El virus chino: oportunismo, negación e hipocresía

El mayor peligro son los que hoy pretenden ofenderse cuando se les recuerda su negación de ayer, junto a los tontos útiles que las difunden mentiras – Guillermo Rodriguez / PanAm post

Censura, desinformación y pandemia

La hipersensibilidad chovinista extrema con que el totalitarismo comunista chino respondió al calificativo de “virus chino” en boca de Donald Trump era previsible. Pero no se limitó a la “indignación” previsible la hipócrita respuesta. Siguió una inmediata y agresiva campaña de desinformación y propaganda que intenta atribuir el origen del virus a servicios de inteligencia estadounidenses. Los comunistas chinos cuentan con la orgullosa idiotez de infinidad de izquierdistas antiestadounidenses en el mundo –e incluso en los propios Estados Unidos– para difundir su desinformación.

Lo que combaten es la verdad, que va desde lo más obvio, como que la mutación de coronavirus que se ha extendido como pandemia es en efecto un “virus chino” en el mismo sentido que un oso panda o un gusano de seda. El virus muta en China, y en China salta de especie al entrar en la cadena alimenticia humana. Nada nuevo, ni en China ni en otro lugar. Así es como las nuevas enfermedades contagiosas surgen y se diseminan. Eso es intrascendente, excepto para los esfuerzos de desinformación y propaganda del Beijing. Esfuerzos desesperados a nivel interno y global.

La realidad, hoy conocida por parte de la población de la China sojuzgada –menos que en los brutales y absurdos tiempos de Mao, pero todavía sojuzgada por un totalitarismo más sutil, lo que lo hace más poderoso en recursos al tiempo que lo somete a mayores riesgos de fragilidad política y económica– y todos los que en el mundo no ven a otro lado como tontos útiles, es que el virus surge en Wuhan y es rápidamente detectado por médicos entre noviembre y diciembre del año pasado. El más notable de ellos –héroe, mártir y símbolo de la tragedia, aunque no el único– fue Li Wenliang, un médico que en las muy censuradas redes cerradas de la Internet china informó públicamente lo que estaba ocurriendo. Había un nuevo virus de rápido contagio y el peligro de epidemia debía ser contenido de inmediato. La respuesta del Partido y el Estado –que no olvidemos, en el China y pese al empleo de un capitalismo a medias (en realidad mercantilismo en que los grandes empresarios son, sin excepción, miembros del partido y a quien no lo sea jamás se le permitiría manejar una gran corporación privada china) siguen siendo una misma cosa profundamente totalitaria– fue la censura y la persecución.

La censura y desinformación del totalitarismo chino son las causas indiscutibles de la expansión global de una epidemia que pudo ser contenida en origen, por lo que la libertad de prensa en todo el mundo es de vida o muerte para todos. Esta es una libertad imposible donde no hay propiedad privada y Estado de derecho. China es el único caso en que un partido comunista en el poder decide que su estrategia de largo aliento –no táctica de emergencia– sería la adopción de lo más posible del sistema de mercado: empresas privadas, formación de precios y propiedad privada como privilegio limitado –sin Estado de derecho– como base material de un totalitarismo con conjugaría marxismo con seudoconfuciana “armonía social” y chovinismo racista. Lo bueno es que sacó de la miseria secular a cientos de millones por lo poco que tiene de capitalista su mercantilismo. Lo malo que dotó al totalitarismo que gobierna la nación más poblada del planeta, de base económica para sus aspiraciones de superpotencia totalitaria.

Primera respuesta socialista: ocultar la realidad

Lo que ha revelado la crisis de ésta primera pandemia del siglo XXI son los peligros del totalitarismo sutil y comercialmente integrado al mundo globalizado: para los socialistas en el poder la primera respuesta a un problema es ocultarlo. Eso hicieron cuando y donde surgió la epidemia. No la contuvieron. Afirmaron que no había nada que temer y persiguieron a quienes advertían la verdad. El virus se transforma en pandemia global porque el gobierno totalitario que encabeza Xi Jinping en China se concentró en contener la verdad –y difundir la mentira– por la fuerza. Y cuando finalmente admitieron, a medias, la verdad, era tarde. La epidemia ya se había extendido por el país y por el mundo.

Irresponsabilidad y negación son parte inseparable de la difundida mentalidad socialista en sentido amplio. No faltan quienes, en medio de una pandemia global, se quejan del que se difunda mucha información sobre la enfermedad. El problema de esta pandemia está menos en el porcentaje de mortalidad, que no es el de la peste negra medieval, sino en su rapidísima expansión. Es la necesidad de atención médica inmediata para un porcentaje de la población que el mundo no puede atender al mismo tiempo. Así de simple. Los efectos económicos de la pandemia, graves especialmente para los más pobres, no son producto de que se informe libremente en buena parte del mundo. De haber surgido el virus en un país rico y con libertad de prensa, casi seguramente se habría contenido en origen. La información falsa, como la que lanza ahora el gobierno chino –diseñada inteligentemente para ser espontáneamente asumida, expandida y defendida por millones de idiotas útiles izquierdistas antiestadounidenses– son parte inevitable de la libertad de información. No es que no se puedan exigir responsabilidades posteriores en casos extremos, sino que no se puede censurar previamente a nadie sin prueba de delito.

Hipocresía oportunista 

Negar el problema primero, empeorándolo, para luego aprovecharlo en beneficio propio mediante mentira y propaganda, no se limita al socialismo totalitario chino. Tomemos un caso al azar de gobierno socialista democrático en el mundo desarrollado. La España de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, alianza de socialistas y comunistas en el poder en una democracia parlamentaria de la Unión Europea. Ante una pandemia que enfrentaban con cuarentenas sus vecinos –fuera de control en Italia– vimos negación y chistes de sus voceros y artistas paniaguados en canales oficiales y medios afines. Llegaron al paroxismo cuando un día antes de anunciar medidas contra la pandemia, los partidos de la alianza de gobierno realizaron masivas manifestaciones feministas en las que abundaron las pancartas negando la epidemia. Y claro, concluida la fiesta, se declaró una cuarentena que incluye la prohibición de eventos públicos masivos. ¿Los mismos que el día anterior realizaban concentraciones masivas? Pues sí, los mismos.

Se trata de aquellos que hoy pretenden hipócritamente ofenderse cuando se les recuerda su negación de ayer. Los mismos que meses antes destituían al experto en riesgos de ese tipo, que en sus fuerzas de seguridad insistía en advertirles y dicen ahora que “era imprevisible”. ¿Imprevisible que sin realizar exámenes y con casos confirmados del otro lado de una frontera intra-Schengen, tras negar la emergencia y convocar eventos masivos, de pronto aparezcan casos a gran velocidad cuando se hacen los primeros exámenes? Siguen haciendo malos chistes mientras empeñan en negar su irresponsabilidad del pasado inmediato, exigiendo silencio en nombre de ¿armonía social a la china? Pues sí. Con otras palabras, pero el mismo concepto.
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3 comentarios en “El virus chino: oportunismo, negación e hipocresía

  1. China, es el gran depredador apocalíptico casi casi como un jinete del Apocalipsis en la que lamentablemente los últimos 25 años fue alimentado por sus victimas de hoy, se les dio de todo basado en una política absurda e ignorante en la que los demócratas americanos cayeron en la trampa o fueron muy mezquinos en llevar agua a su molino solamente pensando en el momento , privando a miles de empresas de todo el mundo de mano de obra nacional para buscar la mano de obra barata de un régimen totalitario comunista chino, no lloren sobre la leche derramada.

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