Guerra Civil: 19 de julio del 36: Ha sido un día horrible… Los curas disparan contra el cuartel

La escritora Tània Balló y el historiador Gonzalo Berger recuperan los diarios ocultos de Pilar Duaygües, barcelonesa de 15 años que documentó en ellos su vida durante la Guerra Civil

Foto: Voluntarios republicanos armados en una batalla callejera en Barcelona al principio de la Guerra Civil. (Espasa)

Voluntarios republicanos armados en una batalla callejera en Barcelona al principio de la Guerra Civil. (Espasa)

“Domingo, 19 de julio de 1936.

Hoy ha sido un día horrible. El 19 de julio del año 1936 quedará grabado en la historia. Por la mañana me despertaron unos tiros a las cinco, pues teníamos que ir a la playa y mamá no nos dejó. Es natural, pues se presentaba el día malo y tan malo. Las ametralladoras iban, bombas por aquí, tiros por allá. Se oía muy bien cómo se derrumbaban las casas en donde las tiraban […]. Esta guerra ha sido a causa de que no quieren al Gobierno, quieren otra vez la monarquía […] Por la tarde dormí un poco, pero no se podía por el ruido: resulta que vivimos al lado de los frailes, de la iglesia y su imprenta. Los curas con ametralladoras, escopetas y revólveres hacían fuego contra el cuartel…”.

Así describe ese infausto día de 1936, el primero de la Guerra Civil Española, la pluma infantil de Pilar Duaygües. Entonces tenía 15 años, se acababa de trasladar a Barcelona y había comenzado a escribir un diario, unas hojas de papel en blanco para quejarse de la rutina de las clases, desahogarse de los males del primer amor no correspondido o entusiasmarse con los últimos estrenos del cine Trianón. Una cotidianidad absoluta, como la mía, como la de usted, sólo que enmarcada entre los bombardeos, las ráfagas de disparos y los regueros de cadáveres específicos de ese capítulo ominoso de la historia de España que sigue desgarrando, más de 80 años después, las entrañas del país.

Portada de 'Querido diario: hoy ha empezado la guerra'

Portada de ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’

Ocho décadas que han sido las que han tardado en salir a la luz los once diarios que acabó escribiendo Duaygües a lo largo de tres años y que ahora publica la editorial Espasa bajo el título de ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’, un libro editado por la escritora Tània Balló y el historiador Gonzalo Berger, quienes hallaron este valioso documento entre las reliquias familiares de los Duaygües cuando investigaban sobre las mujeres milicianas que participaron activamente en la Guerra Civil. El nombre de Teresa Duaygües, hermana de Pilar, apareció entre los documentos con los que estaban trabajando y el resto ya es historia.

PREGUNTA. ¿Cómo llegaron a los diarios de Pilar y cuándo se dieron cuenta del valor histórico de su testimonio?

RESPUESTA DE BALLÓ. “Nos pusimos en contacto con la familia Duaygües a partir del conocimiento de que Teresa Duaygües Nabot había sido miliciana. Estábamos hablando con sus sobrinos, María Pilar y Francesc, sobre Teresa, cuando en un momento dado, como quien no quiere la cosa, nos dijeron que su madre, la hermana pequeña de Teresa —Pilar— había escrito unos diarios durante la guerra. Pedimos leerlos, consultarlos —nosotros nos dedicamos a trabajar sobre la memoria histórica— y cuando los leímos nos dimos cuenta de la importancia y excepcionalidad del texto. Gonzalo, que es historiador, enseguida detectó el valor histórico del testimonio”.

P. Llama la atención la cotidianidad de los apuntes previos al comienzo de la guerra. No se percibe que supiese lo que se les venía encima…

BERGER. En estos diarios conviven diversas realidades. Una es la de Pilar, que es una adolescente de 14 años, que es la pequeña de una familia muy politizada, en la que como mínimo dos de las hermanas están muy posicionadas y, aunque en casa se habla de política, al ser la pequeña siempre queda un poco al margen. Ella es una adolescente que acaba de llegar a una ciudad que no conoce y no tiene esa percepción de que va a haber una guerra. No percibe todas las huelgas y todos los movimientos previos que hay. Ella, pero gran parte de la población de España sí. España tiene una historia políticamente convulsa esos años y ahí entran en juego los militantes de los sindicatos, de los partidos políticos, la oposición reaccionaria, la Iglesia y hay una carga y un discurso previo a lo que pasa.

