El CNI y otras instancias trasladaron la «preocupación» por lo que se avecinaba con el Covid-19 pero Moncloa la ignoró – Geoestrategia

La Dirección del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) trasladó por escrito a Presidencia del Gobierno la «preocupación» de la jefa de la Delegación en China sobre los peligros del coronavirus, que había irrumpido en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan. La información estaba basada en las conversaciones que la delegada Beatriz Méndez de Vigo había mantenido con sus contactos de inteligencia exterior del Ministerio de la Seguridad del Estado (MSS- Ministry of State Security/Guojia Anquan Bu), el departamento que aglutina las competencias del espionaje chino.

Méndez de Vigo, la que fuera número dos de los servicios secretos españoles entre 2012 y 2017 y destinada en Pekín desde junio de 2017, informó del alto grado de alarma del virus Covid19, que le habían confiado sus fuentes del MSS. Las primeras notas de nuestra agente en Pekín fueron redactadas a mediaos de enero de 2020, en las que destacaba la «alerta» que había emitido un grupo de médicos del Hospital Central de Wuhan, liderados por la doctora Ai Fen.

Los datos transmitidos por Méndez de Vigo, una avezada agente que ingresó en el antiguo CESID de Alonso Manglano en 1983 en la primera promoción de mujeres espías, se adelantaban al aviso de «riesgo de salud pública de interés internacional», que decretó la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 30 de enero de 2020.

Los informes de Méndez de Vigo, que fue promocionada en 2012 a la Secretaría General del CNI por la entonces vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, llegaron a La Moncloa a la mesa del secretario de Presidencia, Iván Redondo, mucho antes de que se conocieran los primeros casos de coronavirus en España. Pero nadie hizo caso de las advertencias.

Cuando Pedro Sánchez se enteró de los primeros contagiados en la Península, el pasado 24 de febrero, ya tenía en su poder los informes de Pekín en los que se destacaba la agresividad, la velocidad de propagación del virus y la necesidad del confinamiento de la población para combatirlo. Algo que ya estaban haciendo los chinos. A mediados de marzo el Ministerio de Sanidad ya adelantaba que la cifra de contagiados se acercaba a los 15 y que iba en progresión, como había sucedido en China y destacaban los correos de la Delegación del CNI.

El BOE del 10 de marzo de 2020 publicaba la primera orden del Consejo de Ministros sobre el coronavirus. Por el contenido del decreto se deduce que España ya estaba al tanto de la Emergencia de Salud Internacional desde el 30 de enero. En parte también debido a los informes del CNI remitidos desde China.

Pero el Gobierno no comienza a hacer un acopio de material sanitario hasta el 10 de marzo. Sólo se limita a tomar medidas de prohibición de vuelos que vengan de Italia. Ninguna restricción de vuelos procedentes de China. Ni ningún control de temperatura en aeropuertos a los pasajeros entrantes.

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez desoyó las recomendaciones y observaciones de sus agentes secretos de élite en un asunto de gravedad. No sólo afectaba a la integridad física de sus ciudadanos sino también a «los intereses económicos, comerciales e industriales».

Fuentes de los servicios secretos consultadas por OKDIARIO destacan el malestar que existe en un amplio sector del CNI por la manera en la que el Ejecutivo ha afrontado la crisis del coronavirus: «Estaba avisado con meses de antelación de lo que se nos venía encima. La tragedia del 11-M iba a quedarse a la altura de la suela de los zapatos comparado con el virus Covid19».

El sector del espionaje español ha sido uno de los duramente afectados por la pandemia del coronavirus. Han fallecido tres ex altos cargos del antiguo Centro: el general de División Pedro Herguedas Carpio, que fue el número dos de la AOME con Alonso Manglano; el comandante Emilio Jambrina y el ex director de la Escuela del CESID, Juan Grande González-Corroto.

Aunque el CNI depende orgánicamente del Ministerio de Defensa, la persona que centraliza sus comunicaciones con el Gobierno es el número dos de facto de La Moncloa, el secretario de Presidencia Iván Redondo. El BOE lo dejó meridianamente aclarado cuando a finales de enero publicaba el nuevo organigrama del Gobierno.

