“Conferencia de Wannsee”: En parte secreto, en parte público – Jochen Köhler

Lugar, tiempo, acción: una villa junto al lago Wannsee de Berlín, 20 de enero de 1942, preparación de un genocidio, concretamente la «solución final a la cuestión de los judíos europeos».

En este lugar y en ese día se reunieron quince dirigentes del régimen nazi. Los había invitado Reinhard Heydrich, jefe de la policía y del servicio de seguridad. El mundo no sabría nada de esta conferencia si durante el proceso de Núremberg, en marzo de 1947, no se hubiera encontrado casualmente un acta que el fiscal americano, general Telford Taylor, consideró «quizá el documento más vergonzoso de la Historia moderna».

Se trataba de la única acta (el acta 16) conservada de una sesión –de treinta originales–, y de la única prueba, indirecta, pero rotunda, del plan de eliminación de todos los judíos de Europa.

El historiador británico Mark Roseman ha aprovechado la terrible efemérides de los sesenta años de la conferencia para ilustrar detalladamente el acontecimiento, reunir todos los hechos conocidos, sintetizar y reproducir sus antecedentes y hacer desembocar todo eso en una exposición informativa y escueta, clara y fácil de leer.

Aunque el libro no tiene nada nuevo que ofrecer al historiador especializado, es un gran beneficio para el profano interesado aunque sólo fuera debido a su anexo, que contiene facsímiles de la orden de Goering a Heydrich, dos invitaciones de Heydrich y el acta completa de la sesión con el matasellos de «Secreto del Reich». Hay ya un montón de bibliografía sobre el Holocausto, pero hasta ahora seguía faltando una obra, al alcance de todos los bolsillos y de todos los lectores, sobre este tema en particular.

En su prólogo, Roseman señala una errónea apreciación que la mayor parte de la opinión pública sigue compartiendo con los fiscales de Núremberg: que de la conferencia del Wannsee salió la decisión de aniquilar a los judíos. No fue así, porque el genocidio de los judíos soviéticos llevaba largo tiempo en marcha, ya había habido gaseamientos, y también se estaba construyendo un primer campo de exterminio.

¿A qué finalidad obedecía pues la conferencia? La situación documental, sobre todo el hecho de que se destruyeran apresuradamente las actas, dificulta a los historiadores la tarea de dar una respuesta concluyente. Por tanto, tiene que seguir siendo especulativa. Roseman cita a su colega Eberhard Jäckel, que hace diez años constataba que «lo más extraño» de aquella reunión «es que no se sabe por qué tuvo lugar». Sin contradecir de forma decidida tal veredicto, Roseman llega a otra conclusión. Considera la conferencia del Wannsee un «significativo acto final» previo al paso desde unas acciones criminales excesivas a un programa oficial de genocidio.

«El crimen produjo la idea del genocidio, igual que, viceversa, la idea del genocidio produjo el crimen», juzga Roseman: una interdependencia. Para ilustrar el trasfondo histórico de la conferencia, antepone al capítulo central de su tema, que tiene unas sesenta páginas, una reconstrucción igual de larga de los preliminares. Empieza, muy consecuentemente, con Mi lucha, de Hitler, donde el posterior dictador calificaba de «peste para el mundo» un judaísmo definido de forma racista, que había que extirpar de Alemania. Aun así, Roseman es lo bastante cauteloso como para no trazar una línea directa desde los escritos y discursos programáticos de Hitler de los años veinte al plan de genocidio. Los capítulos siguientes esbozan la creciente discriminación de los judíos en el Tercer Reich, los actos de violencia, deportaciones, y los fusilamientos masivos que tuvieron lugar durante la invasión de la Unión Soviética.

El libro revela un sólido conocimiento contextual. El autor dedica un espacio comparativamente amplio a la cuestión de las responsabilidades y el decisivo papel de Goering, Himmler, Heydrich y el propio Hitler. Dado que éste, según sabemos, siempre evitó firmar una orden escrita de aniquilación de los judíos, Roseman tiene que conformarse, como todos sus colegas, con testimonios escritos por otras manos, numerosas referencias y suposiciones –en todo caso muy plausibles– para poder demostrar la autoría o al menos la complicidad de Hitler. La suma de todo ello arroja esta sin duda abrumadora carga de pruebas indirectas.