La única diferencia entre el inicio de la Guerra Civil y los episodios anteriores es que un golpe de Estado se acaba convirtiendo en una guerra civil. Antes hay diferentes golpes de Estado y alzamientos populares en Asturias, en Cataluña, hay insurrecciones armadas, se viene de una dictadura previa con Primo de Rivera, hay proclamación de la República, en una situación políticamente muy compleja que gran parte de la sociedad —los más adultos y los más involucrados en la política— percibe. De hecho el golpe de Estado se aplaza varios días, se sabe que va a producirse. Luego está la muerte de José Calvo Sotelo, las organizaciones de la extrema derecha y afines en Barcelona reciben varias convocatorias para participar en el golpe de Estado. Y los sindicatos y los partidos obreros lo mismo, lo que pasa es que ahí hay una atmósfera, pero ella no la percibe, porque está al margen y porque es una adolescente.

Pilar y su familia de vacaciones en 1932. (Espasa)

Pilar y su familia de vacaciones en 1932. (Espasa)

P. Frente a la frialdad de los ensayos convencionales, ¿’Querido Diario: hoy a empezado la guerra’ puede suponer una inmersión más personal en el día a día de una persona cualquiera en la Guerra Civil?

BALLÓ: Justamente en eso reside lo extraordinario de ese manuscrito. Lo que nos está diciendo es que, a pesar de todo, hubo una vida bajo las bombas. Una sociedad que intentaba vivir con cierta normalidad, que es algo que hay que aplicar a la mayoría de los conflictos bélicos cuando empiezan a afectar a las ciudades. Adaptas esa violencia a tu vida cotidiana, que es donde reside el gran agravio de una guerra, cuando esa violencia, ese constante de peligro, de estado de tensión por lo que pueda pasar se convierte en tu normalidad. Y eso es lo que cuenta Pilar, que es una adolescencia, cuando la adolescencia es probablemente la etapa de la vida en la que más rebelde eres cuando consideras que no te están dejando vivir lo que tú consideras que debería ser tu vida.

BERGER. Aporta esa perspectiva naturalizada del conflicto en la cual ella, desde su perspectiva de género, intenta seguir su vida a pesar de todo. Y donde ella no renuncia a soñar, a imaginar, a amar. Pese a que las bombas caen al lado de su casa y matan a gente, y pese a que tiene que hacer cola una o dos horas todos los días y pelearse con las vecinas por un pan que a lo mejor no consigue. Y pese a que, aunque no lo dicen mucho, pasan hambre y están débiles. Y pese a que hace frío y no hay donde calentarse. Y pese a que sufre por sus amigos que se han ido al frente y por su hermana, porque no sabe dónde está.

P. Para conocer la realidad histórica, ¿qué es más valioso, un testimonio como el de Pilar o un ensayo escrito con la distancia suficiente del paso del tiempo?

BERGER. Con la historia se atreve cualquiera. Hay mucha gente que no tiene formación de historiador y que escribe libros de Historia y, sobre todo, con los contenidos digitales cada vez hay más gente que opina o da por hecho cosas que no ha documentado o que no ha analizado de forma correcta y ahí es donde adquiere aún más valor este diario, que no deja de ser una instantánea de lo que ella ve o percibe a su alrededor. Además es un tipo de fuente documental que no abunda, porque precisamente los diarios personales lo que podían llegar a hacer es incriminarte si acababan cayendo en manos de la policía política o de los fascistas, por lo tanto, la gente se dedicó a destruirlos. Es importante contar con este tipo de fuentes sobre todo para combatir este revisionismo o manipulación de la historia que tan a menudo pasa y sobre todo con nuestra Guerra Civil.

P. ¿Qué pasajes ha encontrado en estos diarios como ejemplo para combatir ese revisionismo?

BERGER. En el caso del 19 de julio es muy evidente; se ha construido un relato posterior a la Guerra Civil, sobre todo durante el franquismo, en relación a la violencia contra los religiosos en el cuál ellos son víctimas por sistema de la violencia revolucionaria. En el diario de Pilar, por el contrario, —ella vive enfrente de un convento— y explica claramente, al momento, unos minutos después de que suceda, cómo esos curas están disparando y causan 30 ó 40 muertos en un cuartel que está justo al lado. Así que aquí el relato cambia completamente; de una historia que se construye durante el franquismo en la que unos milicianos capturan a curas inocentes y los ejecutan a unos curas que están disparando a unos militares que son fieles a la República y que se enfrentan a ellos. Esta fuente no tiene por qué ser la que explique todo el conjunto de la Guerra Civil, sino que la visión que aporta Pilar de lo que pasa en su casa y en su calle nos ayuda a entender mejor cómo se ha construido ese relato.

