Largo Caballero. El tesón y la quimera – Julio Aróstegui Sánchez

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Julián Vadillo Muñoz

p. 324-328

1El 28 de enero de 2013, nos dejaba Julio Aróstegui Sánchez. Antes de publicar en 2013 su enciclopédica biografía de Largo Caballero, Aróstegui había consagrado distintos trabajos al dirigente socialista. Desde 1987, venía trabajando en particular la figura del dirigente obrero del PSOE y de la UGT, aunque también la había abordado en trabajos más generales. Incluso en 1990 escribió una biografía sobre Largo Caballero en el exilio. Aróstegui también contribuyó con sus conocimientos al rescate de los escritos y la publicación de las obras completas de Largo Caballero. Pero en 2013 se completaba esa trayectoria investigadora con el monumental Largo Caballero. El tesón y la quimera. Un repaso pormenorizado a la trayectoria biográfica de este dirigente obrero. Pero lejos de ofrecer una biografía al uso, Aróstegui incide en el entorno del biografiado, saliendo de este magnífico trabajo de investigación una mezcla de biografía y prosopografía.

2Francisco Largo Caballero se sitúa entre la primera generación de militantes obreros (Pablo Iglesias, Francisco Mora, Anselmo Lorenzo) y la de militantes que vio nacer la Segunda República y participó en la Guerra civil y el exilio. El que llegó a ser primer presidente del gobierno del PSOE podría ser definido, parafraseando al profesor Manuel Pérez Ledesma, como un obrero consciente. Nacido en el barrio madrileño de Chamberí en 1869, fue estuquista de profesión si bien pasó por diversos empleos hasta su especialización. Debido a las condiciones a las que estaba sometido en el trabajo adquirió una fuerte conciencia de clase que le llevó a afiliarse en 1890 a la Sociedad de Albañiles «El Trabajo» de la Unión General de Trabajadores, situada en la calle Jardines número 2. Más tarde constituirían la Sociedad de Estuquistas. En marzo de 1894, Largo Caballero se afilió a la Agrupación Socialista Madrileña del PSOE, donde fue adquiriendo distintos compromisos y cargos con el tiempo. La formación intelectual de Largo Caballero fue la de un obrero que se nutría de textos a través de los periódicos, que aprendió a leer en la adversidad y utilizaba las obras que ofrecía la Casa del Pueblo. En ese sentido estuvo alejado tanto de los intelectuales socialistas (como Jaime Vera) como de la aristocracia obrera (caso de Pablo Iglesias y los tipógrafos).

3Seguidor del ideario de Jules Guesde y de toda la influencia que Lafargue dejó en el socialismo español, Largo Caballero fue un adepto de Pablo Iglesias. Era así por las siguientes razones: por el concepto cerrado de «clase» que defendió, muy en la línea «pablista»; por su defensa de la organización obrerista y la visión societaria de la acción obrera; por la formulación de un sindicalismo político encarnando en la UGT, y por su defensa del intervencionismo en la obra legislativa del Estado burgués para la mejora de la clase obrera. De aquí se deduce la participación de Largo Caballero en el Instituto de Reformas Sociales o posteriormente en los órganos de representación obrera de la Dictadura de Primo de Rivera. Aunque Largo Caballero defendía el sindicalismo, las cuestiones anteriores le alejaban del modelo sindicalista revolucionario que defendió la CNT.

4Julio Aróstegui rompe en este trabajo con una idea preestablecida respecto a la herencia de Pablo Iglesias. Para Aróstegui, el mejor continuador del «pablismo» fue Largo Caballero y no Julián Besteiro, como se ha venido sosteniendo. En este sentido define a Largo Caballero como un societario, sindicalista y reformista, entendiendo el sindicalismo como el molde esencial para forjar la conciencia proletaria.

5En noviembre de 1905, Largo Caballero fue elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid por el distrito que le vio nacer: Chamberí. Una elección no exenta de polémicas, tal como reconoce Juan José Morato en Pablo Iglesias, educador de muchedumbres. Para Largo Caballero éste fue el cargo más difícil de su vida. Tanto Pablo Iglesias como Largo Caballero (García Ormeachea se fue alejando paulatinamente del socialismo) defendieron a pie juntillas el programa municipal socialista. Tal era el celo de los dos dirigentes obreros que el alcalde Alberto Aguilera llegó a definirlos como «la pareja de la Guardia civil en el Ayuntamiento».