Permítasenos, en este punto, hacer una observación crítica. Probablemente para no extender cada ejemplo más de lo que admitía el volumen previsto del libro, Roseman sacrifica a veces la deseable precisión. Así por ejemplo, cita a Himmler, quien le dio a Wilhelm Koppe, el jefe supremo de las SS y la policía en Wartheland –que le había pedido su consentimiento a la muerte de otros 30.000 judíos–, la siguiente respuesta: «La decisión última en este asunto tiene que tomarla el Führer». Roseman toma esta cita de la biografía de Hitler de Ian Kershaw. Pero, como se puede leer allí, la respuesta no procede del propio Himmler, sino de su ayudante personal, el SS-SturmbannführerRudolf Brandt. Y su objeto no era la liquidación de otros 30.000 judíos, sino de 30.000 polacos. En sus subsiguientes aclaraciones, Kershaw quería incluso poner de manifiesto que a menudo Hitler dejaba manos libres a sus ejecutores, después de haber dado su asentimiento general. Aunque Roseman no falsea demasiado los hechos, puede reprochársele negligencia en los detalles.

Su verdadero tema lo expone de manera muy concienzuda, incluso minuciosa. Incide en el grupo de personas que estaba invitada a la conferencia y constata –tan sorprendido como casi todos los que lo han precedido– que se trataba de «hombres serios e instruidos», de «civilizados servidores del Estado», de corteses modales. Esto vale especialmente para el anfitrión: Heydrich era muy inteligente, cultivado, eficiente, elitista y carente de escrúpulos, además de un virtuoso del violín, magnífico espadachín y audaz piloto de caza; en pocas palabras: el ideal hecho carne de un nuevo tipo humano al que, conforme a la ideología nazi, debía pertenecer el futuro. Cuando a principios de junio de 1942, es decir, cuatro meses y medio después de la conferencia del Wannsee, cayó víctima de un atentado, era, a la edad de 38 años, «uno de los hombres más poderosos y temidos de Alemania». Desde el centro de su poder, la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA, por sus siglas en alemán), cuyo personal de dirección estaba formado por jóvenes muy cualificados de orientación tecnocrática, se reclutó el «grupo central» que fue responsable de la aniquilación planificada de los judíos.

Entre los invitados a la conferencia del Wannsee no se encontraban, sorprendentemente, ni un representante del gabinete del Führer ni uno del Estado Mayor del Ejército. «A Heydrich le interesaban sobre todo los ministerios civiles», afirma con razón Roseman. Se había pensado en una ronda de secretarios de Estado, aunque finalmente se enviaron en parte representantes suyos.

Que los secretarios de Estado hicieran el trabajo antes que los ministros es una costumbre que aún se mantiene. Otros participantes –representantes de servicios especiales de las SS y del partido nazi– probablemente habían sido convocados para guardarle las espaldas a Heydrich. El objetivo central de la reunión era «resolver diferencias competenciales y aclarar responsabilidades». El informal orden del día de Heydrich no lo ocultaba. La discusión propiamente dicha no duró más de una hora u hora y media. Después de una extensa ponencia del anfitrión, se produjo una discusión no acalorada, pero sí difícil, sobre el trato que había que dar a los «mestizos» de primer y segundo grado, así como a los «matrimonios mixtos» entre «personas de sangre alemana» y «judíos» o «mestizos» de primer grado, etc., hasta llegar al trato a dar a los matrimonios entre «mestizos» de primer y segundo grado. Esta discusión ocupa un tercio de la llamada acta, que no se basa en copias literales, sino en un resumen de Adolf Eichmann corregido por Heydrich.

¿Una cuestión y un procedimiento burocrático absurdos? Desde luego había que terminar con las disputas, perturbadoras en vísperas del genocidio planeado en secreto, y los «mestizos» y «matrimonios mixtos» representaban casos problemáticos incluso desde el punto de vista de la ideología racista, porque Hitler no era el único en ser consciente de que la opinión pública reaccionaba de forma muy sensible en cuanto estaban afectados parientes propios. Pero el motivo esencial y tácito de la conferencia tenía que ser otro. Los historiadores están de acuerdo en eso. Pero, ¿cuál? La mayoría cree que la reunión sirvió a Heydrich como «medio de autoencumbramiento». Y por tanto como medio para subordinar los aparatos civiles a las ambiciones, el ansia de poder y la autoridad de su Oficina Central de Seguridad del Reich. Roseman da un decisivo paso más allá y plantea la tesis de que con la conferencia Heydrich pretendía «fundamentar la complicidad», que después fuera indiscutible que «se conocía el programa criminal». Hay datos favorables a esta interpretación, como la terca negativa de los participantes, después de la guerra, a reconocer que conocían siquiera la existencia del acta.