También pasa, por ejemplo, que Pilar escribe todo el diario en castellano durante esos años. Pero luego, cuando la Historia nos dice que el catalán es perseguido cuando llegan los franquistas, ella mantiene toda la correspondencia posterior —500 cartas con las que se comunica con su marido, que entonces está en el Ejército— en catalán. Por lo tanto equilibramos el discurso a la realidad. Es un testimonio que nos está explicando lo que está viviendo, sin más, sin una intención de aportar una información con la finalidad de transformar esa historia o de culpabilizar al otro.

La familia en Anna (Valencia) en abril de 1934. (Espasa)
La familia en Anna (Valencia) en abril de 1934. (Espasa)

P. De las tres hermanas de Pilar, una era enfermera, que es un trabajo más vinculado tradicionalmente a la mujer, pero las otras dos eran periodista y miliciana. ¿No era una familia poco convencional para la época?

BERGER. Yo creo que no tanto. Y eso es un poco nuestro eje de trabajo. Otra cosa es el relato oficial; tanto para la izquierda como para la derecha, tanto en la guerra en el bando republicano como posteriormente en el bando fascista o franquista durante la dictadura, la mujer tenía un rol determinado y ese es el que se ha relatado. Pero la realidad, la estamos descubriendo cada vez más, accedemos a fuentes o conocemos historias de muchas mujeres que asumieron un papel relevante y en gran número tanto en el frente como en la retaguardia, en las organizaciones políticas, civiles y militares de la época.

Las mujeres españolas en su conjunto fueron mujeres avanzadas que buscaron la emancipación y normalización en la vida y en la sociedad española a partir de que asumieron papeles para los cuales no estaban predestinadas en principio por ser mujeres. Que después haya habido un relato que ha pasado la apisonadora por encima de todo esto es indudable porque nos llega así hoy día a nosotros. Hay una intencionalidad obvia de seguir otorgando un rol social a la mujer desde una perspectiva machista de la percepción social.

P. ¿No tuvo que ver que la familia Duaygües viviera en una ciudad como Barcelona? ¿Esta búsqueda de emancipación no podría ser debido al entorno urbano? ¿Ocurría lo mismo en las zonas rurales?

BERGER. No. Por lo que estamos documentando en todas las regiones de España muchísimas mujeres participaron como combatientes; provenían de zonas rurales, de zonas urbanas, eran analfabetas, eran universitarias, estaban casadas o divorciadas, eran jóvenes o mayores, tenían hijos y no los tenían. Eran comunistas, anarquistas, socialistas, sindicalistas, republicanas o no eran nada. Participan desde una perspectiva de género, como entiendo yo, de las mujeres de exigir su papel y su valor en un momento en el que la sociedad española pasa por una de las peores etapas de su historia y en la que se están jugando la libertad o el sometimiento.

BALLÓ. Aparte, las mujeres hacía exactamente cinco años que habían conseguido el voto en el sufragio universal, así que están en un momento muy reivindicativo de lucha constante porque se le entendiera como sujeto histórico y público. Las mujeres estaban en la calle, no se callaban, rompían los estándares que se les aplicaba en el ámbito privado y reclamaban ese ámbito público como propio. Por lo cual no es casual que ellas, al principio del conflicto, ocupen un espacio en igualdad. En el diario se ve en la normalidad con la que Pilar cuenta que su hermana se va de miliciana; no hace de eso un hecho excepcional. Pilar dedica a eso una línea y media, lo que quiere decir que en esa época que una mujer se fuera al frente era algo relativamente habitual.

Una de las páginas manuscritas del diario. (Espasa)
Una de las páginas manuscritas del diario. (Espasa)

P. Sin embargo, aunque Pilar estudió Magisterio y reitera en sus diarios que quiere ser una mujer independiente, no llega a ejercer y se centra en su papel de madre y esposa. ¿Fue algo que les ocurrió a muchas mujeres después de la guerra?

