“La Pasionaria” justifica la invasión de Polonia, realizada por Stalin y Hitler, inicio de la II Guerra Mundial.

“La social-democracia y la actual guerra imperialista.” Dolores Ibarruri La España Popular.

Importantísimo documento de noviembre de 1936 donde la líder del partido comunista “La Pasionaria” justifica la invasión de Polonia, realizada por Stalin y Hitler, inicio de la II Guerra Mundial, publicado por el PCE el 18 de febrero de 1940 en la ciudad de Mexico, donde Prieto y Negrin guardaban el oro saqueado en el “Vita”.(se puede descargar aquí),

Datos históricos. Relato de @elentirvigo:

El 23 de agosto de 1939 los ministros de asuntos exteriores de Hitler y Stalin firmaron en Moscú el Pacto Ribbentrop-Molotov, un acuerdo de no agresión entre Alemania y la URSS, que incluía un protocolo secreto por el que ambas potencias se repartían Polonia, las Repúblicas Bálticas y Finlandia, un protocolo descubierto por los Aliados en 1945 y que la URSS negó hasta 1989. 

La Internacional Comunista, controlada por Stalin y con sede en Moscú, dio órdenes a los partidos comunistas de sabotear el esfuerzo de guerra contra los alemanes. Ese sabotaje se tradujo, especialmente, en acciones de propaganda de los comunistas para promover el derrotismo y justificar la invasión de Polonia. 

El 9 de septiembre de 1939 Georgi Dimitrov, secretario general de la Internacional Comunista, dirigía un telegrama a la cúpula del PCF afirmando: “El proletariado mundial no debe defender a la fascista Polonia.” Faltaban ocho días para que las tropas soviéticas penetrasen la frontera oriental de Polonia, de modo que esa consigna se refería a la invasión alemana. Ante la reacción de los gobiernos de Francia y el Reino Unido declarando la guerra a Alemania, Dimitrov señalaba: “los comunistas deben declararse en contra de la guerra, dejar al descubierto su carácter imperialista, votar en contra de los créditos militares, informar a las masas de que la guerra traerá miseria y agravará las cadenas de la explotación.” 

Las acciones de propaganda de los comunistas se centraron en dirigir la mayoría de sus críticas contra los gobiernos del Reino Unido y de Francia, como si fuesen los verdaderos culpables de la guerra.

El Partido Comunista de España (PCE), como los demás, siguió esas consignas de Moscú al pie de la letra. Así lo hizo desde el periódico “España Popular”, editado desde México y que sirvió como portavoz del PCE durante la contienda. El primer número (se puede descargar aquí) se lanzó el 18 de febrero de 1940. En portada incluía un artículo de Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, miembro de la cúpula del PCE exiliada en la URSS, tachando la contienda de “guerra imperialista” y culpando a “Francia e Inglaterra” de la derrota republicana en la Guerra Civil Española el año anterior.

Pero la dirigente del PCE iba más allá. En la parte final de ese artículo, en la página 6 del periódico, Ibárruri escribió: “Los portavoces socialdemócratas del imperialismo inglés y francés repiten cada día que hacen la guerra para “restaurar la Polonia”, en nombre de la democracia y del derecho de los pueblos.” Y un poco más abajo, añadía: “Ellos dicen ayudar (aunque bien sabemos hoy cuánto vale esta ayuda) a Polonia, donde millones de ukranianos, bielorrusos y judíos ni siquiera tenían el derecho de hablar libremente su idioma, y vivían en condiciones de parias.” Estas palabras Ibárruri son una clara justificación de la invasión de Polonia. Es una paradoja que invocase a los judíos para justificar una invasión que iba a dar lugar a un genocidio contra ese pueblo.

Las mentiras de Ibarruri para desprestigiar a los polacos.

La dirigente comunista insistía, un párrafo más abajo, en su justificación de la invasión nazi-soviética y en sus críticas a británicos y franceses: “Ellos se declaran solidarios con los gobernantes de la Polonia reaccionaria, desaparecida sin honor y sin gloria, porque los terratenientes polacos, los coroneles venales y que formaban su gobierno y que no representaban la voluntad del pueblo polaco -que no tenía ni voz ni voto para decidir sus destinos-, representaban, sin embargo, los intereses de los banqueros y grandes capitalistas de Londres y París.” Ibárruri mentía: Polonia era una democracia y el pueblo polaco se resistió de forma admirable a la invasión alemana.

