La Constitución republicana: una Constitución que no era para todos – José Luis Guerrero

Momento de la aprobación de la Constitución de 1931.
El 9 de Diciembre de 1931 las Cortes aprobaban la nueva Constitución Republicana en una histórica sesión.

Las guerras civiles del siglo XIX, sus pronunciamientos y cuarteladas, habían obedecido todas a un anhelo por derrocar, reformar o proclamar una Constitución.
Una vez más, todas las esperanzas del pueblo español estaban puestas en la nueva Constitución.

Sin embargo, la de 1931 vino a engrosar la larga lista de constituciones malogradas, dando paso al periodo más sanguinario de la historia de España.

Comoposición de unas Cortes Constituyentes sin oposición.

Ya hemos contado que la coalición oficial del Gobierno arrasó en las elecciones con el 85% de los escaños del Parlamento en unas elecciones a las que no se pudo presentar la oposición. Sólo así pudieron aprobar una Constitución que no representaba al conjunto del país.
De las fuerzas que integraban el Gobierno provisional, la mayor representación parlamentaria correspondió con 115 escaños al Partido Socialista Obrero Español.
Era el partido más fuerte y mejor estructurado gracias que había colaborado con la Dictadura. Largo Caballero, ahora ministro de Trabajo, había sido Consejero de Estado del dictador Primo de Rivera.Los socialistas consideraban la República burguesa como un periodo transición hacia el Estado Socialista y su fuerza electoral provenía de su sindicato: la U.G.T.
Le seguía con 90 escaños el Partido Radical, fundado a principios de siglo por Alejandro Lerroux.
Lerroux representaba el republicanismo histórico y españolista: un republicano de toda la vida frente a los conversos “de aluvión” que aparecieron tras la caída del Rey.

El tiempo había ido limando la pasión inicial de Lerroux: ya no era el joven que pedía en 1906 elevar las monjas a la categoría de madres. Ahora se mostraba moderado —renunciaba a la lucha de clases— y proponía un régimen de justicia social que consiguiera la reconciliación de burguesía y proletariado.

Fue el único líder republicano (los socialistas se consideraban marxistas antes que republicanos) que contó con seguidores en todas las clases sociales, pero el advenimiento de la República cogió a Lerroux demasiado viejo.
Practicó una política posibilista, adaptando su discurso a las circunstancias electorales de cada momento, y acabó por decepcionando a sus votantes. Unamuno dijo de él que era capaz de dar un gran discurso sin decir absolutamente nada.

Alejandro Lerroux. Después de toda una vida luchando por la República, contaba con 68 años de edad en 1931. En 1935 un escándalo de corrupción acabó con su carrera política.
A distancia de Socialistas y Lerrouxistas, seguían varios partidos republicanos de nuevo cuño. Sus líderes de ocasión fueron perdiendo apoyo electoral en las sucesivas convocatorias electorales.

Entre éstos destacaba, el partido Republicano Radical Socialista con 59 escaños. Ser burgueses y marxistas les generaba contradiciones que resolvían haciendo bandera del anticlericalismo.Impedíeron que los socialistas (a su izquierda) fuesen más prudentes, y a su vez arrastraban a los radicales de Lerroux (a su derecha) para que no actuasen con más moderación.

Acción Republicana de Manuel Azaña —25 escaños—, era un pequeño partido creado en los divanes del Ateneo madrileño. Nunca consiguió salir de los ambientes intelectuales, pero su líder se las apañó para ser uno de los protagonístas políticos del periodo republicano.
Esquerra Republicana de Cataluña, con los 29 escaños, era un partido que se había formado un mes antes de las elecciones, se dedicó a jugar a la independencia en Cataluña mientras tendía sus brazos a la República en Madrid.
La Derecha Liberal Republicana con 25 escaños (formado por monárquicos renegados) era el único partido de ideas conservadoras dentro del primer Gobierno provisional.Abandonaron el Gobierno cuando se negoció el artículo constitucional sobre el asunto religioso. Su principal figura, Niceto Alcalá Zamora, había sido ministro de la monarquía y acabó renunciando a su conciencia cristiana a cambio del cargo de Presidente de la República.
Su segundo de filas, Miguel Maura (hijo del que fuera famoso presidente del Gobierno monárquico), intentó después encabezar a las masas derechistas que habían apoyado el cambio de Régimen, pero nunca pudo recuperarse del descrédito personal por su actuación como Ministro de Interior durante los sucesos de la quema de iglesias de Mayo de 1931.

