El «Leónidas» español que luchó «con las entrañas en la mano» contra el gigantesco ejército rifeño – Manuel P. Villatoro / ABC

REGULARES INDÍGENAS

En 1921, este oficial falleció mientras combatía con apenas 200 hombres contra innumerables enemigos en Abarrán. Su sobrino nieto narra a ABC su historia

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Heroicidad, valentía, y un profundo amor hacia España. Estos eran los valores de


Juan Salafranca y Barrio

Su interés por la vida marcial hizo que, a finales de agosto de 1907 ingresara en la

Camino a Marruecos

Corrían por entonces malos tiempos para España, pues la comunidad internacional había decidido cedernos un pequeño territorio en el norte del Marruecos que no daba otra cosa que calentamientos de cabeza. Y es que los lugareños, que no veían con buenos ojos cambiar su bandera por la rojigualda, se convirtieron en toda una molestia al atacar constantemente –tirando a dar, por supuesto- a los hispanos allí ubicados. Hasta el chambergo de llenar ataúdes, los oficiales y políticos peninsulares no tuvieron reparos en enviar a miles y miles de soldados a África con el objetivo de pacificar la zona.

En esas andaba España cuando Salafranca hizo el petate y embarcó hacia Ceuta a finales de 1912. «Cuando mi tío abuelo llegó a Marruecos, la situación era relativamente pacífica porque las líneas españolas estaban fijas. En ese momento Ceuta era el único punto conflictivo debido a que se había rebelado la

«Medía 1,89, mi abuela decía que era espectacular verle de uniforme»

Ya como teniente, fue trasladado en 1916 al

«El Biutz»

Sin embargo, la situación de calma cambió el año en que Salafranca entró a formar parte de los regulares. Con los rifeños en rebeldía, en el verano de 1916 su unidad se unió al ejército que debía pacificar, a base de fusilazos, la cabila de Anyera. A finales de junio comenzó la operación con un objetivo inicial claro: tomar «


Una vez en el poblado, la columna en la que estaba destinado el madrileño recibió órdenes de asaltar y tomar la denominada «

Salafranca
Salafranca

«El combate fue durísimo y hubo muchísimas bajas. Mi tío abuelo, de hecho, acabó mandando una compañía entera -aunque sólo era teniente- debido a que las numerosas bajas de oficiales que se produjeron. A pesar de ser herido dos veces no se retiró, sino que siguió en primera línea y finalmente logró tomar junto a sus compañeros la posición», explica el coronel Salafranca a ABC. Su valentía en el combate le granjeó


Tras el combate, Salafranca fue propuesto para la

En Melilla

Mientras Salafranca daba escopetazos por aquí y espadazos por allá, la situación en el frente marroquí cambió de forma drástica. Y es que las narices de los rifeños se hincharon hasta tal punto que comenzaron a organizar un ejército bajo el liderato de

Abd el-Krim
Abd el-Krim

De forma paralela, y como las fosas nasales del Comandante General de Melilla -el

A su vez, con este movimiento Silvestre pretendía proteger a las cabilas partidarias de España (sí, las había), las cuales pedían desde hace meses ayuda al verse atacadas por sus compañeros marroquíes seguidores de la rebelión. «Para ayudar a estos grupos, en enero de 1921 se estableció una línea defensiva avanzada. Esta línea pretendía ir ocupando los puntos que los jefes de cada cabila pro española pedían para sentirse seguros y sentirse a salvo de los partidarios de Abd el-Krim. Posteriormente se criticó que no eran posiciones fáciles de defender y que las aguadas eran imposibles, pero no quedaba más remedio que ubicarse allí donde pedían los jefes locales», completa Juan Ignacio Salafranca.