6A finales de la década de 1900, comenzó el acercamiento paulatino a los republicanos que se plasmaría en 1910 con la coalición republicano-socialista que aupó a Pablo Iglesias a diputado. Entonces se comenzó a forjar un Largo Caballero más escritor, lo que al dirigente socialista no le gustaba reconocer. A partir de 1916, se buscó el pacto con la CNT con la idea de unificar al proletariado español y a las dos centrales sindicales. En octubre de 1918, Largo Caballero fue nombrado secretario general de la UGT. La ofensiva patronal contra el sindicalismo a partir de ese año, sobre todo contra la CNT, hizo que Largo Caballero llevase esta situación a los organismos internacionales como la OIT o la Federación Sindical Internacional. Los frecuentes acercamientos y encontronazos entre la CNT y la UGT fueron producto de las distintas maneras de entender las herramientas de la clase obrera de ambas organizaciones, sobre todo la huelga general. En 1920, se llegó a un pacto importante, pero débil y sobre mínimos. Sobre estas cuestiones, anarcosindicalistas y socialistas difieren. Largo Caballero expuso sus argumentos en su obra Presente y futuro de la Unión General de Trabajadores (1925).

7Tanto las disputas con los anarconsidicalistas como el enfrentamiento de Largo Caballero con los «terceristas» tras la Revolución rusa de 1917, es lo que a juicio de Aróstegui hizo surgir el caballerismo como tendencia interna del socialismo español. Para Largo Caballero las reformas sociales facilitaban la acción obrera, pero nunca eran suficientes para la emancipación total. Igualmente, se fue convirtiendo en una referencia internacional del obrerismo. En los organismos europeos e internacionales, Largo Caballero tuvo la oportunidad de conversar con dirigentes como Oudegeest, Jouhaux, Schevenels, Citrine, etc. Uno de los periodos más conflictivos de la vida de Largo Caballero coincidió con el régimen de Primo de Rivera. La participación de la UGT en los órganos de representación obrera de la Dictadura, así como el cargo de Consejero de Estado que tuvo el dirigente obrero de Chamberí, fueron objeto de muchas polémicas tanto dentro del movimiento socialista como en el movimiento obrero en general. Para Caballero acceder a los cargos de la Dictadura no significaba colaborar, sino llevar la voz de los trabajadores donde tenía que estar. Siguiendo su estrategia de intervencionismo, sólo se participaría en organismos de elección directa y democrática. Si no era así, no acudirían a los Comités Paritarios. Este enfrentamiento en el seno del movimiento obrero socialista comenzó a forjar las tendencias que se plasmaron en la República (caballerismo, besteirismo, prietismo), pero a pesar de las críticas que Largo Caballero recibió, consiguió reforzar la posición de los ugetistas frente a otras tendencias del obrerismo que se vieron abocadas a la clandestinidad. Siendo como fue una figura poliédrica, pasada la participación en los organismos de la dictadura nació el Largo Caballero republicano (1930-1932). Para Caballero, la República fue un acto revolucionario, muy cercano al programa mínimo de los socialistas. Tuvo una idea fija: la necesidad de seguir interviniendo en la gobernación del Estado pero sin renunciar a la finalidad del socialismo. En esto chocó con Besteiro, para quien la colaboración con la República tendría que acabar cuando finalizase la labor de la Asamblea Constituyente, mientras que Indalecio Prieto, Femando de los Ríos y Largo Caballero consideraron que había que seguir participando en el gobierno de la República más allá de este plazo perentorio.

8El XIII Congreso del PSOE marcó una profunda disyuntiva entre seguir siendo un partido de clase o pasar a ser un partido de la nación. El mayor revés de Caballero vino en el XVII congreso de la UGT, donde a pesar de ser reelegido Secretario General tuvo que lidiar con la mayoría besteirista de la dirección, circunstancia que condujo a su dimisión. Si la Dictadura significó una quiebra en el seno del socialismo, la colaboración o no con la República vino a ahondar esa ruptura.

