El asesinato de Calvo Sotelo: así fue el primer “paseo” de la 2ª República – José Luis Guerrero

Vamos a dedicar el último capítulo de la serie sobre la normalidad democrática en el 36 a contar la historia de la investigación judicial que siguió al asesinato de Calvo Sotelo.

Usaremos la investigación judicial como hilo conductor para describir el asesinato que  —como se verá—, sigue la pauta de lo que después sería conocido en ambos bandos como “dar el paseo.”

Y siguiendo los pasos del juez, veremos el reguero de pistas que dejaron sus autores.

Lo que pretendo demostrar es que en un Estado de Derecho, con organismos policiales y judiciales funcionado normalmente, la muerte de Calvo Sotelo se hubiera esclarecido en menos de 48 horas,
pero ya he contado que no fue así.

Este capítulo va precedido de otros dos:
uno dedicado al asesinato del Teniente Del Castillo, cuya muerte fue el desencadenante del atentado,
y otro dedicado a explicar la conmoción que ambos sucesos produjeron en toda España.

En su conjunto, los tres artículos pretenden dar una visión de cómo vivieron las dos Españas el estallido de la guerra civil.

El ABC del 14 de Julio se anuncia “visado por la censura.” El periódico informa que “unos individuos” llevaron el cadáver al cementerio, omitiéndose el hecho de que los secuestradores eran policías


Como venimos haciendo, hemos contrastado la información que dieron los periódicos de la época:
— el Ahora (un periódico republicano moderado,)
— el ABC (un periódico monárquico), y
— El Socialista (órgano oficial de expresión del PSOE.)

Como la prensa refleja unos hechos “visados por la censura,”
he completado la información con el testimonio de José María Carretero en su libro “Declaración de Guerra”.

Si no conoces a éste periodista, te sugiero que leas primero éste artículo dedicado a “El Caballero Audaz.”

En el ABC del 14 de Julio, página 4, se informa que “Caballero Audaz” estaba el cementerio, junto al cadáver de Calvo Sotelo, antes de que el lugar fuera acordonado por la policía.

El Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Madrid. 

Un asesinato y un secuestro en un intervalo de cuatro horas,
la noche del Domingo 12 de Julio de 1936 ha sido muy movida.

El Lunes va a ser un día muy largo para el juez de guardia del Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Madrid.

A primera hora de la mañana, el Juez D. Ursicino Pérez Carbajo ha recibido una nota de la Dirección General de Seguridad: el Diputado Calvo Sotelo ha sido sacado de su domicilio por unos desconocidos y los agentes de la Primera Brigada Criminal están investigando los hechos. 

En los primeros interrogatorios, los escoltas del diputado [servicio de custodias políticas] manifiestan que posiblemente se trate de un secuestro. Ambos son puestos a disposición judicial.

El teléfono del Juzgado no para de sonar.
Familiares, políticos y periodistas preguntan por el paradero del Sr. Calvo Sotelo.

El Lunes se presenta complicado para el Juez Pérez Carbajo.

Una camioneta manchada de sangre.

Según las primeras declaraciones, el secuestro ha sido perpetrado por elementos de las fuerzas de seguridad utilizando una camioneta policial.
“Poco antes de mediodía comenzó a circular la noticia de que, según referencias particulares,
la camioneta que se llevó al señor Calvo Sotelo presentaba algunas manchas de sangre,
y eso, naturalmente, trajo la triste comprobación de que dentro mismo del vehículo se había atentado contra la vida del ilustre político.”
(Ahora, 14/07, pag 4)

El periódico habla de “referencias particulares”; es muy probable que el chivatazo saliera de la propia comisaría de Pontejos.
No todos los policías estaban implicados…

Cuenta José María Carretero con dramatismo:
“a los que buscaban al Jefe“ les llega “el primer indicio certero
(…)
en la Plaza de Pontejos estaban baldeando a toda prisa la camioneta en que llevaron preso al glorioso patriota.”

“Varios amigos del mártir corrieron al lugar indicado” y pudieron ver cómo unos cuantos “servidores del cuartel, despechugados, remangados los brazos, se afanaban en limpiar el vehículo.”

Según Carretero, varios testigos “a la lívida luz del alba” vieron “caer de la camioneta chorreones de agua enrojecida.” 

La “sangre del mártir empapaba la fibra de la madera y se obstinaba en permanecer allí, como si estuviera dotada de una fatídica vitalidad acusadora.”
(Declaración de Guerra, pag 135 y siguientes)

Ya hemos contado en el artículo anterior que desde el amanecer, hermanos y compañeros de partido buscan a Calvo Sotelo por las comisarías y centros oficiales de todo Madrid.

“Poco después llegaron a la Dirección General de Seguridad los hermanos del señor Calvo Sotelo. En el acto fueron recibidos por el director y el subdirector, quienes les confirmaron que no se había dictado orden de detención contra el señor Calvo Sotelo.” (El Socialista, 14/07, pag 3)

La prensa no lo refleja, pero según el testimonio de Carretero, la entrevista de los hermanos Calvo Sotelo con el Director de Seguridad fue muy subida de tono, sólo les faltó llegar a las manos.