Porque aquello que Heydrich expuso con pelos y señales tenía un potencial enormemente explosivo. Después de trazar una panorámica de las medidas contra los judíos del Reich tomadas hasta ese momento, comunica: «el lugar de la emigración lo ocupará […] previa autorización del Führer, la evacuación de los judíos al Este». Pero esto sólo era una «posibilidad evasiva […] con vistas a la futura solución final de la cuestión judía». Y esa «solución final» abarcaba alrededor de once millones de judíos, es decir, no sólo a aquellos que se encontraban en los países ocupados por el Tercer Reich.

Roseman habla de la «abrumadora sobriedad» con la que el acta enumera en forma de tabla las cifras calculadas para los distintos países. El presupuesto práctico de la evacuación es que Europa sea «peinada de Oeste a Este». A consecuencia del inminente trabajo al que tendrán que hacer frente en el Este, dice Heydrich, «sin duda una gran parte de los judíos caerá por reducción natural». Una clara dicción, aunque el acta evita cuidadosamente conceptos como «aniquilación». Aun así, no hay «ninguna prueba concluyente de que los participantes en la conferencia supieran que los judíos iban a ser gaseados», resume Roseman.

Siempre se enfatiza que hasta el final de la guerra los alemanes no sabían nada del Holocausto, que ni siquiera podían sospechar algo tan monstruoso. Sin duda, el régimen trató la aniquilación de los judíos como cuestión de alto secreto, y tenía la intención de destruir al final todos los testimonios. Pero Roseman menciona dos casos en los que se formó incluso una opinión pública: en noviembre de 1941, el «ideólogo jefe» Alfred Rosenberg emitió una declaración oficial de prensa de la que se desprendía inequívocamente que para la solución final de la cuestión judía había que «erradicar biológicamente» todo el judaísmo de Europa. Y un día después, en el muy leído semanario Das Reich, Goebbels anunciaba que el judaísmo mundial avanzaba paso a paso hacia un proceso de aniquilación. Numerosos periódicos regionales alemanes publicaron extractos de la declaración. Algunos lectores comprendieron que tal profecía no era un mero gesto de amenaza, sino que estaba disfrazada de lo que era: de condena a muerte de inapelable ejecución.

La cuestión de la opinión pública en el régimen nazi es el tema de un libro de Robert Gellately publicado hace poco. Hace más de diez años, el historiador americano se hizo un nombre en los círculos especializados como uno de los mejores conocedores de la Gestapo, sus informantes y la multitud de denunciantes que tenía entre la población alemana. Ahora ha escrito un nuevo libro que pretende demostrar lo mucho que la «dictadura populista» de Hitler debió al «consenso pluralista» y el amplio asentimiento del pueblo alemán. Su tesis defiende concretamente que incluso el terror del régimen tuvo el apoyo del pueblo, y que ese terror era completamente público. «Coacción y publicidad» habían contraído una estrecha relación en el Tercer Reich. Partiendo de la cuestión de «¿qué sabían los alemanes?» sobre los campos de concentración, las persecuciones y los crímenes, Gellately investigó varias revistas publicadas en el Tercer Reich, sobre todo –según revelan las notas– el VölkischerBeobachter, el periódico oficial del partido nazi.

Las tesis y «pruebas» de Gellately toparon con una fuerte oposición entre renombrados historiadores alemanes. Sus afirmaciones, se decía, eran generalizadoras, al estilo de Goldhagen, unilaterales, indiferenciadas y llenas de conclusiones falsas. Por una parte, naturalmente que los alemanes sabían de la existencia de los campos, en los que se suponía que se reeducaba a los adversarios de la mayoritaria revolución nacional, «criminales políticos» y personas «nocivas para el pueblo». Por otra, los crímenes que se cometían allí, y no digamos en los campos de exterminio del Este, se mantenían en un estricto secreto. El conocimiento de la población, muy limitado, no permitía en modo alguno sacar la conclusión de que los alemanes aprobaban hasta las cámaras de gas, una conclusión que de todas maneras Gellately no saca de manera explícita. Además, se le criticó que el singular «consenso pluralista» que de hecho existió bajo la dictadura nazi no era comparable con el de una moderna democracia, en la que reina una libertad de prensa y de opinión casi ilimitada. Gellately reaccionó a las críticas recogiendo velas: él nunca había afirmado que todos los alemanes lo supieran todo.

