Análisis político de la inacción del Gobierno ante la rebelión de la Generalidad y la sedición de las masas. Causas y consecuencias – ‪@Javier_Torrox ‬

Por ‪@Javier_Torrox ‬
1. El Gobierno de España es incapaz de reaccionar a la rebelión de la Generalidad. Los catilinarios tienen la iniciativa porque el Ejecutivo español no sabe dar una respuesta política a ninguna de la acciones políticas rebeldes.
Fue así ayer con Rajoy. Es así hoy con Sánchez.
2. ¿Por qué el Gobierno se queda paralizado?
Porque los actores políticos españoles no se atreven a ejercer el inmenso poder del que están investidos cuando ocupan la Presidencia del Gobierno. No conciben el poder como su ejercicio, sino como la satisfacción de su vanidad.
3. Los actores políticos españoles son expertos disputadores del poder en el seno de sus partidos. Saben cómo escalar posiciones y cómo laminar sin piedad a quien les dispute la posición. Pero alcanzado el Gobierno, desconocen la naturaleza del poder real y sus obligaciones.
4. La rebelión de la Generalidad es una disputa del poder: los alzados le están disputando el poder al Ejecutivo y al Legislativo. Pero ninguno de estos poderes del Estado sabe dar respuesta.
5. Si una facción de su partido le disputara el poder dentro del propio partido, la reacción sería inmediata y aplastaría sin piedad a quien tratara de moverle la silla.
La Generalidad le mueve la silla al Gobierno y éste, aterrado, finge que no pasa nada y habla de moderación.
6. El desconocimiento de la naturaleza y de la responsabilidad que conlleva la Presidencia del Gobierno genera, primero, esta ausencia de respuesta; y después, una sobrerreacción.
Esto es, combinan el defecto con el exceso. Y tan peligroso es uno como el otro.
7. Rajoy se mantuvo cruzado de brazos durante 34 días, incluso después de que el Rey le exigiera públicamente que asumiera su responsabilidad y que sofocara la rebelión de inmediato.
Cuando al fin reaccionó, lo hizo de forma temeraria y con abuso de sus atribuciones.
8. Con Sánchez sucederá lo mismo. Está cruzado de brazos, incapaz de reaccionar. No sabe qué hacer. La situación se le va de las manos. La beligerancia de los rebeldes se incrementa alimentada de su inacción.
Cuando al fin reaccione, también Sánchez lo hará de forma temeraria.
9. El Estatuto de Cataluña debe ser suspendido sine die hasta que los rebeldes dejen de ser un peligro para los demás y para sí mismos.
Existen medios ajustados a derecho para hacerlo. Pero sólo los estados de excepción y de sitio tienen esa capacidad.
10. El poder Legislativo ha tenido dos años para dar una cobertura legal a la suspensión de estatutos de autonomía sin necesidad de recurrir al artículo 116 CE.
No lo ha hecho. Sólo caben los estados de excepeción o de sitio, igual que hace dos años.
11. ¿Cuáles son las consecuencias de la inacción frente al alzamiento de los catilinarios de la Generalidad de Cataluña?
El mantenimiento de las actuales reglas del juego político garantizan la reiteración indefinida del golpe de los oligarcas de la ultraderecha catalana.
12. Los rebeldes no encuentran un poder que les frene. Los episodios golpistas se repetirán una y otra vez. Y cada uno de ellos escalará en tensión y violencia con respecto al anterior. No se detendrán solos. Deben ser frenados. Y esa responsabilidad es de los poderes del Estado.
13. Si los poderes del Estado no ponen fin a esta rebelión con el ejercicio legítimo de sus obligaciones, no harán sino extremar la gravedad de la situación.
La combinación de su inacción con la acción rebelde está poniendo en marcha los mecanismos del enfrentamiento civil.
14. El estado de cosas actual es mucho más grave de lo que pueda parecer. Es más crítico de lo que transmiten los medios de comunicación.
A la rebelión de la Generalidad se ha unido una sedición diaria en las calles de Cataluña.
15. La Generalidad no controla la sedición de las masas que ha promovido. Acabará por haber una desgracia. Y esa llamará a otra. Y la segunda a una tercera.
Si esa espiral llega a comenzar, los lamentos de después no podrán revertir lo que aún es reversible.
16. Sofocar la rebelión de la Generalidad y la sedición de las masas y hacerlo hasta las últimas consecuencias no es una opción política del Gobierno, es una obligación que le impone la Constitución y el resto del ordenamiento.

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