9Al frente del Ministerio del Trabajo, Largo Caballero llevó a cabo lo que Aróstegui define como «la obra de un socialista, no la obra socialista». Una obra social-laboral que llevó a aprobar la Ley de Contratos de Trabajo, la Ley de Jurados Mixtos, la Ley de Colocación Obrera, la Ley de Control Obrero, la reorganización del Ministerio, la creación de Delegaciones Provinciales, la Ley de Asociaciones de Trabajadores y la Ley de Cooperativas (con la importante colaboración en este última de Regino González). Faltó llevar adelante un proyecto de Ley de Seguridad Social, que falló al ser competencia del Instituto de Previsión Social que no pertenecía al Ministerio de Trabajo, aunque Caballero lo intentó incorporar infructuosamente a su cartera. Todo un corpus legislativo laboral que conducía a la fundamentación de un Estado social, pero la legislación contó con la crítica del anarcosindicalistas y comunistas que lo criticaron por reformista. Llegó un momento en el que Largo Caballero vio que la colaboración con la República estaba desgastada. Había que dar un paso más hacía un Estado socialista. Surgió entonces el mito del «Lenin español», que Aróstegui desvincula de cualquier invento comunista, que ha sido malinterpretado en el tiempo. Caballero consideró que la democracia burguesa no daba más de sí y había que pasar a la democracia proletaria desde una posición puramente marxista. Sin renunciar a la República y sus avances, el PSOE no podía renegar de su finalidad.

10La derrota socialista en las elecciones de noviembre de 1933 aceleró los problemas internos en el PSOE y en la UGT. Al llegar la CEDA al poder se fueron desencadenando una serie de acontecimientos que desembocaron en la Insurrección de octubre de 1934 y en la marginación del ala besteirista en la UGT. Octubre fue interpretado por Caballero como la defensa de la República frente a sus enemigos, superando las deficiencias de la propia República por medio de la revolución social. Aun así, para Aróstegui «el socialismo español carecía de toda tradición, técnica y capacidad organizativa para un movimiento de este tipo». Lo que queda claro en el libro es que octubre de 1934 fue iniciativa del socialismo español en su conjunto, y no una empresa personal de Largo Caballero.

11Tras el fracaso de la Revolución de octubre, comenzó el enfrentamiento con Prieto y la necesidad para Largo Caballero de comenzar una nueva etapa obrera con la implantación de un orden socialista. A finales de 1935 dimitió del PSOE, y Prieto se hizo con el control de la Ejecutiva. Aunque apoyaba los acercamientos entre las Juventudes Socialistas y las Juventudes Comunistas, Caballero consideraba que la unión del proletariado se tenía que hacer a partir del PSOE en lo político y a partir de la UGT en lo sindical. Nunca se planteó entrar en la Komintern. De los debates internos sobre la conveniencia de un Frente Popular y de una nueva participación en el gobierno republicano, el PSOE salió roto y se produjo el divorcio definitivo entre Prieto y Largo Caballero. Este último afrontó la campaña de febrero de 1936 apoyando un Frente Popular de mínimos y dando pautas desde el movimiento obrero a los republicanos para garantizar la gobernabilidad del país. En su opinión, el Frente Popular era necesario para obtener la amnistía, pero el obrerismo debía caminar hacia la revolución y los republicanos burgueses eran una rémora para estos cometidos. Los discursos de Largo Caballero de esta época iban dirigidos también a libertarios y comunistas con vistas a lograr la unidad del proletariado. Aquí Julio Aróstegui rebate magistralmente, con datos en la mano, la visión que sobre Largo Caballero se tenía como guerracivilista. Algo que la historiografía franquista mantuvo y que hoy día es baluarte para trabajos de dudoso rigor historiográfico. También desmitifica la responsabilidad de Caballero en la no elección de Prieto como presidente del Gobierno. El PSOE estaba dividido y el grupo parlamentario socialista era mayoritariamente caballerista, posicionándose por no formar gobierno a pesar de la insistencia del sector más socialdemócrata.

12Sin embargo, el estallido de la Guerra civil hizo cambiar la idea de gobernabilidad de Largo Caballero. Su posición era la de formar un Frente Popular antifascista. Contrario a la posición de Casares Quiroga y de Martínez Barrio —Caballero era partidario de repartir armas al pueblo—, apoyó con condicionantes la elección de José Giral como presidente del Gobierno. Aróstegui demuestra también lo absurdo de la acusación de que Largo Caballero quería dar un golpe de fuerza con un pacto entre la UGT y la CNT.