Documento integro:

“La social-democracia y la actual guerra imperialista.” Dolores Ibarruri La España Popular.

“La sangrienta experiencia de la derrota del pueblo español, derrota organizada de manera sistemática por los gobiernos reaccionarios de Francia e Inglaterra, ayudados en su criminal tarea por los jefes de la Socialdemocracia, puede servir en estos momentos como un rayo de luz que ponga de relieve la mentira de los motivos con que hoy se arrastra a los pueblos en una guerra imperialista. Los que hemos vivido día a día el martirio de España; los que hemos sufrido el dolor y el escarnio de la política de “No Intervención”, impuesta por Francia e Inglaterra, y que cerraba a la Republica Española todos los caminos, menos el de la capitulación; los que hemos realizado toda clase de sacrificios en defensa de la Republica y por el mantenimiento de la unidad de nuestro pueblo hasta el fin de la guerra, nos levantamos ante los millones de trabajadores a los cuales se lleva a la muerte en defensa de los intereses del imperialismo inglés y de la gran burguesía francesa, para acusar, apoyándonos en el testimonio del sacrificio de España, a los que hoy levantan la bandera de la “democracia”, de ser los principales culpables de la derrota de la Republica Española, del triunfo de la reacción en España.

Y a través de esta tremenda responsabilidad para atestiguar la cual se levantarían en nuestro país millones de huérfanos, de madres, de viudas, de mutilados, de torturados en las cárceles inquisitoriales de Franco—, los obreros, los campesinos, los trabajadores de todos los países van a comprender mejor cuales son los intereses que se defienden en la actual guerra imperialista, y por qué los soldados de Francia e Inglaterra son llevados a las trincheras y a los campos de batalla.

Se habla de guerra en defensa de la democracia. En España existía una Republica de tipo moderado, cuyo presidente y cuyo gobierno eran republicanos. Y fue tan tímida y tan moderada esta república, que nació de unas elecciones “democráticas”, y en cuyos gobiernos figuraron hombres del Partido Socialista, que ni siquiera realizo aquello que era elemental para su seguridad una profunda reforma agraria, que liquidase las supervivencias feudales, tan arraigadas y extendidas en el agro español. Y cuando esta República, para la que la “democracia” internacional había tenido sus máximos fervores, por haber sido capaz de derribar con elegancia la monarquía borbónica, es atacada por la inacción interior, ayudada por fuerzas extranjeras, es un socialdemócrata, el funesto León Blum, jefe del gobierno francés, quien se “olvido” de que España era una Republica ligada a Francia por una comunidad profunda de intereses, y, además, por pactos oficialmente realizados.

Sirviendo los intereses del imperialismo inglés y de la gran burguesía francesa, que veían con temor el desarrollo de la lucha revolucionaria del pueblo español, rompió — traicionando la vieja amistad existente entre los dos países hermanos—el pacto firmado en el año 1933 entre la República Francesa y la Republica española, por el cual se comprometía la primera a vender a España todas las armas que necesitase en cualquier momento.

Y esto es tanto más infame, cuanto que el gobierno francés que firmo el pacto había exigido el establecimiento de una cláusula por la cual se obligaba a España a no comprar armas a ningún otro país. Y, no solamente se niega León Blum a poner en vigor el pacto firmado entre dos naciones amigas y vecinas, con fronteras y mares comunes, sino que impone, al dictado de Chamberlain.  la política de “No Intervención”.

La política de “No Intervención”.

¿Que era y que representaba, en aquellos momentos y durante todo el transcurso de la guerra de liberación del pueblo español, esta política de León Blum? La política de “No Intervención” significo dejar las manos libres a los invasores extranjeros para hacer la guerra a España.

para invadir, esclavizar y destrozar nuestro bello país. Significo poner desde el primer momento en un plano ventajoso a los generales sublevados, representantes de las castas más reaccionarias, respecto al gobierno legítimo y constitucional de España.

Fue la imposición brutal de un veto para la compra de armas, a un pueblo que defendía su independencia, y que, por fin, la entrega de la Republica española a la reacción, y el sacrifico de un pueblo que, a pesar de todo, defendió durante cerca de tres años su libertad y la independencia y el porvenir de su patria.

