El comisario de ‘Auschwitz’: “Equiparar franquismo y nazismo es banalizar el nazismo” – Marcos Ondarra

Michael Berenbaum, experto en el estudio del Holocausto, critica que la Ley de Memoria Histórica del Gobierno realice ese paralelismo.

Michael Berenbaum (Nueva Jersey, 1945) es una de las voces más autorizadas para hablar del nazismo y del Holocausto. Su currículum respalda esta afirmación. El profesor, escritor y rabino judío escomisario de la exposición Auschwitz y director del Instituto Sigi Ziering, que explora las implicaciones éticas y religiosas del Holocausto. 

En su día, también fue director adjunto de la Comisión sobre el Holocausto del presidente Jimmy Carter (1979-80), director de proyectos del Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos (USHMM, 1988-1993) y director del Instituto de Investigación del Holocausto del USHMM (1993-1997). Además, de 1997 a 1999 fue presidente y CEO de la Fundación de Historia Visual de los Supervivientes de la Soah, creada por Steven Spielberg. 

EL ESPAÑOL consulta a Berenbaum sobre el antreproyecto de reforma de la Ley de Memoria Histórica, que equipara “la Dictadura o la figura del dictador Franco” con “el nazismo, la xenofobia o cualquier otra expresión de carácter discriminatorio o vejatorio para las víctimas”.

Equiparar franquismo y nazismo es malinterpretar el franquismo y tergiversar el nazismo. Esa comparación banaliza el nazismo, concretamente sus esfuerzos en la conquista global y la ‘solución final’ al problema judío”, sostiene Berenbaum en referencia al paralelismo que ya planteaba el punto 4.46 de La España que quieres, programa electoral con el que el PSOE se presentó a las elecciones del 10-N.

La exposición Auschwitz fue un rotundo éxito en Madrid. Tanto que los organizadores tuvieron que prolongar su estancia de diciembre de 2017 a febrero de 2019. Ahí estuvo Michael Berenbaum, aunque no era su primera visita a España: “Visité España en la década de los setenta como turista, cuando Franco aún estaba en el poder. Como judío, estaba interesado en ver cómo España lidiaba con su pasado judío, cuando católicos, judíos y musulmanes vivían juntos y tenían una vida cultural vibrante y relativamente tolerante”.

 Usted conoció de primera mano la España franquista, ¿qué similitudes y qué diferencias vio con la Alemania nazi?

– Las similitudes no son equivalencias. Tampoco las comparaciones. Por supuesto que en España hubo similitudes con la falta de libertades en la Italia y Alemania fascistas, pero también diferencias significativas. Veo tantas similitudes como diferencias.

 ¿Qué le parece, entonces, que la Ley de Memoria Histórica equipare estos dos regímenes?

– Equiparar franquismo y nazismo es malinterpretar el franquismo y tergiversar el nazismo. Por supuesto que banaliza el nazismo, concretamente sus esfuerzos en la conquista global y la “solución final” al problema judío. Dado que el Holocausto se entiende casi universalmente como el mal supremo, muchos buscan vincular otros eventos históricos con el Holocausto para gritar y enfatizar dramáticamente cuán malvados fueron otros.

El carácter de “mal supremo” que Berenbaum concede al Holocausto se explica por el número de víctimas: “La Alemania fascista concibió, incitó e implementó la ‘solución final’ asesinando a más del 90% de los judíos en algunos países”.

Más allá de las cifras, el motivo por el que las víctimas eran exterminadas también concede un carácter único al Holocausto: “Hubo múltiples víctimas del nazismo. Algunos fueron víctimas por lo que hicieron, como sindicalistas, disidentes políticos… Pero otros fueron víctimas por lo que se negaron a hacer: los testigos de Jehová no juraron lealtad al Estado ni pronunciaron las palabras ‘heil Hitler'”. Sin olvidar, claro a quienes fueron víctimas por lo que eran: “Homosexuales, judíos, alemanes con retraso mental, enfermos congénitos…”.

El franquismo era malo, privó a muchos de la libertad, pero no era igual o equivalente al Holocausto. Cualquier comparación entre nazismo y franquismo debe enfatizar lo que tenían en común y, aún más importante, aquello en lo que diferían”, sentencia Berenbaum.

Revisionismo histórico

El revisionismo histórico, o el estudio críticos de los hechos históricos y los relatos con el fin de revisarlos y reinterpretarlos, está viviendo su apogeo en países como España y Estados Unidos. “Espero que cada sociedad acepte su propia historia del mal“, reflexiona Berenbaum.

En Estados Unidos este revisionismo histórico ha derivado en un “movimiento antirracista” que se ha dedicado a vandalizar estatuas en las últimas semanas. Entre ellas, las de esclavistas y negreros, pero también personajes históricos como Cristóbal Colón, fray Junípero Serra o Miguel de Cervantes.

“En Estados Unidos estoy presenciando una lucha para llegar a un acuerdo no sólo con la Guerra Civil y la esclavitud, sino también con la época de Jim Crow, que negó los derechos a los afroamericanos y erigió estatuas y monumentos a aquellos que lucharon por continuar su esclavitud”, dice el comisario de la exposición Auschwitz, que aplaude “los esfuerzos de los españoles de esta generación para reexaminar su pasado, la era de Franco y sus seguidores”.

“Me encantaría vivir en un mundo en el que fuera irrelevante. Eso significaría que la historia que enseño es Historia Antigua porque la humanidad contemporánea no se comportaría de esa manera. Por desgracia, no vivo en ese mundo. La importancia de mi trabajo perdura“, sentencia Berenbaum.

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