Capítulo a capítulo, Gellately analiza la «justicia policial» que se superpuso al Derecho Penal tradicional, la arbitrariedad de la Gestapo y el terror contra los marginados sociales, los trabajadores extranjeros y los judíos. Su amplia exposición menciona muchos hechos que van más allá del tema central, por ejemplo la instauración de burdeles estatales para trabajadores extranjeros o la «orden Nerón» de Hitler, que preveía la devastación de Alemania. A lo largo de todo el libro, el mayor espacio lo ocupa el objeto de investigación que de modo más intenso trata el autor: la masa y multitud de las denuncias.

Al menos dos capítulos están dedicados a la imagen de los campos de concentración en la opinión pública. De hecho la prensa, especialmente los periódicos locales, informó sobre los nuevos campos y su función «educativa». Así, la portada del Illustrierter Beobachter mostraba el 3 de diciembre de 1936 a presos del campo de concentración de Dachau, formados en filas y rigurosamente vigilados. Después de empezar la guerra se produjo una sorprendente inversión: cuanto más desaparecían los campos de las informaciones y reportajes, tanto más presentes estaban entre la opinión pública los presos que salían a hacer trabajos forzados. «El mundo de los campos irrumpió como nunca en la vida cotidiana». Sólo el campo de Dachau tuvo 197 campamentos externos, esparcidos por todo el sur de Alemania y distribuidos entre grandes y pequeñas ciudades. Año tras año fue estrechándose la alianza entre terror y publicidad. Conforme aumentaba la duración de la guerra, las numerosas ejecuciones, para las que –tal como pedía el pueblo– ya no hacía falta haber cometido delitos capitales, ocuparon titulares cada vez más grandes. Hubo pues, como demuestra Gellately con impresionantes ejemplos, una cara pública del terror nacionalsocialista. Y precisamente en los medios que informaban abiertamente sobre ese terror es donde puede verse el profundo «embrutecimiento moral» de los alemanes en el Tercer Reich.

Fuente

“El documento 16” única copia de las 30 que se entregaron a los 30 jerarcas Nazis asistentes a la conferencia.

Invitación de Heydrich dirigida a Martin Lutherp ara asistir a la conferencia.

PROTOCOLO DE LA CONFERENCIA DE WANNSEE
Sellado: Alto Secreto.
30 copias
Copia número 16
Notas de la Discusión
1. Las siguientes personas tomaron parte en la discusión sobre la solución final al problema judío, la cual tuvo lugar en Berlín, Grossen Wannsee nú 56/58, el 20 de enero de 1942.Ministerio del Reich para los Territorios Ocupados del Este.
Gauleiter Dr. Meyer y Reichsamtsleiter Dr. LeibbrandtMinisterio del Interior del Reich.
Secretario de Estado Dr. Stuckart

Delegado Plenipotenciario del Plan Cuatrienal.
Secretario de Estado Neumann

Ministerio de Justicia del Reich.
Secretario de Estado Dr. Freisler

Oficina del Gobierno General.
Secretario de Estado Dr. Bühler

Ministerio de Exteriores del Reich
Subsecretario de Estado Dr. Luther

Cancillería del Partido.
SS-Oberführer Klopfer

Cancillería del Reich
Director General Kritzinger

Oficina Central de Raza y Asentamientos.
SS-Gruppenführer Hofmann

Oficina de Seguridad del Reich
SS-Gruppenführer Müller
SS-Obersturmbannführer Eichmann

Policía de Seguridad y SD
SS-Oberführer Dr. Schöngarth
Comandante de la Policía de Seguridad y la SD en el Gobierno General

Policía de Seguridad y SD
SS-Sturmbannführer Dr. Lange
Comandante de la Policía de Seguridad y SD para el Distrito General Letonia, como delegado del Comandante de la Policía de Seguridad y SD del Comisariado del Reich de “Eastland”.