Redondo aparecía como un verdadero vicepresidente a la sombra, aglutinando todas las competencias, situándose al frente de la gestión de grandes crisis. El Ejecutivo creaba una célula de crisis que engloba entre otros a los ministerios de Exteriores, Interior y Defensa. Y en ese caso, los tres quedaban supeditados a la coordinación -y control- de Redondo como jefe de Gabinete de Presidencia. También el CNI reportaría a Redondo a través de este organismo la información remitida al presidente.

El ‘zar’ Iván Redondo no sólo coordina los preparativos de las reuniones del Consejo de Ministros, sino que además tiene acceso a los informes confidenciales del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), La Casa de los espías, ya que Sánchez le ha otorgado las funciones de secretario del Consejo de Seguridad Nacional (CSN).

Entre las funciones que se le adjudica al jefe de Gabinete destacan: proporcionar al presidente del Gobierno la información política y técnica que resulte necesaria para el ejercicio de sus funciones; asesorarlo en aquellos asuntos y materias que disponga, entre ellas la Seguridad Nacional; asistirlo en los asuntos relacionados con la Política Nacional, la Política Internacional y la Política Económica; y realizar las actividades o funciones que le encomiende el jefe del Ejecutivo.

Un informe de Sanidad confirma que el virus estaba desbocado mientras Simón decía que no era «grave»

El coronavirus corría por España desde mucho antes de que el Gobierno de Pedro Sánchez reaccionase. Lo confirma el propio Ministerio de Sanidad en su informe científico-técnico sobre el Covid-19. El departamento de Salvador Illa recoge que el 25 de febrero el virus se propagaba como un torbellino por nuestro país. Unos datos que se confirman con los resultados preliminares del estudio del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), conocido esta semana, según los cuales el coronavirus circulaba por el país a mediados de febrero y habría entrado en España por hasta 15 vías diferentes.

El indicador de Sanidad es el llamado ‘número de reproducción efectivo’, la estimación de cuántas personas en promedio se han contagiado cada día a partir de los casos existentes observados durante una epidemia en el momento en el que son notificados. Se trata, explica el Ministerio en su informe, «de un valor que tiene en cuenta la observación a tiempo real de la epidemia».

En el gráfico se muestra cómo ya el 25 de febrero el coronavirus estaba disparado, lo que implicaría que, desde días o semanas antes, había penetrado con fuerza en España.

La serie muestra cómo la reproducción del virus se va reduciendo a medida que se aplican medidas restrictivas. En la primera fase, mediante fórmulas de contención (identificación y aislamiento de contactos, fundamentalmente, hasta mediados de marzo). A partir del decreto de alarma, y el confinamiento obligatorio de la población, esa reducción se hace aún más evidente. Sanidad atribuye el repunte experimentado en torno al 10 de marzo a la propagación del virus a través de contagios locales y también a la existencia de casos importados procedentes de zonas de riesgo, con un alto impacto de la epidemia.

Propagación silenciosa

«En la segunda fase de distanciamiento social se adoptaron medidas progresivamente más intensas, desde la supresión de reuniones y eventos multitudinarios a partir de la primera semana de marzo hasta el confinamiento de la población, excepto algunos sectores laborales a partir del 14 de marzo y la intensificación el día 29 de marzo, con una mayoría de trabajadores recluidos en sus domicilios», señala el informe.

El gráfico es un reflejo, no obstante, de la evolución de la propagación silenciosa del virus mientras desde el Gobierno se infravaloraba su presencia.

Precisamente, en los días en que comienza la serie analizada, desde Sanidad se negaban los riesgos fatales. El 27 de febrero, el responsable del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, informaba en rueda de prensa de 14 casos confirmados. Tres de ellos sin relación con Italia, por entonces foco del coronavirus en Europa.

Simón admitió entonces que podría haber «una transmisión asintomática» mediante «casos que no se controlen», pero quitó importancia a la situación, asegurando que «España está en un escenario de contención» y «no tenemos transmisión comunitaria descontrolada» ni «entrada masiva de casos importados».

Destacó además que el coronavirus «no es grave», aunque admitió que «no es banal» y consideró que «en nuestro país habrá fallecidos porque esta enfermedad produce un cierto nivel de letalidad» .

«Lo que hay que hacer es el tratamiento más precoz posible para garantizar que una persona pasa el período crítico de la enfermedad. Si conseguimos eso probablemente la letalidad será mínima. Probablemente habrá, tiene que haber fallecidos», dijo el portavoz.