BALLÓ. Es lo que le pasa a Pilar y a la gran mayoría de esa generación. Mujeres que tocaron la libertad y a las que después se les dijo que ya no podían ser libres. El franqusimo aplica ferozmente esa doctrina y una de las primeras cosas que hace es devolver a la mujer al medievo. Son mujeres que dependen de sus maridos, de sus padres, de sus hermanos…

BERGER. Desaparece el papel que consigue en la República, y posteriormente en el franquismo las condenará definitivamente a ese rol social predeterminado. Como mujer del hogar, criadora de los hijos y que profesionalmente tiene poco que aportar al conjunto de la sociedad. Que puede que tenga formación pero se le presume que no puede ejercer. La primera víctima de la Guerra Civil es la mujer.

Origen: Guerra Civil: 19 de julio del 36: Ha sido un día horrible… Los curas disparan contra el cuartel

4 comentarios en “Guerra Civil: 19 de julio del 36: Ha sido un día horrible… Los curas disparan contra el cuartel

  1. Socialistas, comunistas, anarquistas y separatistas catalanes, que desde mucho antes de la guerra alardeaban públicamente de tener milicias militarmente preparadas para el combate (sus desfiles era algo cotidiano en los años anteriores a la Guerra Civil), asesinaron entre 1936 y 1939 a más de 7000 sacerdotes, frailes y monjas (que también debían disparar muy bien). Destruyeron ¡20.000! iglesias, conventos, bibliotecas, colegios religiosos, y miles de obras históricas y de arte de valor incalculable, que se perdieron para siempre.
    De esta sanguinaria persecución fueron testigos presenciales millones de españoles, miles de ellos escribieron relatos describiendo los pormenores de aquellos sucesos. Otros muchos compartieron sus experiencias con familiares y amigos. Yo mismo oí a los largo de mi vida, cientos de estos relatos de boca de sus protagonistas. Un simple libro, referido a una sola provincia española, el de D. Angel Garralda “La persecución religiosa del clero en Asturias” contiene por sí sólo el testimonio verbal y escrito de varios cientos de testigos. La extensión de estos sucesos al total de las provincias dominadas por el terror rojo, arroja cifras de miles y miles de testimonios sobre el genocidio. Todas estas fuentes primarias coinciden en destacar, la docilidad y resignación con la que los religiosos y religiosas se enfrentaron a la persecución. Miles de testigos directos de toda clase y condición, señalan como falsa, la acusación de que los religiosos albergaran armas o de que disparasen sobre los milicianos. Nunca se encontraban armas, municiones o explosivos, nunca encontraban religiosos armados. Ni un solo indicio en decenas de miles de ataques contra los templos católicos, de que tales acusaciones no fueran otra cosa que una simple excusa para llevar adelante sus planes de exterminio. Excusa, por otra parte, totalmente innecesaria, porque esos planes dictados por el odio a la religión católica venían siendo anunciados desde mucho tiempo atrás.
    De la Guerra Civil española, existen miles de fotografías, también de la persecución religiosa. No hay ni un sólo testimonio gráfico de armas en conventos o de curas armados.
    Pero ahora, ochenta años más tarde, con los testigos directos criando malvas, aparece casualmente “con perspectiva de género” ¡nada menos! el diario de una niña de 15 años, también casualmente, la misma edad de Ana Frank, en la que se relata, como los curas disparaban, desde un convento sin nombre, contra los milicianos rojos. Todo muy raro. Máxime si se tiene en cuenta que los combates en las calles de Barcelona tras el 18 de julio apenas duraron unos pocos días y están sobradamente localizados, estudiados y documentados, sin que hasta el momento, este escenario (el convento, sin nombre) hubiera sido mencionado por los miles de de testigos directos de aquellos sucesos.
    Vaya que, esto apunta más bien a ser otra vuelta de tuerca de “memoria histórica” que asfixie a la auténtica “Historia”. O quien sabe, tal vez sólo sea un intento oportunista de hacer “pelas”. En cualquier caso, algo huele a podrido en Dinamarca.

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    1. No tienen vergüenza. O sea, que los religiosos disparaban con ametralladoras desde las ventanas . . . que lo dice un diario de una adolescente que han encontrado. Eso explica el genocidio y pone en su sitio al revisionismo histórico de sino neofranquista que se estaba haciendo hasta ahora.
      Ese es el nivel. Ahora ya no hace falta ni currárselo.

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