Héroe de Abarrán

Así andaban las cosas por Marruecos cuando, en 1921, Juan Salafranca y Barrio fue trasladado junto a su unidad al

«La policía indígena -que era la que tenía encomendada la tarea de establecer contacto y obtener información de las cabilas- informó a los españoles de que la

Al frente de la columna se ubicó la harca, presuntamente leal a España

La jornada siguiente, cuando el calendario marcaba el

Frente a la columna se situó además una harca, una unidad auxiliar formada por marroquíes. «Las harcas estaban formadas por rifeños que se ponían a las órdenes de los españoles. Usualmente, cuando se iba a ocupar una cabila, se procuraba que en vanguardia fuera la harca de esa cabila debido a que conocían mejor el terreno y estaban acostumbrados a guerrear entre ellos. Inmediatamente después iba la policía indígena, que se encargaba de establecer las posiciones y, finalmente el grueso de las tropas españolas», destaca el experto.

Toma de la colina

Con las primeras luces de la mañana, la columna se situó en formación de ataque y avanzó sobre Abarrán fusil en ristre. Sin embargo, no hizo falta disparar un solo tiro, pues la colina estaba desierta. ¿Por qué? La respuesta era sencilla, era un territorio yermo, seco y difícilmente defendible. A pesar de todos los inconvenientes, las órdenes eran las órdenes, por lo que, aproximadamente a las ocho de la mañana, comenzaron las labores de fortificación para asegurar la posición ante un posible ataque.

Para ello, se estableció un perímetro que, según Munilla, tenía forma de paralelogramo. Para facilitar la defensa ante las acometidas, uno de los lados del campamento se estableció en el borde de un barranco. De esta forma, únicamente había que defender tres de los cuatro sectores. A su vez, otro de los extremos fue cubierto con los escasos sacos terreros que había disponibles. Finalmente, la totalidad de la posición fue

El campamento de Abarrán quedó al mando de Salafranca: «Disponía de 100 regulares, un grupo de 100 policías indígenas y los sirvientes de la estación de telegrafía

Establecido el campamento, los exploradores se cercioraron del número de enemigos ubicados en la cabila de Tensaman y, al considerar los oficiales que no eran demasiados, enviaron a combatirlos a la harca amiga. A priori, parecía un combate sencillo. Sin más qué hacer, y con la satisfacción del deber cumplido, el grueso de la columna abandonó entonces la posición de Abarrán

«Con la marcha de la columna principal, el campamento quedó al mando de mi tío abuelo, que disponía de

Traición inesperada

Después de que la columna principal iniciara su marcha, Salafranca quedó a la espera de que la harca leal a España consiguiera eliminar a los enemigos ubicados en el poblado cercano. En cambio, antes de comenzar el combate los musulmanes aliados solicitaron al oficial que les entregara cartuchos para poder combatir. Extrañado por la petición, el oficial les dio unos 100 por cabeza y les pidió romper de una vez el fuego.

El ataque de la harca amiga se produjo unos pocos minutos después. Armados con cientos de fusiles y con una buena cantidad de munición por cortesía hispana, los marroquíes iniciaron el avance sobre el poblado enemigo. No obstante, y de forma repentina, cuando los presuntos aliados se encontraban a una distancia considerable, se dieron la vuelta y, con el mosquetón en ristre, atacaron a los españoles.

Columna en el Rif (años 20)
Columna en el Rif (años 20)

A la harca anteriormente amiga y a la policía indígena se unieron muchos más musulmanes provenientes de las cabilas cercanas. Los oficiales españoles de Annual habían caído en una trampa que podía llevar al ataúd a la pequeña unidad comandada por Salafranca. «Es imposible calcular el número de marroquíes, pero es seguro que eran cientos porque se juntaron los de la harca y los de la

Disparar por la vida

Tras los primeros balazos, los sorprendidos soldados que estaban de guardia dieron la alarma y corrieron como alma que lleva el diablo para avisar a su superior, como bien explica el periodista de ABC en su casi centenaria crónica: «A los primeros disparos cayó muerto el capitán

Una vez que se conoció la traición, el capitán Salafranca hizo uso de toda su fuerza y toda su potencia de voz para organizar eficazmente a sus hombres y romper el fuego contra los antiguos aliados. Su única posibilidad de no salir en una caja de pino de allí era resistir hasta el regreso de la columna española. «Cayó una gran cantidad de fuego sobre ellos cuando la posición no se había siquiera organizado. El enemigo atacó además desde una colina, es decir, de arriba hacia abajo, lo que siempre es una ventaja. Muchos soldados españoles murieron antes incluso de saber qué sucedía. Además, algunos hombres de la policía indígena llegaron a volverse contra sus oficiales hispanos», completa Juan Ignacio Salafranca.

