Estado de Derecho y disidencia – José Luis Sariego Morillo / Confilegal

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Recientemente, un ministro del gobierno ha dicho que las personas de izquierdas, entre ellos los políticos, no cometen delitos.

Y no deja de sorprenderme que haya miles de personas que le den la razón.

Sobre todo, porque muchos condenados en las estafas de diferentes cajas de ahorro eran políticos de izquierdas (Caja Madrid, Caja del Mediterráneo, etc.), eso sin recordar los casos tales como el de los ERE, el caso Meyer, el Majestic, etc.

Todo esto me trae a la memoria cómo en los regímenes totalitarios se convertía a los delincuentes comunes en disidentes del sistema y viceversa.

Régimenes como el soviético o el cubano solían condenar a asesinos de mujeres, por ejemplo, pero no como asesinos, sino como elementos disidentes del sistema, ya que el poder totalitario establecido no podía reconocer que “producía” delincuentes comunes.

Sostiene Olga del Pilar López: “Esos asesinos no tenían intereses, solo una actitud fría, calculada, de ciudadano respetable. Por ello y porque esa conducta implicaba una individualización del sujeto, algo contrario al comunismo”.

Una de las formas de hacer ingeniería social es convencer a la ciudadanía con un neolenguaje y un neodiscurso basado en que no existen diferencias en el trato que deben recibir los delincuentes comunes de los disidentes del régimen establecido.

Criminalizan así la libertad de ideas y de cátedra. Aquel que disiente, es un delincuente.

Es la perversión del concepto del delito de autor, prohibido a nivel internacional a raíz del juicio de Nuremberg.

Por otro lado, me levanto con la triste noticia de que dos mujeres más han sido asesinadas en el contexto de un conflicto de pareja o de familia.

Y ya son 10 las contabilizadas en lo que va de año.

Poco importa la causa de dichas muertes, salvo que el victimario sea un hombre y, por ende, machista y de derechas (atendiendo a las declaraciones del ministro), que es lo único que importa.

Todo ello, dentro de este nuevo lenguaje que distorsiona toda explicación científica del problema.

Siguiendo la tesis de ese discurso, el hombre que mata o agrede a una mujer no es un asesino o un delincuente, sino un disidente del discurso oficial.

No puede ser que en España con sus leyes de igualdad de izquierdas haya delincuentes comunes de asesinato, sino que es un asesino machista.

El ingente número de personas cuyos sueldos y salarios dependen de este discurso unívoco e indiscutible, es tal que parece como que necesitan más victimas de asesinatos en el ámbito de la pareja que sean mujeres como para justificar su existencia.

Igual que necesitan víctimas de asesinatos o agresiones “machistas”, poco importa la causa o causas de dicho asesinato, necesitan ahora más víctimas de todo aquello que van a decidir que sea agresión sexual, según ese neodiscurso totalitario.

Terminaremos como en los tiempos de aquellas dictaduras o prácticas excluyentes de derechos que creíamos denostadas: vagones para hombres y mujeres, aulas separadas por sexos, censura en los medios de comunicación, limitar la libertad sexual de la gente, etc.

Y así va a ser la nueva ley que prepara el gobierno de “libertad sexual”.

Curiosamente una ley que limitará la vida sexual de mujeres y hombres.

Porque no solo pretenden obligarnos a pensar de una forma concreta (ideología de género o perspectiva de género) sino a practicar sexo como ellos decidan que hay que hacerlo.

Regresamos de nuevo, tras la ley de violencia de género, a la redacción de una nueva ley que impondrá el delito de autor.

Ahora lo tienen un poco más difícil porque no controlan el Tribunal Constitucional como en 2005.

De ahí los ataques sistemáticos desde el poder a los jueces, avisándoles de que “el que se mueva no sale en la foto”.

Van a establecer de nuevo un delito de autor, donde el victimario solo podrá ser, de nuevo, un hombre heterosexual.

Con la nueva regulación, una mujer pocas veces va a poder ser acusada de agresión sexual.

Al igual que pasa actualmente con las escasas posibilidades de que una mujer sea acusada por denuncia falsa o simulación de delito.

Estas leyes, se pasan por el forro (literalmente).

La ciencia, la psiquiatría, la psicología, la criminología o la medicina forense deberán centrase en otras esferas de la delincuencia.

Bastará con calificar judicialmente el hecho como un acto machista (lo que el poder político señale como machismo en cada momento) para que no haga falta todo lo demás.

Creo que desde la ciencia se puede explicar cómo estamos sufriendo a un poder político con cierto trastorno psicótico colectivo.

Bastante desconocido para la gente, existe una forma de trastorno psicótico compartido o ‘folie à deux’ que es un raro trastorno en el que un síntoma de psicosis (particularmente una creencia paranoica o delirante) es transmitida de un individuo a otro.

Dicho trastorno compartido puede darse en una colectividad, como ocurrió en las sociedades occidentales tras el 11S, y se suele denominar como ‘folie à plusieurs’.

Cuando un gran número de personas terminan creyendo algo obviamente falso y potencialmente angustioso basándose únicamente en rumores, estas creencias no se consideran como clínicamente delirantes en psiquiatría y se etiquetan como histeria colectiva.