El testimonio de José María Carretero en “Declaración de Guerra” coincide con la información de la prensa:
la famosa camioneta antidisturbios Nº17 vino “de hacer un servicio” con la tarima [tenía el suelo de madera] manchada de sangre y la noticia corrió como la pólvora por Madrid.

El periódico Ahora confirma que a lo largo de la mañana del Lunes, habían sido detenidos y puestos a disposición judicial el “conductor de dicha camioneta, así como a la pareja de Seguridad que prestaba servicio en el domicilio del señor Calvo Sotelo.” (Ahora, 14/07, pag 4)

“El vehículo quedó en el Parque, requisado por el juez para investigaciones posteriores.” (El Socialista, 14/07, pag 3)

Las manchas de sangre encontradas en la camioneta pertenecían al mismo grupo serológico, el ABMN que coincidía con el de la víctima.
Con estas premisas, el Juez “don Ursicino Pérez Carbajo, asistido del secretario don Pedro Pérez Alonso y del oficial habilitado don Emilio Macarrón,” se puso manos a la obra y abrió diligencias.

El juez empieza la instrucción judicial tomando declaración a los primeros detenidos:
los guardaespaldas de Calvo Sotelo y el conductor de la camioneta.

Pero antes de seguir, vamos a conocer el perfil profesional del Juez que quiso el azar que estuviera de guardia el día del magnicidio.

Breve semblanza del Juez Ursicino Pérez Carbajo. 

Es importante hacerse una idea de quién era éste desconocido Juez, como vas a ver más adelante.

Se trata del mismo juez que cuatro meses antes, había metido en la cárcel a D. José Antonio Primo de Rivera y decretado la ilegalización de Falange, tras el atentado al Vicepresidente del Congreso: D. Luis Jiménez de Asúa.

Jiménez de Asúa (diputado por el PSOE salió ileso), pero resultó muerto su escolta.

Todo por culpa de una reyerta entre estudiantes del S.E.U y de la F.U.E, en la que un falangista había resultado herido de bala.

Jiménez de Asúa [catedrático de derecho penal] defendió a sus correligionarios alegando la eximente de legítima defensa, y consiguió sacarlos del lío con una pena de dos meses de cárcel por “tenencia ilícita de armas”.

Todo un éxito profesional, pero desde entonces, los falangistas se la tenían jurada.

No fue casualidad que los autores del atentado (que fue una chapuza) fueran estudiantes de Derecho.

El atentado fue el Jueves 12 de Marzo, el Viernes enterraron al escolta.

El entierro se convirtió en una manifestación política que acabó en graves disturbios:
asalto al periódico derechista “La Nación,” dos iglesias incendiadas y un bombero muerto.

El Sábado 14 ingresaba la junta directiva de Falange en los calabozos de la DGS, partido al que pertenecían los terroristas. (Ahora, 15/03 pag 36)

Todo en tres días. José Antonio no volvió a salir de la cárcel (vivo).

Hoy día, historiadores como Guillermo Fiscer acusan al Juez Gómez Carvajo de parcialidad al servicio del Gobierno.


El Ahora del 18/03, pag 11, publica el decreto judicial de “suspensión de Falange” firmado por “Ursiniano Gómez Carvajo” (El nombre del juez aparece transcrito con diversas variaciones en la prensa de la época.)
*   *   *
Me entretengo en estos antecedentes, porque no veo motivos para acusar al Juez Ursicinio de “franquista”, tal y como insinúa Ian Gibson en su obra “La noche que mataron a Calvo Sotelo.”

Gibson tacha al juez de franquista y Guillermo Fiscer de todo lo contrario. Desde mi punto de vista, estos personajes que no gustan a nadie son los más interesantes.

Por no gustar, tampoco gustó al gobierno republicano, que también acabó teniendo problemas con el Juez Carbajo: lo retiró del caso al día siguiente del asesinato.

Después de abrir diligencias, y tras las primeras 24 horas de investigación, fue sustituido por un juez “especial” del Tribunal Supremo.

Casualmente su sustituto es Eduardo Iglesias del Portal, el mismo juez que cuatro meses después presidiría el “Tribunal Popular” que condenó a muerte en Alicante al líder falangista.

Casualidades de la vida.

Vale.

El poder ejecutivo metiendo las narices en el funcionamiento ordinario del poder judicial.
¿Les suena de algo.?

A Gibson no le cae bien el Juez Gómez Carbajo porque, acabada la guerra, fue citado a declarar en la “Causa General” y no dejó títere con cabeza.
Acusó al Director General de Seguridad de haber tenido una actitud de “quietismo punible” en el esclarecimiento del asesinato de Calvo Sotelo.
Y si continúas leyendo comprobarás que la acusación no era infundada, por mucho que le pese al bueno de Gibson.

Primeras diligencias del Juez. 

Declaraciones de los escoltas de Calvo Sotelo.

Ya hemos comentado que los primeros interrogatorios se dirigen a los policías que prestaban servicio de escolta en el portal de Calvo Sotelo.

Declaran que los secuestradores son guardias de Asalto que (junto con varios civiles armados) habían entrado en el domicilio, y que el que hacía de cabecilla se había identificado, mostrando documentación de oficial de la guardia civil y asegurando que cumplía una diligencia de la D.G.S.