Cuadro de los asistentes a la conferencia.

2. Al comienzo de la discusión el Jefe de la Policía de Seguridad y la SD, SS-Obergruppenführer Heydrich, informó que el Reichsmarschall le había nombrado delegado para la preparación de la solución final al problema judío en Europa y subrayó que está reunión había sido convocada con el propósito de clarificar los puntos fundamentales. El deseo del Reichsmarschall es recibir un borrador concerniente a los intereses organizativos, materiales y actuales en relación a la solución final del problema judío en Europa; ello hace necesario una acción inicial común de todas las oficinas centrales inmediatamente relacionadas con todo ello para de este modo coordinar todas sus actividades generales. El Reichsführer SS y Jefe de la Policía (Policía de Seguridad y SD), confía en un control oficial centralizado para la solución final del problema judío sin inconvenientes de fronteras geográficas. El Jefe de la Policía de Seguridad y la SD dio un breve reporte del esfuerzo que ha sido llevado a cabo contra este enemigo, los puntos esenciales fueron los siguientes:

  1. La expulsión de los judíos de toda la esfera de vida del pueblo alemán.
  2. La expulsión de los judíos del espacio vital del pueblo alemán.

Como única solución posible en el presente y como resultado de esos esfuerzos se ha iniciado una incrementada y acelerada emigración de los judíos del territorio del Reich.

Por orden del Reichsmarschall se ha creado, en Enero de 1939, una Oficina Central para Emigración de los Judíos, cuya dirección fue confiada al Jefe de la Policía de Seguridad y la SD. Sus tareas más importantes fueron:

  1. Hacer todo lo necesario para la preparación de un incremento en la emigración de los judíos.
  2. Dirigir el flujo de dicha emigración.
  3. Acelerar el procedimiento de emigración en cada caso individual.

El ánimo de todo ello fue limpiar de judíos, en un modo legal, el espacio vital alemán.

Todos los Departamentos se percataron de los inconvenientes de dicha emigración acelerada forzada. No obstante fue una medida tolerada ante la ausencia de otras posibles soluciones para el problema.

La tarea concerniente a la emigración fue, más adelante, no sólo un problema alemán sino también un problema con las autoridades de los países a los cuales fue dirigido el flujo migratorio. Dificultades financieras, como el incremento de las cantidades demandadas por dichos gobiernos respecto del trámite migratorio, la ausencia de transportes, el incremento de las restricciones en los permisos de entrada o su cancelación, incrementaron extraordinariamente las dificultades de la emigración. No obstante todo ello, 537.000 judíos fueron expulsados del país desde la toma del poder y el 31 de Octubre de 1941. De ellos:

Aproximadamente 360,000 estaban en territorio de Alemania al 30 de Enero de 1933.

Aproximadamente 147,000 estaban en Austria (Ostmark) al 15 de Marzo de 1939.

Aproximadamente 30.000 estaban en el Protectorado de Bohemia y Moravia al 15 de Marzo de 1939.

Los judíos por si mismos, o sus organizaciones políticas, financiaron la emigración. Para impedir que judíos empobrecidos fueran dejados atrás se siguió el principio de que judíos económicamente solventes financiaran la emigración de judíos pobres; ello se realizó mediante la imposición de un impuesto, impuesto de emigración, el cual fue usado para los asuntos financieros en conexión con la emigración de los judíos pobres y fue fijado de acuerdo al nivel de ingresos.

Además del necesario cambio del Reichsmark, era necesaria una cantidad en divisa extranjera en el momento de la llegada a destino. Para proteger el cambio de moneda extranjera manejado en Alemania, las organizaciones judías extranjeras fueron, con la ayuda de organizaciones judías alemanas, responsabilizadas de suministrar una cantidad adecuada de moneda extrajera.

Al 30 de octubre de 1941, dichas organizaciones extranjeras judías habían donado un total aproximado de 9.500.000.- US$.

Mientras tanto el Reichsführer SS prohibió la emigración de los judíos debido a los problemas derivados del estado de guerra y en consideración de las posibilidades del Este.

Lista elaborada por Adolf Eichmann, uno de los asistentes a la conferencia, en la que se recoge el número de judíos existentes en cada nación europea.

3. Otra posible solución del problema tomo el lugar de la emigración, la evacuación de los judíos al Este, teniendo en cuenta por adelantado la aprobación por parte del Führer.

