El Fake de los Caramelos envenenados – Normalidad democrática en el 36 – José Luis Guerrero

No pensaba incluir el asunto de los caramelos envenenados en la serie sobre “la normalidad democrática de la II República.”

El plan era pasar directamente del entierro de Anastasio de los Reyes, al asesinato del Teniente Castillo (el policía que se cargó a un primo de José Antonio Primo de Rivera en aquél entierro).

Pero he decidido incluir el suceso de los caramelos, por que es una muestra palmaria del estado epiléptico de la sociedad española un mes y medio antes del inicio de la guerra civil.

Había estado buscando en la prensa la celebración del 1º de Mayo, suponiendo que sería una fecha propicia para la caza de incidentes, pero no encontré absolutamente nada.

Lo cual no deja de ser sorprendente, teniendo en cuenta que no había día que no aparecieran sucesos de violencia política en las noticias.

La enorme concentración de público el 1º de Mayo en la Casa de Campo dio lugar a la pérdida de numerosos niños, cuyo hallazgo anunciaba la radio. Los guardias, llevando a dos pequeños extraviados. (Fotos de A. y Segovia en Ahora.)
Entonces me topé, por casualidad, con la noticia de los caramelos envenenados. Noticia que tiene un asombroso parecido con un episodio anticlerical acaecido en 1834, durante una epidemia de cólera en Madrid.
En aquella ocasión, se propagó el rumor de que los frailes estaban envenenando las fuentes públicas, y el bulo se saldó con la matanza de 73 religiosos.

Ahora que están de moda las “fake news”, y que el término “posverdad” ya figura en la R.A.E.;  sería imperdonable dejarse en el tintero el “fake” más famoso de la historia de la II República española.

Un rumor falso y criminal causante de graves incidentes.

Periódico “El Nervión.” Lunes, 4 de mayo de 1936.

Me encontré la noticia —por culpa de la censura está muy mala de encontrar—, en el periódico bilbaino El Nervión.

Los grandes periódicos de Madrid no salían los lunes, pero El Nervión sí.Quizás por eso se le coló a la censura o quizás sólo fuera casualidad.
No lo sé, lo que si sé es que el periódico bilbaíno dio la primicia de unos hechos que no salieron en la prensa madrileña.

AhoraABC y El socialista, los periódicos que vengo consultando para la serie “la normalidad democrática de la II República” no informan hasta el día siguiente y bajo censura.

En éstos periódicos sólo podemos encontrar las declaraciones a posteriori del Ministro del Interior hablando de un “rumor-bulo lanzado con muy mala intención,” amenazando con meter en la cárcel “tanto al que lo lance como el que lo propague.”

Pero del hecho en sí, no dicen ni mu.

Como ya me había pasado otras veces, el tupido velo de la censura impedía conocer los detalles del asunto.

Me había puesto sobre la pista una información del “Ahora” del 7 de Mayo (tres días después de los sucesos), una crónica parlamentaria en la que el diputado Gamazo (Renovación Española) interpelaba al Gobierno sobre “los sucesos acaecidos en Madrid el Domingo último.”

¿Qué sucesos?

El diputado exigía explicaciones al Gobierno por “los incendios ocurridos en algunos conventos e iglesias el pasado lunes,” y los “robos de gasolina” utilizada para propagarlos.
¿Incendios? ¿Que incendios? Había estudiado la prensa madrileña y no había encontrado nada.

El diputado afirmaba que “los datos de los sucesos a que se está refiriendo los ha encontrado en un periódico de Bilbao que por lo visto se publica sin censura.”
¿Comorr?
Me puse a buscar entre los periódicos de Bilbao y, por suerte, me encontré en la hemeroteca de la BNE con El Nervión: el periódico bilbaíno que publicó la primicia está digitalizado.

Y así fue como El Nervión se lo contó a sus lectores el Lunes, 4 de Mayo de 1936 (Página 3):
(Entrecomilladas frases textuales sacadas de la noticia).

Hoy se han reproducido graves sucesos en la barriada de Cuatro Caminos, habiéndose incendiado una iglesia, el edificio de los Salesianos, Escuelas Católicas y una capilla. Gran número de heridos.

Cuenta El Nervión que a “primeras horas de la noche del domingo” comenzó a vivirse un “ambiente de excitación” en el barrio madrileño de Cuatro Caminos.En aquella época, Cuatro Caminos era un suburbio de las afueras de Madrid, rodeado de solares y habitado por clase obrera.

