Largo Caballero y el golpe de Estado de 1934 – José Luis Guerrero

La Puerta del Sol bajo la Huelga General
Al llegar la tarde sonaban los primeros tiros y las calles quedaban desiertas, cerrados balcones y portales, y echados los cierres de comercios y cafés. (Mundo Gráfico, 17/10/1934)

El verano de 1934 venía caliente. Un rosario de huelgas trataban de impedir la recolección de la cosecha, los ayuntamientos del P.N.V. estaban en pie de guerra por un impuesto que no les convenía y la Generalidad declarada en rebeldía de la mano de E.R.C.

A Ricardo Samper no paraban de crecerle los enanos y todo Dios tenía claro que al Gobierno títere pergueñado por Alcalá-Zamora tras cargarse a Lerroux en Abril, le quedaban tres telediarios: lo que tardara en reabrirse el Parlamento.

Los días previos a la tormenta.

En Septiembre la atmósfera se cargó de forma alarmante.

El Tribunal Constitucional había declarado ilegal la Ley de contratos de cultivo de la Generalitat y E.R.C. lo utilizó hábilmente como palanca de separatismo.

La ley venía a ser la versión Catalana de la reforma agraria, como allí no había latifundios ni jornaleros, la Esquerra se fue a pescar los votos de los “rabassaires”, que eran agricultores no propietarios que explotaban tierras arrendadas desde tiempo inmemorial.

Según Companys (fundador del sindicato de rabassaires) existía una “injusticia secular” que solucionó por la vía rápida: la ley facilitaba a los “rabassaires” apropiarse las tierras que trabajaban.

Evidentemente, los propietarios pusieron el grito en el cielo, apoyados por la “Lliga Catalana”, el partido que había presentado el recurso de inconstitucionalidad en Madrit.

“El daño moral inferido a Cataluña”  (en palabras de El Socialista) era en realidad de un conflicto entre catalanes: los abuelos de Artur Mas y Puigdemont contra los de Junqueras, sólo que entonces la “política de clase” los distanciaba mucho más de lo que podía unirles su catalanismo.

Lo de venir a manifestarse a Madrid no es nuevo. El 8 de septiembre se fletaron cinco trenes especiales cargados de payeses perjudicados por la ley. Venían a una asamblea de protesta convocada por el centenario Institut Agrícola Catalán de Sant Isidre.

En solidaridad, acudieron al acto Gil-Robles (recién llegado de su luna de miel) y otros líderes destacados del centro y la derecha española.

Expedicionarios catalenes llegan a Madrid para asistir al acto del Monumental Cinema.(Ahora, 8/09/1934)

El P.S.O.E. iba en esto de la mano con Esquerra e intentó sabotear “la isidrada” con una huelga general sin previo aviso, a la que se quiso dar apariencia de un paro espontáneo.

La jornada fue un ensayo de lo que vendría el mes siguiente: seis muertos, ochentaiseis detenidos y la clausura del local de U.G.T. de la calle Fuencarral, donde se encontró un alijo de armas.Nada más terminar el acto, Gil-Robles salió pitando para Asturias, a celebrar en Covadonga un supermitin. El acto quedó muy deslucido porque otro paro espontáneo, con piquetes en carreteras y ferrocarriles, dificultó la concurrencia: levantaron la vía férrea, volaron un puente y hasta el coche de Gil-Robles fue blanco de pedradas.

La atmósfera se enrareció aún más el 11 de septiembre, cuando el cuerpo de carabineros interceptó el vapor “Turquesa” desembarcando un alijo de armas en S. Estaban de Pravia, cerca de Avilés. Los carabineros detuvieron una camioneta de la Diputación Provincial de Oviedo y fliparon cuando comprobaron que estaba cargada con cajas de balas de Mauser. Otros seis vehículos lograron escapar.

¿Cómor?

En investigaciones posteriores se comprobó que el armamento provenía del Consorcio Nacional de Industrias Militares, cuando Azaña estuvo en el Poder había dispuesto de ellas para vendérselas a unos revolucionarios portugueses que pretendían derrocar el gobierno derechista de su país.

¿Eh?

La aventura había salido mal y las armas quedaron almacenadas en el arsenal militar de Cádiz por una temporada, hasta que se cargaron en el Turquesa, supuestamente con destino a Yibuti, pero pagadas con fondos de la mina “San Vicente”, una mina que estaba autogestionada por el Sindicato de los Obreros Mineros Asuturianos.