Estas acciones son, de cualquier manera, sólo consideradas como provisionales, aunque proporcionen una experiencia práctica de la mayor importancia en relación a la futura solución final del problema judío.

Aproximadamente 11 millones de judíos se verán envueltos en la solución final al problema judío en Europa, distribuidos como sigue por países:

País, Número:

A. Alemania 131.800
Austria 43.700
Territorios del Este 420.000
Gobierno General 2.284.000
Bialystok 400.000
Protectorado de Bohemia y Moravia 74.200
Estonia – libre de judíos –
Letonia 3.500
Lituania 34.000
Bélgica 43.000
Dinamarca 5.600
Francia/territorio ocupado 165.000
territorio no ocupado 700.000
Grecia 69.600
Holanda 160.800
Noruega 1.300
B. Bulgaria 48.000
Inglaterra 330.000
Finlandia 2.300
Irlanda 4.000
Italia incluyendo Cerdeña 58.000
Albania 200
Croacia 40.000
Portugal 3.000
Rumanía incluyendo Besarabia 342.000
Suecia 8.000
Suiza 18.000
Serbia 10.000
Eslovaquia 88.000
España 6.000
Turquía (Territorio Europeo) 55.500
Hungría 742.800
URSS 5.000.000
Ucrania 2.994.684
Rusia Blanca (Bielorrusia)
excluyendo Bialystok 446.484
Total aprox. 11.000.000

El número de judíos para países extranjeros incluyen, de cualquier manera, sólo aquellos judíos todavía creyentes de la Fe Judía, ya que algunos países no disponen todavía de una definición del término “Judío” según principios raciales.
El procedimiento del problema en cada país individual se encontrará con dificultades debido al aspecto y actitud de sus pobladores, especialmente en Hungría y Rumanía. Por ejemplo, en este último, incluso hoy pueden los judíos comprar documentos que prueban oficialmente su ciudadanía extranjera.

La influencia de los judíos en todos los aspectos de la vida en la URSS es bien conocida. Aproximadamente cinco millones de judíos viven en la parte europea de la URSS, en su parte asiática llegan escasamente a 1/4 de millón.

El desglose de los judíos residentes en la parte europea de la URSS fue, aproximadamente, como sigue:

  • Agricultura 9,1 %
  • Trabajadores urbanos 14,8 %
  • Comercio 20 %
  • Empleados del Estado 23,4 %
  • Ocupaciones privadas como médicos, periodistas, artistas, etc. 32,7%

Siguiendo órdenes concretas, bajo la aplicación de la solución final los judíos serán asignados a trabajos apropiados en el Este. Los judíos físicamente capaces serán separados de acuerdo a su sexo, enviados en largas columnas de trabajo a dichas áreas para la construcción de carreteras. En el curso de dichas acciones una gran proporción será eliminada por causas naturales.

El posible remanente final, ya que será la proporción más resistente, debe ser tratado de forma acorde, ya que es el producto de la selección natural y podría, si se permitiera, actuar como la semilla de un renacimiento judío (véase la experiencia de la historia).

En el curso de la ejecución práctica de la solución final Europa sera peinada de Oeste a Este. Alemania, incluyendo el Protectorado de Bohemia y Moravia, será el primer lugar en ponerla en marcha debido al problema de alojamiento y a necesidades sociales y políticas.

Los judíos evacuados serán enviados en primer lugar, grupo a grupo, a los llamados Ghettos de Tránsito, desde los cuales serán transportados al Este.

El SS-Obergruppenführer Heydrich afirmó que un importante prerrequisito para la evacuación es la exacta definición de los individuos adscritos a ella.

No se evacuará a los judíos mayores de 65 años, se les enviará a ghettos de ancianos (Theresienstadt está considerado para este propósito).

Además de ese grupo de edad (de los aproximadamente 280.000 judíos en Alemania y Austria al 31 de Octubre de 1941, aproximadamente un 30% son mayores de 65 años) los judíos veteranos de guerra mutilados y los poseedores de condecoraciones (Cruz de Hierro de 1ª Clase) serán aceptados en los ghettos de ancianos. Con esta solución expeditiva, de un solo golpe, serán prevenidas muchas intervenciones.

