Los españoles protegieron y preservaron las lenguas indias

«No parece conveniente forzarlos a abandonar su lengua natural: sólo habrá que disponer de unos maestros para los que quisieran aprender, voluntariamente, nuestro idioma.» Felipe II

Otra de las grandes mentiras de la leyenda negra antiespañola que siempre ha tenido gran difusión es la de que los conquistadores realizaron un genocidio lingüístico en las Indias y que las lenguas nativas fueron exterminadas

Es importante resaltar que en el momento de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo existían unas 160 grandes familias lingüísticas que a su vez en el ámbito local se dividían en más de 2.000 hablas locales o variedades dialectales. Se puede hacer uno una idea de la ingente tarea que habría sido la de prohibir estas lenguas y vigilar que se cumpliese esa prohibición. Algo absurdo e inviable a todas luces.

Principalmente prefiero utilizar el término “lengua” y no “idioma”, pues si bien es verdad que ambas palabras son usadas como sinónimos, la dicotomía entre “lengua” e “idioma” (posiblemente en desuso) es tan leve que cuesta distinguir su gran diferencia.

Se entiende por idioma una lengua dotada de diccionarios y gramática, donde se estructura sus reglas y sintaxis. Una lengua por el contrario carece de ellas.

La corona no legisló contra las lenguas nativas.
En el libro “La lengua española en América: normas y usos actuales” coordinado por Milagros Aleza Izquierdo y José Ma. Enguita Utrilla, se documenta de una manera bien fundamentada: “Cuando llegaron los españoles al Nuevo Mundo habría más de 2.000 variedades dialectales, que se integraban en unas 170 grandes familias lingüísticas”. Esta cantidad tan gigantesca de lenguas significó una verdadera dificultad para los religiosos que acompañaban en el Nuevo Mundo, la evangelización que tenía una característica de ‘urgente’ no podía quedarse al paso de las décadas por culpa de la barrera de las lenguas, para sorpresa de los que solo se han alimentado de mitos, los religiosos decidieron aprender las lenguas locales y regionales.

El historiador italiano Vittorio Messori, también nos documenta que los religiosos aprendieron las lenguas indígenas con tanta vehemencia “que dieron gramática, sintaxis, y transcripción a lenguas que (…) no tenían forma escrita”.

En 1596, en la universidad de Lima se creó una cátedra de Quechua, la lengua hablada por los incas. Para esta misma época ningún Sacerdote Católico podía ser ordenado Sacerdote si no demostraba su dominio en la lengua Quechua, la misma a la que la Iglesia había dado forma escrita.
Incluso en 1558 el Virrey de la Nueva España Luis de Velasco propuso a Felipe II la fundación en Guadalajara de un centro de enseñanza del idioma náhuatl para jovenes parlantes de otros idiomas, contribuyendo con ello a la expansión y conocimiento de esta lengua y su uso como lengua unificadora de los pueblos que conformaban el virreinato de Nueva España.

Lenguas nativas oficiales

Ahondando más en el siglo XVI, en 1570, Felipe II decretó el náhuatl como lengua oficial de los nativos del virreinato de Nueva España, es decir, centralizó el idioma del virreinato en uno de los idiomas nativos, no en el castellano. Extraña forma de “imponer” el español concretamente en la Nueva España.

Cambiando de zona geográfica, en 1585 el virrey del Perú Francisco de Toledo dispuso que “al sacerdote que no supiese la lengua quechua se le quitasen 100 pesos de su salario (de 800)” como forma de apremiarles para que lo aprendiesen. Y el mismísimo Papa Gregorio XIII en 1576 expidió una bula en la que se ordenaba que solo pudiesen ser enviados a América los sacerdotes que probaran saber “el idioma de los indios”.

La vehemencia por aprender la lengua de los indios era también de gran respeto hacia la cultura de los indios, nos relata Messori: “un profesor universitario español, miembro de la Real Academia de la Lengua, Gregorio Salvador, ha vertido más luz sobre el asunto. Ha demostrado que en 1596 el Consejo de Indias (una especie de ministerio español de las colonias), frente a la actitud respetuosa de los misioneros hacia las lenguas locales, solicitó al emperador una orden para la castellanización de los indígenas, o sea una política adecuada para la imposición del castellano. El Consejo de Indias tenía sus razones a nivel administrativo, vistas las dificultades de gobernar un territorio tan extenso fragmentado en una serie de idiomas sin relación el uno con el otro. Pero el emperador, que era Felipe II, contestó textualmente: «No parece conveniente forzarlos a abandonar su lengua natural: sólo habrá que disponer de unos maestros para los que quisieran aprender, voluntariamente, nuestro idioma.» El profesor Salvador ha observado que detrás de esta respuesta imperial estaban, precisamente, las presiones de los religiosos, contrarios a la uniformidad solicitada por los políticos”.

