“Libertad, amnistía y Estatuto de autonomía” el mayor experimento social del siglo XX tras Goebbels – ‪@EugeniodOrs_ ‬

Por ‪@EugeniodOrs_ ‬

“Libertad, amnistía y Estatuto de autonomía”. Con esta proclama, repetida en decenas de manifestaciones, comenzó a inocularse en la sociedad catalana, desde estamentos culturales y políticos, una idea artificial de su propia realidad social. Año 1976. Empezamos.

#LaSilenciosaCat

El Estatuto de Cataluña, aprobado en 1979, reflejaba en su artículo 3 la semilla de lo que iba a ser el programa de ingeniería social más colosal jamás perpetrado en Europa Occidental tras la II Guerra Mundial.

En la redacción de aquel artículo, se reflejaba una absurda entelequia con la que los legisladores intentaron sagazmente cuadrar un círculo: el catalán era la lengua propia de Cataluña, pero las lenguas oficiales eran dos, catalán y castellano. ¿Absurdo? Seguimos.

¿Cuál era la realidad social de Cataluña en aquel momento? Alrededor del 80% de la población utilizaba el castellano como lengua habitual de comunicación. Repito: alrededor del 80%. La ley no proporcionaba un marco legal a una realidad existente: la intentaba cambiar.

Pero el artículo 3 había que desarrollarlo. La apisonadora social tenía que arrancar. Entonces se esbozó una especie de borrador de ley, en contra del cual un grupo de intelectuales se alzaron y firmaron, en enero de 1981, el Manifiesto de los 2.300.

No solo nadie les hizo caso, sino que el grupo terrorista Terra Lliure se cebó con muchos de los firmantes. Amenazas, presiones, INTENTOS DE ASESINATO (como el de Jiménez Losantos). Todo con la connivencia del establishment político catalán.

Finalmente, a partir de aquel borrador, se redactó la Ley 7/1983, que en su artículo 14 decía que el catalán sería, de entonces en adelante, la lengua propia de la enseñanza. Si lo era de Cataluña, lo tenía que ser de todos sus estamentos. Todo muy lógico.

En ese mismo artículo, se puede leer un punto muy revelador: el catalán debía ser utilizado progresivamente a medida que todos los alumnos lo fueran dominando. El reconocimiento más burdo de un plan de reeducación al estilo Rousseau, sin ningún tipo de escrúpulos.

En el artículo 18 se decía que los profesores debían conocer el catalán, y el artículo 19 abría la puerta a la normativa reguladora de acceso al profesorado con los requisitos de lengua.

Esto provocó la estampida de casi todo el profesorado castellanohablante joven a otras comunidades de España. Buenos maestros que decidieron largarse. Se cumplía la primera fase del plan: purga del profesorado no afín a la causa.

Los centros concertados reticentes recibieron cuantiosas subvenciones para que introdujeran el catalán. Las APAs, ya infiltradas por el nacionalismo, se ocupaban de exigir a los directores el cumplimiento de una normativa todavía inexistente sobre el papel.

Mientras tanto, entre bastidores se estaba redactando un plan que iba a dejar en calzoncillos al mismísimo Goebbels: el Programa 2000, ideado por los grandes constructores del nacionalismo más excluyente y racista que ha existido en Europa después del nazismo.

Alarmadas, varias asociaciones de padres se pusieron en manos de CADECA para presentar un recurso a la ley del 83. Su abogado, Esteban Gómez Rovira, recibió varios paquetes bomba y tuvo que entrar en un programa de protección antiterrorista.

El recurso fue admitido y la Audiencia Provincial lo estimó. La Generalitat recurrió al Tribunal Supremo, que inmediatamente abordó cuestión de constitucionalidad y lo elevó al Tribunal Constitucional.

Unos días antes de la Navidad de 1994, con una redacción impropia de un tribunal, llena de conceptos retorcidos y difíciles equilibrios dentro del fallo, el TC publicó una sentencia condicionada por las circunstancias políticas del momento (Pujol presionó a Felipe).

Si al principio se intentó llevar a cabo una construcción nacional artifical a través de la lengua y la cultura, pronto se dieron cuenta de que se estaban dando de cabezazos contra un muro. El objetivo de homogeneizar a la sociedad catalana parecía lejano, los frutos no llegaban.

Con toda la maquinaria engrasada y en marcha, con el Programa 2000 a velocidad de crucero, no conseguían doblegar la mentalidad de tanto castellanohablante, y la estadística no les daba buenas noticias. Apenas el 30% de las familias hablaban catalán en casa. Año 1996.

Se intensificó entonces el plan. Se apretaron las tuercas a la comunidad educativa con la ley 1/1998, haciendo prácticamente imposible la enseñanza en castellano en Cataluña. Se destilaba impotencia y se empezaba a atisbar vedadera persecución hacia el castellano.

Se forjó entonces la idea, que es la que hoy todavía persiste, de que habría que “convivir” con una parte de la población (mayoritaria, en realidad) recalcitrante a cambiar de lengua. La ingeniería les había fallado en parte, y se preguntaban por qué. Hoy siguen sin entenderlo.

Y la respuesta es sencilla: a diferencia de los colegios y de la administración pública, en los hogares TODAVÍA se respira cierta libertad (aunque TV3 se encarga de cercenarla). Y la gente, en libertad, generalmante habla en lo que se siente más cómoda.

Pues bien, había que conseguir que esos recalcitrantes castellanohablantes, que se habían permitido la indecencia de quedarse a vivir en Cataluña sin utilizar su “lengua propia”, no consiguieran alcanzar jamás un cierto éxito social.

La ley de educación, concebida con un objetivo, les iba de perlas para otro ideado sobre la marcha: iban a conseguir elevar AL DOBLE la estadística de fracaso escolar en alumnos castellanohablantes. Esta es la gran cohesión que tanto cacarean.

Con esto conseguían (o consiguen, porque ya estamos en el presente), reservar esa población castellanohablante, que ha fracasado en la escuela por culpa del idioma, para los trabajos menos cualificados. Una sociedad con ciudadanos de primera y de segunda. ¿Les suena?

Eso sí, como son nacionalistas pero no gilipollas, saben que el catalán en los negocios es casi inexistente. Tienen que asegurarse un buen castellano para sus élites. Ellos llevan a sus hijos a colegios de los de 1000 € al mes. Ahí no hay inmersión. Para sus hijos no la quieren.m

Por esta razón, la lucha de muchos padres por la reincorporación del castellano en las aulas es estéril: no lo conseguiremos mientras no sean desalojados del poder, porque eso destruiría su plan. Un plan etnicista del que se encargan asociaciones como Som Escola.

Harán todo lo posible para que un castellanohablante jamás tenga las mismas oportunidades que un catalanohablante. Por eso, EN CATALUÑA NO HAY IGUALDAD DE OPORTUNIDADES, la han destruido a conciencia.

En nuestra mano está dejar de tolerarlo.

#LaSilenciosaCat

Hilo

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