También cuentan que el Diputado se había asomado desde su balcón, para verificar que se trataba de agentes de la autoridad, a lo que ellos habían contestado afirmativamente.

Pero hay más: resulta que también reconocieron al conductor de la camioneta.

“Con estos antecedentes se tuvo ya noticia exacta del vehículo empleado en el hecho.” (El Socialista, 14/07, pag 3)

No se qué pensará el lector, pero en mi opinión, los primeros interrogatorios, aportan ya un reguero de pistas suficiente para identificar y detener a los autores en menos de 48 horas.

No fue así.

Declaraciones del chófer de la camioneta.

Evidentemente, el siguiente en ser citado fue el conductor de la camioneta.

“Orencio Bayo Cambronero” dio una versión muy diferente, desde el primer momento intentó desmarcarse de la participación en el delito.

Declaró que aquella noche no había hecho ningún servicio, y que su camioneta había aparecido en lugar distinto de donde la había aparcado el día anterior.

Lógicamente, ante las contradictorias declaraciones de unos y otros, el juez Ursicinio dispone la detención incomunicada del chófer y los dos escoltas.

Según la prensa, el chófer permaneció encarcelado los días siguientes sin cambiar su declaración inicial.
El problema del chófer era que los escoltas y el portero de la finca lo habían identificado en el lugar de los hechos.
Años después, en la Causa General, Orencio contó a los jueces franquistas que había actuado bajo coacción de sus superiores.

Declaraciones del personal de servicio y familiares de Calvo Sotelo.

El paso siguiente fue citar a personal del entorno del Diputado: al portero de Velázquez 89, al botones y a la institutriz, todos ellos testigos de los hechos.

Deja el interrogatorio a la viuda para más tarde, cuando haga la inspección ocular de la casa, aprovechará para tomar declaración a la familia, y poder contrastarla con las de los empleados.

“Desde el cuartel de Pontejos, el juez de guardia marchó con sus auxiliares al domicilio de la víctima,
donde realizó una detenidísima inspección ocular a cerca de la cual guarda impenetrable reserva la justicia.” (Ahora 14/07, pag 4)

“Seguidamente, el señor Pérez Carbajo procedió a interrogar a la esposa del político asesinado.
Según nuestras referencias, lo manifestado por la citada dama coincide en todo con la declaración de la institutriz de sus hijos.” (Ahora 14/07, pag 5)

Declaraciones del portero de la finca.

Las declaraciones de los testigos aparecen muy censuradas en la prensa.

Por eso prefiero transcribir literalmente lo que, según José María Carretero, le contó el portero cuando visitó la casa del Diputado:

— Señor, ¡qué disgusto! ¡qué disgusto! – clamó al verme.
— Pero, ¿qué ha pasado?… Cuénteme. 
— Que vinieron por don José esta madrugada fuerzas de Asalto y que todavía no sabemos dónde está. 
— Pero veamos, dígame: ¿como fue?
— Pues nada; que vino una camioneta de guardias de Asalto y se lo han llevado.
— ¿Lo vio usted antes de salir? 
— ¡Si le acompañé hasta el carro!
— Entonces ¿estaba usted levantado cuando vinieron por él?
— No señor. Era más de la media noche. Dormíamos todos con la portería cerrada. No se preocuparon de avisarnos.
— Pues ¿cómo se dio usted cuenta.?
— Porque mis hijos y yo despertamos al ruido que armaron en la escalera.
— ¿Les abriría el sereno.? No señor. Tenemos la costumbre de dejar el portal abierto para que en él pase la noche la pareja de guardias que de continuo vigilan a don José.
— ¿Y por qué los dejaron entrar.? Porque se dieron a conocer como agentes de la autoridad.
— Luego entonces, ¿eran auténticas fuerzas de Asalto.?
— Si, señor; mandadas por el capitán de la Guardia Civil Condés y varios tenientes de Orden Público.

Yo salí de la portería cuando estaban llamando al sr. Bau, porque se habían equivocado de piso.

Y al hacer intención de subir la escalera, dos guardias de los que habían dejado de vigilancia aquí, en el portal, nos encañonaron con sus pistolas a mis hijos y a mi, y uno de ellos nos dijo: 
“vosotros no tenéis que moveros para nada de aquí.” 

— Y usted, ¿no conocía personalmente a ninguno de ellos?
— Si, señor. Pues por eso se lo han llevado. El que conducía la camioneta había sido compañero mío en la Comisaría de Pardiñas. Y al comandante Burillo, que se quedó en la puerta, también le conocía de vista.
— Y cuando salió don José, ¿qué actitud llevaba?
— Iba muy tranquilo. Al verme me dijo: “¡Hola! ¿También a ud. le han levantado.? A las ocho de la mañana, si no he vuelto, telefonee a mi padre lo que ocurre. Que me llevan a la Dirección de Seguridad para una diligencia.” 

Detrás de él marchaba la institutriz de los hijos, portando un maletín de aseo. 

(“Declaración de Guerra, pags 44-48)

“Declaración de guerra” solo está disponible en librerías de viejo.
Daba la casualidad que el portero había sido policía y conocía al conductor de la camioneta.
O sea que además de ser identificados por los escoltas, los autores también fueron identificados por el portero.