¡Oh!

Detrás del chanchullo aparecía Don Horacio Echevarrieta, un magnate empresarial que había recurrido a Azaña cuando era Ministro del Ejército para que le comprara un submarino que había construido para la dictadura. El cambio de régimen le había pillado con el pie cambiado y el submarino se pudría en su astillero.

Este pollo es recordado en la actualidad como el “ciudadano Kane español” o “vasco” (depende quien lo cuente) y es el mismo que vendió “El Liberal” de Bilbao a Indalecio Priento cuando éste era Ministro de Obras Públicas. En sus años mozos Don Inda había sido secretario y hombre de confianza de los Echevarrieta.

¡Ah!

Llegamos al mes de Octubre, los intentos de contemporización del Presidente Samper con la Generalidad no funcionaban, seguían apareciendo alijos de armas en las “casas del pueblo” y los “chíviris” desfilaban desafiantes cuando venían de hacer instrucción en la Casa de Campo de Madrid.

El bueno de Gil-Robles se decide entonces a tomar cartas en el asunto, según escribió años después: “más pronto o más tarde habíamos de enfrentarnos a un golpe revolucionario, siempre sería preferible hacerle frente desde el poder”.

La crisis quedó planteada el mismo día que volvieron los diputados de sus merecidas vacaciones (apenas veraneaba el 10% de la población); la C.E.D.A. retira la confianza al Gobierno y sin sus votos no podía gobernar.

Diez meses después de las elecciones, a Alcalá-Zamora no le quedó otro remedio que mandar formar un nuevo Gobierno que ¡por fin! reflejara la composición del Parlamento. El 4 de Octubre Alejandro Lerroux formaba su tercer gobierno, esta vez incorporando tres ministros de la C.E.D.A.

A pesar del tono peleón de sus memorias, Gil-Robles intentó calmar suspicacias. No forzó entrar personalmente en el gabinete y propuso tres ministros de claro perfil republicano. Para que os hagáis una idea: al de Agricultura los conservaduros le llamaban “el bolchevique blanco”, el de Trabajo era un tránsfuga que había militado en Esquerra Republicana y el de Justicia se había prentado en 1931 formando candidatura con gente del P.N.V.

Tres ministros entre quince y ninguna de las carteras eran piezas clave para una posible toma del Poder por la fuerza.

No sirvió de nada.

Ese mismo día empezaron las hostilidades con una nueva huelga general sin previo aviso. Al llegar la noche, Madrid estaba totalmente paralizado y se producían los primeros tiroteos en Prosperidad, el cuartel de la Montaña y la cárcel Modelo.

*   *   *

El pretexto fue la entrada de la C.E.D.A en el Gobierno, pero lo cierto es que las amenazas socialistas habían empezado mucho antes de que existiera la más remota posibilidad de que gobernase la derecha.

Hay que tener presente que estamos ante la revolución más anunciada de la Historia moderna.

Veréis.

La metamorfosis de Largo Caballero en Lenin español.

Llegados a este punto, hay que hablar del principal responsable de que el P.S.O.E. rompiera con la política reformista que venía siguiendo desde los tiempos de su fundador Pablo Iglesias.

Me refiero a Largo Caballero, un histórico del partido que se volvió más extremista que nadie para hacerse olvidar que había ocupado altos cargos en la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Al llegar la República ocupa la Cartera de Trabajo y se pasa los dos años siguientes viajando en coche oficial y recibiendo honores de las fuerzas de seguridad del Estado como influyente Ministro de Azaña.

Vale.

La transformación empieza en Septiembre de 1933 cuando el P.S.O.E. se queda fuera del Gobierno y nuestro personaje se siente como un amante despechado… ¡zas! pierde la fe en la República y la democracia.

Tenía entonces 65 años, una época de la vida en que cualquiera estaríamos pensando en jubilarnos con sopitas y buen vino. Sin embargo, Largo Caballero decide echarse al monte y lo hace con tal vehemencia y fanatismo, que arrastra consigo a las juventudes del partido y se hace el amo del socialismo acaparando la presidencia de las ejecutivas del P.S.O.E. y la U.G.T..

Mientras fue Ministro de Azaña, el futuro Lenin no había parado de dar caña a las organizaciones proletarias que no le eran afines.

