La batalla de Noaim (1521) o como los vascos defendieron la españolidad Navarra frente al Frances.

20 de mayo de 1521. El capitán guipuzcoano Iñigo de Loyola cae herido en la defensa del castillo de Pamplona asediado por las tropas francesas de Francisco I. En 1534 fundaría la Compañía de Jesús con el navarro Francisco de Javier, cuyos hermanos estuvieron en la batalla de Noáin y en 1524 se acogieron a la amnistía del emperador Carlos.

 

Los hechos históricos:

 

En 1512 Fernando el Católico se apoderó de Navarra, sin apenas resistencia, con tropas guipuzcoanas, vizcaínas Alavesas y destronó a los reyes impuestos por Francia Juan de Albret y Catalina de Foix hacia la anexión y perdida de fueros (como harían en 1614 con la Cerdsa y el Rosellon aragoneses)

El motivo fue su apuesta, contraviniendo el criterio de las Cortes soberanas de Bavarra, por Luis XII, rey de Francia, en el enfrentamiento que mantenía con el Papa Julio II a causa de la intentona de un grupo de cardenales franceses que habían pretendido destituirle en el Conciliábulo de Pisa.

El pontífice contaba con el apoyo de Inglaterra, de los regimientos suizos, de la República de Venencia y del Rey Católico. El monarca aragonés había exigido a los reyes navarros, sus sobrinos, para que permanecieran neutrales en este gran conflicto europeo, el primero en el que se enfrentaron las dos potencias emergentes: Francia y España.

Los reyes navarros vacilaron, pero el  rey francés les amenazó con privarles de sus grandes posesiones en territorio galo, entre ellos el señorío del Bearn y otros muchos territorios pertenecientes a los Foix y Albret. En el Parlamento de París, que era un tribunal de justicia manejado por el monarca galo, Germán de Foix, jefe de los ejércitos de Luis XII, reivindicaba la titularidad de los dominios de Juan y Cataluña, incluido el trono de Pamplona.. Al final, los reyes Navarros se plegaron al “chantaje” francés, conscientes de que con ello ponían en peligro el trono navarro.

Se dejaron llevar única y exclusivamente por sus intereses personales a costa de sacrificar la corona navarra además de por tener un corazón francés. Y es que Navarra era un reino empobrecido a causa del sempiterno enfrentamiento entre beamonteses y agramonteses, que tuvo su origen en el conflicto del Príncipe Carlos de Viana con su padre Juan II de Aragón, mientras que su bienestar económico dependía de las rentas de sus dominios en el Bearn y en Francia

Uno de los momentos más importantes de la historia de España, y más concretamente de Navarra y las Provincias Vascongadas fue la batalla de Noáin, de la que en unos meses se van a cumplir 500 años. El 30 de junio de 1521. Ese día tuvo lugar la batalla más importante de lo que se conoce como “Guerra de Navarra”, el enfrentamiento entre España y Francia, a cuenta del dominio del reino de Navarra, que duraba, intermitentemente, desde 1512. La batalla fue una gran victoria del ejército hispánico (tropas vascas y navarras esencialmente, pero también aragonesas y castellanas) sobre el francés, que aseguró para siempre la españolidad de Navarra. En esta batalla jugaron un papel fundamental en el ejército hispánico las milicias de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. 

El mundo proetarra ha inventado alrededor de esta batalla, un mito victimista, conmemorando esta derrota, fabulando el  “1714” abertzale, haciendo gala de una tergiversación total, tal como denuncian los sectores  navarros comprometidos con la verdadera historia foral e hispánica de Navarra.