¿Ven por qué me resulta extraño que no acabaran todos en la cárcel ese mismo día?

Pero hay más: los testigos de la casa.

Declaraciones de los testigos de la casa del Diputado.

Una vez más, recurro a lo que según Carretero, le contó el personal al servicio del Diputado. Puede leerse en la página 51 y siguientes de “Declaración de Guerra”:

“Serían las dos; llamaron insistentemente al timbre. Con impaciencias, que subrayaban algunos golpes en la puerta. 

Vino la doncella a abrir, pero se limitó a preguntar quiénes eran. Le dijeron que la Dirección de Seguridad. “Abran a la autoridad; traemos la orden de hacer un registro.”

Carretero, que había acudido a la casa del Diputado nada más enterarse de lo ocurrido (en aquellas fechas preparaba una biografía sobre Calvo Sotelo), preguntó al botones:
— ¿Estaba levantado D. José?
—No señor; acababa de acostarse. Había estado trabajando hasta más de las doce; preparando un discurso que iba a pronunciar mañana en las Cortes. Desde su alcoba llamó a la doncella. Esta, sobresaltada, le explicó lo que ocurría.

Entonces el señorito salió de sus habitaciones en pijama. 

— Abra inmediatamente, don José; traemos la orden de la Dirección de Seguridad de proceder a un registro de su casa.

El diputado, detrás de la puerta, alegó que tenía inmunidad parlamentaria.

— Es inútil, señor Calvo Sotelo; nosotros nos limitamos a cumplir una orden, que hemos de llevar a cabo por encima de todo.
No trate de poner resistencia porque estamos decididos a entrar como sea. 

Cuentan los testigos que el diputado se asomó a uno de los balcones que daban a la calle.

— Oiga usted, ¿ese carruaje es de la Dirección de Seguridad? — le interrogó al sereno.
— Sí señor don José; los que han subido nos han enseñado sus carnets de la Dirección. Vienen mandados por un capitán de la Guardia Civil. El conductor es del cuartel de Pontejos, conocido del portero.

Una vez libre el paso, se lanzaron como un alud aquellos energúmenos uniformados, que invadieron primero el pasillo, después el hall.

— ¡Manos arriba.! 

La entrada violenta en el domicilio provocó nuevas protestas del Diputado, empeñado en hacer respetar su inmunidad parlamentaria.

— Bien, señores. Voy a llamar por teléfono al presidente de las Cortes para protestar de este atropello, de esta vejación de que hacen ustedes víctima a un diputado.

“Uno de los sicarios, anticipándose a su acción, llegó de un salto al teléfono, que estaba sobre una de las mesas de sus despacho, y de un salvaje tirón arrancó los hilos transmisores de la voz.”

Para que el lector compruebe la censura, transcribo la información que dió lo el periódico “Ahora” del incidente telefónico: “Parece que el señor Calvo Sotelo trató de llamar por teléfono, sin duda, a la Dirección de Seguridad; pero se encontró con que el aparato no funcionaba.” (Ahora, 14/07, pag 4) 

 Se encontró con que el aparato no funcinaba. ¿Una avería inoportuna?
En fin…. por eso me quedo con la versión de Carretero, con una amplia trayectoria periodística a sus espaldas y más verosímil que la prensa censurada de la época:

— Protesto de este atropello; pero sea lo que ustedes quieran. Pueden empezar el registro. 
— ¡Qué registro ni qué ocho cuartos!… Venimos a detenerle a usted. A llevarlo a la Dirección de Seguridad. Y esto es todo. Con que ¡ale.!
— Por lo menos, me permitirán ustedes vestirme… Voy a pasar unos instantes a mi alcoba.
— Haga lo que sea pero pronto.

 Le siguieron hasta la “sagrada intimidad de su cuarto” donde su mujer “se recataba entre las ropas, trémula de espanto.”

— Pepe, ¡por Dios!, no te vayas.
— ¿Y qué quieres, mujer? ¿No ves? No te inquietes. Nada puede pasarme; ésta es una vejación monstruosa e inútil, un atropello que mañana quedará esclarecido. 

“Dos individuos armados con pistolas presenciaron la operación de vestirse el Sr Calvo Sotelo.” (ABC, 14/07, en portada.)

Cuando acaba de vestirse, el Diputado ordena a la institutriz de sus hijos [era francesa]:

— Haga ud. el favor de prepararme un maletín de aseo con una muda. 

Su hija, de 17 años de edad, también se convirtió en testigo al entrar en la alcoba y abrazarse a su padre:

— ¡Papá, no te vayas! ¡No te vayas!

Finalmente, salió de su casa el diputado “seguido por el cortejo de sicarios, que no habían dejado un momento de empuñar las pistolas con aire amenazador.”

Y poco más pudieron contar los testigos de la casa,
porque “desde los balcones, los seres queridos le vieron marchar.”

Calvo Sotelo, a pesar de conseguir escaño en las elecciones de 1931 y 1933, permaneció en el exilio para evitar se encarcelado por comisión parlamentaria de “responsabilidades políticas”.

Aparece el cadáver del Sr. Calvo Sotelo.

El juez tuvo que paralizar careos e interrogatorios,
porque a media mañana del lunes apareció el cadáver.