El ambiente de agitación se debía a un rumor que circulaba desde “la celebración de la fiesta del primero de mayo.”

El cierre del comercio fue absoluto y el bullicio diario de la urbe se trasladó a las afueras de la ciudad, ocupadas por innumerables familias que festejaron el día con el almuerzo campestre. (Pie de Foto en Ahora, se refiere al 1º de Mayo)
Corría de boca en boca que “elementos fascistas y damas catequistas” se dedicaban a “repartir caramelos y otras golosinas” con “fuertes dosis de tóxicos” a los hijos de “izquierdistas.” 

Lo flipas.

Se decía que habían muerto cinco niños en la Casa de Socorro de los Cuatro Caminos, y todo por comer “las criaturas” aquellas golosinas envenenadas.

Total, que la angustia en el barrio llegó a “tal extremo,” que se montó una “formidable” manifestación que invadió las calles de Cuatro Caminos prorrumpiendo “gritos y mueras.” 

La manifestación “en actitud levantisca” se dirigió hacia la Casa de Socorro, donde se suponía que estaban ingresadas las criaturas, y se plantaron en la puerta para “convencerse” de la “certeza o inexactitud” de lo ocurrido.

Interviene el gestor municipal don Wenceslao Carrillo.

La movida llegó a oídos del “gestor municipal don Wenceslao Carrillo,” socialista, concejal de Sanidad y diputado por Córdoba. Casualmente padre del que sería después Secretario General del Partido Comunista de España y uno de los padres de la Transición.

En aquella época, Santiago Carrillo era un jovenzuelo de 21 años que militaba en las Juventudes del partido de papá, que estaban apunto de fusionarse con las comunistas, si es que no lo habían hecho ya.

El caso es que el padre de Carrillo, hombre decidido, se trasladó rápidamente hasta el lugar de los hechos para hablar “con los más excitados”, y tratar de convencerlos de que aquello no era más que un rumor “criminal.” 

No había muerto ningún niño.

D. Wenceslao explicó a los manifestantes que todo aquello es una chorrada, y que se volvieran tranquilos a casa, porque no había motivo de preocupación.

Pero los vecinos no debían fiarse del insigne político y se vio obligado a nombrar sobre la marcha una “Comisión de manifestantes” para inspeccionar las dependencias del “benéfico Establecimiento” y verificar si había niños muertos, hospitalizados o qué…

En el edificio de la antigua Casa de Socorro de Cuatro Caminos actualmente hay un “punto de atención a la ciudadanía.
Cuenta El Nervión que los integrantes de la “Comisión de manifestantes” llegaron hasta el mismísimo “despacho del Jefe Administrativo” donde “les fueran presentados” los libros de entradas y salidas de “heridos o enfermos.”

En los registros no constaban ingresos de personas intoxicadas, “ni tan siquiera con síntomas de intoxicación,” a pesar de lo cual, los manifestantes no quedaron convencidos.

Mientras uno de los “individuos que entraron con Wenceslao Carrillo” trataba de explicar a la multitud el resultado de la investigación, se “oyó algún disparo”, y como venía siendo habitual en estos casos, alguien gritó que los tiros procedían del interior de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, edificio “fronterizo a la Casa de Socorro.”

Total, que los padres preocupados por la salud de sus hijos, “dirigiéndose a los surtidores de gasolina próximos, se apoderaron de una buena cantidad de este líquido inflamable y rociaron las puertas del templo, prendiéndolas fuego.” 

Lo normal en estos casos.

Llegados a este punto, el periódico cuenta (otro alarde de normalidad democrática,) que la puerta de la iglesia, “al igual que la mayoría de los templos restantes de Madrid,” había sido reforzada desde “hace tiempo” con “gruesa chapa metálica,” gracias a lo cual las llamas no prendieron en la madera.

La Iglesia contaba con seguro contra “incendios por motín”, pero no todos los curas eran tan previsores.

Dos meses antes de los hechos, fue destruida la iglesia de San Luis, ubicada en la calle de la Montera, a menos de 100 metros del Ministerio del Interior. (La Época 14/03/1936)
Desde que empezaron a arder las primeras iglesias en Mayo de 1931, no había algarada callejera que no acabara con algún edificio religioso chamuscado.

