beneficio del otro, además de discriminatorio creará problemas de muchos órdenes, mientras que armonizar los diferentes turismos parece, además de sensato, lo más lógico, justo y socialmente aceptable y rentable. Por eso, el modelo de prohibiciones turísticas a golpe de decreto al que nos han sometido sólo puede traer depresión económica y huida de nuestra única fuente de ingresos, el turismo. Este verano lo empezamos a notar.

El mar y la música, nuestras playas y bosques, han de encontrar el respeto necesario de todos, también de nuestros visitantes, para que la armonía que distingue a ibiza perdure, esencia de la magia que hizo de Ibiza un lugar único en el mundo. Hemos de encontrar espacio para nuevas viviendas sociales (nosotros pedimos 3.000 en los próximos 4 años) que no pueden salir de expropiar la propiedad privada. La propiedad privada ha de entender que bailar 24hs es solo posible si tu vecino puede dormir y vivir en paz, las playas y sus magníficos y novedosos beach-clubs tienen que bailar cuando el sol se marche y hasta que la industria nocturna empiece a trabajar, la tierra de Ibiza, hoy prohibida y abandonada tiene que prosperar, florecer y sus productos tienen que ser la marca que nuestros hoteles ofrezcan, exportables a todo el orbe, sus montes, hoy polvorines de leña muerta, ser limpiados, nuestra arquitectura, herencia fenicia protegida y promovida, nuestra administración adelgazada, reducida y mejorada, hoy lenta, cara, elefantiásica y tediosa, y nuestros ayuntamientos, ricos en superávit, han de rebajar impuestos y devolver su riqueza a sus únicos dueños, los ciudadanos, hoy asaltados por mil leyes que solo hacen nuestra existencia más ardua y sufrida.

Si nuestro irrepetible mar y su posidonia encuentran el modo de recibir a la lujosa flota que nos visita sin que sus anclas dañen nuestra flora y fauna (fondeos ecológicos) y escapamos del “todo prohibido” para hacer posible el “todo permitido si me respetas” habremos dado el salto definitivo a un muy próspero futuro que ya toca a las puertas de Ibiza y que no debemos dejar pasar. No volvera.

Por todos, por Ibiza, por el sentido común.

Un comentario en “Hacia el sentido común – José Luis Sánchez Saliquet

  1. Colocar boyas donde se pueda anclar sin dañar la posidonia es muy rentable. Debido al gigantesco gasto que hacen los superyates. Lo que destruye la posidonia son los emisarios submarinos de aguas fecales, como en Mallorca.

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