¿Sabían León Blum, y todos los jefes socialdemócratas y laboristas que le apoyaban, lo que la política de “i\o intervención’’ significaba para la Republica española? Lo sabían perfectamente, y no se avergonzaban de confesarlo. Pero jugaban con el miedo de los pueblos a la guerra, y en un discurso pronunciado el 6 de septiembre de 1936 en el “Luna Park” de Paris, con motivo de la fiesta conmemorativa de la proclamación dc la Tercera República, el primero tuvo el cinismo de confesarlo, y aun de amenazar al Partido Comunista Francés y a los trabajadores de la Unión Sindical Metalúrgica por su intensa campaña contra el gobierno presidido por Blum, por la política que realizaba de complicidad con el fascismo y contra la Republica Española.

“Sé que el mantenimiento de la Republica española—dijo Blum en ese acto—constituiría para Francia la garantía de seguridad de sus fronteras meridionales, y la seguridad de nuestras comunicaciones con el África del Norte.” “¿Si no hubiésemos hecho la oferta que hicimos el 8 de agosto (es decir, de la política de “no intervención”), que fue acogida con la adhesión casi inmediata de varios Estados, a donde hubiésemos llegado? . . . ”

“Obramos así para evitar complicaciones internacionales; de ello resulto que, durante un plazo mucho más largo de lo que nosotros hubiéramos deseado, nos encontramos atados de manos, mientras que otros países podían continuar aprovisionando de material de guerra y provisiones a los rebeldes. Esta injusticia, esta desigualdad os ha causado angustias y sufrimientos; ¿ahora, en que situación nos hallamos? Acabo de recibir a una importante delegación sindical, que ha venido a pedirme que me pronuncie en favor de una política declarada de socorro a España. No existe, a mi juicio, una sola prueba, una sola presunción demostrativa de que, después de la aceptación de la política de “no Intervención”, ningún Gobierno haya faltado a> su palabra. Si me piden que rectifique la posición del Gobierno, que me retracte de lo que he firmado, contestare hoy como ayer: ¡NO!”

A la infamia de la “no Intervención” unía el escarnio al pueblo español, afirmando primero que: otros países podían continuar abasteciendo de material de guerra y provisiones a los rebeldes, y después asegurando que no existía una prueba de que ningún Gobierno haya faltado a su palabra.

Pero, .es solo León Blum quien mantenía esta posición tendente a asfixiar a la Republica democrática española? ¡no! Son todos los dirigentes de la Socialdemocracia. Días mas tarde de este discurso de Blum, se reunió la Comisión Administrativa Permanente del Partido Socialista Francés y acordó, por unanimidad, aprobar la política sobre España de León Blum.

Semanas después, en una reunión común de socialistas y comunistas, en octubre de 1936, Modigliani, jefe de los socialistas italianos, afirmo que los socialistas están siempre contra la guerra, y que los comunistas, pidiendo ayuda para el pueblo español, impulsan a todos los países a una nueva guerra. Como conclusión de su discurso, Modigliani llego a decir que, para salvar a la democracia francesa, era preciso sacrificar la t España Republicana.

El Partido Socialista Italiano no condeno estas declaraciones; lo que significaba hacerse solidario de ellas.

Explotando el temor de los pueblos a la guerra, los social- Demócratas franceses y de otros países esgrimían un argumento que haría reír, si no hubiera costado tanta sangre y tantos dolores a las masas trabajadoras y democráticas españolas, afirmando que la intervención, es decir, la ayuda de Francia a España, significa la guerra. La guerra es fascismo. El Socialismo es “no intervención”. El Socialismo es la paz.

Mas, no era así como pensaba el proletariado francés, ni como pensaban los obreros de diferentes países. A este respecto, la posición de L’Echo de Paris, órgano del Comité des Forges, es decir, de la gran burguesía industrial francesa, era bien significativa. El 9 de septiembre de 1936 se publicaba en este periódico un suelto que revelaba una parte del contenido de la política de “no intervención”: El movimiento obrero y popular en favor de la España Republicana—decía el órgano de los grandes industriales—-, es arrollador; y, después de una serie de consideraciones sobre la lucha de España, afirmaba que la política de “no intervención” representaba el medio más eficaz para romper esa ola revolucionaria de solidaridad.

Al servicio de la reacción y el imperialismo.