El comienzo de las grandes evacuaciones individuales dependerá en gran medida de los progresos militares. Sobre la solución final en aquellos países europeos ocupados o bajo nuestra influencia, se propone que el experto apropiado del Ministerio de Exteriores discuta el asunto con el oficial responsable de la policía de Seguridad y la SD.

En Eslovaquia y Croacia el asunto parece no ser tan complicado ya que los problemas más sustanciales al respecto están cercanos a ser resueltos. En Rumanía el gobierno ha nombrado a un Comisionado para Asuntos Judíos. En Hungría será pronto necesario forzar el nombramientos de un Consejero de Cuestiones Judías en el Gobierno Húngaro.

Respecto de los preparativos para tratar el problema en Italia, el SS-Obergruppenführer Heydrich considera oportuno contactar con el Jefe de Policía italiano con vistas a dichos problemas.

En la Francia ocupada y no ocupada, el registro de judíos para su evacuación se realizará sin gran dificultad.

El Subsecretario de Estado Luther llama la atención sobre este problema en el hecho de que en algunos países, como los Estados Escandinavos, surgirán dificultades si el problema es resuelto de forma estricta, y por tanto sería conveniente retrasar las acciones en esos países. No obstante, a la vista del pequeño número de judíos afectados, este retraso no causará limitaciones sustanciales.

El Ministerio de Exteriores no ve grandes dificultades en el Sureste y Occidente de Europa.

El SS-Gruppenführer Hofmann planea enviar un experto de la Oficina Central de Raza y Asentamientos a Hungría para orientación general con tiempo suficiente para cuando el Jefe de la Policía de Seguridad y la SD ponga en marcha el plan allí. Se aprueba el envío de dicho experto de la Oficina Central de Raza y Asentamientos, el cual no trabajará de forma activa como un asistente a la policía.

4. En el curso de los planes para la solución final, las Leyes de Nuremberg proporcionarán fundamentos ciertos, los cuales serán un pre requisito para la absoluta solución del problema en los matrimonios mixtos y personas de sangre mixta.

El Jefe de la Policía de Seguridad y la SD discute los puntos siguientes, en principio teóricos, de acuerdo a una carta del Jefe de la Cancillería del Reich:

1. Tratamiento de las personas de sangre mixta de primer grado.

Las personas de sangre mixta de primer grado serán, de acuerdo a la solución final del problema judío, tratados como judíos.

De este tratamiento se realizarán las siguientes excepciones:

  1. Personas de sangre mixta de primer grado casadas con personas de sangre alemana cuyo matrimonio ha generado hijos (personas de sangre mixta de segundo grado). Estas personas de sangre mixta de segundo grado serán tratadas esencialmente como alemanes.
  2. Personas de sangre mixta de primer grado para quienes las más altas instancias del Partido y del Estado han facultado permisos de exención en cualquier esfera de la vida. Cada caso individual será examinado, y no se prejuzga que la decisión vaya en detrimento de la persona de sangre mixta.

El prerrequisito para cualquier exención debe ser a mérito de la persona de sangre mixta, no del ascendente o cónyuge de sangre alemana.

Las personas de sangre mixta de primer grado con exención de evacuación serán esterilizadas para impedir cualquier contagio y eliminar el problema de las personas de sangre mixta de una vez por todas. Dicha esterilización será voluntaria, pero será un requisito para permanecer en el Reich. La persona de sangre mixta una vez esterilizada quedará libre de todas las restricciones que anteriormente pesaran sobre ella.

2. Tratamiento de las personas de sangre mixta de segundo grado.

Las personas de sangre mixta de segundo grado serán tratadas fundamentalmente como personas de sangre alemana, con la excepción de los siguientes casos, en los cuales las personas de sangre mixta de segundo grado serán consideradas como judíos:

  1. Las personas de sangre mixta de segundo grado nacidas de un matrimonio en el que ambos coyunges son personas de sangre mixta.
  2. Las personas de sangre mixta de segundo grado de apariencia racial especialmente indeseable serán marcadas indudablemente como judíos.
  3. La persona de sangre mixta de segundo grado con particularmente malos hábitos y registros políticos demuestra que siente y piensa como un judío.

También en esos casos las exenciones no se realizarán si la persona de sangre mixta de segundo grado ha contraído matrimonio con una persona de sangre alemana.

