“Persecución de los católicos y otros” – Pasaje de Imperiofobia y leyenda negra / María Elvira Roca Barea.

Calvino

El 22 de julio de 2010 el Concilio (también se llama concilio, como los católicos) de la Federación Luterana Mundial votó unánimemente pedir perdón por la persecución de los anabaptistas. Las luchas religiosas entre protestantes y católicos provocaron sin duda muchos muertos, pero muchos más ocasionaron los enfrentamientos entre las distintas facciones protestantes. Los anabaptistas fueron ciertamente perseguidos, pero tampoco ellos se caracterizaron por su pacifismo, excepto en alguna rama menor como los menonitas. El problema vino con el comunismo. Muchos grupos anabaptistas decidieron que la propiedad privada era pecado y, naturalmente, tomaron esta decisión para sí y para sus vecinos.
En 1534 los anabaptistas, inspirados por Melchior Hoffman, se apoderaron la ciudad de Müntzer. Sus líderes, Bert Knipperdolling, Jan Mathijs y Jan Beuckels, más conocido como Juan de Leiden, expulsaron a todos los protestantes y católicos y establecieron el reino de Dios en la tierra. Se decretó el comunismo de bienes y la poligamia, que pronto pasó también a comunismo de las mujeres. Leyden llegó a tener dieciséis esposas. Orgías inverosímiles y crímenes atroces se sucedieron mientras Leyden se proclamaba rey de la Nueva Sión y anunciaba la conquista del mundo. Tras dieciséis meses de asedio, el obispo de Müntzer pudo tomar la ciudad. Cuando se vieron acorralados, los cabecillas decidieron incendiarla, pero no pudieron culminar su empeño.
Calvino llegó a Ginebra invitado por la rebelión protestante contra el obispo en 1536. Estuvo dos años y elaboró un código moral y litúrgico tan férreo e intransigente que el consejo de la ciudad terminó por expulsarlo. Pocos años después, dada la situación de caos, el consejo lo volvió a llamar. El modelo de organización que creó es básicamente el de todas las confesiones de lo que se conoce como el protestantismo reformado, o sea, la reforma de la reforma. También se les llama presbiterianos.
En Ginebra, Calvino empezó por eliminar cualquier atisbo de oposición a su doctrina. El procedimiento habitual fue la ejecución de los opositores hasta terminar siendo el dueño absoluto de la vida política, económica y religiosa de Ginebra. Las Ordenanzas de Calvino proscriben toda forma de disidencia… y de disfrute. Se prohíben los días de fiesta, la música y el órgano en la misa, y hasta las campanas. Los destierros y la hoguera se convirtieron en un paisaje semanal.
En cuatro años mandó quemar a 54 personas, entre ellas a Miguel Servet. Víctima también de la persecución calvinista fue Sebastián Castalio o Castellion, el cual, en un mundo donde se predicaba la sola fide, la libertad religiosa de los cristianos y el rechazo a la intermediación clerical, decidió hacer su propia traducción de la Biblia, una intolerable libertad en la Ginebra de aquel tiempo. Cuando Calvino mandó a la hoguera a Miguel Servet, Castalio y los suyos redactaron un manifiesto a favor de la verdadera libertad religiosa y contra la pena de muerte para el delito de herejía que se llamó De haereticis an sint persequendi, donde escribió frases tan sensatas como esta: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre». Más tarde volvió a polemizar, después de haber escapado de Ginebra, contra Calvino en Contra libellum Calvini.
El número total de víctimas de la intolerancia calvinista alcanza las 500 personas en un periodo de unos diez años en una ciudad con menos de 10.000 habitantes. Manteniendo la proporción, la Inquisición española hubiera debido matar a un millón de personas por siglo, más o menos, para igualarse en el ranking de la intolerancia. Las peripecias de las distintas sectas protestantes (seguidores de Zuinglio o Müntzer, huterianos, remonstrantes, baptistas, anabaptistas, etcétera) no pueden ser narradas aquí, pero no muestran un paisaje esencialmente diferente.
En el Parque de los Bastiones en Ginebra se levantó en 1909, con motivo del cuatrocientos aniversario del nacimiento de Calvino, un monumento que tiene varios cientos de metros y que representa las imponentes figuras de Guillaume Farel, Calvino, Teodoro de Beza y John Knox. Habría que preguntarse qué pasaría si a alguien se le ocurriera hacerle un monumento a Torquemada, que, comparado con Calvino, parece una mascota.
En 1531 los príncipes protestantes forman la Liga de Esmalcalda. Pronto se les une Francia, lo que demuestra que el enemigo verdadero es el imperio y que las razones religiosas son en realidad una pantalla para encubrir una rebelión antiimperial. La Liga siguió creciendo durante años. Bajo su protección, muchos príncipes obligaron a la población de sus regiones a hacerse protestantes y continuaron la supresión de obispados y las confiscaciones de bienes eclesiásticos. Los príncipes de la Liga negaban obediencia al emperador (el poder legítimo), y así, por ejemplo, rehusaron cooperar en la guerra contra los turcos y acatar las decisiones de la Corte de Justicia imperial. En 1538 se formó la Liga Católica en respuesta.
