La II República amplia el voto femenino otorgado por Primo de Rivera, con el rechazo de las izquierdas – “El Socialista” órgano del PSOE.

«Es necesario que las mujeres que sentimos el fervor democrático, liberal y republicano pidamos que se aplace el voto de la mujer»,  aseguró Kent en el Congreso el 1 de octubre de 1931 (Socialista).

Este triunfo tuvo en Clara Campoamor una protagonista incontestable, atacada de modo furibundo por Victoria Kent y Margarita Nelken, porque – según ellas y muchos diputados del PSOE – temían que “los curas y los frailes influyan decisivamente en la mujer y que por ello peligre la República”. Muchos socialistas se opusieron al voto femenino en 1933: «La mujer es histerismo»

Entre las que manifestaron reticencias iniciales estaba  Margarita Nelken , la famosa política madrileña nacida en 1894, que no era más que una joven treintañera cuando ganó su escaño en las Cortes de la Segunda República . ¿Por qué partido? Por el Partido Socialista.

Entre quienes se opusieron al boto femenino se encontraban, entre otros, gran parte de los diputados del Partido Radical Socialista, todos los parlamentarios de la Agrupación al Servicio de la República, muchos miembros de la izquierda republicana más radical y la diputada del PSOE Margarita Nelken, quien dirigió grupos de asesinos milicianos y a cuyo servicio estuvo en la guerra civil el abuelo de Pablo Iglesias.

En 1937 Campoamor tuvo que huir de España ante las amenazas de muerte que recibió del Frente Popular.

Según relata el órgano oficial del PSOE “El Socialista” “nosotros no vemos ningún peligro para la República y sin embargo se abre un campo nuevo a la ciudadanía” porque “La mujer, cuando actúe ciudadanamente, si nosotros sabemos prepararla, no votará influida por el cura o los frailes sino por las necesidades económicas de la familia”.

A partir de este momento, las perlas que se escucharon en el Congreso por parte de algunos diputados de izquierda y otros de las diferentes tendencias socialistas resultarían impensables hoy en día.

Desde que «la mujer es histerismo y se deja llevar por la emoción y no por la reflexión crítica» (Roberto Novoa, de la Federación Republicana Gallega), hasta que «el histerismo impide votar a la mujer hasta la menopausia» (Hilario Ayuso, del Partido Republicano Federal). O la propuesta del diputado Eduardo Barriobero, del Partido Republicano Democrático Federal, que pedía excluir de dicho derecho a las 33.000 monjas que existían en España.

dos de las tres diputadas que había en el Congreso en 1931, ambas de tendencia socialista, se mostraron en contra de conceder el sufragio a la mujer. Por un lado la mencionada Nelken, que había ingresado en el PSOE poco antes, y por otro  Victoria Kent , diputada del Partido Radical Socialista.

Portada de El Socialista del 1 de octubre de 1931

Extractos de “El Socialista“:

El editorial publicado el jueves 1 de octubre – en 1ª pagina – se hace eco del debate entre los lideres de izquierda que combatían las tesis de Clara Campoamor (sufragio universal), centrado en que términos se debía conceder el voto femenino- otorgado años antes por Primo de Rivera – en la República “no en la constitución sino en la ley electoral  para condicionarlo y hacerlo desaparecer si les era adverso” porque temen que “los curas y los frailes influyan decisivamente en la mujer y que por ello peligre la República”.

En el texto leemos cómo se afirma que “nosotros no vemos ningún peligro para la República y sin embargo se abre un campo nuevo a la ciudadanía” porque “La mujer, cuando actúe ciudadanamente, si nosotros sabemos prepararla, no votará influida por el cura o los frailes sino por las necesidades económicas de la familia”.

En la misma página, un artículo firmado por Cruz Gil titulado El voto de mi mujer” el autor confiesa a Clara Campoamor “que mi mujer no se ha emocionado mucho cuando le he descrito, con todo el patetismo posible, la calurosa defensa que de ella, de todas, hizo usted anoche en el Congreso” porque vive el día a día centrada en sus tareas, y con pesadumbre declara “que no acerté a traducir su discurso”.

En la página 3 de “El Socialista” se menciona la ponencia de Guerra del Río (partido radical de Lerroux) que defiende la enmienda “proponiendo que las mujer no tengan el derecho al voto en la constitución sino en la ley Electoral para cercenarlo si la mujer vota con el cura (gran escándalo)” porque “el voto de la mujer podría ser un peligro (rumores)”.

En la edición del viernes 2 de octubre, el diario continúa siendo espejo de la polémica que se vive en el Congreso. En primera página en la columna encabezada con el título “El voto de la mujer” se cuestiona los apoyos al sufragio femenino de “la minoría vasco-navarra, esto es, los cavernícolas, según la frecuente denominación de los periódicos, han ayudado al triunfo de una aspiración socialista”.

En tanto que “nuestra minoría vota por la concesión del voto femenino” sin realizar el cálculo si le beneficiaba o no, “la minoría vasco-navarra establecía su cálculo, y a la vista de la ganancia inmediata” conscientes de que la mayoría de las mujeres recibirán la inspiración del confesionario y por ello el columnista afirma que “el voto favorable de la minoría socialista para el nuevo derecho femenino representa una nueva consigna de trabajo. Y una consigna urgente”.

La crónica del plenario que aprobó definitivamente la redacción del artículo 36 de la Constitución republicana la encontramos de nuevo en la página 3 en El Socialista. En esta convocatoria de la Cámara, que dirigía el socialista Besteiro, “a pesar de la oposición de radicales y radicales socialistas, acordó conceder el voto a la mujer”.

Del relato del histórico plenario cabría resaltar, por significativo, el encuentro entre Clara Campoamor y Victoria Kent quien entendía “que para que las mujeres comprendan la república es preciso que convivan en ella varios años”. Porque sólo cuando transcurra un tiempo “la mujer española se dará cuenta de que sólo en la República hay justicia, será su más ferviente defensora”. Y afirmaba que “ahora las mujeres españolas no están preparadas. Si lo estuvieran sería la primera en pedir para ellos el voto”.

En la respuesta de Clara Campoamor leemos que para ella “es un problema de ética conceder a la mujer todos los derechos”. Y que “votando en contra de nuestro derecho” dijo “cometeréis un delito político”. Para Campoamor el deber de los políticos es demostrar a las mujeres “que la república reconoce sus derechos. No cometáis un error que tendríais que llorar dejando al margen de la república a esa nueva fuerza”.

Fuente 

Las socialistas que se opusieron al voto femenino en 1933: «La mujer es histerismo»

hemeroteca de la Fundación Pablo Iglesias.

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