Para desgracia española, los minutos pasaron lentos. Bajo un calor asfixiante, el sonido de los fusiles y los gritos copó el ambiente. Tampoco quiso perderse las bofetadas el ruido ensordecedor de la artillería hispana que, cartucho a cartucho, lanzaba toda su furia sobre la harca traidora y los enemigos reunidos cerca del campamento. Desde primera línea, y a pesar de

La muerte de un héroe

«(En ese momento) Salafranca recibió una herida en el vientre. Trató el practicante de curarle y el capitán, con un absoluto desprecio de la vida, se negó a ello. En tanto, la harca enemiga atacó la posición por el lado de la Artillería, que consumió todas sus municiones, tirando con fuego rápido y espoleta al cero; los rifeños cayeron sobre las piezas y el gran Salafranca, falto ya de municiones, con los pocos hombres que le quedaban y las tripas en la mano, mandó armar el cuchillo y trató de ir a defender la Artillería; pero otro

A pesar de este último balazo, Salafranca todavía pudo continuar la resistencia unos minutos más. «Varias veces herido de bala, el capitán Salafranca,

«Varias veces herido de bala, el capitán Salafranca, chorreando sangre, con las entrañas en la mano, aún sentía el noble vértigo de la lucha. Y, sobreponiéndose al espantoso sufrimiento que, sin duda, experimentaba, seguía al frente de sus tropas»

Pero, herido de gravedad, Salafranca perdió el conocimiento por breves minutos. Cuando volvió a abrir los ojos, entre disparos y sin fuerzas dio sus últimas órdenes: pidió papel para escribir a su madre, entregó la cartera con el dinero de la compañía a un teniente de Artillería y animó a los pocos supervivientes que quedaban. Después, cerró los ojos para no volver a abrirlos más.

Fin de la resistencia

Con la mayoría de sus superiores caídos y Salafranca muerto, poco pudieron hacer los escasos soldados que quedaban. Así pues, tras cuatro horas de combate, los enemigos entraron en el campamento deseosos de cortar cuellos españoles. «En cada compañía había un oficial moro que se correspondía con el mando más bajo. En Abarrán, el último oficial en dirigir la defensa de los españoles fue el moro, quien, cuando los enemigos tomaron la posición, se pegó un tiro en la cabeza. En la posición murieron todos los oficiales, hasta el teniente de artillería que mandaba los cañones. Cuando cayó la defensa, los pocos supervivientes que quedaron bajaron un barranco y corrieron por su vida. Hubo unos 40 supervivientes», destaca el coronel.

Perdida la posición, los rifeños saquearon el campamento y se vanagloriaron de haber vencido por primera vez a los españoles en una batalla en campo abierto. La derrota fue un duro mazazo para las tropas españolas que, no obstante, también pudieron sacar pecho ante la heroica defensa de Salafranca y sus hombres. En los días posteriores, los diarios de la Península llenaron portadas y páginas recordando a los valerosos héroes de Abarrán. Tan épico fue el combate, que el madrileño obtendría en 1924 la Cruz Laureada de San Fernando.

Fuente

2 comentarios en “El «Leónidas» español que luchó «con las entrañas en la mano» contra el gigantesco ejército rifeño – Manuel P. Villatoro / ABC

  1. Desde hace unos días, sus artículos salen descuadrados y no hay manera de leerlos.

    Les ruego corrijan cuanto antes este problema.

    Muchas gracias y saludos.

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