Nueva España. Los españoles no impusieron la cristiandad.

SOBRE LA “IMPOSICIÓN” DEL CATOLICISMO.

En los debates, irremediablemente surge quien afirma con total rotundidad que los españoles impusieron su religión a los nativos americanos a espada y garrote, entre muchos otros abusos y coacciones.

Para 1521, cuando concluye la Conquista del actual México, habían llegado a América unos 6.000 españoles, entre hombres, mujeres y niños, de los que parte ya habían muerto por las enfermedades tropicales, las mismas epidemias que diezmaron a los indios, o a manos de indios hostiles, mientras que los indígenas supervivientes a la guerra y las enfermedades que trajeron los españoles, se calculan en más de dos millones y medio, la mayoría aliados de Cortés.

¿Por qué eran sus aliados? Porque los aztecas los habían tenido sometidos mediante la coacción y la fuerza, exigiendo fuertes tributos además de víctimas para sus sacrificios humanos o capturándolos directamente en las llamadas “guerras floridas”.

Cortés les había ofrecido una rebaja de esos tributos y prohibió los sacrificios humanos y m la entrega de victimas, lo que constituyó una oferta irresistible.

Tras los combates, los castellanos se concentraron en las ciudades que fueron fundando, mientras los nativos volvían a las suyas, que desde entonces se conocieron colectivamente como “repúblicas de indios”, continuando su vida bajo el gobierno de sus caciques según sus tradiciones y costumbres.

Salvo los sacrificios, solo tuvo permiso para residir un misionero en cada una, a fin de explicarles el catecismo en su propia lengua (para eso se escribieron las gramáticas indígenas: para que aprendiesen el idioma los doctrinarios).

El pago de los tributos se hacía en trabajo, el cacique designaba rotatoriamente a algunos de sus hombres para que trabajasen durante períodos determinados en encomienda a favor de españoles, que a cambio debían ocuparse de su formación espiritual y en las técnicas modernas de cultivo y ganadería.

Y entonces llegamos al quiz del asunto: un misionero solo en un pueblo totalmente indígena, ¿como podía obligar “por la fuerza” a los nativos a convertirse?

Recordemos que los castellanos eran menos de 6.000, de los que solo una minoría eran religiosos, de modo que muchas repúblicas ni siquiera tenían ese misionero solitario, su único contacto con un doctrinero ocurría mientras estaban prestando servicio en la encomienda. Durante ese espacio de tiempo (que por ley no podía ser superior a dos años), los indígenas residían dentro de la hacienda en pueblos llamados “doctrinas”, donde el doctrinero (un fraile) les enseñaba la religión.

Aquí si pudo producirse algún abuso, según fuese el carácter del fraile; pero terminado su período de servicio el indígena retornaba a su pueblo y allí nada le obligaba a seguir siendo cristiano.

Pongámonos en el lugar del indígena de la época, que veía como sus dioses ancestrales no le habían defendido de los aztecas, los sacrificaban, mientras que acogiéndose al Cristo de los españoles lograba deshacerse por fin de ellos, y ya no pesaba sobre su cabeza el peligro de ser sacrificado… con los antiguos sufría hambrunas periódicas (agravadas por la entrega de comida como tributo) mientras que con las herramientas de hierro y con los animales de granja traídos por los españoles cristianos aumentaban las cosechas y había más alimentos, erradicándose el hambre.

Si había sequía, enfermedad o cualquier otra penuria, las misas y procesiones tenían exactamente la misma eficacia que los sacrificios pero sin sangre, resolviendo el problema al cabo de unos meses (no era mejor, pero tampoco peor; y ahorraba los inconvenientes de conseguir víctimas para los sacrificios). En suma, que valía la pena cambiar de dios, salvo que fuese el brujo de la tribu; e incluso si lo era, podía seguir ganándose la vida como curandero, un negocio que aun hoy en día continúa teniendo éxito.

Por lo que respecta a los derrotados, aztecas y sus aliados, sus sacerdotes seguramente fueron asesinados por los tlaxcaltecas y totonacas, ansiosos de vengar a sus familiares sacrificados por ellos; la nobleza, acogida inteligentemente por Cortes, se convirtió para congraciarse con él; y el pueblo, viéndose abandonado del favor de sus dioses tradicionales que les negaron la victoria, sin sacerdotes, y siguiendo el ejemplo de sus líderes, tampoco necesitaron mucho para adoptar una religión que obligaba a sus enemigos a perdonarles.

Y todo ello sin mencionar los numerosos documentos que atestiguan las severas instrucciones del Rey y de las autoridades religiosas prohibiendo el uso de la fuerza para convertir a los indígenas…

De modo que creo que está demostrado: cuando aparece ese sujeto que afirma lo contrario, nos hayamos ante alguien al que le han contado un cuento y se lo ha creído sin pararse a considerar si esa milonga era factible o una ficción grotesca; de modo que hay que armarse de paciencia y explicarle la realidad de lo sucedido, si quiere oirla; sino, más vale darle la razón como a los tontos para que quede contento, y dirigir nuestra atención a personas más inteligentes.

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