“A la una de la tarde se confirmaba que, en efecto,
el señor Calvo Sotelo había sido asesinado por los mismos que fueron a buscarle a su domicilio
y que fueron luego al Cementerio del Este para hacer entrega al capellán del mismo el cadáver de don José Calvo Sotelo.”
(Ahora, 14/07, pag 4)

El periódico dice “en efecto” , hay que tener presente que los rumores de la detención circulaban desde primeras horas de la mañana, junto con el rumor de la sangre en la camioneta,
todo Madrid sospechaba que el diputado era fiambre mucho antes de que lo confirmara la prensa.
La censura tuvo un efecto contrario al deseado.

*   *   *
Aquella mañana, cuando llegó el capellán al cementerio de la Almudena
[en aquella época del Este] los conserjes le mostraron un cadáver que habían depositado durante la madrugada.

El capellán estaba al tanto de los rumores y sospechó que se trataba del Diputado.

“Avisó inmediatamente a las autoridades lo que ocurría,
y en seguida se personó allí el delegado del Ayuntamiento,
el cual reconoció en el muerto, al señor Calvo Sotelo.” (Ahora, 14/07, pag 4)

Además se da aviso a la policía:
“acudió en seguida el comisario señor Aparicio, que igualmente reconoció el cadáver del jefe del Bloque Nacional.”

Como hemos dicho, el Juez se dirige al Depósito del Cementerio, donde:
“coincidió con los forenses, que estaban reconociendo al cadáver del señor Calvo Sotelo,”
para la autopsia.

“Este presentaba una sola herida en la cabeza, de arma de fuego, con orificio de entrada por la región occipital y de salida por el ojo izquierdo. También presentaba en la pierna derecha un fuerte rasguñazo, que debió de causárselo al forcejear con sus agresores.”
(Ahora 14/07 pag. 4) 

Los jueces franquistas mandaron reconstruir el informe forense que había desaparecido
(junto con el sumario) los primeros días de guerra.

La reconstrucción se hizo con las notas personales que conservaron los médicos,
y unas fotos del Instituto de Medicina Forense.

El forense Antonio Piga fumándose un puro delante del cadáver.
En la reconstrucción consta la presencia de dos heridas en la nuca por impacto de bala, cpmpatibles con dos disparos consecutivos.

Declaraciones de los bedeles del cementerio.

En el Cementerio, el juez hace “comparecer ante su presencia”
a los dos conserjes que estaban de servicio cuando se entregó el cadáver.

Estos declaran que “a las cuatro de la mañana” había entrado en el cementerio una camioneta con varios individuos, y “de entre los asientos, sacaron un cadáver, que depositaron en una de las mesas del Depósito judicial.”

Los empleados requirieron la filiación del muerto, porque no se puede “entregar un cadáver sin los requisitos legales,” y los policías contestaron que lo harían al día siguiente.

El Juez “ordenó que ambos pasaran detenidos e incomunicados a los calabozos del Palacio de Justicia.” (Ahora 14/07, pag. 5)

Era costumbre que los cadáveres que llegaban a altas horas de la noche vinieran sin documentación [sobre todo los que llegaban de provincias] que solía traer la familia al día siguiente.

Pero al Juez le escamó que se admitiera un cadáver sin papeles, traído por la propia policía.
De ahí que también acabaron detenidos los bedeles.

Según el periódico Ahora, los asesinos habían declarado que se trataba de “el cadáver de un sereno,”
pero levantó sospechas porque el cadáver iba demasiado bien vestido.

“A los periodistas les fué imposible ver el cadáver del señor Calvo Sotelo,
pues las autoridades han dado órdenes terminantes de que no penetre nadie en el Depósito de cadáveres.” (Ahora 14/07 pág.4)

José María Carretero en el depósito de cadáveres.

Ya hemos comentado que la policia impidió el acceso a los periodistas,
pero resulta que “El Caballero Audaz” llegó al depósito antes que el propio Juez,
y tuvo acceso al cadáver antes de que se estableciera el cordón policial,
este es un hecho irrefutable que ha quedado documentado en ABC:

“En el momento de llegar el Juzgado se encontraban presentes en el cementerio las siguientes personalidades: marqués de las Marismas, Caballero Audaz, marqués de la Eliseda, los diputados Sr. Albiñana, don Romualdo de Toledo, D. Jorge Vigón y numerosos amigos de la victima.” 
(ABC, 14/07, pag 4)

Veamos cómo cuenta la experiencia José María Carretero:

“Sobre una especie de plataforma, larga mesa siniestra, destinada a servirle sus banquetes a la muerte, estaba el cadáver de don José Calvo Sotelo.

Yacía el cuerpo del mártir en posición decúbito supino. 

Todos le mirábamos en silencio y con emoción profunda.

Su nariz había perdido su forma clásica, porque una brutal contusión violácea y roja la desfiguraba. El ojo izquierdo aparecía plegado en un sueño tranquilo; pero el derecho no existía: era un horrible coágulo de sangre, una trágica estrella de púrpura, informe y viscosa.”

La muerte — explicaba el policía ante el silencio horrorizado de los concurrentes — debió de ser instantánea, porque el tiro que le dispararon en la nuca le salió por este ojo. 