Y finalmente la Organización Republicana Gallega, (O.R.G.A.) —15 escaños—  también de nueva creación, más autonomistas que independentistas, provenían de una escisión de los galleguistas, su líder era amigo personal de Azaña lo que le valió para ser ministro en todos sus Gobiernos.
El resto del arco parlamentario se repartía en un sin fin de partidos de las más variopintas tendencias cuyo análisis se sale del propósito de nuestra crónica. Tan solo comentar que en aquellas elecciones los comunistas no alcanzaron representación parlamentaria (53.000 votos en toda España) y que la Falange no se había fundado todavía.

*   *   *
El partido Radical de Lerroux podría haber hecho el papel de moderador, pero dejó que Azaña se aupara a la presidencia tras la dimisión de Alcalá-Zamora, creyendo que se desgastaría pronto gobernando con los socialistas.
Dejó hacer pensando que pronto le quedaría libre el camino hacia el poder. Sin embargo se equivocó.  Una vez aprobada la Constitución propuso disolver las Cortes Constituyentes y convocar elecciones, pero los socialistas se negaron amenazando con una guerra civil y el rodillo parlamentario de Azaña con los republicanos de izquierda dirigió la política española de los dos años siguientes.
Socialistas y republicanos de izquierda compitieron por ver quien sacaba adelante la Constitución más radical, actuaron todos ellos como si el cambio de Régimen hubiera sido fruto de una revolución social, en vez de unas elecciones que —aunque municipales— habían sido aceptadas como plebiscitarias por la mayoría de los españoles.

Para ser estable, la Constitución debería haber sido como todas las que han durado en el mundo: un término medio que permitiera la convivencia social y política; pero faltó una oposición que hiciera de contrapeso a los extremismos y se dio a la Constitución un espíritu de lucha de clases, en vez de representar la armonía de toda la sociedad en busca del progreso común.

Tres meses les llevó aprobar la Constitución. 

El Gobierno provisional nombró una comisión que hiciera un anteproyecto de Constitución republicana, pero no lo hizo suyo por discrepancias internas de los partidos y no lo defendió en el Parlamento.
Se limitó a presentar en la cámara los distintos artículos, en plan “ahí queda eso”, para que fueran las Cortes quienes decidieran.

Los dos primeros meses apenas hubo avances, porque los artículos eran sistemáticamente rechazados en el Parlamento y devueltos a la comisión.

Para que te hagas una idea, la redacción del primer artículo ocupó varios días de encendidos debates parlamentarios para decidir si la República era “democrática” o “de trabajadores” o “de trabajadores de toda clase”.

Posteriormente las sesiones fueron perdiendo interés y cada vez asistían menos diputados a las deliberaciones.Cuando se planteaba alguna cuestión importante, los diputados moderados y conservadores que apoyaban el Gobierno provisional escurrían el bulto, evitando la responsabilidad de votar artículos que sabían que serían mal recibidos por sus masas de votantes.

Las cuestiones más esenciales de la Constitución se aprobaron con votaciones exiguas.Asuntos como el reparto de competencias autonómicas, la cuestión del idioma, la religión, la socialización de la propiedad o el voto femenino se aprobaron con menos del 40% de los diputados presentes en el hemiciclo.

Todo ello en medio de interminables discusiones que acababan a las tantas de la madrugada en tono de bronca tabernaria.