Creo que estamos ante un delirio social y político en lo que respecta a los delitos sexuales o los delitos que sufren las mujeres.

En mi opinión, que creo que enfadará a muchas personas sectarias de la ideología de género, estamos ante un fenómeno de histeria colectiva no controlada que ha llegado al poder político

Muchos políticos, se han apuntado al neolenguaje que es políticamente correcto, cuando en realidad esconde la impostura y un fraude electoral.

Usan a las mujeres maltratadas y a los inmigrantes como bandera de un humanismo impostor, pero, en realidad, les importan muy poco las unas y los otros.

Como decía, esta casta política necesita cadáveres de mujeres en los medios, para justificar el uso y abuso de fondos públicos para mantener asociaciones y fundaciones afines a partidos y sindicatos que prestan pleitesía a dicha casta política.

Si no, no se comprende que sigan teniendo en vigor una ley como la LO 1/2004 que es un fracaso y que ha dado lugar a que no disminuyan el número de mujeres asesinadas, o tampoco los problemas de la inmigración ilegal.

En Canarias saben muy bien de lo que hablo.

Desde los centros de inmigrantes se sabe que están haciendo devoluciones en caliente.

Necesitan más muertes de mujeres para dar coherencia a su discurso.

Así estamos viendo cada día cómo manipulan los hechos, con diferentes estrategias que se pueden resumir en las siguientes:

1º.- Proyección

Así, se culpa a los demás de lo que ellos mismos han hecho. Acusan a otros partidos y políticos de ser unos corruptos, negando la realidad de la corrupción en sus filas. Gurtel, ERE, Bankia, financiación desde Bolivia o Venezuela, etc.

2º.- Uso de la mentira

Apoyan el separatismo vasco o catalán, por un puñado de sillones en el gobierno o estar en la Moncloa, cuando hace más bien poco, afirmaban lo contrario.

3º.- Manipulación

Aparentan ser los buenos ante la sociedad, cuando en realidad no lo son. Siguen devolviendo en caliente de forma oculta a los inmigrantes o el uso de la frase “suicidio ampliado”, cuando una mujer mata a sus hijos.

4º.- Falta de empatía y relativización

Muestra una absoluta falta de empatía por los españoles que viven en Cataluña que no apoyan el separatismo y falta de empatía y cómo relativizan el maltrato que sufren los niños y los hombres.

5º.- No reconocen sus errores

Justifican los casos de corrupción como el de los ERE y no reconocen que la LO 1/2004 es un fracaso. Aun pese a saber que miles de mujeres siguen quejándose de que, tras 15 años de esta ley, no se ha avanzado un milímetro.

6º.- Desprecio a los demás

Muestran su desprecio a todos los ciudadanos que votaron al nuevo partido de derechas.

7º.- Envidia

Muestran públicamente su envidia, como alzar la voz para decir “el feminismo es de todas, no bonita”

8º.- Distorsionan la realidad

Cuando culpan a los demás de sus propios errores. Por ejemplo, con los terribles datos del paro.

No soy muy experto en estos temas, pero creo que todas estrategias se parecen mucho a las que utilizan los psicópatas.

Origen: Estado de Derecho y disidencia – Confilegal

Un comentario en “Estado de Derecho y disidencia – José Luis Sariego Morillo / Confilegal

  1. Saludos Sra. Cayetana Álvarez de Toledo,

    Le quiero transmitir mi enorme preocupación como padre de dos hijos varones y como hombre.

    En las próximas semanas el Ministerio de la Igualdad impulsará la Ley de Libertades Sexuales y según parece significará una  flagrante violación de los derechos humanos fundamentales de los hombres, y no lo olvidemos, de nuestros hijos varones, pues podría pretender que perdamos la presunción de inocencia ante cualquier acusación hecha por una mujer. De confirmarse que esta es una de las intenciones de esta nueva ley estaríamos ante una gravisima situación y se debería exigir que la  nueva ley respete los derechos humanos.

    En estos momentos siento miedo porque los hombres no somos tratados como individuos sino que jurídicamente se nos trata y juzga como parte de un colectivo. No somos juzgados por nuestros actos sino como parte del colectivo de “hombres” a quienes se nos criminaliza y se nos recortan derechos. Siendo inocente siento miedo por mi y por mis hijos, lo cual no debería ser normal en un estado de derecho.

    En Suecia existe una ley similar que por supuesto no viola la presunción de inocencia del acusado, algo contemplado por la declaración de los derechos humanos de la ONU, la Unión Europea y la constitución española y de cualquier país. No puedo entender porqué en España para proteger los derechos de la mujer haya que vulnerar los derechos de los hombres, como ya ocurrió con la Ley de Violencia de Género.

    Le digo con tristeza que estoy considerando la opción de votar a la extrema derecha en las próximas elecciones, y no se si sirva de algo decirle que siempre he votado por partidos de izquierdas.

    Por favor no contribuya con su voto a la aprobación de una aberración jurídica que vulnere el principio constitucional de no discriminación por razón de género, en caso de que efectivamente así lo contemplase la nueva ley.

    Atentamente,

    Leonardo Arrabé

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