(Se refiere al policía Aparicio, cuya presencia confirman los periódicos)

“Y entonces veo con espanto que el brazo inerte no obedece, como si tuviera otras ignoradas articulaciones, porque gira en el antebrazo y por la muñeca y se dobla por el biceps… ¡Está roto! ¡Está fofo.! Como el brazo de un muñeco de trapo.

Abrumados por el dolor y la indignación, todos callamos. En nuestros ojos hay lágrimas…; en nuestros labios tiembla la oración.”

En esta parte me parece que Carretero está empeñado en añadir la agravante de ensañamiento a la conducta de los asesinos; dado que la lesión en el brazo no quedó recogida en la autopsia oficial, y que Carretero no es experto en temas forenses, es mejor coger con pinzas su descripción de las lesiones del cadáver.

Sin embargo tampoco hay que olvidar que el informe de la autopsia no era el original, que tuvo que ser reconstruido después de la guerra.

*   *   *

Lo que ocurrió en la camioneta.

El hecho fundamental es que Luis Cuenca, uno de los civiles que iban en la camioneta, le mete dos tiros en la nuca al diputado.

Como se explicó en otro capítulo, Cuenca era escolta de Indalecio Prieto.

Los detalles del hecho no están nada claros porque los que sobrevivieron tras la guerra intentaron exculparse ante los jueces franquistas, y descargaban la responsabilidad sobre los que sabían muertos o en el exilio.

Demasiadas pocas garantías procesales ofrecía la “Causa General”, como para autoinculparse… esto es comprensible.

Por este motivo los historiadores siguen discutiendo si tal o cual personaje iba o no en la famosa camioneta.

Carretero explica que obtuvo su versión gracias a“sus contactos en el conglomerado rojo” que conservaba tras 30 años de ejercicio periodístico.

Según la versión más extendida, Luis Cuenca —sin venir a cuento y sin que estuviera previsto—,
le mete un par de tiros por la espalda al diputado y todos se quedan sorprendidos y alucinados;
¿pero qué has hecho? ¿estás loco? ¿y ahora qué hacemos.?

y tal…

Es importante lo de sin venir a cuento, para sostener que la intención era sólo detenerlo:

Ya saben:
—Jamás se me hubiera ocurrido asesinarlo, señoría. Yo obedecía órdenes…

Una versión socorrida para quitarse el muerto de encima ante los jueces franquistas.

Sin embargo, una vez más, me parece más verosímil (por ser más lógica), la versión de Carretero, que asegura que fue el propio diputado quien desencadenó los hechos.

El testimonio de Carretero encaja perfectamente con el informe de la autopsia, dos trayectorias de bala que entran por la nuca y salen por un ojo, de abajo a arriba.

O sea que cuando Luis Cuevas dispara, el Diputado se había puesto de pie en la camioneta, que no olvidemos que era descapotable.

Veamos la versión de José María Carretero: 

“Al llegar a la esquina de Goya observó Calvo que el vehículo, en lugar de dirigirse hacia el centro, en un rápido viraje enfilaba la dirección contraria: hacia las Ventas.

— Pero, ¿adónde me lleváis?… ¿Qué es esto?… Por aquí no se va a la Dirección de Seguridad.

Su protesta fue acogida con un silencio hostil. 

Y dirigiéndose al chófer:

— Pare usted inmediatamente. Exijo que se me conduzca a la Dirección de Seguridad. O detienen ustedes el coche o me tiro en marcha.

Y uniendo a la palabra la acción, trató de ponerse en pie.” 
(Declaración de Guerra, pag 80)

La camioneta era descapotable, tenía los asientos corridos y capacidad para 20 personas.
Según José María Carretero, el asesinato tuvo desde el principio el típico formato de “paseo”:

Detención nocturna de la víctima + transporte en coche requisado + tiro en la nuca junto a una tapia.

Pero “el paseo” se desmadra cuando el diputado se da cuenta del destino que le espera,
y les mete un “órdago a la grande” en medio de la noche madrileña.

En aquella época circulaban pocos coches por Madrid, estamos en Julio, las ventanas abiertas, y gente con sueño ligero tomando el fresco en la ventana…

No quedó otra que cerrarle la boca antes de lo previsto.

La verdad verdadera nunca la sabremos, son testimonios de testimonios.

En honor a la verdad, hay que reconocer que Carretero les tenía ganas a los asesinos de su amigo.

Cuando se publica su libro estaban teniendo lugar las primeras comparecencias en la Causa General,
y nuestro autor puso especial énfasis en agravar la acusación con las circunstancias de alevosía y ensañamiento.

Carretero no lo disimula.

Lo dice claramente en una específica “nota del autor”
que dedica a los asesinos en las páginas 86 y 87 de su libro “Declaración de Guerra.”

Después de pasar la guerra escondido en Madrid, está claro que el espíritu de nuestro periodista estaba muy soliviantado cuando escribe la primera entrega de “La Revolución de los Patibularios.”

De todas formas tampoco tiene mucho interés saber lo que pasó exactamente en aquella camioneta.

Fuera sin querer o fuera queriendo, lo esencial es que Sotelo salió fiambre de la camioneta, eso no lo pone en duda ningún historiador.

