La olvidada invasión comunista del Valle de Arán en 1944 que franquistas y republicanos quisieron ocultar – Israel Viana

Unos 12.000 hombres comandados por el dirigente del PCE Jesús Monzón entraron en España desde Francia el 3 de octubre de 1944, con el objetivo de conquistar algunas poblaciones de la región, establecer la capital de la Tercera República en Viella y esperar el apoyo de los españoles y de los aliados para derrotar a Franco en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.

MADRID Actualizado:GUARDAR

Aseguraba Almudena Grandes a ABC hace una década que el episodio que les vamos a relatar ahora «era conveniente para todos que no se conociera». Lo hizo durante la presentación en Sevilla de su novela «Inés y la alegría» (Tusquets), en la que describía el intento de invasión del valle de Arán, en 1944, por parte del Ejército de la Unión Nacional Española (UNE). La escritora madrileña aseguraba entonces que no existía una versión oficial de los hechos por parte de sus protagonistas, miembros del Partido Comunista de España (PCE), ni por parte del bando franquista. Y que tampoco aquella operación fue recogida por los historiadores británicos ni soviéticos que narraron la Segunda Guerra Mundial, puesto que «a nadie le convenía que se contara».

Según la Policía francesa de la época, la UNE era una «organización terrorista española formada por elementos del antiguo ejército republicano, comunistas, anarquistas y socialistas que tenía como objetivo unir a sus compatriotas en el deseo de restaurar la República». En un informe realizado tras una redada masiva en la comarca de Lôt-et-Garonne en 1942, aseguraban también que «estaba jerarquizada, era secreta y se dedicaba a sabotear el traslado de franceses y extranjeros a Alemania para trabajar, a repartir propaganda subversiva contra el Gobierno francés de Vichy, a pasar clandestinamente evadidos por la frontera y a robar pólvora, dinamita y detonadores de minas».

La UNE había sido fundada en 1941 por Jesús Monzón y el general Joan Blázquez con el objetivo de combatir a los nazis en Francia, pero con el pensamiento puesto siempre en un cambio de régimen en España. Se organizaron en brigadas guerrilleras dentro de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI), un conjunto de organizaciones clandestinas de carácter militar que operaban en el país vecino en apoyo de los aliados y que jugaron un papel decisivo en la liberación de 36 departamentos, el mismo año en que se produjo la invasión de esta comarca española situada en la vertiente norte de los Pirineos centrales.

 

«Una humillación para el franquismo»

En palabras de la escritora, los franquistas quisieron ocultarlo porque fue «una humillación y un susto de muerte para el régimen», mientras que los dirigentes del PCE, para no «elogiar a Monzón, el usurpador», ya que este había puesto en marcha el plan contra las órdenes de sus jefes y en un momento en el que sus grupos armados estaban manteniendo con cierto éxito lucha contra el franquismo desde la clandestinidad. Así lo ve el historiador Josemari Lorenzo Espinosa, que en su libro «Entre la espada y la pared: De Franco a la Constitución» recuerda algunas acciones de hostigamiento contra la Policía y a la Guardia Civil dentro de España e, incluso, varios atentados contra elementos falangistas en Madrid.

La acción más espectacular de la UNE, sin embargo, fue esta invasión del valle de Arán. Muchos historiadores cifran los participantes en 12.000 hombres. Otros, como Eva María Flores Ruiz y Fernando Durán López en su obra «Guerras de soledad, soldados de infamia» (Genueve, 2018) hablan de 4.000 distribuidos en varias brigadas. Pero la cifra exacta siempre ha sido un misterio, como todo lo que ha rodeado a esta operación desde entonces.

Sea como fuere, todos ellos cruzaron los Pirineos el 3 de octubre de 1944 para hacerse con el control de algunas poblaciones del valle, en una operación que se bautizó con el nombre en clave de «Reconquista de España» y que, para muchos historiadores, fue un despropósito desde el principio. «Muchos comunistas mostraron su disconformidad con el proyecto en una agitada reunión celebrada en septiembre. Estos preferían una penetración lenta, goteada, sobre distintos lugares de la Península, para en un momento dado, y con el apoyo de los patriotas españoles, incidir sobre medios de comunicación, centros de producción, locales de Falange, etc.. Preferían este gigantesco y espectacular golpe propagandístico y pensaban, además, que era una aventura arriesgada y prematura en la que iban a exponerse las mejores fuerzas del Partido, que se verían mermadas si, como parecía, no tenía éxito», explica Andrés Sorel en «La guerrilla antifranquista: La historia del Maquis contada por sus protagonistas» (Txalaparta, 2002).