El Gobierno no adoptaría medidas drásticas hasta dos semanas después, con la aprobación del decreto del estado de alarma que obligó al confinamiento de la población.

Estudio del ISCIII

Precisamente, esta semana se conocieron los resultados preliminares de una investigación del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), según la cual, el virus estaba disparado desde mediados de febrero. Desde los días en que Simón decía que en España «ni hay virus ni se está transmitiendola enfermedad».  El estudio se basa en el análisis de las secuencias del genoma completo del virus.

Conocido este trabajo, el director del Centro de Alertas y Emergencias admitió que «es probable que el incremento de casos registrado la primera semana de marzo se debiera al incremento de la última semana de febrero». Y también que «es perfectamente posible que hubiera casos asintomáticos que se nos escaparon y que no fueron detectados por los servicios sanitarios. Si no, no hubiera sido tan explosivo».

El ‘think tank’ de Defensa alertó en 2018 de la aparición de pandemias en “megaurbes” como Wuhan

Pandemias a corto y medio plazo debido a la “superpoblación insostenible” en las “megaurbes”. Este fue el pronóstico que el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), al que muchos conocen como el think tank del Ministerio de Defensa, arrojó en un informe que publicó a finales de 2018. Un análisis casi profético respecto a la crisis sanitaria, económica y de seguridad que sacude el mundo entero por culpa del coronavirus. La predicción se ha cumplido a rajatabla, como es sabido por todos, en la ciudad china de Wuhan.

El informe Panorama de tendencias geopolíticas: Horizonte 2040, de 168 páginas y con sello del Ministerio de Defensa, analiza las principales amenazas que afrontará España en particular y el mundo en general en las próximas décadas. El documento hace continuas referencias a los riesgos de pandemias a corto y medio plazo, al mismo nivel que los conflictos étnicos o religiosos, el sector espacial, el ciberespacio y los recursos energéticos.

Es fácil ubicar a una ciudad como Wuhan en el escenario que dibuja el IEEE en su informe: “La superpoblación insostenible de las megaurbes, como consecuencia de estos desplazamientos incontrolados de personas afectadas por los efectos del cambio climático, creará situaciones de anegamiento y congestión. Esto generará situaciones de conflicto, crimen organizado y pandemias en el corto y medio plazo”.

La salud como gran desafío del siglo XXI

Los analistas del think tank de Defensa advierten de que la salud “será uno de los principales desafíos del siglo XXI”, teniendo en cuenta la “proliferación de epidemias y pandemias”. La irrupción del coronavirus ha calcado esta predicción: alrededor de 200.000 personas han muerto en el mundo por culpa de la enfermedad y millones han resultado infectadas, de acuerdo a los datos que maneja la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los expertos coinciden en que la epidemia, además, supondrá una contracción económica mundial y que puede producir graves problemas de desestabilización en algunas de las regiones más calientes del mundo.

El documento también apela a la necesidad de contar con unas Fuerzas Armadas y unos recursos militares adaptados para hacer frente a estas crisis sanitarias: “La mayor frecuencia de pandemias, junto a la necesidad de atajar los brotes en su lugar de origen, requerirá un mayor uso de capacidades e instalaciones militares”. En España, más de 6.000 militares intervienen a diario en labores de desinfección, vigilancia y apoyo sanitario. E incluso lanza un pronóstico que a todas luces se aplicará en el futuro inmediato: “Será necesario establecer más medidas de control del personal a su regreso, especialmente cuando proceda de regiones con riesgo de brotes epidémicos”.

Una magnitud “no previsible”

¿Cabía esperar una situación como la que está atravesando España en esta crisis sanitaria?Como contó Vozpópuli, el mismo instituto alertó en otro informe presentado el 9 de marzo -antes de que se decretase el estado de alarma- de la necesidad de establecer medidas restrictivas para evitar un “mayor impacto del brote” de cualquier pandemia. Entre ellas, “cuarentenas forzadas” entre la población.

El coronel del Ejército del Aire Ángel Gómez de Ágreda disertaba en su programa radiofónico Nuestros soldados (en ‘Más que una radio’) sobre el alcance de estos pronósticos. ¿Había indicios de que el coronavirus doblegase las principales estructuras de nuestro país tal y como lo ha hecho? “Se han predicho las pandemias, pero yo creo que la magnitud de esta pandemia global es algo que no era previsible por parte de nadie”, afirmaba el teniente general de Infantería de Marina Francisco Bisbal Pons, director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN).