3. Matrimonios entre judíos completos y personas de sangre alemana.

Aquí debe ser decidido caso por caso si la pareja judía debe ser evacuada o si, de acuerdo a los efectos de la evacuación, ambos deben ser enviados a un ghetto de ancianos.

4. Matrimonios entre personas de sangre mixta de primer grado y personas de sangre alemana.

  1. Sin hijos. Si no ha habido hijos en el matrimonio, la persona de sangre mixta de primer grado será evacuada o enviada a un ghetto de ancianos (el mismo tratamiento que en el caso de matrimonios entre judíos completos y personas de sangre alemana, punto 3).
  2. Con hijos. Si ha habido hijos en el matrimonio (personas de sangre mixta de segundo grado), serán, sino tratados como judíos, evacuados o enviados a un ghetto junto con el progenitor de sangre mixta en primer grado. Si esos hijos son considerados alemanes (el caso habitual), estarán exentos de la evacuación, así como el progenitor de sangre mixta de primer grado.

5. Matrimonios entre personas de sangre mixta de primer grado y personas de sangre mixta de primer grado o judíos.

En estos matrimonios (incluidos los hijos) todos los miembros de la familia serán tratados como judíos y, por tanto, evacuados a un ghetto de ancianos.

6. Matrimonios entre personas de sangre mixta de primer grado y personas de sangre mixta de segundo grado.

En estos matrimonios ambos cónyuges serán evacuados o enviados a un ghetto de ancianos sin consideración de si el matrimonio ha producido o no hijos, ya que los hijos (de haberlos) tendrían una sangre judía mayor que la persona judía de sangre mixta de segundo grado.

El SS-Gruppenführer Hofmann defiende la opinión de que la esterilización deberá ser ampliamente empleada ya que la persona de sangre mixta a la cual se dé a elegir entre la evacuación o la esterilización siempre elegirá esta última.

El Secretario de Estado Dr. Stuckart opina que la puesta en práctica de tan sólo las mencionadas posibilidades para resolver el problema de los matrimonios mixtos y personas de sangre mixta creará un trabajo administrativo interminable. En segundo lugar, como los hechos biológicos no pueden ser obviados en ningún caso, el Secretario de Estado Dr. Stuckart propone el procedimiento de la esterilización forzosa.

Yendo más lejos, para simplificar el problema de las implicaciones legales de los matrimonios mixtos el legislador deberá considerar algo como: “Dichos matrimonios han sido disueltos”.

Respecto del asunto de los efectos de la evacuación de los judíos en el campo de la economía, el Secretario de Estado Neumann establece que los judíos que trabajan en industrias vitales para el esfuerzo de guerra, y ya que no podrán ser reemplazados, no sean evacuados.

El SS-Obergruppenführer Heydrich indica que esos judíos no serán evacuados de acuerdo a las normas que el ha aprobado para llevar a acabo la evacuación.

El Secretario de Estado Dr. Bühler afirma que el Gobierno General estará complacido si la solución final al problema da inicio en dicho Gobierno General, ya que el transporte no tendrá una gran importancia allí, ni los problemas de mano de obra supondrán un escollo. Los judíos deben ser apartados del territorio del Gobierno General tan rápido como sea posible, ya que es especialmente allí donde los judíos como portadores de una epidemia representan un peligro extremo, y por otra parte causan un permanente caos en la estructura económica del país con sus continuas prácticas de mercado negro. Como añadidura, de los aproximadamente 2 1/2 de judíos constatados, la mayoría no es útil para el trabajo.

El Secretario de Estado Dr. Bühler afirma que la solución al problema judío en el Gobierno General es responsabilidad del Jefe de la Policía de Seguridad y la SD, y que sus esfuerzos serán apoyados por los oficiales del Gobierno General. Tiene tan sólo una petición, resolver el problema judío en este área tan rápido como sea posible.

En conclusión, los diferentes tipos de posibles soluciones fueron discutidas, durante dichas discusiones ambos, el Gauleiter Dr. Meyer y el Secretario de Estado Dr. Bühler, apoyaron el que ciertas actividades preparatorias para la solución final fueran llevadas a cabo de inmediato en los territorios en cuestión, debiendo evitarse en dichos procesos la alarma de la población.

La reunión finalizó con la petición del Jefe de la Policía de Seguridad y la SD a los participantes de que realizarán los esfuerzos y apoyos necesarios en todas las tareas envueltas en la solución.

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