En 1512 las fuerzas castellanas, vascas y aragonesas al mando del Duque de Alba, habían conquistado Navarra, por orden de Fernando el Católico, en lo que fue casi un paseo militar de 15 días, dado el apoyo claramente mayoritario de los navarros, a las fuerzas españolas, con las que en muchos casos colaboraron. Cuando Fernando el Católico tuvo conocimiento de la firma del tratado “secreto” de Blois, que inclinaba a Navarra del lado francés, decidió cortar por lo sano y ordenó al Duque de Alba invadir el reino navarro con el ejército que había concentrado en Fuenterrabía para cooperar con los ingleses en la recuperación de la Guyena, que durante dos siglos había pertenecido a la corona inglesa.

El 19 de julio las tropas fernandinas entraron en Navarra por la Barranca. Una semana después, Pamplona capituló sin ofrecer resistencia y los reyes navarros que habían violado la decision soberana de las Cortés huyeron al Bearn. En quince días, los castellanos –en cuyo ejército formaban de manera destacada las milicias vizcaínas, guipuzcoanas y alavesas, de modo que los “invasores castellanos” hablaban vascuence– se apoderaron de la casi totalidad del reino, salvo Tudela que se rendiría el 9 de septiembre.

El Papa Julio II excomulgó a Luis XII y otorgó al rey católico una serie de bulas que legitimaban la posesión de Navarra. En 1513 las Cortes navarras legítimamente reconocieron a Fernando el Católico como señor y rey natural. Por último, en 1515 el rey decidió incorporar a Navarra a la Corona de Castilla, pero manteniendo íntegramente sus Fueros, cosa que Francia jamas hizo. Al año siguiente, su nieto Carlos reconocería a Navarra como “reino de por sí” respetando sus leyes y tradiciones hasta hoy

El mundo proetarra ha creado alrededor de esta batalla  en los últimos años un mito victimista, conmemorando esta derrota, es el  “1714” abertzale. Pero la realidad histórica es que la mayoría de los navarros, apoyaron la unión con Castilla y Aragón, para evitar la que parecía inminente entrega de toda Navarra al capricho totalitario del rey de Francia.

Posteriormente en 1516, los reyes de Francia enviaron decenas de miles de soldados, junto con contingentes de navarros agramonteses, partidarios de los Albret, a reconquistar Navarra, pero fueron derrotados por las fuerzas españolas, apoyadas por los navarros beamonteses, partidarios de la unión con España.

El intento francés tuvo lugar en aquel año de 1521, cuando el rey de Francia, Francisco I (el mismo que años después sera hecho prisionero por un vasco en la batalla de Pavia) envió un ejército de 20.000 hombres contra España, para conquistar Navarra y penetrar en Castilla, aprovechando que las fuerzas de Carlos I de España y V de Alemania, se hallaban ocupadas en la lucha contra la revuelta de los comuneros en Castilla (y de hecho Cataluña también fue atacada por las fuerzas francesas). En el ejército iba el rey navarro Enrique II de Albret.

Aprovechando que las tropas españolas, incluyendo muchos vascos y navarros, luchaban contra los comuneros, las fuerzas francesas y agramontesas, junto a mercenarios alemanes, conquistaron fácilmente Navarra (en la defensa española de Pamplona fue herido como soldado de Carlos I, el guipuzcoano Ignacio de Loyola, dando origen a su conversión religiosa).

Las fuerzas francesas penetraron en Castilla por la Rioja, pero fueron derrotadas en el asedio de Logroño, que desde entonces conmemora está victoria como la mayor gesta de su historia y cambiando el curso de la guerra.  Una vez derrotados los comuneros, el corregente de Castilla, Íñigo Fernández de Velasco, IV conde de Haro, organizó un ejército castellano y navarro de 20.000 soldados que volvió a penetrar en Navarra. El ataque francés provocó una reacción patriótica en España, que hizo olvidar la revuelta comunera. También contingentes aragoneses se unieron a su ejército.

En este ejército hispánico jugaban un papel fundamental las milicias de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, con más de 5.000 hombres, además otros 4.000 navarros beamonteses, al mando de don Francés de Beaumont (prohispánico a pesar de su apellido francés)  La batalla decisiva tuvo lugar entre Noáin y Salinas de Pamplona, muy cerca del actual aeropuerto de Navarra, en Noáin, el 30 de junio de 1521.