La cuestión autonómica acabó de discutirse a las 6 de la mañana. Largo Caballero, ministro de trabajo se oponía a que la legislación laboral fuera transferida a las autonomías.. (Ahora, 26/09/1931)
Todavía no se había aprobado la Constitución y la Derecha Liberal Republicana de Alcalá Zamora y el Partido Radical de Lerroux –que no olvidemos participaban del Gobierno– ya declaraban en la prensa que pensaban reformarla.

No fueron pocos los diputados que se abstuvieron o votaban a favor por disciplina de partido, protestando después lo hecho en los pasillos del Congreso.Es frecuente ver en la prensa cruces de declaraciones entre los propios miembros del Gobierno.

Es sintomática la doblez de Lerroux, que no participó en ningún debate, ni tomó parte en ninguna votación trascendental.
Azaña le reprocha en sus diarios [23/10/1931] que viajara constantemente a la Sociedad de Naciones (era Ministro de Exteriores) para eludir los compromisos políticos en el Parlamento.

Un mes antes de su aprobación, el Gobierno prohibió los mítines a favor de la reforma constitucional alegando que eran actos de agresión contra la República. (Ahora y La Nación 14/11/1931)

Resulta chocante que el artículo 66 [por el que se otorgaba al pueblo capacidad de solicitar referéndum] fuera defendido con entusiasmo por las derechas y combatido por la mayoría de izquierdas, porque temían que se usara en el futuro para arrebatarles los artículos más conflictivos de la Constitución.*   *   *

El artículo 44 sobre la propiedad fue objeto de enconados debates porque pretendían incluir en el texto nada más y nada menos que el Estado “procederá gradualmente a la socialización de la propiedad privada.” El artículo fue devuelto en su totalidad, incluso Azaña lo calificó en sus diarios como “demasiado radical”, sin embargo, después de mucha discusión, en la redacción final la propiedad quedó igualmente muy condicionada: podía expropiarse sin indemnización por causa de interés o de utilidad pública, con la única condición de que lo aprobara por mayoría el Parlamento.
Los partidos marxistas tenían gran interés en consolidar las reformas que les abrieran el camino hacia el socialismo e impusieron dejarlas plasmadas en la Constitución para que no pudieran ser cambiadas por futuros gobiernos.
En favor del texto votaron los diputados socialistas, los radical-socialistas y algunos de Acción Republicana que rompieron la disciplina de voto en contra de Azaña.

Ante la perspectiva que los bienes inmuebles pudieran dejar de servir como aval y que la propiedad pudiera ser nacionalizada sin indeminización se paralizó el crédito financiero y las decisiones de inversión.

La aprobación del artículo 44 contribuyó a hundir la economía, dañando a las clases trabajadoras que la izquierda populista pretendía beneficiar y supuso el primer amago de dimisión de Alcalá Zamora.
*   *   *
Ya hemos explicado las agrias polémicas que generó el debate autonómico, pero el punto álgido de las discusiones ocurrió el 15 de Octubre con la votación del artículo 26 sobre el tema religioso.

El artículo era un misil contra la Iglesia: estipulaba la disolución de las órdenes religiosas, nacionalizaba sus bienes y la estrangulaba económicamente quitarle el presupueto estatal y prohibirle ejercer la enseñanza, la industria y el comercio.

En la práctica la Constitución condenaba a la Iglesia a vivir de la limosna.