13En septiembre de 1936, Francisco Largo Caballero fue designado presidente del Gobierno, y los comunistas entraron por primera vez en un gabinete. El objetivo de Caballero era la participación anarcosindicalista en el Gobierno, algo que se produjo el 5 de noviembre. Fue mi gobierno de unidad antifascista débil, ya que los enfrentamientos en su seno fueron cada vez más virulentos. Tras la caída de Málaga se pidió responsabilidad a Caballero. Los comunistas consideraban que tenía que seguir siendo Presidente pero dejando el Ministerio de la Guerra, algo que Caballero se negó a aceptar. Esta unidad antifascista débil también se pudo constatar en los intentos de Caballero por frenar los intentos colectivistas en la retaguardia republicana.

14A pesar de las divisiones en el seno del gobierno, Largo Caballero fundamentó y desarrolló la organización militar de la República. Se crearon las Milicias Populares, el Estado Mayor, el Consejo Superior de Guerra y las Milicias de Vigilancia en Retaguardia. Aróstegui mantiene que el error del presidente del Gobierno fue no dar la dirección del Consejo Superior de Guerra a un militar, ya que fue el propio Caballero quien lo dirigió. Todo esto rompe también con la idea común de que fue el gobierno de Negrín quien fundamentó la organización militar de la República española.

15A nivel internacional, Largo Caballero mantuvo tensas relaciones con los diplomáticos soviéticos que le llevaron a enfrentamientos con políticos como Alvarez del Vayo. Hubo incluso movimientos polémicos bajo su mandato, como el intento de Luis Araquistáin de llegar a un acuerdo con la Italia fascista y la Alemania nazi para que abandonasen la beligerancia en España.

16Las victorias militares en el Jarama y en Guadalajara retrasaron la crisis de gobierno que se avecinaba. Los detractores de Largo Caballero le acusaban de instigar la constitución de un gobierno sindical, pero ni la UGT (muy dividida) ni la CNT plantearon nada de eso. Aun así, la sintonía entre caballeristas y cenetistas era cada vez mayor. En paralelo, Caballero comenzó a culpar de todos sus males a comunistas, nacionalistas y prietistas. Los sucesos de mayo de 1937 fueron leídos de forma errónea por nuestro personaje. Largo Caballero los consideró un problema de orden público de Barcelona, que no concernía al Gobierno. Sin embargo, la asonada fue el estallido de un proceso larvado mucho más profundo. Aun así, fue firme en su decisión de no firmar la ilegalización del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) ni de ninguna otra organización obrera.

17Tras estos sucesos, Largo Caballero abandonó el Gobierno y fue designado para sucederle Juan Negrín, que dejó fuera de la participación gubernamental a los sindicatos. Surgió entonces el negrinismo más como oposición al caballerismo que como un proyecto político autónomo. El fin de la presidencia de Largo Caballero supuso prácticamente la derrota del caballerismo, pero sus seguidores continuaron teniendo influencia en muchas sociedades de la UGT y en la Agrupación Socialista Madrileña del PSOE. La UGT fue el último caballo de batalla de Caballero, y aquí el pacto con la CNT era fundamental, ya que los sindicatos eran protagonistas de las colectividades y explotaciones obreras del campo y la industria. Todo esto llevó a una división de la UGT, en cuyo seno surgieron dos ejecutivas: una dirigida por Largo Caballero y otra por González Peña y Rodríguez Vega. Una división que dejaba fuera de juego a los caballeristas excepto en sectores como Madrid. El caballerismo había sido definitivamente derrotado.

18Los caballeristas apoyaron al Consejo Nacional de Defensa de Casado, más como parte de una venganza personal contra sus rivales internos que para respaldar al propio Casado. Una lectura que también se puede hacer extensiva al anarcosindicalismo. Para ese entonces, Caballero se había trasladado previamente a Barcelona y de ahí al exilio, de donde nunca regresó. El final de la Guerra y el exilio hicieron desaparecer las divisiones de prietismo/caballerismo/besteirismo. La vida de Largo Caballero en el exilio fue muy difícil: primeramente residió en París, y desde allí se desplazó a otros sitios de Francia. Su intento por exiliarse a México fue abortado. No participó de la JARE ni del SERE, organismos de ayuda los refugiados españoles. En 1943, fue capturado por los nazis y enviado al campo de concentración de Sacheshausen. Su salud empeoró e incluso corrió el rumor que había fallecido. Liberado del campo de concentración con la finalización de la Segunda Guerra mundial, Largo Caballero cambió en su actitud política: no consideró negativo la posibilidad de un referéndum para España, e incluso llegó a hablar con monárquicos. Creía en la mayor unión de las fuerzas antifascistas, incluyendo a los comunistas que tenían relaciones difíciles con el resto de fuerzas. Propició un acercamiento a Prieto, pero no apoyó al Gobierno de la República en el exilio.