¿A quién servían Blum y los jefes socialdemócratas con su política pacifista, con su política de neutralidad y de limitación de conflictos guerreros?

Nosotros, los españoles, podemos responder muy alto, acusando a la socialdemocracia ante los trabajadores de todo el mundo que, a quien servían, era al fascismo, haciendo la política de los Gobiernos reaccionarios e imperialistas de Francia e Inglaterra, que buscaban en el desarrollo del fascismo la creación de la fuerza que pudiera servirles para destrozar al país del Socialismo.

Y esta acusación, que nosotros mantenemos, rubricada con la sangre de más de un millón de españoles, la hacen todos los que comprendieron desde el primer momento el crimen que se cometía con la Republica española, colocando sobre su garganta el dogal de la “no intervención”.

En Giustizia e Liberto, periódico de los intelectuales italianos emigrados en Francia, se decía, en noviembre de 1936: Hubiera sido necesario que Blum explicase en el Consejo Nacional del Partido Socialista Francés las causas que han obligado a la democracia francesa a tomar, referente a la Republica española, la misma posición que hubiera tomado el duque de Guise o el coronel de la Rocque; pero, de todo eso no hay ni una palabra.

La verdadera causa es el “pacifismo” de Blum; este pacifismo que ha obligado a Blum, en enero de 1935, a votar el pacto de Roma y a intervenir en Ginebra como un Flandin o un Laval. Es este “pacifismo” el que ha hecho de la Alemania de Hitler un país agresivo; es este “pacifismo” el que ha dado a Mussolini un imperio; es este “pacifismo” el que ha aniquilado la Sociedad de las Naciones, que ha reforzado monstruosamente la reacción en Europa, que ha traicionado la Republica española. Este “pacifismo” fue caracterizado una vez por Vandervelde, cuando él estaba en una disposición de franqueza sin prejuicios, como “pacifismo” de borregos. Este “pacifismo”, admitiendo la guerra en España, prepara ahora la guerra en Europa. . .

A estos comentarios, habría que añadir otros no menos interesantes sobre Austria, Checoslovaquia, Memel, Albania, etcétera; pero, quiero limitarme solamente a la comparación de la posición de la socialdemocracia y del laborismo inglés para con la Republica española y su posición actual con respecto a Polonia.

En una Conferencia de las Trade-IJnions inglesas, celebrada el 7 de septiembre de 1936, Citrine defendía la política de “no intervención” y, entre toda una serie de argumentos justificativos de esta política, decía lo siguiente: “El Gobierno francés (presidido por Blum), estando obligado, por el mismo Tratado franco español, a suministrar al Gobierno republicano de España las armas que necesitase, ha llegado a la conclusión de que no puede cumplir lo estipulado en dicho Tratado, porque el envió de armas a la España republicana podría provocar la guerra. Debemos llegar a comprender la necesidad de aprobar la política de neutralidad, ‘aunque esta política no sea popular entre nuestros afiliados.” Es decir; que los jefes del laborismo inglés, aun reconociendo que los trabajadores ingleses eran partidarios de una ayuda eficaz al pueblo español, burlan los sentimientos de las masas trabajadoras de Inglaterra, y ayudan a Chamberlain y Daladier a derrotar a la Republica Española, llegando un jefe socialdemócrata, De Brouckere, a decir, en una reunión del Comité de Enlace, del P. S. y del P. C. de España, en Barcelona, que los trabajadores ingleses no ayudaban con más entusiasmo a España porque no tenían en ella intereses materiales que defender.

Orientados en este sentido, los jefes laboristas y socialdemócratas hicieron repetidos viajes a España, durante el transcurso de la guerra, para convencer a los socialistas españoles de que la resistencia era imposible, y de que no había más remedio que someterse ante la fuerza brutal del fascismo. Y Adlef y Schevenels, y Delvigne y Nenni, y AbramOvitch y Julius Deutch, y Stolz y De Brouckere, y Citrine y Attlee, y todos los jefes socialdemócratas que llegaron a España, llevaban el mismo objetivo, que es el de la burguesía de todos los países: ver como se podía luchar contra el Partido Comunista, por su inquebrantable posición de lucha y de resistencia ante los agresores, y convencer a los dirigentes socialistas, entre ellos a los diferentes Presidentes de los distintos Gobiernos y a los ministros socialistas, de la necesidad de terminar la guerra, entregando España al fascismo. Y así ocurría que la resistencia heroica del Ejercito y del pueblo español ponía frenéticos a los jefes de la socialdemocracia, porque esta resistencia rompía todos sus planes y hacia disminuir su personalidad y su valía ante sus amos, los Chamberlain y los Daladier, la City de Londres y la Banca de Paris.

