Cómo las minorías intransigentes doblegan a las mayorías moderadas: la teoría que explica desde la islamización hasta el nazismo – Javier Jiménez

25 agosto 2019, 12:01 – Actualizado 26 agosto 2019,

Y, de repente, empieza a actuar de forma errática. Busca una zona húmeda y poco soleada, trepa a un árbol o escala una planta y, por último, muerde el nervio central de una hoja. Y luego, nada. Permanece inmóvil, petrificada, inerte; hasta que, cuatro, cinco o diez días después, muere y, entonces, el hongo empieza a crecer.

El Ophiocordyceps unilateralis es un hongo capaz de modificar la conducta de las hormigas que infecta. El último Popper pensaba que las ideas eran algo muy parecido a ese hongo: no eran las personas las que tenían las ideas, sino éstas últimas las que tenían a las primeras. Una vez que se implantan en nosotros nos llevan por caminos que nunca habríamos imaginado.

Hoy sabemos que eso no es exactamente así, pero muy a menudo es difícil creer que las ideas son fruto de la reflexión libre y personalísima de los individuos. Sabemos que es casi imposible cambiar las opiniones de la gente, así que ¿Cómo explicamos que sociedades enteras cambien rápidamente de forma profunda e irreversible? ¿Cómo explicamos la cristianización de Roma, la sinización del Mongol, la extensión de las cazas de brujas en la vieja Europa, la locura nazi o la súbita secularización de países profundamente religiosos?

Esas son preguntas que se repiten muchas veces en nuestra historia. Pero, sobre todo, son preguntas que resuenan en muchísimos debates del presente ¿Cómo es posible que ideas propias de pequeñas comunidades minoritarias acaben convirtiéndose en profundos consensos sociales.

Europa comerá halal”

Nassim Taleb es uno de los intelectuales públicos que más ha hablado sobre este tema. Según su teoría basta con que un tres o un cuatro por ciento de la población mantenga sus preferencias con cierto nivel de intolerancia para que toda la sociedad acabe por someterse a esas preferencias. Es importante señalar que esa intolerancia puede ser voluntaria (no queremos comer carne) o involuntaria (no podemos consumir gluten), lo importante es que sea firme.

Para Taleb, la “dictadura de la pequeña minoría” es una consecuencia inevitable de la existencia de sistemas complejos, sistemas que se comportan de manera no prevista por sus partes. Son sistemas donde lo que más importan son las relaciones. Uno de los ejemplos favoritos de Taleb es la extensión de la comida kosher en EEUU o de la halal en Europa. Un día, el pensador libanés se dio cuenta de que todas las bebidas de Nueva Inglaterra cumplían los requisitos para ser considerados kosher. Es decir, siguen las normas alimentarias judías.

A Taleb le extrañó que, teniendo en cuenta la baja proporción de judíos, eso fuera así. Pero rápidamente encontró muchos más casos. Productos sin cacahuete o gluten, la fuerza del inglés como segundo idioma o el hecho de que cada vez más carne europea se sacrifique siguiendo las reglas islámicas son fenómenos producidos por el mismo mecanismo, según Taleb: la dialéctica entre minorías intransigentes y mayorías flexibles.

Las condiciones del mestizaje

Para que esto ocurra, han de darse al menos dos condiciones: la primera es que que la minoría esté distribuida uniformemente por el conjunto del territorio (si hay guetos, la ‘ley de la minoría’ no funciona). En el fondo, las ideas de Taleb son una reformulación de la “fuerza de los lazos débiles” de Granovetter.

Mientras investigaba cómo varias comunidades bostonianas se movilizaban frente a lo que hoy llamaríamos gentrificación, el sociólogo Mark Granovetter se percató de que la coordinación social no dependía tanto de las relaciones fuertes(familia, amistad o trabajo) como de las relaciones débiles entre gente que se conocía poco o nada. La sociedad, nos explicaba, es una enorme red social formada por agregación de nodos comunitarios. Los lazos sociales débiles “se extienden más allá de los círculos íntimos y establecen las conexiones entre grupos en las que se basa la integración macrosocial” (Peter Blau, 1974).

Por eso, como recuerda Taleb, cuanto más clusterizada esté la sociedad menos probable será que una preferencia comunitaria se imponga a nivel social.