No es imprescindible para demostrar que días antes de que se abriera la veda,
la democracia brillaba por su ausencia; y por otro lado, nadie discute el papel estelar de los principales protagonistas: el Capitán Condés y Luis Cuevas.

Las diligencias del Juez en la comisaría de Pontejos.

El siguiente paso del juez fue organizar interrogatorios y careos entre los guardias de la comisaría de Pontejos, además organiza una rueda de reconocimiento a la que asisten los testigos del secuestro.

El Juez las tuvo muy gordas con los jefes de la comisaría que no se mostraron muy colaboradores…

Esta parte no se puede seguir por la prensa y Carretero tampoco la recoge.

Aquí los historiadores varían sus versiones, porque se trabaja con el sumario de la Causa General,
y las memorias y testimonios de unos y otros, que no siempre coinciden.

Recomiendo en este sentido contrastar las obras de Luis Romero: “Por qué y cómo mataron a Calvo Sotelo” e Ian Gibson: “La noche que mataron a Calvo Sotelo.”

Ambas obras fueron publicadas en 1.982 (un pique editorial entre Argos Vergara y el flamante premio Espejo de España de Planeta) son los primeros estudios sobre la muerte de Calvo Sotelo que se publican sin censura, tras la muerte de Franco.

Yo no entro al trapo porque, ya digo, los periódicos no lo recogen y ya me estoy alargando demasiado con éste artículo.

De todas formas, tampoco hay que ser muy listo para pensar, que el espíritu de diálogo y colaboración entre el Juez y los Guardias de Asalto, brilló por su ausencia en aquella comisaría.

Según Luis Romero, el Juez tuvo que parar los interrogatorios, y reanudarlos después de mandar que fueran desarmados los guardias…

A si que no resulta extraño que nuestro juez les devolviera la pelota cuando declaró después ante los jueces franquistas.

Soy de la opinión, que si hubiera dependido del Juez Ursicinio, el capitán Condés y sus malandrines habrían dormido en la cárcel la noche siguiente del atentado.

Pero no pudo ser:
fue retirado del caso y sustituido por unos “jueces especiales” asignados por el Gobierno.

El Juez Ursicinio Pérez es abordado por los periodistas a su llegada al depósito de cadáveres. (Foto de Ahora, 14/03)

Últimas diligencias del Juez de Guardia, del Juzgado nº 3 de Madrid. 

“A las once y cuarto de la noche del Lunes 13 de Julio,
el juez de guardia dio por terminadas las diligencias de ese día.”

A la mañana siguiente “a primera hora” hizo “entrega de las mismas a los jueces especiales nombrados al efecto.”

“Al salir, 
los periodistas trataron de conseguir,
aunque inútilmente,
del señor Pérez Carbajo alguna noticia.
Éste, muy amable y deferente con los reporteros,
se negó a decir ni una sola palabra de todo lo que había realizado.” (Ahora, 14/07, pag 5)

El Juzgado Especial asignado por el Gobierno o “el quietismo punible.”

En la prensa de los días siguientes no se observan avances en la investigación a pesar de que el nuevo “Juzgado Especial” seguía practicando:“activas gestiones para esclarecer totalmente el suceso.” 

El periódico Ahora del 18 de Julio (pag 4) dice:
“los periodistas no han podido obtener noticia alguna relacionada con el sumario de referencia”
y añade que tanto el director general de Seguridad como el juez especial “se han negado a facilitar referencia alguna en relación con las pesquisas que se están llevando a cabo.”

Resulta curioso que la prensa tampoco informa avances en la investigación del asesinato del Teniente Castillo.

El Ahora del 16 de Julio (pag. 5) informa que en la Dirección de Seguridad se trabaja con “grandísimo interés” para descubrir a los autores del asesinato de Calvo Sotelo, pero no se aportan datos nuevos.
Sin embargo, está claro que los periodistas sabían más de lo que la censura permitía publicar ya que el mismo periódico añade:
“ por noticias que hemos podido recoger,” se ha filtrado la identidad de “la persona que penetró en el domicilio del señor Calvo Sotelo” para proceder a su detención, “el cual mostró su carnet de identidad.”

O sea que cinco días después del atentado, y mientras Mola se subleva en Pamplona, la prensa sabe que Fernando Condés había comandado la patrulla que había detenido al diputado en su domicilio.

Leyendo la prensa, le queda a uno claro de que lo sabía todo Madrid.

El diputado Julián Zugazagoitia, director de “El Socialista,” reconoció en sus memorias que al día siguiente del atentado recibió la visita de uno de los autores.

Hubiera sido la gran exclusiva de su vida, pero lamentablemente la echó a perder porque no quiso publicarlo.

Curioso.

Tampoco desvela en sus memorias la identidad de su huésped:

“Me parece una prueba de respeto a su muerte no asociar su nombre a la relación que me hizo.”

Una prueba de respeto al susodicho porque murió poco tiempo después alcanzado por las balas “fascistas” en Guadarrama. (Guerra y visicitudes de los Españoles. pag 28-30)

Menuda jeta que tenía el pollo.

No fue el único diputado socialista que no quiso colaborar con la Justicia:
Juan Simeón Vidarte cuenta a su vez en “Todos fuimos culpables,” que el capitán Fernando Condés le llamó al día del asesinato y le contó lo sucedido.

