Antes, los ataques de falsas banderas se hacían con terrorismo, Iglesias con cartas. La finalidad es la misma.

Antes, las falsas banderas se hacían con supuestos ataques terroristas. Ahora con cartas. La finalidad es la misma.

“El 15 de octubre de 1959, el socialista Francois Mitterrand, después de cenar con un amigo en la brasserie del boulevard Saint Germain de Lipp, cogió su Peugeot 403 y emprendió el regreso a su domicilio.

Detectó, según declaró después ante la Gendarmeríe, que un Renault Dauphine le estaba siguiendo durante todo el trayecto. Cinematográficamente, cambió de dirección, dejó el coche y saltó la valla del Jardín del Observatorio para buscar refugio entre matorrales y árboles.

Alguien ametralló entonces su coche -debidamente abandonado- y salió a la fuga. La policía acudió de inmediato. Con la policía, la prensa. El Peugeot del político socialista recibió siete impactos de bala. Gran escándalo nacional. Declaraciones, flashes, condolencias, condenas. Se abrió incluso una causa por intento de atentado terrorista y de asesinato.

A la mañana siguiente, el asunto copó el debate político y mediático. Todos los periódicos lo llevaron a portada. Todas las radios estaban escandalizadas. El país se alzó en armas contra los asesinos del gran socialista. L’ Humanité, órgano del poderoso Partido Comunista, exigió la disolución de las «bandas fascistas» y toda la izquierda denunció un golpe de estado alentado por De Gaulle… sin pruebas

Mitterrand salió entonces al ruedo y declaró, enfático: «Es lógico pensar que el clima de pasión política creado por los grupos extremistas explica este atentado».

El cadáver político de Mitterand resucitó de la nada. Francia entera se lanzó contra De Gaulle y sus partidarios quedaron paralizados, catatónicos. La izquierda volvió a enseñorear la opinión pública. El Partido Comunista movió sus asociaciones y recuperó la calle. Manifestaciones. Francia indignada.

22 de octubre. Un periódico publicó la confesión de un tal Robert Pesquet, que se declaró autor de los disparos. Y confesó que el propio Mitterrand le encargó el falso atentado, el ametrallamiento fake.

Mitterand quedó al descubierto. Luego, DeGaulle le indultó antes de ser condenado, al parecer por los dosieres que el solcialista se llevó de su etapa de Ministro de Interior. El ametrallador, condenado a 20 años por una causa distinta, huyó de Francia. Nunca fue detenido. Era bueno tener a los testigos alejados.

Luego, como la memoria es flaca y endeble y la manipulación política y mediática lo puede casi todo, Mitterand llegó a ser 30 años después presidente de la República y gobernó 14 años.

Sí. Mitterand ideó un atentado contra sí mismo con una doble intención: resucitar políticamente ante la llegada del gaullismo y desprestigiar a la derecha francesa”.

Artículo de Julio Ariza.

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