“El experimento Pitesti” gobierno comunista Rumano diseña el exterminio perfecto de la oposición

El genocidio de las almas

el Experimento Comunista llevado hasta “in extremis”, la experiencia de una ingeniería psicológica entre amigos y familiares, unos verdugos, otros sus víctimas.

Los comunistas han hecho muchas ingenierías sociales intentando modificar la sociedad exterminando una parte específica de la población: las elites o una parte o otra de ella. Pero en este caso tenemos como un tipo de experiencia en probeta en un laboratorio, una experiencia de ingeniería psicológica. Me refiero a que llevaron estudiantes nacionalistas y cristianos y se intentó, mediante la tortura física si síquica adecuada, convertirlos en personas nuevos, en comunistas. Así que, donde yo sé, es en realidad un experimento increíble, llevado al extremo. Seguro que se han experimentado ingenierías psicológicas, como fue sobre la población de Camboya, por los jemeres rojos. Pero eso fue algo banal: la gente se vieron obligados a participar, después del trabajo en reuniones donde tenían que repetir consignas todo el tiempo. Al cambio en Pitesti se trabajaba día y noche, sin interrupciones sobre la psicología de los jóvenes, para transformarla totalmente.

El régimen comunista ensayó un programa de reeducación para exterminar el alma, minando los fundamentos religiosos y de la familia.

-En el penal de Pitesti, los estudiantes cristianos que no renegaban de Dios eran bautizados a diario en una cuba de orina y excrementos.

“Me desnudaron, me metieron unos calcetines en la boca con el mango de una cuchara hasta que empecé a sangrar, me ataron las manos por detrás con una cuerda y los pies con otra cuerda. Lo que siguió no se puede describir… golpes en la cabeza para embrutecerme, golpes en la cara para desfigurarme, miles de golpes en la espalda, debajo de las costillas, en el plexo, en las plantas de los pies. Docenas de desmayos, y así una y otra vez durante horas, mientras el guardia vigilaba. Me rompieron los huesos, los pulmones y el hígado, todos bailaban calzados sobre mis huesos, sobre mis pulmones.

En estos términos describía Eugen Magirescu, uno de los pocos supervivientes de la cárcel de Pitesti de la Rumanía de mediados de siglo pasado, las torturas a las que fue sometido por la versión Rumana de la NKVD, la Securitate de Alexandru Nicolschi. Nicolschi había llegado a ser coronel de la Cheka y conocía de primera mano los métodos de “reeducación” que ésta solía emplear, esto unido a la confianza que se tenía en él desde el Politburó le convertía en el candidato perfecto para el puesto.

Pitesti era una cárcel de aproximadamente 100 kilómetros situada al oeste de Bucarest, muy cerca del río Arges. Fue fundada en 1942 —bajo ocupación fascista, aún faltaban 6 años para que la URSS volviera a tomar Rumanía, y 7 para que el experimento de Nicolschi se pusiera en práctica. En su mayoría estaba poblada por criminales menores, tales como presos políticos, estudiantes acusados de participar en la revolución de los Legionarios o ladrones de poca monta. Esto cambiaría pronto.

A finales de decenio, ya bajo dominio soviético, Nicolschi decidió trasladar a Turcano de Suceava —donde ya había empezado las etapas primitivas de su “reeducación”— a Pitesti, donde las pondría de pleno en práctica.

Eugen Turcano, era un antiguo criminal sin bandera, antes fascista y ahora convertido a toda prisa en estalinista. Eugen era un hombre sin escrúpulos y que adoptaba la ideología que más le convenía cual camaleón, como antiguo miembro de la Guardia de Hierro se había forjado una reputación que le hacía idóneo para el puesto.