El general de brigada del Ejército de Tierra Francisco Dacoba, director del IEEE, aseveraba que la pandemia del coronavirus “interactúa con otros fenómenos”. Hablaba de globalización, “achicamiento de las distancias”, calentamiento global y dos tesis enfrentadas: colaboración internacional frente a los movimientos de renacionalización o repotenciación de las fronteras y de los Estados.

El fiasco del Gobierno con los test retrasa el desconfinamiento y destroza la economía

“Lo de los test es como las meigas” (haberlas, haylas). Así resume un alto cargo de una comunidad autónoma la ausencia de pruebas para detectar el coronavirus (Covid-19). Nadie, ni siquiera el Gobierno, ha podido dar una respuesta al número de test que se realizan en España. Las contradicciones constantes en las cifras han evidenciado la incapacidad de testear masivamente a la población y facilitar el desconfinamiento y la reactivación de la actividad económica.

Un millón de test; 40.000 PCR al día; 20.000 diarias; 700.000 a la semana… son los datos -que no se refieren a personas- que han dado, por este orden, Pedro Sánchez, Salvador Illa y Fernando Simón. El presidente del Gobierno ha dicho que España es uno de los países que más test realiza. Sin embargo, el Gobierno no ha presentado hasta la fecha un dato fiable sobre el total de españoles que ha sido analizado con una prueba de Covid-19. Grupos como la plataforma Civio han intentado recabar estas cifras por su cuenta, y apenas han obtenido respuesta de un puñado de comunidades.

El ministro de Sanidad anunció hace un mes la compra de 5 millones de test a China, que se entregarían de forma secuencial hasta junio. El Gobierno dice haber repartido 2 millones entre las comunidades. Pero la mayoría del personal sanitario denuncia que ni a ellos les hacen pruebas pese a estar expuestos al contagio de forma constante.

La ausencia de estos datos, según diversas fuentes del Gobierno consultadas por ‘Vozpópuli’, ha retrasado la salida de España del confinamiento

El gran ensayo que nunca llega

El Gobierno ha anunciado el enésimo retraso del ensayo de seroprevalencia. El estudio se anunció el 7 de abril y pretende testear a una muestra aleatoria de 60.000 personas seleccionada por el Instituto Nacional de Estadística. El objetivo es, sirviéndose de una extrapolación, trazar un mapa de la incidencia del virus en nuestro país para hacerse una idea de casos asintomáticos o negativos.

“Necesitan test con sensibilidad suficiente y que distingan IgG e IgM”, señala este alto cargo.

La prueba diagnostica más fiable de la Covid-19 es la PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa, por sus siglas en inglés). Es un análisis habitual para enfermedades infecciosas, pero tiene su complejidad y requiere la utilización de unos laboratorios hospitalarios todavía desbordados por la crisis sanitaria. Los otros test recomendados son las serologías -IgG e IgM-.

La IgG positiva indica que una persona tiene los anticuerpos del coronavirus. Es decir, que ha superado la enfermedad. Pero ni siquiera ese dato es suficiente por el alto grado de contagio y falsos negativos del SARS-CoV-2 (Covid-19). Por eso, los sanitarios analizan también la llamada prueba de la inmuglobina IgM. Un positivo en la IgM indica infección, aunque sea asintomática, y por lo tanto la capacidad de contagio. Un paciente puede mostrar una PCR negativa y una IgM positiva. Y por eso es tan importante conocerla, según los expertos.

Sin fecha para el desconfinamiento

La ausencia de estos datos, según diversas fuentes del Gobierno consultadas por Vozpópuli, ha retrasado la salida de España del confinamiento. La mayoría de países de nuestro entorno ha anunciado calendarios concretos de vuelta a la normalidad.

Sánchez no ha ofrecido fechas concretas.En su último discurso, anoche, habló de que la desescalada se prolongaría durante todo el mes de mayo y “veremos lo que pasa en junio”. En días anteriores también dijo que España entraría en una sucesión de “estados de alarmas” de distinta intensidad camino de la “nueva normalidad”.