Vidarte le aconsejó que se ocultase “mientras vemos cuáles son las derivaciones que pueda tener este asesinato” y además enreda en la trama a Margarita Nelken, reconociendo que Condés permanecía escondido en la casa de la diputada:
“Allí no se atreverán a buscarme.” 

Se le ocurre a uno que ésta actitud, tan normal y democrática de sus señorías, está perfectamente tipificada en el código penal: se llama encubrimiento de asesinato.

Por mucho que nos lo quieran vender de otra manera…

¿O no.?

Un único detenido: Oracio Cambronero, el chófer de la camioneta.

En cambio al conductor de la camioneta lo pinzaron bien.

El Ahora del 18 de Julio informa que “continúa en la cárcel en rigurosa incomunicación”.

Era el único que no había participado voluntariamente en los hechos.

El chófer conducía la camioneta a donde le mandaban y punto.

No es casualidad que se librara de ser fusilado en la Causa General.

A pesar de todo,
le metieron una pila de años en la cárcel,
lo cual —dicho sea de paso—,
tampoco deja en buen lugar la equidad de los jueces franquistas.

Y añade el mismo periódico:
“se sospecha que este conductor hará dentro de los días siguientes algunas declaraciones importantes, que permitan aclarar totalmente el suceso.” 

Me lo imagino en su celda gritando: “o me soltáis o canto La Traviata.”

Cuando muchos años después,
Gibson viajó a entrevistar a Orencio Bayo,
(ya jubilado, vivía en su aldea gallega)
el chófer mandó “al carallo” al irlandés.

Cuenta Gibson en su libro que no le sorprende que:
“se niegue tenazmente a hablar con nadie de lo ocurrido,”
la verdad es que a mi tampoco.

Y ya no hubo más tiempo para “aclarar totalmente en suceso”
porque después del 18 de Julio los españolitos empezaron a tener otro tipo de preocupaciones

El idílico régimen republicano,
ejemplo de normalidad democrática,
desaparecería tras un guerra incivil y daba paso al Régimen del general Franco.

Fin de la serie. 

*    *    *    *
Relación de fuentes consultadas para la serie sobre la Normalidad democrática:

Me inspiré para escribir esta serie leyendo los estupendos artículos sobre La normalidad del 36, en el blog Historias de Hispania.

Los enlaces a periódicos:

Libros:

Fuente

3 comentarios en “El asesinato de Calvo Sotelo: así fue el primer “paseo” de la 2ª República – José Luis Guerrero

  1. “Mundo Obrero, 11 de junio de 1936, portada:
    “A la cárcel los enemigos del régimen
    Estos elementos son: Gil Robles, Calvo Sotelo, Goicoechea, Lerroux”.

    16 de junio, portada:
    “Son los Lerroux, los Gil Robles, los Calvo Sotelo, los Goicoechea y compañeros de crímenes.
    SON LOS QUE EL PUEBLO QUIEREN VER INMEDIATAMENTE EN LA CARCEL”.

    Según las declaraciones de testigos e imputados recogidas en la Causa General, legajo nº. 1500, t., I, que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional, en la madrugada del 13 de julio de 1936, varias expediciones de guardias de Asalto, la mayoría de ideología izquierdista junto a paisanos socialistas armados, salieron a la búsqueda y captura de los líderes de la derecha: Gil Robles, Goicoechea, Lerroux; pero sólo pudieron dar con Calvo Sotelo. (José Antonio Primo de Rivera estaba en prisión desde el 14 de marzo, acusado de ordenar el atentado contra Jiménez de Asúa. José Antonio sería fusilado el 20 de noviembre.”:
    El chantaje de la izquierda. Las falsedades de la Guerra Civil española. Madrid, 2.004. pp. 129 y 130.
    https://elchantajedelaizquierda.blogspot.com/2010/06/el-chantaje-de-la-izquierda-las.html

    Alguien que no conozco y que como se ve domina Internet hizo esta libre copia del libro:
    https://laverdadofende.blog/2013/05/26/la-guerra-civil-espanola-comenzo-porque-un-alucinado-socialista-queria-el-poder-francisco-largo-caballero/

    Le gusta a 1 persona

      1. ¿Comoooool…? Pero si para enviar un comentario es “obligatorio” poner el correo electrónico y el nombre.
        Dígamelo usted, porque eso ya se lo dije en un comentario:
        NO LO PUBLIQUE: ES LA ÚNICA FORMA QUE TENGO DE PONERME EN CONTACTO CON USTED
        GUERRA CIVIL 1936, HISTORIA 7 COMENTARIOS
        Violadas y asesinadas por UGT. Recuerdo en la Catedral de Astorga para las tres enfermeras laicas y mártires de Somiedo
        31 MAY 2021
        averdadofende.blog/2021/05/31/violadas-y-asesinadas-por-ugt-recuerdo-en-la-catedral-de-astorga-para-las-tres-enfermeras-laicas-y-martires-de-somiedo-2/

        De todas formas, todo lo que tengo y debo decir lo escribo en mis blogs, que usted bien conoce y que además los edita mejor que yo.
        Gracias por publicar y a su disposición quedan todos mis temas. Un saludo virtual de Ángel Manuel.

        Me gusta

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