El sacerdote “perseguido” y premiado por integrar fe y orientación sexual

Madrid, 4 jul (EFE).- La vida del sacerdote Ramón Llorente cambió drásticamente el 17 de mayo de 2018, cuando organizó en su parroquia la primera vigilia contra la homofobia dentro de un templo cristiano de Madrid, un simbólico acto para unir fe y orientación sexual por el que fue “perseguido” pero que, ahora, le ha valido un premio.

Concretamente el Premio Arcoíris, de Crismhom, la asociación de diversidad sexual con carácter ecuménico cristiano con la que lleva colaborando una década, y por la que organizó en la fecha citada la primera vigilia contra la homofobia oficiada en Nuestra Señora de Madrid, la que fuera su parroquia.

Después de un año “muy duro” apartado ya de su templo, Llorente ha retomado sus estudios de Teología y se mantiene a la espera de recibir el Premio Arcoíris este viernes con la convicción de que “la lucha sigue” en la gran empresa de promover la integración y aceptación de las personas LGTBI en la iglesia católica.

“Me siento a gusto conmigo mismo porque no me está ocurriendo nada que no le ocurriera a Jesucristo, que es al que sigo. Justamente por defender a las minorías de su época fue perseguido, hasta por la propia institución de la iglesia. Hoy en día Jesucristo defendería los derechos de las minorías sexuales”, argumenta en una entrevista con Efe el sacerdote.

Según relata, Crismhom mantuvo en 2018 conversaciones con el Arzobispado de la capital para pedir celebrar la vigilia en un templo católico, ya que la asociación había celebrado anteriormente vigilias contra la homofobia en iglesias.

“El vicario de la Pastoral Social e Innovación, José Luis Segovia, me preguntó si yo daba permiso para celebrar la vigilia contra la homofobia en la parroquia donde yo era párroco y me dijo que no me preocupara, que también tenía el visto bueno de Carlos Osoro, el arzobispo de la ciudad”, continúa Llorente.

Todos los implicados consiguieron que se celebrase la vigilia aunque, al día siguiente, el portal Infovaticana publicó un artículo “muy duro” contra el Vicario, contra el Obispo, contra la parroquia y contra el propio Llorente y su compañero sacerdote en Nuestra Señora de Madrid, Luis José Tamayo.

“A partir de ese primer artículo durísimo, siguieron más artículos de persecución e incluso de difamación personal hacia mí y hacia mi compañero por haber permitido realizar la vigilia. En mi caso además indagaron que participaba activamente en la asociación Crismhom”, relata Llorente.

Infovaticana, medio que el sacerdote considera “ultraconservador y entre comillas católico”, continuó la “persecución” con más artículos que dividieron a los feligreses de Nuestra Señora de Madrid y que pusieron en jaque la decisión de celebrar la vigilia, con el beneplácito de las altas instancias eclesiásticas.

“Don Carlos, el arzobispo, consideró que era mejor que los dos sacerdotes dejáramos la parroquia”, continúa Llorente, que lamenta que junto a su compañero había desarrollado un “proyecto innovador que estaba fructificando en la parroquia, pero que, desgraciadamente, se ha ido al traste”.

A raíz de todo ello, Crismhom le propuso a Llorente que aceptase la candidatura al Premio Arcoíris, que compartirá con la monja María Luisa Berzosa, un galardón que tiene como objetivo “reconocer y premiar a aquellas personas que defienden los derechos de las personas LGTBI en la institución eclesial”.

“En la iglesia hay personas que trabajamos por la visibilización y por la aceptación y la integración real de las personas LGTBI en la propia iglesia, pero somos muy poquitas personas. Muy, muy poquitas”, reconoce Llorente, al tiempo que se muestra optimista.

Apunta que en las entrañas de la iglesia hay una “mayoría silenciosa” que “poco a poco va aceptando y reconociendo y valorando a las personas LGTBI”, a pesar de que haya un grupo “minoritario” con “mucho poder y fuerza mediática” que está “totalmente en contra”.

“Pero seguimos en la lucha. Sigo en la lucha. No voy a tirar la toalla, voy a seguir trabajando por los derechos de las personas LGTBI”, asegura el orgulloso sacerdote que integra fe y orientación sexual e identidad de género y que espera que, “paso a paso”, la iglesia vaya siguiendo el mismo camino. EFE

pcc/scr/jlg

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