El miedo a la revolución

Los ardientes “pacifistas” y partidarios de la política de “no intervención” eran movidos, no solo por el interés de servir a sus burguesías respectivas, sino también por su miedo a la Revolución.

Es indudable que la guerra que durante cerca de tres años sostuvo nuestro pueblo, era una guerra revolucionaria, justa y progresiva, una guerra de liberación, una guerra por la independencia de España.

La Republica española, que, al comienzo de la lucha, era una Republica de tipo democrático burguesa, se transformó, en el desarrollo de la guerra, en una Republica diferente de las Repúblicas democráticas burguesas, donde domina y manda el gran capital. Era una Republica apoyada en el Frente Popular y en el Ejercito Popular regular; una Republica de la cual fueron eliminados del Poder los terratenientes semifeudales, el gran capital y los reaccionarios. Era una Republica en la que los obreros, los campesinos, todas las masas populares, participaban de una manera intensa en la dirección de la vida política y económica del país. Era una República democrática popular en la cual, conservándose la propiedad privada, se estaba realizando la nacionalización de las grandes empresas industriales, de los bancos y del transporte; una Republica en la cual se llevó a cabo la confiscación de las tierras de los grandes terratenientes, y en donde las cooperativas y colectividades voluntarias de los obreros y de los campesinos encontraban la ayuda y la protección del Estado.

El triunfo de una tal Republica hubiera abierto perspectivas revolucionarias en todos los países, que habrían obligado a los jefes socialdemócratas a marchar, aun a regañadientes, con las masas, o a ponerse abiertamente al lado del capitalismo, como lo han hecho actualmente, frente a los intereses de los pueblos.

Y esta República, cuyo desarrollo y consolidación era una garantía del mantenimiento de la paz en el Mediterráneo; esta República, que poseía la llave del Estrecho ’de Gibraltar, es decir, del camino de África, que significa decir la posibilidad para Francia del transporte de tropas; esta Republica que, fronteriza con Francia a través de los Pirineos, hubiera ayudado a Francia en cualquier circunstancia, es abandonada, es entregada a los enemigos seculares de uno y otro pueblo.

Los portavoces socialdemócratas del imperialismo inglés y francés repiten cada día que hacen la guerra para “restaurar la Polonia”, en nombre de la democracia y “del derecho de los pueblos.

Ellos han ahogado a España, adonde el pueblo catalán y el pueblo vasco gozaban de libertad para el desarrollo de su cultura nacional. Ellos dicen ayudar (aunque bien sabemos hoy cuánto vale esta ayuda) a Polonia, donde millones de ucranianos, bielorrusos y judíos ni siquiera tenían el derecho de hablar libremente su idioma, y Vivian en condiciones de parias.

Ellos defienden un régimen que destrozaba la cultura de pueblos enteros, y abandonaban a los defensores de la cultura del pueblo español. Los hombres de la socialdemocracia, al servicio del gran capital, se atreven a llamar democrático al Estado polaco, el que fue cárcel de pueblos, donde el obrero no tenía derecho a organizarse libremente, donde el proletariado polaco llevaba la misma existencia de esclavos que el resto de los pueblos oprimidos. Ellos se declaraban solidarios con los gobernantes de la Polonia reaccionaria, desaparecida sin honor y sin gloria, porque los terratenientes polacos, los coroneles venales y que formaban su gobierno y que no representaban la voluntad del pueblo polaco—que no tenía ni voz ni voto para decidir sus destinos—, representaban, sin embargo, los intereses de los banqueros y grandes capitalistas de Londres y Paris.

El deseo de restablecer de nuevo aquel cordón sanitario, aquella base para ataques militares contra el país del Socialismo, que era el papel que jugaba Polonia, Estado creado artificialmente y que era un conglomerado heterogéneo, creado por el Tratado de Versalles: Polonia no debía servir a otro fin.

