Relato de las celebraciones rituales de los Mexicas narradas por el fraile Bernardino de Sahagún.

“Al decimosesto mes llamaban Atemuztli. En este mes hacían fiesta á los dioses de la pluvia, porque por la mayor
parte en este mes comenzaba á tronar, y haber señales
de agua, y los Sátrapas de los Tlaloques comenzaban á
hacer penitencias y sacrificios porque viniese el agua.

Llegados á la fiesta, que la celebraban el ultimo dia de este mes, cortaban tiras de papel y atábanlas á unos varales desde abajo hasta arriba, e incabanlos en los patios de sus casas, y hacian las imágenes de los montes de Tzóal: hacianles los dientes de pepitas de calabaza, y los ojos de unos frijoIes que se llaman ayecotli, y luego los ofrecían sus ofrendas de comida, y los adoraban.

Despues de haberlos velado y tañido, y cantado, abríanlos por los pechos con un tzotzopaztli, que es instrumento con que tejen las mugeres casi á manera de machete, y sacabanles el corazon, y cortábanles las cabezas, y despues repartían todo el cuerpo entre sí, y comíanlo.

Otros ornamentos con que los tenían aparejados, los quemaban en los patios de sus casas. Hecho esto, llevaban todas estas cenizas y los aparejos con que los habían servido, á los oratorios que llaman ayauhcalco, y luego comenzaban á comer y á beber, y a regocijarse, y asi concluían la fiesta”

Gran cantidad de niños mataban cada año en estos lugares, y despues de muertos los cocían y comían. En esta misma fiesta en todas las casas y palacios
levantaban unos palos como barales, en las puntas ce
los cuales ponían unos papeles llenos de gotas de Ulli, y á estos papeles llamaban Amateteuitl: esto hacían á honra de los diose s de la agua. Los lugares donde mataban los niños son los siguientes: el primemero se llama Quauchtepetl, es una sierra eminente que está cerca de Tlateluko: á los niños ó niñas que
allí mataban, poníanlos el nombre del mismo monte que és Quauchtepetl.

A los que allí mataban compora) Est e sumidero se ha buscad o inútilmente aun ofreciéndose grandes premios por el ayuntamiento d e México cuando trataba de desaguar la laguna. niaulos con los papeles teñidos de color encarnado.

Al segundo monte sobre que mataban niños, llamaban Yoaltccatl, es una sierra eminente que está junto ó cerca de Guadalupe, poníanles el mismo nombre del monte á los niños que allí morían que en Yoaltecall. Componíanlos con unos papeles teñidos de negro, con unas rayas de tinta colorada.

El tercer monte sobre que mataban niños se llamaba Tcpetzinco, es aquel montecillo que está dentro de la laguna frontero del Tlateiulco; allí mataban una niña y llamábanla Quetzalxoch, porque así se llamaba también el monte por otro nombre: componíanla con unos papeles teñidos de azul.

El cuarto monte sobre que mataban niños se llama Poiauhtla, es un monte que está en los términos de Tlaxcala, y allí junto á Tepetzinco: á la parte de oriente tenian edificada una casa que llamaban Aijauchalli: en esta casa mataban niños á honra de aquel monte, y llamábanlos Poiauhtla como al mismo monte que está acullá en los términos de Tlaxcalla: componíanlos con unos papeles rayados con aceyte de Ulli. El quinto lugar en que mataban niños^ era el remolino ó sumidero de la laguna de México al cual llamaban Pantitlan, á los que allí morían llamaban Epecoatl. El atavio con que los aderezaban llamaban Epnepaniuhqui.

El sesto lugar ó monte donde mataban estos niños, se llamaba Cocotl, es un monte que está junto á Chalco Ateneo: á los niños que allí mataban llamábanlos Cocotl (a) como al mismo monte; aderezábanlos con unos papeles la mitad colorados, y la mitad leonados.

El sétimo lugar donde mataban los niños era un monte que se llama Yauhqueme, que está junto á Atlacuioaia, (b) poníanlos el nombre del mismo monte, atavíabanlos con unos papeles de color leonado.

A estos tristes niños antes que los llevasen á matar, aderezábanlos con piedras preciosas, con plumas ricas, y con mantas y maxtles muy curiosas y labradas, y con cotaras muy labradas y muy pulida?, y poníanlas unas alas de papel como ángeles, y teñíanles las caras con aceyte de Ulli; enmedio de las mejillas les ponian unas 10 dajitas de blanco, y los colocaban en unas andas muy aderezadas con plumas ricas, y con otras joyas valiosas, y llevándolos en las andas, íbanles tañendo con flautas y ¡trompetas que ellos usaban, y por donde las llevaban toda la gente lloraba.

Cuando llegaban con ellos á un oratorio que estaba junto á Tepetzinco de la parte del occidente, al cual llamaban Tococan, los tenian allí toda una noche velando, y cantábanlos cantares los sacerdotes de los ídolos porque no durmiesen, y cuando ya llevaban los niños á los lugares donde los habian de matar, si iban llorando y echando muchas lágrimas, alegrábanse (a ) los que los veían llorar, porque decian que era señal de que llovería muy presto; y si topaban en el camino algún hidrópico, teníanlo por mal agüero y decian que ellos impedían la lluvia.

Si alguno de los ministros del templo, y otros que llamaban Quaquavilti, y los viejos, se volvían á sus casas, y no llegaban donde habian de matar los niños, teníanlos por infames é indignos de ningún oficio público, de ahí en adelante llámanlos mocav.hque, que quiere decir dejados. Tomaban pronóstico de la lluvia y de la helada del año, de la venida de algunas aves y de sus cantos: hacian otra crueldad en esta misma fiesta, que todos los cautivos los llevaban á un templo que llaman Yopico del dios Toiec. En este lugar despues de muchas ceremonias, ataban á cada uno.

Tal era de monstruoso aquel culto bárbaro: no quería sino” sangre y lágrimas. de ellos sobre una piedra como muela de molino,y atábanlos de manera que pudiesen andar por toda la circunferencia de la piedra, y dábanlos una espada de palo sin nabajas, y una rodela, y poníanles los pedazos de madero de pino para que tirasen, y los mismos que los habian cautivado, iban á pelear con ellos con espadas y rodelas; y en derrotándolos llevábanlos luego al lugar del sacrificio, donde echados de espaldas sobre una piedra de altura de tres ó cuatro Dalmos, y de anchura de palmo y medio en cuadro, que ellos llamaban techtecatl, tomábanlos dos pollos pies y otros dos por la cabeza, y otro con un nabajon de’pedernal,- con un golpe se lo sumía por los
pechos, y por aquella abertura metía la mano y le
arrancaba el corazon, el cual luego le ofrecía al sol
y á los otros dioses, señalando con él ácia las cuatro partes del mundo. Hecho esto echaban el cuerpo por las gradas abajo, é iba rodando y dando golpes hasta llegar abajo; en llegando tomábale el que le habia cautivado, y hecho pedazos lo repartía para comerle cocido.

http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080012524_C/1080012524_T1/1080012524_MA.PDF?fbclid=IwAR20CcDGTpvt-ROewmwgxwU3Fo4Wajcu5JgWpBOMoV8-6vUcvLQYOLzukD0

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