General Saliquet: El hombre más fuerte del franquismo en Almería – Víctor Hernández Bru

Casado en ‘segundas’ con una almeriense de Fiñana, pasó temporadas en la provincia y participó en la elección de Franco como caudillo

El General Saliquet, paseando por Almería, en el centro de la imagen. 
VÍCTOR HERNÁNDEZ BRU
Almería. Domingo, 7 mayo 2017, 02:22

Muchos ya no recuerdan hoy que la calle Granada llevó su nombre y que fue, durante décadas, ‘hijo adoptivo’ de la ciudad. Andrés Saliquet Zumeta era un catalán nacido en Barcelona en 1877, que dirigió el Ejército del Centro durante la Guerra Civil, con más de medio millón de militares a sus órdenes, miembro del núcleo duro de la sublevación militar del 18 de julio de 1936 y que formó parte del ‘directorio’ que terminó dando a Franco el poder absoluto.
De todos los ‘hombres fuertes’ del franquismo fue, sin duda, el que tuvo una relación más directa con Almería. De hecho, por momentos fue un almeriense más, después de ser nombrado primer coronel del 71º Regimiento de la Corona, en el Cuartel de la Misericordia.

Corría el año 1919, con España aún sumida en una monarquía encabezada por Alfonso XIII en clara crisis y retroceso, con más de 45 años de régimen al que se le notaba el desgaste, con unas elecciones ganadas pro el Partido Conservador que se dividía entre mauristas (Maura) y ciervistas (De la Cierva).

Conociendo Almería 

Saliquet, en el horizonte de los 40 y viudo desde quince años antes, tras el fallecimiento de Carmen Navarro Alonso, comenzó a conocer y a disfrutar de una provincia que terminó ‘enganchando’ a su alma dura y fría de militar, en buena parte gracias a los encantos de una mujer mucho menor que él, Irene Laynez Ferrer, oriunda de Fiñana y perteneciente a una tradicional y adinerada familia de tal municipio.

Ya contaba, por entonces, con notables méritos militares contraídos en Cuba, Marruecos y Puerto Rico, pero sería a partir de la llegada al poder del dictador Miguel Primo de Rivera cuando alcanzaría la más alta elite del generalato patrio.

Como otros militares monárquicos, cayó en desgracia durante la Segunda República, aceptando incluso un puesto en la ‘reserva activa’ que le ofreció el presidente Azaña.

Intensificó su relación de nuevo con Almería, merced a su inactividad y al descubrimiento de los atractivos de la Sierra Nevada almeriense, sus buenos productos, su magnífico clima, sus paisajes encantadores y la comodidad de la vida rural en Fiñana, que le enamoró desde un principio.

Pilar en la sublevación

Todo ello contribuyó, sin duda, a que repusiera fuerzas y fuera uno de los pilares en la conspiración anti-republicana en su vertiente militar, conformando el núcleo duro de la sublevación junto a otros nombres que han quedado para la historia, como los también generales Emilio Mola, José Sanjurjo, Francisco Franco, Queipo de Llano, Joaquín Fanjul, José Varela, José Millán-Astray o Alfredo Kindelán, entre otros.

Además, durante los días claves de la sublevación, fue elemento clave de comunicación de los planes golpistas y su traslación a Almería, a través de los contactos que atesoraba entre las familias conservadoras que estaban involucradas.

Durante la Guerra Civil, el papel de Saliquet también fue importante, comandando el citado Ejército del Centro y obteniendo el privilegio de encabezar las tropas que ‘liberaron’ Madrid, en el último paso decisivo antes de llegar hasta el final de la contienda.

Muerto Sanjurjo en un accidente de aviación, Saliquet también estuvo presente en aquella Junta de Defensa Nacional que, presidida en principio por el general de más edad, Miguel Cabanellas, terminó nombrando a Franco como el jefe del Estado, con aquella nomenclatura inicial de ‘primmus inter pares’ que pasaría a la historia y deshaciendo la conocida pugna que mantenía por alcanzar el ansiado liderazgo ‘nacional’ con el general Emilio Mola.

Almería y el poder 

Posteriormente, durante el franquismo, Saliquet continuaría muy ligado a Almería y Fiñana, hasta el punto de ser, ‘de facto’, el hombre fuerte del franquismo en la provincia, lo cual demostraba a la perfección el enorme poder que mantenía. Saliquet se convirtió en una especie de cacique militar que recibía trato de ‘caudillo provincial’, influyendo en la llegada de infraestructuras como el propio teléfono, protagonizando nombramientos del más alto nivel e, incluso, trasladando al propio jefe del Estado sus prioridades en la toma de decisiones relacionadas con Almería.

Años después de la Guerra, allá por 1943, Andrés Saliquet demostró su condición de general monárquico y, junto a otros, refrendó la petición al ‘caudillo’ de dejar paso a la monarquía, finalidad principal por la cual él y sus compañeros monárquicos de generalato se habían involucrado en el conocido como ‘alzamiento militar’.

No entraba en los planes de Franco tal ‘paso a un lado’ y la toma de posición de Saliquet, indudablemente, no le favoreció en su posterior carrera militar, aunque siguió siendo elemento de gran influencia, llegando a ser procurador en cortes y consejero de Estado, hasta ocupar la presidencia del Consejo Supremo de Justicia Militar y obteniendo el marquesado de Saliquet, que le concedió el propio Franco.
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