¡Los Blum, Jouhaux, Citrine y Attlee, fieles servidores de sus patronos, no pueden hacer otra cosa que gritar con toda su fuerza en defensa de los terratenientes y coroneles polacos!

¡La Polonia de ayer, cárcel de pueblos, ¡Republica de campos de concentración, de gobernantes traidores a su pueblo, que estaba constituida a la imagen de la democracia de los Blum y Citrine! La socialdemocracia llora sobre la perdida de Polonia, porque el imperialismo ha perdido un punto de apoyo contra la Unión. Soviética, contra la patria del proletariado. Llora por la pérdida de Polonia, porque los ucranianos, bielorrusos, trece millones de seres humanos, han conquistado su libertad. Como durante la guerra de España, ellos se encuentran hoy al lado de los enemigos de la Humanidad.

La clase obrera del mundo entero ha estado al lado del pueblo español en su lucha. Muchos de los mejores hijos del proletariado de todos los países han dejado su vida en los campos de batalla por la libertad de España. Ellos veían con razón, en la lucha del pueblo español, la lucha por la causa de todos los trabajadores.

Pero ningún obrero consciente te podrá tomar ‘voluntariamente las armas en defensa de la Polonia reaccionaria. Los trabajadores de todos los países han saludado con entusiasmo la acción libertadora del Ejército Rojo sobre el territorio del antiguo Estado de los terratenientes polacos.

Los combatientes españoles contra la guerra imperialista

Los Blum, Jouhaux, los Citrine y Attlee, participes del crimen cometido contra el pueblo español, defienden la Polonia reaccionaria, e incluso exigen su restauración.

Toda la fase de la lucha por el restablecimiento de Polonia no nene otro sentido que el deseo de restablecer de nuevo aquel cordón sanitario, aquella base pala ataques militares contra el país del Socialismo, pues tal era el papel asignado a Polonia, Estado creado artificialmente por el tratado de Versalles, y que era un conglomerado de pueblos en donde los polacos no estaban más que en un 60 por 100.

Al arrastrar a las masas trabajadoras de Francia e Inglaterra a la lucha contra la Alemania imperialista, traicionan una vez más al proletariado, mienten una vez más los jefes socialdemócratas al decir que es la lucha entre dos sistemas: el fascista y el democrático y de las rivalidades entre los distintos grupos imperialistas, de la política “pacifista” de los Blum, de los Citrine, de los Adler. Es el resultado de la política de Chamberlain y de Daladier, que se han encontrado cogidos en las mallas que tejieron para aprisionar a la Unión Soviética, al país del Socialismo.

Ni el pueblo francés, ni los trabajadores ingleses, tienen nada que hacer en esta guerra, que, como todas las guerras capitalistas, tiende a la defensa de los intereses de la gran burguesía.

Y aunque los Gobiernos reaccionarios de Francia e Inglaterra, ayudados por los dirigentes socialdemócratas, levantan, como banderín de enganche para la guerra y el sacrificio, la consigna de la lucha entre la democracia y el fascismo, los trabajadores de todos los países no pueden olvidar que sus intereses no son los mismos que los de sus burguesías.

Y, menos que nadie, pueden olvidar esto los soldados españoles, los héroes de la Republica española, que en los campos de concentración de Francia y en la emigración en otros países, esperan con ansia el día de volver a España. Ni un solo soldado, ni un solo español puede prestarse al juego infame de los Gobiernos francés e inglés, que ayudaron a la reacción a derrotar al pueblo español.

Y esto es tanto más necesario recordarlo en estos momentos a tolos españoles, por la posición, oportunista y contraria a los intereses de España, adoptada por Negrín y el Partido Socialista Español, ofreciéndose al Gobierno francés e invitando a nuestros soldados a ingresar en el Ejército francés, para defender los intereses de la burguesía francesa y del imperialismo inglés.

No puede haber nada de común entre los heroicos defensores de la Republica Española y los que hoy hacen la guerra con el pretexto de la defensa de la democracia, y que ayer ayudaron a Franco a conseguir la victoria; v a los que, traicionando los sentimientos del pueblo español, se prestan a hacer el juego del imperialismo franco-ingles, los trabajadores españoles, los hombres que en los campos de concentración y en las durezas de la emigración esperan su pronta liberación, exigirán un día, no muy lejano, cuenta estrecha de su conducta, contraria a los intereses de las masas populares españolas.”

fuente

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