Pero no es algo particular que sucedió en el Nuevo Mundo, “esto era acorde con lo que se practicaba no sólo en América, sino en el mundo entero, allá donde llegaba la misión católica:  es suyo el mérito indiscutible de haber convertido innumerables y oscuros dialectos exóticos en lenguas escritas, dotadas de gramática, diccionario y literatura (al contrario de lo que pasó, por ejemplo, con la misión anglicana, dura difusora solamente del inglés). Último ejemplo, el somalí, que era lengua sólo hablada y adquirió forma escrita”.
La corona española buscó homogeneizar las Indias no mediante la sustitución de las lenguas nativas por la española, más bien al contrario, utilizó las lenguas indias principales para agilizar la comunicación entre los indios y los hispanoparlantes: el nahuátl en la Nueva España, el quechua en el Perú, el aimara en las regiones andinas, el tupi-guaraní en la zona amazónica, costa brasileña y norte del virreinato del Río de la Plata y el cackchikel en el istmo centroamericano. De esta manera se lograba que dependiendo de la región hubiese un idioma común de los nativos, dejando los pequeños dialectos como lenguas marginales al ámbito local y facilitando que estos pudiesen comunicarse fuera de él con el resto de la sociedad hispanoamericana.
Otro ejemplo, José María Enguita Utrilla, Rosario Navarro Gala de la Universidad de Zaragoza nos cita para “la lengua española en América: normas y usos actuales”: “Según indica Munteanu (1996b: 70), ya antes de 1750 «los sacerdotes católicos curazoleños utilizaban […] el papiamento tanto en el servicio religioso como en el trato cotidiano con la población negra, que no hablaba otra lengua»”.

¿Cómo se expandió el español?

¿Pero entonces cómo se explica la generalización del uso del español en las Indias si parece que desde España no se hizo mucho por ello? es más, parece que trataron de favorecer el desarrollo y el uso de lenguas nativas. Pues bien, su expansión durante los siglos XVI y XVII básicamente fue un fenómeno natural provocado por la migración de españoles a las ciudades más importantes y el mestizaje que se desarrollaba en las mismas. Fue este mestizaje el que poco a poco y sin imposiciones fue extendiendo el uso del español entre los nativos y mestizos que vivían o trabajaban con los españoles. En los lugares donde la presencia española no fue tan importante las lenguas nativas se conservaron sin problema e incluso han llegado hasta nuestros días. Huelga decir que en cada zona geográfica el idioma español fue adoptando numerosos vocablos y palabras nativas conformando amplias variedades dentro de sí mismo. También hubo mestizaje lingüístico y mucho.

Las Repúblicas Hispanoamericanas y el idioma español

Tras 300 años de soberanía española en América el idioma español tan solo se hablaba en las grandes ciudades y en los lugares cercanos a ellas donde el mestizaje había sido más intenso, pero no había llegado al resto de la inmensa América. Se calcula que justo antes de las independencias hispanoamericanas tan solo lo hablaban 1 de cada 10 americanos pero a partir de esta época sí comenzó a expandirse de forma masiva hasta la actualidad, en la que 9 de cada 10 lo hablan. ¿Y cómo pudo ser esto? las repúblicas recién nacidas requerían la unificación lingüística para un mejor funcionamiento y por ello muchas de ellas apoyaron la castellanización de su población, es decir, se difundió más el idioma español tras las independencias hispanoamericanas que durante todo el período español. Podemos ver algunos ejemplos de tratamiento del español en América como el de Justo Sierra (1848-1912), fundador de la universidad mexicana y reestructurador del sistema educativo nacional dijo: “La poliglosía de nuestro país es un obstáculo a la propagación de la cultura y a la formación plena de la conciencia de la patria […] y el castellano será la única lengua escolar, llegará a atrofiar y destruir los idiomas locales y así la unificación del habla nacional, vehículo inapreciable de la unificación social, será un hecho”.

O el también mexicano José Vasconcelos (1882-1959) que como Secretario de Educación del estado mexicano organizó una gran campaña de creación de escuelas rurales, llamadas Casas del Pueblo, para “lograr que los indios de todas las edades supieran hablar español y conocieran los rudimentos de civilización necesarios para su participación en la cultura nacional” y por ello, “las lenguas vernáculas debían ser exterminadas y sustituidas por el idioma español”.

En conclusión, la afirmación de que los españoles terminaron con las lenguas nativas e impusieron el español es rotundamente falsa. La expansión del castellano fue lenta y natural, muy centrada en las ciudades y sus cercanías en donde los mestizos y nativos podían hablar su lengua nativa o local pero también expresarse en español, uno no quita al otro. Su real expansión como lengua unificadora de Hispanoamérica tuvo lugar tras las independencias y la creación de las distintas repúblicas surgidas que la usaron como elemento unificador y centralizador.

El Imperio Español estuvo lejos de ser aquel imperio del mal que muchos mal intencionados nos han hecho creer, esperemos que la próxima vez que se sugiera que los indios fueron hispanizados violentamente no se eluda la evidencia histórica.

Fuentes:

Aleza Izquierdo, Milagros – Estudios de Historia de la lengua española en América y España.

Lope Blanch, Juan M – Cuestiones de filología hispanoamericana.

Fuente: Historia del Nuevo Mundo

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