Inicialmente las tropas francesas, gasconas (de las zonas del sur de Francia, propiedad de los Albret) y agramontesas rompieron el frente español, y llegaron a estar cerca de ganar la batalla, pero entró en juego la mayor calidad de la infantería española, entre la que estaban en la vanguardia las milicias vascongadas, que resistió el ataque decisivo. La caballería castellana decidió la batalla con un ataque por el flanco. La mayor calidad de la infantería española, entre la que estaban en la vanguardia las milicias vascongadas fue esencial.

Finalmente la batalla fue una gran victoria española y murieron entre 800 y 3.000 franceses y agramonteses. El ejército franco agramontés tuvo que repasar los Pirineos. La guerra de Navarra, de hecho, era un frente del enfrentamiento entre Carlos V y Francisco I de Francia, por la hegemonía en Europa. En 1525, tanto Francisco I de Francia, como Enrique II de Albret, convertido en un satélite de Francia, cayeron prisioneros de las fuerzas de Carlos I, en la batalla de Pavía, en el norte de Italia.

Así fue; meses después de la conquista de Navarra por Fernando de Aragon, los reyes expulsados intentaron recuperar Navarra. Pero el ejército enviado por Luis XII en el otoño de 1512, compuesto de 30.000 hombres, a cuyo frente se hallaba el delfín de Francia, Francisco de Angulema, fue derrotado por el genio militar del Duque de Alba, con tan solo 16.000 hombres entre castellanos y beamonteses. En su retirada hacia Francia un millar de “lansquenetes” –mercenarios alemanes al servicio del rey francés– fue aniquilado por milicias guipuzcoanas. Además de un importante botín, los guipuzcoanos se hicieron con una docena de piezas de artillería muy valiosas.

La reina Juana de Castilla otorgó por ello a sys vasallos de Guipúzcoa el privilegio de incorporar a su escudo de armas  los famosos cañones tomados al enemigo. En él permanecerían hasta 1979, año en el que las Juntas Generales guipuzcoanas acordaron su eliminación so pretexto de tratar de borrar de la historia  el “agravio” supuestamente inferido a Navarra.

El intento de recuperación del reino de 1516 trajo a Juan de Albret, al frente de un ejército de soldados principalmente del Bearn, esta vez sin el apoyo de los franceses– entrando en Navarra. Creyó que el mero hecho de su presencia provocaría una sublevación masiva de los navarros contra los castellanos, pero estaba equivocado y fue fácilmente derrotado por las tropas del virrey Acuña y del condestable de Navarra, Luis de Beaumont, conde de Lerín.

Como señala el historiador Jaime Ignacio del Burgo, uno de los mayores expertos en la historia de Navarra, Navarra quedó integrada en la Monarquía Hispánica en la plenitud de sus Fueros y los siglos XVI- XVIII fueron una edad de oro para Navarra, que en 1800 era la región de mayor renta per cápita de España.

Esta es la realidad histórica, que por supuesto no tiene nada que ver con las tergiversaciones de los “abertzales” de hoy en día, que se consideran herederos de los partidarios de los Albret, ocultando la masiva participación vasca y navarra, en las filas hispánicas. Eso sí, incluso los autores nacionalistas vascos no pueden ocultar la apasionada españolidad de aquellos vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses.

Fuente:

JAIME IGNACIO DEL BURGO

RAFAEL MARÍA MOLINA

-1512. Conquista e incorporación de Navarra. Alfredo Floristan. Editorial Ariel. 2012

-Navarra 1512-1530. Conquista, ocupación y sometimiento militar, civil y eclesiástico. Pedro Esarte Muniain. Pamela. 2014 (a pesar de la ideología “abertzale” de este autor este libro es interesante por los exhaustivos datos que aporta sobre la implicación vascongada en el ejército hispánico).

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