El socialismo del PSOE, una estafa de la transición

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Cuando señalo que una de las bases de la colaboración del gobierno con la ETA ha sido la común ideología socialista, surge siempre algún irritante “enterado” arguyendo que el PSOE no es socialista y que su única ideología consiste en el “el poder”  o “el dinero”,  y que funciona como una agencia de colocaciones. Naturalmente, eso es cierto –si quitamos lo de “única ideología”—, pero ello no lo diferencia en nada del PP, de CiU o de la misma ETA. En realidad son obviedades sin el menor contenido analítico. Como si dijera que los socialistas son españoles nacidos en el siglo XX.  Esta clase de tonterías no solo se oye a improvisadores de tasca, sino también a sesudos analistas, embrollados en tópicos y generalmente no muy al tanto de la historia.

   

A los socialistas les interesa el poder… de su partido; el dinero… para los suyos; y la colocación… de sus dirigentes y afiliados. Es decir, que hay unas señas  de identidad que diferencian a los suyos de los ajenos. He aquí algunas:

  1. a) Identificación con un pasado mitificado, y da igual que los militantes lo conozcan en detalle o no (casi ninguno lo conoce realmente): desde “los cien años de honradez” a un carácter democrático y oposición a las dictaduras, rasgos que nunca tuvo realmente el PSOE. De modo similar, el sórdido historial de los héroes del tiro en la nuca se presenta a los suyos como una lucha épica “por la libertad de Euskadi”.

  1. b) Identificación o “solidaridad” con “los obreros”, “los pobres” o “los marginados”, “las mujeres”, “los homosexuales”, “los explotados del Tercer Mundo”, etc. Lo cual no está en contradicción con la corrupción y la acreditada afición al lujo por parte de sus jefes. Esas identificaciones y solidaridades funcionan como reflejos condicionados en la mente de millones de personas, debido a la tradicional incapacidad de nuestra derecha para desmantelar tales discursos. Y ahí reside el apoyo electoral del que viven tanto el PSOE como la ETA.

  1. c) Un programa máximo basado en la teoría marxista de la lucha de clases, la más totalitaria del siglo XX. Con notable ignorancia se arguye que el PSOE renunció al marxismo en 1979. Renunció solo parcialmente, como he expuesto enLa Transición de cristal,y aun esa parte renunciada no fue sustituida por ideas democráticas sino por derivaciones de la anacrónica causa obrera hacia los  marginales, la mujer, etc. Es un error creer que el programa máximo, lo conozcan en detalle o no los militantes, está de simple adorno. De un modo claro u turbio según las ocasiones, orienta las concepciones básicas y la  política del partido, aunque sea con muchos bandazos y rodeos.

  1. d) Las anteriores concepciones, oscuramente totalitarias o al menos equívocas, chocan con la democracia liberal, es decir, con la democracia. No es casual, por tanto, que el balance de los dos períodos socialistas recientes en España haya sido la corrosión sistemática de la separación de poderes, una intensa manipulación de la historia, la recuperación de viejos odios (“lucha de clases”), una corrupción extrema y un desastre económico. Y, claro, la colaboración con ese otro partido socialista que es la ETA.

   

Hay otros muchos rasgos socialistas, pero con estos bastan, creo, para definir la cuestión.

Pio Moa

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Una de las mayores y más dañinas estafas ideológicas de la transición fue la equiparación de antifranquismo y democracia. Insisto, el antifranquismo fue totalitario, incluso por parte de quienes no se presentaban como comunistas o terroristas, aunque no dudaban en acercarse a ellos y admiraban al Che, a Castro o simpatizaban con la URSS. Ya he citado varias veces el caso revelador de la visita de Solzhenitsin a España. Y los (escasos) presos políticos en las cárceles de Franco no tenían nada de demócratas. Estos prosperaban en aquel régimen, sin mayor oposición real.

La estafa, mucho peor que las económicas que tanto excitan la indignación de la gente, fue posible gracias a un personaje superficial e ignorante como Suárez. El individuo renunció sin decirlo a los dos principios marcados por don Torcuato: de la ley a la ley, y no fortalecer al antifranquismo. Él trató de hacer olvidar de dónde venía la democracia y se empeñó en promover, incluso con dinero, a unos partidos nada democráticos de los que esperaba que le legitimaran a él mismo como demócrata. Incluso jugó a hacerse el izquierdista, hecho que hizo saltar por los aires a su propio partido y crear la situación que dio lugar al 23-f. Luego Fraga, hombre voluble bajo su aparienza feroche,  siguió por el mismo camino. Creo haberlo detallado en La Transición de cristal.

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/el-socialismo-del-psoe-cesar-vidal-disparata-lamentablemente-una-estafa-de-la-transicion-10797/

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