La “Matanza de Badajoz” en agosto de 1936. La gran estafa del periodista John T. Whitaker en el New York Herald Tribune

Efeméride del 14 de agosto.
John T. Whitaker construyendo una mentira sobre las matanzas de Badajoz.


Fue en París, donde el periodista Jay Allen proporcionó a su amigo Whitaker el número de 4.000 prisioneros asesinados en Badajoz, cifra publicada en su artículo: Slaughter of 4,000 at Badajoz, City of Horrors, in: Chicago Tribune, 30-agosto-1936, p. 2. De ahí también procede el error de algunos historiadores e investigadores que sitúan nada menos que Allen en Badajoz delante de Yagüe cogiendo notas sobre las matanzas.
Durante su breve estancia en la España nacional, Whitaker acompañó a un reportero norteamericano llamado Hubert R. Knickerbocker.Éste, a diferencia de Whitaker, sí consiguió entrevistar al teniente coronel Yagüe, pero en Talavera de la Reina. Se publicaron sus declaraciones en el rotativo de Pennsylvania The Tyrone Daily Herald el 10 de octubre de 1936. En su reportaje no hay ninguna referencia a Badajoz. Unos días antes, el 30 de septiembre, dicho periódico publicó una entrevista realizada en Oropesa a Straet Ludwid, un legionario de origen alemán, que fanfarroneó de la siguiente forma:

Esta presunta entrevista fue reproducida por Whitaker en dos publicaciones. La primera en 1942, en una revista jurídica con el titulo Prelude to World War. A witness from Spain, Foreing Affairs; an American Quaterly Review, p. 106. La segunda, en 1943, en un libro: We cannot escape History, New York: Macmillan, 1943. p. 113. Es curioso, por no decir increíble, que en los numerosos libros que se publicaron entre 1936 y 1942 sobre la Guerra Civil española no se cite ni una sola vez esta famosa entrevista.
En algunas publicaciones, presuntamente históricas, se llega a afirmar, aunque parezca inverosímil, que esta entrevista se publicó nada más y nada menos! que el día 14 de Agosto de 1936 en el New York Herald Tribune (Montse ARMENGOL; Ricard BELVIS, Las fosas del silencio, Barcelona: Plaza Janés, 2004, p. 74 nota 3) e incluso que Yagüe fue entrevistado en Badajoz por el mismísimo Whitaker. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos.


Centrándonos en su trabajo en España, Whitaker llegó aquí en la primera semana de septiembre de 1936 con otros periodistas norteamericanos. Entró por la frontera de Hendaya y se desplazó inmediatamente a Burgos. Al principio no levantó ningún tipo de sospecha pues había cubierto para su periódico la Guerra Italo-Etiope e incluso Mussolini, en Mayo de 1936, le había condecorado con la Cruz de Guerra por el valor demostrado en la campaña. Esto no fue óbice para que en el primer desplazamiento fuera de la capital burgalesa sufriera el primer contratiempo con las autoridades rebeldes. Con John T. Whitaker viajaban otros tres periodistas norteamericanos (H.R. Knickerbocker y Floyd Gibbons, de Hearst Press, y O’Dowd Gallagher, corresponsal del diario Daily Express de Londres) y un periodista francés (The New York Herald Tribune, 17-septiembre-1936, p. 1) y todos ellos fueron temporalmente retenidos por la autoridades rebeldes en Cáceres. Los periódicos norteamericanos difundieron la falsa noticia de que fueron detenidos por viajar por España sin pases militares adecuados y estar interesados en verificar el envío de aviones alemanes que despegaban del aeródromo de Cáceres. Claude G. Bowers embajador de EEUU en Madrid elevó una protesta al representante del bando nacional en San Juan de Luz quien respondió que Whitaker no estaban arrestado y que tan solo le habían retirado temporalmente el pasaporte. El mismo Whitaker desmintió su arresto con un cablegrama enviado a la redacción de su periódico, y expresó, en un despacho de noticias, que no había tenido ningún tipo de problemas con las autoridades (The Montreal Gazzette, 18-septiembre-1936, p. 11). Como vemos esta noticia fue un fake del amarillismo norteamericano. Es más el general Franco dio todo tipo de facilidades a Whitaker para moverse por el territorio controlado por los rebeldes.
Por lo tanto si Whitaker llegó en la fecha indicada es imposible que pudiera estar en Badajoz ni el 14 de agosto de 1936 ni en días posteriores. Trabajaba para el periódico conservador New York Herald Tribune y podemos afirmar con total rotundidad que durante el mes de septiembre de 1936 en sus tres artículos firmados en Cáceres, Torrijos y Talavera de la Reina (publicados, respectivamente, el 17, 19 y 25 de septiembre en la edición parisina del New York Herald Tribun) no hay una sola referencia a la matanza de Badajoz ni por supuesto al entonces teniente coronel Juan Yagüe Blanco pero es que tampoco hay referencia alguna a este hecho en sus artículos posteriores hasta su salida de España. Un repaso a la hemeroteca del New York Herald Tribune ha dado como resultado que tal declaración no consta por ningún lado. El historiador Luis Arias González, que escribió una biografía del Capitán Gonzalo de Aguilera, expone una serie de notas que me parece muy interesante reproducir, por lo inéditas, y que dibujan al personaje:
Whitaker viaja a Paris donde coincide con el activista frente populista Jay Allen. Es allí donde quizás pergueñe con su gran amigo lo que sería después la supuesta entrevista a Yagüe. Por lo tanto, también es falsa la información de algunos investigadores e historiadores que sitúan a Whitaker en 1937 en la España nacional (por ejemplo, así opina Luís Arias González) quizás con la idea de hacer coincidir algunos hechos que Whitaker sitúa como vividos en 1937.
A Whitaker, uno de sus mayores contrarios, no le dolieron prendas cuando dejó dicho de él (John Whitaker, We cannot…, ob.cit, p 109.) que Aguilera era uno de los hombres más valientes que yo haya visto jamás. Era feliz bajo el fuego y cuando quise acudir al frente, se puso de acuerdo conmigo para hacer él y yo viajes a solas (Luis ARIAS GONZÁLEZ, Gonzalo de Aguilera Munro XI Conde de Alba de Yeltes (1886-1965) Vidas y Radicalismos de un Hidalgo Heterodoxo, Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2013, p. 160)
A Whitaker, a pesar de todo, le admiraría sinceramente y conservó siempre entre sus recuerdos una carta que éste le había enviado (Ibid. p. 170)

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