El Gobierno maneja diferentes calendarios, que supuestamente se darán a conocer el próximo martes, según indicó Sánchez este sábado sin dar más detalles. Lo más probable, siempre que las cifras de contagios y fallecidos sigan bajando -España ha superado las 22.500 muertes-, es que jefe del Ejecutivo prorrogue el confinamiento general hasta el 25 de mayo con alguna otra medida de alivio como la de los niños o la salida individual para hacer deporte y pasear en familia a partir del 2 de mayo.

El hundimiento del turismo

Se baraja junio como fecha probable para el regreso a la libre circulación y la reapertura de la hostelería, con todas las precauciones posibles. Los expertos aseguran que el virus perderá fuerza de contagio con el verano y las altas temperaturas. Otra cosa será octubre.

La ausencia de un plan claro ha dejado la economía más que “hibernada”, congelada. Algunos ministerios han avisado a Presidencia que las previsiones son más catastróficas de lo que auguran el propio Banco de España, que anunció una caída del 13% del PIB si el confinamiento se extiende hasta el 6 de junio. Algunas empresas están realizando test a sus empleados por su cuenta para intentar retomar la actividad lo antes posible.

“Tenemos la economía que tenemos. Y un 20%-25% del PIB está asociado al turismo, la hostelería y los servicios”, dicen fuentes del Gobierno. “Por más que queramos ocultarlo es un desastre. ¿Qué turistas van a querer venir a España? Y si vienen será a costa de largas cuarentenas en sus países de origen cuando regresen”.

Capacidad para el doble de camas UCI y diagnóstico precoz, algunos requisitos para comenzar la desescalada

Este domingo, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, ha entregado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y al ministro de Sanidad, Salvador Illa, un documento con unas «recomendaciones genéricas» para iniciar todo el proceso de transición a la desescalada.

En el informe aparecen las condiciones necesarias, a juicio de los expertos, para poder iniciar esa tan ansiada desescalada. Se trata de cuatro ejes principales: garantizar que el sistema es capaz de responder a un nuevo brote, que disponemos de los mecanismos adecuados para monitorizar la fase, la capacidad de diagnóstico a nivel hospitalario y de Atención Primaria (AP) y también para detectar todos los casos sospechosos.

La toma de decisiones durante la etapa de transición se basará en la identificación de las áreas geográficas con «capacidades de preparación adecuadas, con situaciones epidemiológicas y de riesgo homogénea» y la delimitación de dichas áreas «se acordará con las comunidades autónomas».

«Una capacidad asistencial adecuada y adaptada al riesgo podría evitar periodos de confinamiento», reza el documento, por lo que los expertos piden consolidar el reforzamiento iniciado en las últimas semanas en todas las comunidades autónomas.

Es este sentido, Sanidad establece como requisito para iniciar la desescalada reforzar la implantación de medidas de prevención y control de la infección en todas las áreas, la disponibilidad suficiente de EPI (Equipos de Protección Individual) y la separación de circuitos para pacientes positivos o no en Covid-19. Todo ello con el objetivo de prevenir infecciones intrahospitalarias.

El documento también contempla como medida indispensable la disponibilidad de recursos para pacientes agudos y críticos. Para ello, según el informe hay que contar con la disponibilidad inmediata, en caso de necesidad, del doble de camas de UCI respecto de la capacidad pre-COVID e identificación de espacios que permitan un incremento de hasta el triple de la capacidad pre-COVID.

El diagnóstico precoz es una de las claves y para garantizarlo, los expertos apuestan por el establecimiento de centros específicos de pacientes sospechosos de COVID, circuitos separados para la atención presencial de personas con síntomas respiratorios o infecciosos y reforzar la atención domiciliaria.

También hacen hincapié en el documento en dotar de las capacidades para la toma de muestras para el diagnóstico de COVID-19 y los mecanismos logísticos para el traslado de muestras a los laboratorios que permitan obtener resultados en uno o dos días. Y se contemplan protocolos en centros de salud para la identificación de los centros sociales en su zona (residencias de mayores, de menores, de personas con discapacidad, etc.), la vigilancia de los mismos y dotarles de apoyo sanitario.

Por último, se deberá favorecer la telemedicina para consultas que lo permitan e integrar las capacidades y los servicios asistenciales y de laboratorio de las mutuas y los servicios de prevención de riesgos laborales.

Según el informe, «una vez que las cuatro capacidades estratégicas se hayan desarrollado suficientemente, se podrán tomar decisiones que permitan un progresivo aumento de la movilidad y de la actividad laboral».