Imagen de la brigada 35 de la UNE
Imagen de la brigada 35 de la UNE

La invasión

Las críticas no fueron aceptadas por Monzón y sus colaboradores, que prepararon las armas para reanudar la contienda que había concluído cinco años antes. Creían que la moral de los franquistas se iba a desmoronar en cuanto les vieran entrar por la frontera y que, una vez iniciada la batalla, los aliados considerarían a España como parte del combate que debían librar para barrer al fascismo de Europa. Y con esa premisa iniciarion la ofensiva el 3 de octubre de 1944.

El primer movimiento lo protagonizó una brigada de 250 hombres al penetrar por Roncesvalles y enfrentarse con la Policía armada franquista en el municipio navarro de Portillo de Lazar. Murieron dos agentes y un guardia civil. Inmediatamente después, otra brigada con los mismo efectivos intentó invadir el valle del Roncal, aunque fueron frenados por el Ejército español y por la falta de apoyo de la población civil. La mayoría huyeron y los que se atrevieron a seguir adelante fueron capturados o abatidos.

A pesar del fracaso inicial, la UNE decidió iniciar su segunda ofensiva a mediados de octubre con tres brigadas más. Estas cruzaron por el sector comprendido entre Hendaya y Saint Jean-de-Pied-de-Port, en el País Vasco, donde se encontraron de nuevo con el Ejército y la Guardia Civil, que mató a 21 de sus hombres e hirió a decenas más. A lo largo de las escaramuzas que se produjeron en la siguiente semana, la mayoría de los republicanos de este contingente acabó huyendo también.

El valle de Arán

El ataque principal fue el del valle de Arán, protagonizado por la 204 División que comandaba el coronel Vicente López Tovar. Estaba dividida en 12 brigadas, con sus batallones y compañías de 30 hombres cada una. Tenían como objetivos tomar el puerto de La Bonaigua para evitar la llegada de los refuerzos franquistas, conquistar Viella para establecer la capital de la Tercera República y crear una vía de comunicación segura con Francia por donde pudieran llegar los aliados en su ayuda. En una declaraciones recogida por el diario «Arriba España», órgano oficial de Falange, el general Yagüe ya advertía que «en las palomeras de Echalar, en Navarra, se puede cazar y pueden estar bien tranquilos los pueblos fronterizos».

La progresión en el bajo Arán fue, en principio, muy rápida. Consiguieron cerrar el paso a las tropas de Franco y provocar la huida de un buen número de guardias civiles. En el Alto Arán, aunque inicialmente ocuparon muchas aldeas de pocos habitantes y sin mucho valor, la resistencia por parte de los franquistas acabó siendo mucho más dura de lo que esperaban. Y eso que derrotaron a pequeños destacamentos de la Benemérita apostados en la frontera, pero los invasores tuvieron que detener su ofensiva a las afueras de Viella, el día 23, al advertir que el general Moscardó se había apostado allí con miles de hombres hombres.

Los republicanos se hallaban en inferioridad numérica y de armamento y, además, tampoco se produjo el esperado apoyo de los aliados en el exterior ni ningún tipo de levantamiento popular. A los invasores se les agotó el tiempo cuando, el 27 de octubre, el Caudillo envió a la zona más de 50.000 soldados, policías y guardias civiles para abortar la operación de una vez. En ese momento, los supervivientes se vieron obligados a retirarse o, en algunos casos, a integrarse en los grupos maquis que operaban en la zona. Según las fuentes consultadas por Josemari Lorenzo Espinosa, los comunistas sufrieron más de 5.000.

Santiago Carrillo

«El general Moscardó ha recibido hoy a los periodistas y les ha manifestado que, tras llamar al general Ricardo Marzo, gobernador militar de Lérida y jefe de aquel sector de operaciones, le ha comunicado que el último rojo español había traspasado ya la frontera de Francia. Se ha capturado a un importante número de prisioneros cuya cifra exacta no puede determinarse aún. El valle de Arán ha quedado completamente limpio de maquis», anunciaba ABC el 31 de octubre de 1944.

Como recordaría el dirigente comunista Santiago Carrillo, presente en aquella invasión, en sus memorias, «a la salida del túnel de Viella estaba esperándonos el general Moscardó con varias decenas de miles de soldados, tanques y artillería. En conjunto, una fuerza contra la que no teníamos ninguna posibilidad. Permanecer en el valle de Arán no habría tenido ningún sentido. Nos desalojarían fácilmente y avanzar por el túnel de Viella, como pensaban algunos, era meterse de cabeza en una trampa».

Paradójicamente, el intento de invasión sirvió para cohesionar al régimen franquista tras un momento inicial en el que el descontento se estaba extendiendo en el ejército y en algunos sectores políticos, como los monárquicos y los falangistas más puros. Todo ello, impulsado por las victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y por la más que probable derrota de las potencias del Eje. Esta amenaza de conquista hizo olvidar las desavenencias internas para concentrarse en salvar a Franco.

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