La aprobación del artículo 26 dejó fuera del sistema constitucional a los conservadores que habían contribuido a instaurar el régimen republicano [los monárquicos nunca fueron admitidos en él] y supuso la dimisión definitiva del primer Presidente del Gobierno.
Don Niceto Alcalá Zamora declaró que quedaba fuera de una Constitución que atentaba a sus convicciones católicas y fue sustituido por D. Manuel Azaña, que dos días antes había asegurado en un pomposo discurso que España había dejado de ser católica.El señor Azaña, con elementos del grupo político “Acción Republicana”, después del banquete con que fue obsequiado con motivo de su elevación al cargo presidencial. (Ahora, 18/10/1931. pag 16)

Niceto Alcalá Zamora anunció que haría una campaña para reformar la Constitución, pero Azaña reaccionó hábilmente proponiéndole para el cargo de Presidente de la República. Don Niceto acabó jurando la Constitución que tanto repugnaba a su alma cristiana y se olvidó de su anunciado revisionismo.El electorado se lo recordó cuatro años después, cuando quiso volver al Parlamento tras inventarse un partido “de centro”, ya lo contaré más adelante.

Para que te hagas una idea del ambiente socio-político del momento, se dio el caso curioso que la primera disposición que tuvo que tomar Azaña, fue obligar a los curas a seguir dando clase, porque si abandonaban las aulas miles de niños se quedaban sin colegio.

Azaña decretaba que las órdenes religiosas serían inmediatamente disueltas si se negaban a enseñar ahora, y según la Constitución serían disueltas de todas formas si se empeñaban en seguir dando clase después… 

Durante las discusiones del artículo 26, un par de diputados llegaron a las manos y 42 diputados católicos abandonaron el Parlamento antes de la votación.
Publicaron una nota de prensa explicando que no se oponían a la separación de Iglesia y Estado, pero rechazaban el sectarismo con que se atacaba a la Iglesia Católica y denunciaban del rodillo parlamentario que impedía el consenso en la Constitución.

El 9 de Diciembre, en un clima de creciente crisis económica y violencia social, se aprobó definitivamente la Constitución Republicana.

Para entonces las Cortes entonces ya operaban a espaldas del pueblo: católicos, conservadores, liberales y monárquicos no aceptaban la Constitución, pero tampoco comunistas y anarquistas que la tachaban de burguesa.
Días antes de la votación —deprisa y corriendo y sin apenas discusión parlamentaria— se votó la Disposición Transitoria Segunda, por la que se otorgaba a la Ley de Defensa de la República rango constitucional. Una ley liberticida que anulaba de facto los derechos fundamentales que la Constitución reconocía a los ciudadanos.
Aunque lo hacía en nombre de la democracia y la libertad, la Ley de Defensa de la República convertía el país en un Estado policial donde el Gobierno tenía facultad de suspender los derechos ciudadanos sin orden judicial.
También intentaron excluir a las mujeres. Ya hemos contado que contra viento y marea Clara Campoamor había conseguido sacar adelante el voto femenino, pero tuvo que volver a emplearse con energía porque, un día antes de la aprobación definitiva, propusieron añadir otra Disposición Transitoria que aplazaba la vigencia del artículo 36, el mismo que concedía el derecho de voto a la mujer.
La propuesta fue rechazada por los pelos: 131 votos contra 127.

Tan claro tenían que la Constitución Republicana no sería aceptada por el pueblo, que nunca se sometió a referéndum popular. 

Las Cortes Constituyentes deberían haberse disuelto y convocado elecciones, sin embargo los socialistas se negaron. En unas declaraciones al periódico Ahora Largo Caballero aseguró que el P.S.O.E. y la U.G.T. interpretarían el hecho como una provocación. Y añadió: “No puedo aceptar tal posibilidad, que sería un reto al partido y que nos obligaría a ir a una guerra civil”.
Las declaraciones levantaron un gran revuelo político y mediático que se solucionó con un donde dije Diego digo guerra civil “espiritual”, pero lo cierto es que las Cortes Constituyentes no se disolvieron y siguieron dos años más.

El periodico Ahora se lamenta de la clausura durante 3 días del periódico A.B.C. 

Empezaban los dos años de Gobierno de Azaña, que algunos historiadores califican de “progresista” y del que hablaremos en los próximos capítulos de nuestra Crónica Política de la II República.

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