Para mi que lo de reforzar las puertas era exigencia de las casas de seguros, cuyas primas debian de estar por las nubes, como Dios… 
Pero sigamos con el relato.
Cuando llegan los bomberos, los manifestantes trataron de impedir su actuación y hubo que enviar “unos quinientos guardias de Asalto” para mantener a raya a los manifestantes.

El lugar se llenó de maderos que no pudieron evitar que los manifestantes dieran una “formidable paliza” a una señora con pinta de “catequista”. No obstante, según El Nervión los guardias consiguieron ponerla “a salvo de las iras populares.”
Cuenta el periódico que al anochecer se “fueron calmando algo los ánimos”.

Supongo que a los activistas de Save de Children les entró sueño y se fueron a dormir.

*    *    *    *
Aspecto actual de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles fue reconstruida con donativos de los fieles.

Nuevo incendio en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles.

A la mañana siguiente, después de un sueño reparador, cuenta El Nervión que “la excitación en aquella barriada fue igual que anoche y quizás agravada.”

No sé que opinaréis vosotros, pero yo creo que los curas de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles tenían vocación de mártires, resulta que a pesar de que grupos de energúmenos estaban rodeando el edificio, decidieron abrir la Iglesia para “reanudar el culto.”

Y claro, con tanto protector de la infancia merodeando el edificio, pasó lo que tenía que pasar. 

Empezaron vociferar que había que quemar el templo, e informa el periódico que “sin que se sepa cómo” volvió a salir humo de las puertas de la Iglesia.

Los fieles huyeron por una puerta trasera con tan mala suerte que “allí les esperaban otros grupos armados de palos y piedras” que se pusieron a repartir leña “especialmente a las señoras.” 

Los curas, antes de salir por piernas, “apresuradamente cambiaron la ropa de oficiar por las de paisano”.
Ya digo: unos mártires.

Y tuvieron suerte, porque “cuando ya les iban a dar alcance”, apareció una furgoneta de la policía por el Paseo de Santa Engracia que recogió a los infelices salvándoles del linchamiento.

Cuenta el periódico que la policía intentó calmar los ánimos prometiendo a la turba “que los trasladarían a la cárcel.” (sic)

En vez de encerrar a los pirómanos, la policía prometió encerrar a los curas; todo muy normal y democrático.

Y mientras unos manifestantes perseguían a curas y catequistas, otros consiguieron “tras diversos intentos” quemar por fin la iglesia.

Según el Nervión “entre la una y medía” las llamas se habían “apoderado de toda la iglesia.” 

Oh my God.!!

¿Quienes son los responsables.?

Julia (La Caballo,) Antonia (El Miseria,) y Palmira (La Platanera.)

Cuenta el Nervión que la Policía investigó el origen “del falso rumor de las intoxicaciones,” y detuvo a un hombre y tres mujeres que lo “propalaban especialmente”.

Los detenidos a que hace referencia El Nervión, eran Julia, “la Caballo”; Antonio, “el Miseria”; y Palmira, “la Platanera.”

Estos personajes recorrían Cuatro Caminos buscando a su supuesto su hijo, que se había escapado de un colegio de monjas porque le obligaban a tomar caramelos envenenados para diezmar a la “simiente izquierdista.”

Estos detalles no son de El Nervión, los contó en 1953 Regina Garcia García en un libro editado con beneplácito de la censura franquista y titulado “El Bulo de los caramelos envenenados.”

Temas españoles nº68. El bulo de los caramelos envenenados. 1953.
“Julia se mesaba los cabellos desesperada­mente y gritaba sin cesar: ‘¡Asesinos! ¡Ase­sinos!… ¡Mi hijo!… ¡Ay, mi hijo!’. Antonia y Palmira intentaban, en vano, calmarla. Se arremolinó la gente; salieron de sus tabucos las comadres, e inquirieron la causa de la desesperación de aquella mujer, a la que nadie conocía.” 
Regina García fue Jefa de Prensa y Propaganda en el Madrid Rojo, pero acabada la guerra renegó del marxismo y responsabilizó a los comunistas de la autoría del “bulo criminal“.

Vete a saber…
No me fío de los renegados y menos aún si han sido jefes de la propaganda solialista que han chaqueteado después y se han hecho amiguitos de los censores franquistas.

Pero no me negaréis que resulta todavía menos fiable la versión de El Socialista del 5 de Mayo de 1936.
El periódico oficial del PSOE responsabilizó de “la cólera popular” a los “adversarios” del pueblo.
¿Como?
Vereís:

“Se hace indispensable acogotar al rumor y a quien lo propala.