Reprimió sin contemplaciones a los anarquistas que intentaron revelarse contra la república “burguesa” (sólo habían pasado 8 meses desde la razzia de Casas Viejas), sin embargo, cuando a Caballero se le escapa de las manos el Poder, se transforma en el nuevo Mesías agitador porque se da cuenta que es imposible “realizar una obra socialista dentro de una democracia burguesa”.

Chúpate esa.

Cuerda de presos anarquistas tras la revuelta minera de la cuenca del LLobregat, siendo Largo Caballero Ministro de Trabajo. (Mundo Gráfico 26/01/1932)

En Julio ya se veía venir la caída de Azaña y en el famoso mitin del cine Pardiñas denuncia por primera vez que no se puede emancipar la clase obrera en una república burguesa. Si “no nos permiten conquistarlo [el Poder] con arreglo a la Constitución y las leyes, tendremos que hacerlo de otra manera”.

Repite la monserga en la Escuela de verano de las juventudes socialistas, y se desmadra definitivamente en la campaña electoral de Noviembre de 1933, antes de que la C.E.D.A. en unión con los monárquicos ganara las elecciones.

Durante esta campaña electoral, Largo Caballero empieza a ser aclamado como Lenin por sus arengas a favor de la dictadura del proletariado. No había mitin en que no amenazara sacar las masas a la calle si los “fascistas” ganaban las elecciones.

Tras la debacle electoral se presentó mansamente a la segunda vuelta en Madrid (tampoco era cuestión perder el escaño) y cambia el mensaje: “por ahora nos conviene seguir atados al Parlamento burgués”.Periódico Luz (21/04/1934)

No se daba cuenta que una dictadura es una dictadura, por muy del proletariado que sea y lo que hubieran votado la mayoría de los españoles le importaba una higa.

La C.E.D.A. no accede al Poder, ni siquiera entra en el Gobierno, ya he contado que el pusilánime Gil-Robles se conformó con apoyar desde fuera el Gobierno minoritario de Lerroux.

El 2 de Enero, El Debate (órgano de expresión de la C.E.D.A.) publica un llamamiento a la concordia que contesta El Socialista al día siguiente“¡Atención al disco rojo! ¿Concordia? No. ¡Guerra de clases! Odio a muerte a la burguesía criminal”.

Ese mismo mes, Indalecio Prieto se sube al carro de los revolucionarios de smoking cuando ve que Largo Caballero consigue desplazar a Besteiro de la presidencia de la U.G.T.

Hasta entonces todo habían sido latiguillos de mitin, pero como no paraban, Lerroux retó a los socialistas a repetir en el Congreso las amenazas que vertían en la calle.

Dicho y hecho.

El 7 de Febrero Indalecio Prieto anunció solemnemente en el Congreso que el deber de los socialistas era “ir a la revolución con todos los sacrificios”  porque estaban obligados a defender las “esencias constitucionales” que, según ellos, estaban amenazadas por la alianza parlamentaria del centro con la derecha.

A la salida de la sesión, Largo Caballero manifestó al Heraldo de Madrid estar agradecido al Gobierno por “facilitarnos la tribuna parlamentaria para difundir nuestras doctrinas y nuestro propósito, y poner a nuestra disposición el «Diario Oficial» para que el Estado nos imprima gratis el discurso”.

En el editorial de El Socialista del día siguiente podía leerse: “El Gobierno puede darse por notificado oficialmente de nuestros propósitos”.

Clarinete.Periódico Ahora (16/Feb/1934)

El lobby historiográfico dominante asegura que todo formaba parte de una estrategia para presionar a Alcalá-Zamora y que no permitiera la entrada de la derecha en el Gobierno. Cuando falló la estrategia, a los auténticos demócratas no les quedó otro remedio que liarse a tiros para defender la República.

Es la teoría de la revolución “defensiva”, que viene a decir que el resultado electoral sólo es legítimo si ganan los buenos. El lobby complementa esta teoría con otras para presentar el resultado de las elecciones de 1933 como una alteración de la verdadera voluntad popular.

Por mucho que se intente maquillar, recurrir a la fuerza para resarcir un fracaso electoral es un asunto muy muy feo… no son maneras para quienes se nos quiere hacer ver como paladines de la democracia.