La segunda condición es que y que los costos asociados a la práctica minoritaria no sean muy altos. Esos costos pueden ser económicos (si producir limonada kosher no deben ser desorbitadamente más caros que los de la normal), pero también culturales, éticos o de cualquier otro tipo. La práctica se filtrará al consenso si adoptarla es ‘barata’ para la mayoría.

Las cosas cambian

La idea y las cifras (3-4%) que defendía Taleb son intuitivas, pero plantean la posibilidad de que exista un tipping point en lo que el cambio social se refiere. Hace unas semanas un nuevo estudio cuantificó en una serie de experimentos el tamaño de esa minoría, el 25%.Según estos investigadores, por debajo de ese umbral, la práctica comunitaria seguirá siendo minoritario. Pero a partir del 25%, el cambio acabará por convencer a la mayoría. Y lo hará rápidamente. Aunque, esto también es cierto, los investigadores explican que ese porcentaje puede cambiar según la estructura social.

En el fondo, los investigadores han diseñado una serie de experimentos sociales donde pueden poner a prueba cómo cambian las ideas de los grupos, cómo se produce la evolución cultural; sin embargo, y como ellos mismos reconocen, la complejidad de la sociedad es difícil de meter en un laboratorio.

El tipping point quedará, seguramente, en algún lugar intermedio. Al final, los ejemplos de Taleb son relativamente triviales (la mayor parte de los consumidores simplemente ignoran el hecho de que la carne sea halal), mientras que los ejemplos de estos investigadores son cambios mucho más sustanciales. Sea como sea, el resultado de este “intercambio” no siempre es malo. De hecho, estos mecanismos de coordinación social no solo explican como las minorías se imponen a las mayorías, sino también como los consensos sociales se hacen más profundos e inclusivos y aprender sobre ello es quizá lo más interesante.
fuente

Un comentario en “Cómo las minorías intransigentes doblegan a las mayorías moderadas: la teoría que explica desde la islamización hasta el nazismo – Javier Jiménez

  1. Sí, las minorías intransigentes tienen un gran poder.
    Pero también lo tienen las minorías ACTIVAS, pues expanden sus ideas y actitudes igual que un organismo con una tasa de reproducción elevada.
    Hitler mismo decía que no servía de mucho el conocimiento de un gran sabio si no lo comunicaba a nadie, mientras que unas ideas simples de un ignorante que las expresara en un bar sí que se expandían.
    LAS IDEAS QUE TIENEN PREMIO
    Son las que se propagan con rapidez. Por ejemplo, la idea de la “libertad sexual”, vinculada al feminismo victimista, se propagó rápidamente por la Universidad a principios de los años 70.
    ¿POR QUÉ? Pues porque estas ideas facilitaban el acceso de los estudiantes a chicas jóvenes que estaban muy bien.
    “LA VIRGINIDAD PRODUCE CÁNCER, VACÚNATE” decían grandes pintadas. El “amor libre” era absolutamente bueno y la represión, por mínima que fuera, absolutamente mala.
    Poner en duda estas nuevas convicciones hacía difícil “ligar”.
    Y apareció la competencia entre el “amor libre” y el matrimonio y el tener hijos, pues implican ataduras, tener sólo una pareja, etc.
    Y se atacó al matrimonio como institución de la opresión de la mujer por el hombre y apareció en antinatalismo.
    Pero la verdadera razón de estos ataques no era salvar a las mujeres del matrimonio y de los hijos, sino conseguir los varones más libertad sexual.
    La función del matrimonio era, precisamente, obligar a los hombres a mantener el hogar para sacar adelante a los hijos.
    Por esto eran las mujeres, y no los hombres, quienes ponían la condición del matrimonio para acceder a tener sexo.
    De ser los hombres los especialmente interesados para el matrimonio, “para tener una criada gratis”, se decía, hubieran sido ellos los que habrían impuesto la condición del matrimonio a las mujeres para tener sexo con ellos.
    Con la “libertad sexual”, el hombre no ofrece a la mujer el mantenimiento del hogar, sino el “status” de víctima y de oprimida por el hombre, el matrimonio y los hijos.
    Este comercio sexual con las mujeres destruye la sociedad, pues los hombres hacen propaganda contra sí mismos, contra el matrimonio y contra los hijos. Y, finalmente, contra el “Heteropatriarcado”.
    http://edipais.wordpress.com

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