Esvásticas en el País Vasco: el «enigma» que irritó a los nazis en 1933 – Israel Viana

Cuando Hitler llegó al poder, su Gobierno llegó a pedir explicaciones al PNV de cómo había llegado «su» cruz gamada a norte de España

MADRID Actualizado:

A mediados de 1936, un turista alemán entraba tranquilamente en una tienda del País Vasco francés para comprar unos souvenirs. Tras pedir ayuda, el dependiente apareció con varios recuerdos que llevaban incluidos la esvástica que tanto odiaba, casi idéntica a la que Hitler había impuesto en su país como símbolo del poder nazi. Según cuenta Philippe Aranart en «La cruz vasca», el enfado que se cogió aquel socialdemócrata convencido, y crítico con el Tercer Reich, por «semejante hitlerización de Francia y Euskadi en general» fue monumental.

No es él único ejemplo. Un año antes, en Bilbao, un periodista argentino asistió a un acto del PNV y salió confundido ante lo que acaba de ver: «Los asistentes al mitin exhiben en las solapas la esvástica. Me sorprende este hecho», escribía en su periódico. Los extranjeros en general, y los alemanes en particular, desconocían que aquel símbolo no era nueva dentro de la iconografía vasca. Estaba presente en la región mucho antes de que los nazis se hicieran con él como emblema de la supremacía aria. Y el hecho de que su presencia hubiera aumentado en los comercios no se debía a otra cosa que el aumento del turismo, que demandaba cada vez más recuerdos típicos de la artesanía local.

La verdad sobre el origen de la ikurriña que no gusta a los independentistas vascos]

Su auge fue tan importante en tiendas, frontones y demás lugares públicos, que los más susceptibles vieron en ello «una propaganda alemana camuflada y propósitos tenebrosos de los dirigentes del Tercer Reich, a los que asociaban con los separatistas vascos», cuenta Philippe Veyrin en «La Croix à virgules dite croix basque». Pero no fue así. No hubo de por medio el más mínimo interés político. La esvástica cuya presencia en tan lejana tierra española extrañó a los nazis, quienes la consideraban exclusivamente suya desde 1920, no era más que la cruz curvilínea con cuatro brazos en forma de coma, a la que popularmente se conocía como lauburu («cuatro cabezas», en vasco).

Sabino Arana y Heinrich Schliemann

Su origen y su historia está llena de contradicciones. Se cree que surgió en el siglo XVII como un símbolo mágico, hasta que a finales del XIX se identificó primero con la unidad de las cuatro provincias vascas y, después, como símbolo del nacionalismo vasco a iniciativa de Sabino Arana, el fundador del PNV. Casi al mismo tiempo, en 1870, el controvertido arqueólogo alemán Heinrich Schliemann la había descubierto también en lo que él consideró las ruinas de la antigua Troya en Turquía. Fue a partir de ahí cuando se inició también en Alemania el proceso de popularización de dicha esvástica, a la que asociaron por su parte con la raza aria.

Imagen del lauburu vasco
Imagen del lauburu vasco

Más tarde, las aportaciones de Emile Bournof, Michael Zmigrodzki, Guido Von List y otros intelectuales antisemitas convirtieron a la cruz gamada en un signo claramente racista y supremacista de lo germánico. Después fue asumida por la Orden de los Germanos y la Sociedad Tule y, en mayo de 1920, los nazis la adoptaron definitivamente como emblema de su partido.

Según cuenta el profesor de la Universidad del País Vasco, Santiago de Pablo, en su artículo «El lauburu. Política, cultura e identidad nacional en torno a un símbolo del País Vasco», el proceso de asimilación que llevó a cabo Arana en el País Vasco con el lauburu fue parecido. Desde finales del siglo XIX , uno de sus objetivos fue difundir el nacionalismo vasco usando una serie de signos identitarios. Algunos como la ikurriña tuvieron gran éxito. Con la esvástica, sin embargo, fue diferente. Al principio no usaba la palabra «lauburu» para referirse a ella y, además, tampoco estaba convencido de que tuviera que ser esa la enseña que representara a toda Euskadi. Y cuando lo estuvo, el éxito entre sus seguidores fue insignificante.