Análisis: Coronavirus: otra guerra que perderá España

Carlos Sánchez

La idea de que es la guerra, y no la paz, quien construye las naciones no es nueva. Y, de hecho, hay numerosos ejemplos.

EEUU se consolidó tras una cruenta guerra civil e Inglaterra no se entendería sin el caos y la tiranía de Oliver Cromwell; la republicana Francia es hija de la revolución y sus excesos, y hasta Italia, la última en nacer, es fruto del empeño de Garibaldi por unificar el país tras sucesivas contiendas territoriales (ayer celebró el 75 aniversario de la liberación cantando el ‘Bella Ciao’ desde los balcones). Las guerras de independencia en la América española y en el África colonizado por los europeos son, igualmente, el cemento con el que se construyeron docenas de naciones a lo largo de los siglos XIX y XX, e, incluso, la India nació en torno a una larga lucha contra la metrópoli.

España, una de las naciones más viejas de Europa, ha tenido pocas oportunidades de reconocerse como nación. Probablemente, porque las guerras, desde que comenzó a configurarse como Estado-nación, han sido contra nosotros mismos. Desde la guerra de sucesión de los primeros años del siglo XVIII, que entronizó a los Borbones, hasta la guerra civil, que no fue más que el cierre cruel del siglo XIX, como muchos historiadores han puesto de manifiesto, y que explica lo que los regeneracionistas llamaban el atraso histórico de España.

En medio, tres guerras carlistas e innumerables asonadas militares protagonizadas por el espadón de turno. Solo la guerra de la independencia contra Napoleón unió a los españoles, pero el ahorcamiento de Rafael del Riego en la plaza de la Cebada, en Madrid, liquidó temporalmente el espíritu y la letra de la Constitución de 1812.

España pudo recuperar durante las dos guerras mundiales del siglo XX el sentimiento como nación, que, como decía Ernest Renan, no es más que la voluntad de pertenecer a una comunidad, pero su aislamiento —en la paz y en la guerra— hizo posible que estuviera ausente de las dos grandes contiendas del siglo XX.

Dos fuerzas antagónicas

Esas disrupciones constantes en el proceso de construcción nacional pueden explicar mejor que nada la proliferación de identidades en un territorio con orografía muy variada, lo que históricamente ha propiciado que el país navegue políticamente entre un movimiento centrípeto, es decir, centralizador, y otro centrífugo, favorable a la construcción de un territorio complejo, pero que, a menudo, ha acabado por ser disgregador. Y ahí está el cantonalismo o la cuestión catalana para demostrarlo.

En definitiva, dos movimientos en direcciones opuestas que pueden explicar las dificultades para integrar al país en torno a unos símbolos y a unas instituciones comunes, que, al fin y al cabo, son los instrumentos que identifican a una nación.

Muchos han dicho en las últimas semanas que la guerra contra la pandemia es ‘nuestra guerra’. O, al menos, la de las generaciones que solo conocen la paz desde 1939. Al margen de la oportunidad de utilizar lenguaje bélico para calificar algo que no lo es, es cierto que pocas ocasiones, como las actuales, son tan propicias para cimentar una idea común de España en torno a la construcción de un espacio propio en el que quepan todos, independientemente de su ideología, de su posición social o del lugar de nacimiento.

No parece que España camine ahora en esa dirección. Muy al contrario, todo indica que en la medida en que la pandemia se vaya sofocando se irán ensanchado las diferencias. Sigue habiendo demasiado tacticismo en la política española que nubla las luces largas. Solo en la Transición el país fue capaz de mirar hacia adelante, pero ese espíritu se fue diluyendo a medida que crecía el empobrecimiento intelectual de una clase política incapaz de leer los renglones de la historia.

Cuanto peor, mejor

No es nuevo. Ya sucedió en la anterior crisis, cuando, en lugar de buscar una estrategia de salida común se buscó un enfrentamiento estéril. De hecho, tuvo que ser la abstenciónde CiU, CC y UPN quien salvó a España de ser rescatada por Europa en mayo de 2010. Desde el célebre ‘cuanto peor mejor’ de Montoro hasta la incapacidad de Rodríguez Zapatero para admitir que la gestión de la crisis había sido una calamidad. ¿El resultado? Se pusieron las bases de un sistema político más fragmentado —con la ayuda de la deslealtad de los independentistas catalanes— que ha acabado por provocar cuatro elecciones generales en apenas cuatro años.