El vínculo entre protestantismo y nacionalismo ha existido desde sus mismos principios. De manera que ser católico en Inglaterra, en Alemania o en Holanda ha sido, por decirlo suavemente, muy problemático. Y esto no sucedía en los siglos XVI o XVII, sino que es una situación que se ha prolongado a lo largo del tiempo y ha llegado perfectamente viva hasta el siglo XX.
En la década de 1870 los católicos eran el 36 por ciento de la población del Imperio alemán. La intolerancia religiosa respecto a los católicos culminó con la llamada Kulturkampf, palabra que podríamos traducir como «batalla cultural». Designa la política aplicada por Otto von Bismarck contra los católicos, que se manifestó en leyes discriminatorias y la expulsión de sacerdotes, jesuitas, franciscanos y dominicos. Michael B. Gross habla de «twenty years of anti-Jesuit and antimonastic hysteria».
Sacerdotes y obispos católicos sufrieron persecución y exilio. Con la cobertura de las leyes anticatólicas, la mitad de los obispos prusianos acabaron en prisión o tuvieron que irse, y en semejante proporción sacerdotes, monjes y monjas se vieron forzados a abandonar Prusia. Un tercio de los monasterios y conventos se vieron obligados a cerrar sus puertas. En torno a 1.800 párrocos fueron a prisión o expulsados y miles de personas acabaron en la cárcel por ayudar a los sacerdotes.
La población católica vivía segregada normalmente en distritos rurales o en barrios periféricos de ciudades grandes y su nivel económico eran más bajo que el de los protestantes. La mayor parte eran campesinos y obreros no cualificados o semicualificados. En 1870 formaron el partido Zentrum, y aunque apoyaban la unificación y la mayor parte de las políticas de Bismarck, este estaba convencido de que los católicos constituían un obstáculo para la unificación y el engrandecimiento de Alemania. Durante el siglo XIX el catolicismo se había revitalizado en los territorios alemanes gracias al trabajo de los jesuitas y otras órdenes religiosas, aunque estaba expresamente prohibida cualquier forma de proselitismo. Muchos protestantes frecuentaban las iglesias católicas, y hasta el heredero del trono, Federico III, con el beneplácito de su padre, gustaba de ir al templo católico y asistir a la misa, aunque sin cambiar oficialmente de religión.
La respuesta protestante a este reavivarse del catolicismo fue contundente.Para Leopold von Ranke y otros historiadores del siglo XIX y XX, la Reforma ocupó un papel fundacional y se presentó como el hecho crucial que había marcado una época y que definía la naturaleza de la comunidad nacional. La Reforma sellaba el comienzo de la verdadera historia de Alemania, que solo podía ser protestante. Solo muy recientemente esta versión de la historia alemana que se conoce como «de Lutero a Bismarck» ha sido cuestionada. En su momento explicaremos la creación de las historias oficiales de varios países europeos y de Europa en su conjunto en el momento de gran auge nacionalista que se vivió en la segunda mitad del siglo XIX, caso de Alemania, Italia, Gran Bretaña y otras naciones. La leyenda negra está vinculada por su base al subsuelo de muchos nacionalismos europeos, ya que la España católica ocupó en ellos el lugar del malvado enemigo que todo nacionalismo necesita para existir. Pero la realidad es que el católico Imperio español representó la defensa de una Europa unida y plurinacional que los protestantes nacionalistas procuraron destruir, aunque esto no se estudia así. La noción de la historia de Europa que el lector tiene probablemente en su cabeza y que se encuentra en los libros de texto se construye en este momento y es totalmente distinta. No es que sea falsa, pero solo tiene en cuenta una parte de la verdad.
Sin embargo, a pesar de lo escrito, nunca pudo acabarse del todo con los católicos en Alemania. En 2009, por primera vez el número de católicos sobrepasó al de protestantes. El dato es irrefutable puesto que sale de la declaración de la renta. En 1950 había en Alemania 42,2 millones de protestantes frente a 23,2 millones de católicos. En 2009 hay 24,2 millones de protestantes frente a 24,9 millones de católicos. Es evidente que la historia de Alemania no ha sido solo protestante.
Pasaje deImperiofobia y leyenda negraMaría Elvira Roca Barea.

esta web esta abierta al debate, no al insulto, estos seran borrados y sus autores baneados.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s