Vasco parlantes

Todo cambió en 1914, cuando la organización juvenil nacionalista Euzkeltzale-Bazkuna sugirió que se adoptara la esvástica como insignia para la solapa. El objetivo era diferenciar a los vasco parlantes de los que solo hablaban español. «El distintivo adoptado consiste en un sencillo alfiler de plata rematado por el primitivo signo vasco de la rueda de cuatro rayos», podía leerse el 8 de diciembre de aquel año en «Euzkadi», el periódico fundado por el PNV. Pero con el paso del tiempo, la esvástica dejó de identificarse con la lengua para representar el sentimiento nacionalista en general.

En 1931 su uso estaba ya absolutamente generalizado por parte de los simpatizantes del PNV y aparecía en todo tipo de carteles, insignias, gemelos, pañuelos, anuncios, estandartes, escudos y periódicos. Luego se utilizó también como símbolo de la campaña a favor de la Universidad Vasca. Y el primer partido nacionalista de izquierdas, ANV, la incluyó igualmente en su bandera. A consecuencia de este nuevo impulso, se produjeron imágenes tan curiosas como la acaecida durante el referéndum del Estatuto vasco de 1933, cuando la carretera de Bilbao a San Sebastián apareció llena de pintadas con gigantescas cruces gamadas.

Los vascos estaban tan acostumbrado a ellas, que la confusión cuando ese mismo año Hitler ganó las elecciones y subió al poder en Alemania con la esvástica a la cabeza tuvo que ser enorme. Los simpatizantes del Tercer Reich empezaron a considerarlo un símbolo de su propiedad y el mundo entero a identificarlo exclusivamente con el nazismo. Por eso, cuando a Berlín llegaron noticias de la utilización de «su» esvástica en el País Vasco, no gustaron. Estaban tan ofendidos que llevaron a cabo no pocos intentos por descifrar aquel «enigma». Sabemos, por ejemplo, que el Secretariado General del PNV recibió en torno a 1934 una carta desde el mismo Gobierno alemán pidiendo aclaraciones. Querían saber de inmediato «cómo ha llegado la esvástica hasta Euzkadi».

El debate

En la misma época se publicó un libro alemán sobre la cruz alemana, donde se planteaba que la cruz gamada circular que usaban los vascos era de procedencia germana. Para defender su teoría, incluso presentaban como pruebas una serie de fotos y dibujos de ciudadanos vascos que supuestamente habían vivido en Alemania, donde aparecían con las esvásticas en tiendas y casas particulares. Era un intento de crear la confusión generalizada de que el pueblo vasco había copiado la esvástica de Hitler para inventarse su lauburu.

Pero la competencia no duró mucho. A diferencia del País vasco, los nazis no se plantearon la más mínima modificación de su símbolo, orgullosos como estaban de él tras el ascenso de su líder al poder. En la comunidad española, sin embargo, comenzaron a aparecer publicados artículos en revistas culturales, como el «Anuario de Eusko Folklore», «Gure Herria» o el «Bulletin du Musée Basque», en las que analizaban los problemas que podría acarrear la identificación de la esvástica nazi con el País Vasco. No querían ni por asomo que se relacionara al dictador con su nacionalismo, lo que dio lugar a un encendido debate académico y político.

Poco a poco la presencia del lauburu fue disminuyendo. En 1935, un histórico dirigente del PNV, Amancio Uriolabeitia, escribía un artículo muy crítico en la revista «Euzkerea», contra la decisión que se tomó en 1914 de adoptar la esvástica como símbolo: «No es vasco, ni creemos que el vasco lo haya usado hasta época muy reciente. Se trata de un emblema que, aparte de haber existido en diversos pueblos antiguos, y de haber sido ostentado por los nacionalistas vascos bastante antes que el fascismo hitleriano, este último lo ha asimilado y generalizado tanto, que hoy es considerado como una enseña del racismo alemán entre los desconocedores de su origen e historia. ¿Y qué debemos hacer? Suprimirlo. ¿Y con que lo sustituimos? Con otro signo». Y así ocurrió. Antes de que acabara la Guerra Civil y comenzara la Segunda Guerra Mundial, los nacionalistas vascos ya los habían cambiado por el actual lauburu curvilíneo.

Origen: Esvásticas en el País Vasco: el «enigma» que irritó a los nazis en 1933

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