Las actas de la traición – Federico Giménez Losantos / El Mundo

os ex presidentes del Gobierno Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez...
No hay un caso documentado de traición a España en los últimos dos siglos como el de las actas de la rendición del Gobierno de Zapatero a la ETA. Fernando VII y Carlos IV compitieron en vileza ante Napoleón y le entregaron la Corona de España para que el genocida corso la pasara a su hermano José. Pero cabía en 1808 la justificación de que el territorio peninsular estaba ocupado por el primer ejército del mundo. En 2004, cuando Zapatero acomete la destrucción del régimen del 78 y la forja de un Frente Popular Separatista para el que resucita a la ETA y proscribe al PP, representante entonces de la media España de derechas, mediante el Pacto del Tinell, ni España estaba ocupada militarmente ni la ETA era más fuerte que la policía, la Guardia Civil y el Estado de Derecho. Estaba hecha trizas y, en todo caso, el Gobierno del PSOE no tenía derecho a traicionar a las víctimas del terror y engañar a la nación para convertir a la banda en socio político. Lo hizo. Bildu votó a Sánchez.

Rajoy siguió al pie de la letra el pacto con la ETA, que conocía y en el que no participó directamente, pero nunca denunció, porque, sencillamente, la clase política compró su seguridad física a cambio de entregar a unos asesinos la soberanía nacional y la libertad de los españoles. También su seguridad. Hemos visto en estas elecciones cómo sobrevive el poder etarra: con el dinero de las instituciones y la violencia en la calle.

Navarra y los presos fueron siempre las bases de la ETA para negociar. Primero, con el Ejército; luego, con el Estado, o sea, con el Gobierno. ZP, tras el atentado de la T4, ofreció más: Navarra, suelta de presos, empezando por De Juana, legalización de Batasuna y anulación europea de la Doctrina Parot, sucia tarea que cumplió López Guerra. Yo comenté aquí que eso solo obligaba a revisar el caso de Inés del Río, no las condenas de los asesinos, de ETA y del común, incluidos los violadores que, apenas libres, volvieron a violar. Tenía ya Rajoy mayoría absoluta y Gallardón dijo lo mismo: la sentencia solo afectaba al caso de Inés del Río. Rajoy le aclaró -y él lo asumió- que la rendición de ZP ante la ETA era también la suya. Ambos compraron su seguridad traicionando, según denunció Rajoy, “a los vivos y a los muertos”. Ambos deberían ir a la cárcel por colaboración con banda armada.

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