Aún es pronto para saber qué pasará cuando las calles, todas las calles, vuelvan a ser esas grandes alamedas de libertad que cantaba Pablo Milanés, pero ya hay pocas dudas de que los partidos —Arrimadas es quien está haciendo una oposición más constructiva— se están aprovisionando de munición para cargar contra el adversario. Si Ciudadanos no hubiera abandonado esa línea, dicho sea de paso, otro gallo le hubiera cantado a la formación naranja.

El sectarismo y la inutilidad de la política, más de allá de publicar reales decretos de forma casi rutinaria, se han impuesto. Los que forman parte del Gobierno —en esto están juntos Sánchez e Iglesias— cargan su arsenal para culpar a los recortes de las enormes dificultades del sistema nacional de salud para enfrentarse a la pandemia. Mientras que Casado, que utiliza el apoyo a las sucesivas prórrogas del decreto de alarma como una especie de salvoconducto para demostrar que él es un hombre de Estado, irá subiendo el tono en sentido inverso a la pandemia en busca de nuevas elecciones. En otras palabras, una especie de reivindicación del célebre ¡váyase, señor González! de Aznar, pero versión Sánchez.

En una situación normal, ese comportamiento puede ser hasta comprensible, pero no cuando los restos del naufragio que van a llegar a la playa serán dramáticos y pondrán a prueba no solo la solidez del Gobierno, sino, también, la calidad del sistema político.

Lo peor, en el terreno económico está por venir, y llegará cuando las colas de Cáritas crezcan de forma vergonzante, como explicó hace unos días en este periódico David Brunat, mientras que, en paralelo, las del desempleo vuelvan a ensombrecer las calles.

La vena activista de Iglesias

Se verá entonces si Iglesias será solidario con un Gobierno obligado a gestionar el futuro de más de cinco millones de parados y con un Estado endeudado hasta las cejas, lo que limitará su capacidad de gasto. O si, por el contrario, le podrá esa vena activista que nunca le ha abandonado, pero que es incompatible con políticas de largo recorrido que obligan cada mañana a comer sapos y a pactar con el adversario.

El tiempo dirá qué pasará con este Gobierno y con la oposición, pero hay pocas dudas de que en tiempos de reconstrucción nacional no basta con poner sobre la mesa decenas de miles de millones de euros. La salvación vendrá de poner los cimientos de un nuevo modelo productivo que, necesariamente, será distinto al actual. Y en el que hoy ni piensa el Gobierno, más allá de lugares comunes —ni hay papeles ni hay informes—, ni lo hace Casado, ambos jaleados por sus respectivos medios de comunicación amigos.

El primero, arrastrado por una incapacidad manifiesta para prever, planificar y pactar una respuesta global al virus, y el segundo por la inconsistencia e incompetencia de la mayoría de sus dirigentes, más preocupados por la propaganda política y por la utilización sectaria de los símbolos que por apuntar soluciones. ¿Dónde está el Gobierno en la sombra de Casado para que los ciudadanos visualicen una alternativa? ¿Cómo es posible que las farmacias sigan todavía hoy desabastecidas y a la ministra de Industria no se le caiga la cara de vergüenza?

A veces se olvida que el llamado ‘milagro económico’ alemán no fue solo un proyecto de reconstrucción nacional. Eso mismo lo hicieron muchos países devastados por la contienda. Por el contrario, al mismo tiempo se firmó un nuevo contrato social basado en unos objetivos comunes: la cohesión social, la igualdad de oportunidades a través de las políticas públicas, la separación real de poderes o la colaboración en las fábricas entre trabajadores y empresarios. En definitiva, la reinvención de un país asolado por una calamidad, como es cualquier guerra.

No fue un camino fácil. Pero se hizo. Incluso, con la incomprensión de muchos. Se cuenta que el general Clay, jefe de las fuerzas de ocupación de EEUU, comentó en una ocasión a Ludwig Erhard, el padre del milagro alemán: “Todos mis asesores me dicen que sus medidas son desaconsejables”. A lo que Erhard le respondió: “Es curioso. Los míos me dicen lo mismo”. Pero el país salió adelante.

Fuente: Vozpopuli, OKDiario, El Confidencial, ABC http://www.geoestrategia.es/index.php/noticias/historico-de-noticias/29359-2020-04-26-14-42-47

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