La tentación del odio – Carlos Colón

“Cada día se recogían entre 80 y 120 cadáveres entre la Pradera de San Isidro y la Casa de Campo. Se calcula que a 2 de noviembre de 1936, la cifra de asesinados en Madrid alcanza los 32.000” (aun no habían empezado las matanzas de Santiago Carrillo en Paracuellos)

Clara Campoamor sobre el terror rojo.

El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Francisco Igea (Cs), se permitió referirse a quienes -como Chaves Nogales, Melquiades Álvarez, Clara Campoamor o Salvador de Madariaga- fueron “fusilables por los unos y los otros” porque “no se dejaron seducir por la tentación del odio” ni “arrastrar a la orgía de destrucción que a tantos parecía atractiva” y “tuvieron que huir o fueron destruidos”. Pese a apoyarse en citas de tan reconocidos republicanos sus palabras enfurecieron al PSOE y a Podemos: la socialista Alicia Palomo le acusó de sumarse “al discurso de la ultraderecha” y el podemita Pablo Fernández calificó sus palabras de “deleznables”.

Vamos a los hechos. El republicano liberal Manuel Chaves Nogales se exilió en 1937, escribiendo en A sangre y fuego: “Me fui (…) cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas”.

Clara Campoamor, fundadora de la Unión Republicana Femenina, también exiliada en 1937, escribió el muy crítico La revolución española vista por una republicana. Andrés Trapiello, en Las armas y las letras, la define como “una de esas personas que lo perdieron todo en la guerra, hasta el prestigio de los perdedores, solo porque era una política liberal y porque su visión de las cosas no se avino a las versiones oficiales de unos y otros”.

Salvador de Madariaga, exiliado en 1936, era un republicano liberal antifascista y anticomunista que escribió años después en A la orilla del río de los sucesos: “Todos los regímenes tienen manchas de inhumanidad, pero no reposan en la inhumanidad como sistema. Solo los nazis fundaron un sistema sobre el horror y el terror, y murieron por ello; los comunistas lo hacen y viven y prosperan a costa de sangre y lágrimas”.

Melquiades Álvarez -histórico del Partido Reformista de Ortega, García Morente, Fernando de los Ríos o Américo Castro- no tuvo tiempo de exiliarse: fue asesinado por los milicianos el 22 de agosto de 1936.

Dudo, no ya que la socialista y el podemita los hayan leído, sino que tan siquiera sepan quiénes fueron.

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