Un golpe de estado sin padre conocido.

A pesar de ser el más anunciado, el golpe de 1934 es el único en la historia de España (y hay unos cuantos) que no tuvo pronunciamiento: nadie publicó el típico bando o manifiesto.

Oficialmente la revolución de Octubre nació sin padre conocido, como un huérfano en la puerta de un hospicio. Los líderes socialistas negaron su autoría e intentaron cargar el turrón a los obreros.

Los licenciados en historia dicen que el golpe de Estado se controló fácilmente en Madrid, pero lo cierto es que paralizó la vida en la capital con asaltos a cuarteles, comisarías, edificios públicos y francotiradores anónimos sembrando el terror desde azoteas cuando caía la tarde.

Controles policiales en Madrid (Ahora, 17/10/1934)

Nueve días de toque de queda, tranvías y bocas de metro custodiadas por soldados, prohibición de circular coches particulares, registros humillantes a ciudadanos, el ejército teniéndose que hacer cargo de los servicios públicos y de suministros de la ciudad, e interminables colas en establecimientos de comestibles.

Reflectores explorando las azoteas. Intentan descubrir los “pacos” que disparaban contra las fuerzas del Gobierno.

Treintaitantos muertos en total.

Largo Caballero cambió con frecuencia de paradero, viajaba escondido en una ambulancia de la Cruz Roja. Cuando finalmente fue controlada la revuelta, se dejó detener en pijama en su domicilio, fingiendo sorpresa por la detención.

Nunca se hizo responsable y, amparado en su inmunidad parlamentaria, evitó la jurisdicción militar que lo acusaba de rebelión. El Tribunal Supremo lo absolvió meses después por falta de pruebas.

Mientras tanto, miles de obreros llenaban las cárceles de España, cerca de tres mil heridos se lamían las heridas y las familias enterraban mil y pico muertos.

Mientras Largo Caballero renegaba de sus partidarios, Indalecio Prieto consiguió abandonar Madrid escondido en el maletero de un coche. A finales de Octubre apareció en París.

A pesar de que reconoció la responsabilidad del P.S.O.E. en declaraciones a la agencia Havas y que dejó escrito su sincero arrepentimiento “ante España Entera” en el exilio, la propaganda sigue asegurando que todo fue cosa del “pueblo” cabreado por las políticas “reaccionarias” del “bieno negro”.

Don Inda aprovechó para acusar al Gobierno de emplear “medidas extremadamente violentas, como si se tratara de una guerra”. Una vez más (era su tercer intento de golpe de Estado) explotaba la Leyenda Negra ante la prensa extranjera, se le olvidó mencionar que sus chicos acababan de destruir el casco histórico de Oviedo a golpe de dinamita.

Así quedó la entrada de la calle Fruela en Oviedo (Crónica, 19/10/1934)

*   *   *

Consecuencias.

Desde mi punto de vista, la principal es que República quedó muy desacreditada para la mayoría de los españoles.

Unos empezaron a preguntarse: ¿Por qué tengo yo que respetar la República y sus leyes, cuando no la respetan ni sus propios padres fundadores.?

El dilema era tan lógico como peligroso.

Además se presentó una nueva encrucijada: ¿Como convencer ahora a las masas obreras que hay que tener paciencia y volver a la línea de colaboración con los burgueses?

La polarización social alcanzó niveles extraordinarios, particularmente entrre las juventudes de todos los partidos, el sector social que adoptó con mayor entusiasmo las nuevas corrientes totalitarias venidas de Europa.

El lobby historiográfico se niega categóricamente a reconocer que el golpe de Estado de Octubre del 34 es el primer acto de la guerra civil, porque se pierde autoridad moral para criticar el de Julio del 36.

Tratándose de la izquierda, ni siquiera se llaman golpes de Estado, prefieren calificarlos como revoluciones, así, no encontramos con actitudes bipolares, como la de Gonzalo Queipo de LLano: en 1930 es un “revolucionario” que participa en la “Revolución de Jaca” y en cambio pasa a ser un “militar golpista” en 1936.

Y vamos tirando…

Para mi está claro que después de 1934 era ya muy complicado recuperar la democracia y lo cierto es que tampoco sus señorías pusieron demasiado interés. Lo iremos viendo en los próximos capítulos.

*   *   *

Este artículo forma parte de una trilogía:

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