Pero quizá al mismo tiempo importe encauzar la cólera popular, ya que pudiera suceder que quienes la estimulan fuesen los mismos que la necesitan para sus planes.

La sospecha está lejos de ser disparatada. La reacción del pueblo madrileño ante el infundio de los caramelos envenenados no corresponde ni a su educación política.

Es una reacción anacrónica, como es anacrónica la especie de que se han servido sus adversarios.”

Según el periódico “El Socialista” todo se trata de una maniobra para desacreditar al “Frente Popular”.
En román paladino: los linchamientos de catequistas son una maniobra política discurrida por los enemigos de la República para provocar una reacción anacrónica en el pueblo.
¡Ca-ga-te-lo-ri-to!

Y todavía es más flipante la contestación parlamentaria del Ministro de Interior al diputado Gamazo, insinuando que, como después del 1º de Mayo no hubo incidentes, “no os atrevisteis a ello”, había que provocarlos después con un método más sinuoso, “más jesuítico” como es el sistema “de los caramelitos envenenados.” (sic)

El Ministro asegura en el Parlamento que los causantes de incendios y linchamientos son “fascistas” disfrazados de come-curas.

A esas alturas sus señorías entraban con pipa en el Parlamento.
Para los que todavía creen en una idílica República echada a perder por el egoismo de cuatro curas y militares, dejo los links de las dos formas de cubrir la misma información: “Lo que ayer dijeron en las Cortes los señores conde de Gamazo y Calvo Sotelo” y “El Señor Casares Quiroga, en un brioso discurso, denuncia los preparativos criminales de las derechas” publicadas respectivamente por El Nervión y El Socialista del 7 de Mayo.
Fueran fascistas o comunistas, lo que si está claro es que había una batuta dirigiendo la banda de padres pirómanos: el Nervión informa que los manifestantes “formaron una especie de guardia” para “impedir que trabajaran los bomberos.”¿Entendeis ahora porque las primas de seguros debían estar por las nubes.?
Así estaba Madrid en aquella primavera trágica de 1936.
Faltaban 72 días para que se abriera la veda.

Más incendios.

No acaba aquí la cosa.

Sigue el periódico informando que mientras los come-curas impedían trabajar a los bomberos, otros siguieron buscando nidos de catequistas.

Fueron al Colegio de los Salesianos “prendiéndolo fuego también,” y ya de paso “una pequeña capilla de la calle de Berruguete,” donde “sólo se dice una misa los domingos” y “existen unas Escuelas católicas.”
Aspecto actual del Colegio de los Salesianos.
Para ser ecuánimes, hay que reconocer que tuvieron el detalle de “sacar a las criaturas” antes de prender “fuego al edificio junto con la iglesia.” 

Que no se diga que aquellos demócratas no respetaban a los niños.

También intentaron incendiar el “Convento de los Paúles,” pero salió mal la jugada: al llegar frente al edificio, la policía repelió la agresión “consiguiendo alejar a los grupos.”

Los disturbios se contagiaron a las barriadas de Tetuán de las Victorias y Chamartín de la Rosa.

Por la tarde, otro “nutrido grupo de manifestantes” se presentó en el convento de las Esclavas del Sagrado Corazón dispuestos a prender “fuego a las puertas,” pero se presentaron los bomberos (esta vez acompañados de una camioneta de la Guardia de Asalto) que “protegió el trabajo de aquellos obreros municipales” y el siniestro fue fácilmente sofocado.

Después de este incidente, las revueltas languidecieron.

El titular compara el bulo de los caramelos envenenados con un episodio anticlerical acaecido de 1834, en tiempos de la primera guerra carlista.

Las víctimas.

Resultados de la jornada: dos mujeres “gravísimamente heridas” y “33 personas más” con heridas de de “más o menos consideración.” 

Una de las mujeres —de nacionalidad francesa—, murió poco después.

También resultó herido de “bastante gravedad” un activista de Save the Children que hallándose “subido a una ventana” había caído al interior del templo entre “llamas y escombros.”
* * *
No está mal.
Pues si te ha parecido interesante, no te pierdas el próximo capítulo donde tratamos el asesinato del teniente Castillo, el policía que mató a un primo de José Antonio Primo de Rivera en el entierro de Anastasio de los Reyes.

Fuente

esta web esta abierta al debate, no al insulto, estos seran borrados y sus autores baneados.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s