Lo primero que hizo fue inventarse la ODCC (Organización de Prisioneros con Convicciones Comunistas). El propósito de estos presos era el de “reeducar” a sus compañeros, para ello idearon un programa de 4 puntos que se basaba principalmente en la tortura física y moral. El programa era el siguiente: 

En primer lugar lugar se sometía a los presos a un interrogatorio, durante el cual se les torturaba sin cesar hasta que confesaban hasta el más mínimo e irrelevante detalle de su vida privada hasta ese momento. Este primer paso se conocía como “desenmascaramiento externo”. Para evitar la tortura era bastante frecuente que los presos incluso inventaran crímenes que no habían cometido o ideologías que jamás habían profesado, pues los torturadores entendían que un número reducido de fechorías indicaba que el preso estaba mintiendo. 

Una vez pasada la primera fase, la siguiente consistía en conseguir que el preso delatara a todas aquellas personas de la prisión, ya fueran presos o torturados, que habían sido indulgentes o no lo suficientemente brutales con él.

Esta segunda fase se conocía como “desenmascaramiento interno”, para ello también hacían uso de la tortura sistemáticamente, y como en el primer punto nunca aceptaban una respuesta vacía: el preso tenía que denunciar a un mínimo de personas, fueran o no culpables de lo que se les acusaba.

El tercer punto consistía en erradicar del preso cualquier afección antigua. En la Rumanía comunista sólo se podía amar al régimen, y para asegurarse de ello forzaban al preso a renegar de familia, religión o cualquier valor que considerasen íntimo. Una de las prácticas que solían emplear con los religiosos —eran los más odiados por los celadores— se conocía como el “segundo bautismo” y consistía en, cada mañana, introducir la cabeza de los presos en cubos llenos de orina y heces durante algo más de un minuto. Esta tercera fase se conocía como “desenmascaramiento moral público”, y acababa cuando el reo insultaba a su familia o renegaba de Dios. 

El último y más perverso de los puntos era el cuarto, el de convertir al torturado en torturador. Al preso que llegaba vivo a este punto se le obligaba a torturar durante días a sus compañeros de celda para que probara su lealtad al régimen y éste certificara que el lavado de cerebro había surtido efecto, se le exigían unos niveles de sadismo iguales o superiores a los que él había sido sometido, lo cual en ocasiones requería no sólo una crueldad deshumana sino también cierta imaginación.

En Pitesti el suicidio y la locura estaban a la orden del día, y realmente eran pocos los que completaban el programa de cuatro puntos. Los que lo hacían, pasaban a ser monstruos que no tenían lugar en la sociedad, pues era prácticamente imposible revertir el proceso.

No fue la voluntad de la URSS lo que acabó con esta cárcel que, durante 3 años (1949-1952), fue testigo mudo de algunos de los más atroces crímenes contra la humanidad. Lo que acabó con esta cárcel fue la mala propaganda que, al hacerse pública en occidente, le dio al régimen. Y es que para occidente Pitesti apenas existía hasta 1952, simplemente era una cárcel más. Hizo falta que la prensa libre occidental —en el este no existía tal cosa— se hiciera eco de las atrocidades de Pitesti para que Gheorghiu-Dej, sabueso de Stalin, la cerrara. Se condenó a Turcanu y a veinte de los suyos a muerte en un proceso que duró pocos días, y se echó la culpa de aquella atrocidad a supuesto agentes infiltrados del fascismo en la Securitate. Nicolschi, sin embargo, no sólo no fue castigado sino que se le concedió la secretaría general del Ministerio del Interior. Nunca tuvo que dar cuentas por lo que hizo.

En estos enlaces de youtube dejo un documental que se hizo sobre esta etapa de la cárcel, cuenta con el testimonio de tres presos que sobrevivieron:

2 comentarios en ““El experimento Pitesti” gobierno comunista Rumano diseña el exterminio perfecto de la oposición

  1. Ese libro ya está traducido y publicado en español. Se titula “El experimento de Pitesti o sobre el poder omnímodo”. Publicado por la editorial Xorki de Madrid. 10 €. Apareció en octubre pasado. Es terrorífico.

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