19El sábado 23 de marzo de 1946, falleció en París (días antes había perdido una pierna). Su entierro fue la despedida de alguien emblemático en la historia del movimiento obrero español, donde hubo representación de todas las tendencias obreras y antifascistas. Fue enterrado en el cementerio del Père Lachaise, cerca del Muro de los Federados. Aunque su lápida se mantiene allí su cuerpo fue trasladado al cementerio civil de Madrid una vez muerto Franco.

20Éstas son las líneas básicas del trabajo de Julio Aróstegui, uno de los mejores historiadores que ha tenido España en las últimas décadas.

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Bibliografía

Escritos de Julio Aróstegui sobre Francisco Largo Caballero

– «Largo Caballero, Ministro del Trabajo» en García Delgado, J.L. y Tuñón de Lara, M. La

Segunda República española. El primer bienio, Madrid, Siglo XXI, 1987.

– «Francisco Largo Caballero y su proyecto político» en Serrano, C y Salaün, C. Autour de la guerre d Espagne, 1936-1939, Centre de la Recherche Idéologique et du Discours, Paris, Publications de la Sorbonne Nouvelle, 1989.

– «Nuevas aportaciones al estudio de la oposición en el exterior: Largo Caballero y la política de “transición y plebiscito”» en Bernal, A.M.; Carreras, A.M.; Mainer, J.C. y otros. El primer franquismo. España durante la Segunda Guerra Mundial, Siglo XXI, Madrid, 1989.

– «Largo Caballero, esbozo de una biografía política» en Bulletin d ’histoire contemporaine de l ’Espagne, número 10, 1990.

– Francisco Largo Caballero en el exilio: la última etapa de un líder obrero, Madrid, Fundación Largo Caballero, 1990.

– «Las características políticas del primer exilio antifranquista. La estrategia de “transición y plebiscito”. Indalecio Prieto y Largo Caballero» en L ’émigration politique en Europe au XIXe et XXe siècles. Actes du Colloque organisé par L’Ecole Française de Rome (1991)

– «Largo Caballero: trayectoria sindicalista» en Tuñón de Lara, M (coord.): La guerra civil española, Barcelona, Folio, 1996.

– «Largo Caballero, republicano» en Casas Sánchez, J.L. y Durán Alcalá, F. (coord.), Historia y Biografía en la historia del siglo XX. II congreso sobre el republicanismo histórico en la Historia de España, Patronato Niceto Alcalá Zamora, Priego de Córdoba, 2003.

– «Largo Caballero y la construcción del sistema de Relaciones Laborales, 1931-1933» en VV.AA: V Jornadas Confederales sobre Mediación y Arbitraje, UGT, Madrid, 2005.

– «Largo Caballero y la construcción de un código de trabajo» en Aróstegui, J.: La República de los Trabajadores: La Segunda República y el mundo del trabajo, Madrid, Fundación Largo Caballero, Madrid, 2006.

– «Largo Caballero y la herencia de Pablo Iglesias» en Cuadernos de Historia Contemporánea, 2007 (Número extraordinario).

– «Indalecio Prieto y Largo Caballero: divergencia y convergencia en el socialismo español (1923-1946)» en Mateos, A. Indalecio Prieto y la política española, Madrid, Fundación Pablo Iglesias, 2008.

– «Largo Caballero, preso 60090 de los nazis», La aventura de la Historia, 126, Madrid, 2009. -Largo Caballero. El tesón y la quimera, Madrid, Debate, 2013.

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Para citar este artículo

Referencia en papel

Julián Vadillo Muñoz« Julio Aróstegui SánchezLargo Caballero. El tesón y la quimera »Bulletin d’Histoire Contemporaine de l’Espagne, 51 | 2017,  324-328.

Referencia electrónica

Julián Vadillo Muñoz« Julio Aróstegui SánchezLargo Caballero. El tesón y la quimera »Bulletin d’Histoire Contemporaine de l’Espagne [En línea], 51 | 2017, Publicado el 09 octubre 2018, consultado el 27 febrero 2020URL: http://journals.openedition.org/bhce/799

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Autor

Julián Vadillo Muñoz

Universidad Complutense, Madrid

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Origen: Julio Aróstegui Sánchez, Largo Caballero. El tesón y la quimera

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