¿Repitiendo la historia? La segunda declaración de independencia de Cataluña – José Luis Guerrero

Imágenes de los sucesos de octubre de 1934. El ejército ocupa la plaza de San Jaime después de rendir la Generalidad

El 6 de Octubre de 1934 se produjo la segunda declaración de independencia de la historia de Cataluña. La primera había sido sólo tres años antes, el 14 de Abril de 1931, el mismo día de la proclamación de la II República española.

En medio de la euforia por el exilio de Alfonso XIII, Francisco Maciá aprovechó el vacío de poder para proclamar la república independiente de Cataluña.

Desde que lo echaron del ejército a principios de siglo, Maciá venía reclamando el divorcio de los Reyes Católicos, porque entendía que los intereses catalanes habían estado muy mal atendidos por Fernando II de Aragón.

No consiguió el divorcio, pero la audacia le sirvió para negociar con el Gobierno provisional de Madrit un nuevo contrato nupcial que resucitó la Generalitat y lo convirtió en el primer President de Catalunya.

La concesión del Estatut restó fuelle a la causa independentista por una temporada, el goce de las delicias del Poder quitó motivos para gritar contra Madrit. Pero como quiera que el entusiasmo político se nutre mejor con mueras que con vivas, no tardó en volver el inconformismo.

Maciá la palmó el día de Navidad de 1933, tres semanas después de que las derechas ganaran las elecciones y la sucesión de “l´avi” (el abuelo) reavivó viejas disputas dentro de Esquerra.

Companys y los escamots de Estat Català.

A Maciá le sucedió Lluis Companys.

Companys fue President por accidente, pero había ganado popularidad con la negociación del Estatut y contaba con el apoyo de los rabassaires, su vivero de votos. Hemos hablado del sindicato de rabassaires en el capítulo dedicado a los meses previos al golpe de Estado de 1934.

Sin embargo, el nacionalismo de Companys era demasiado tibio para la facción más extremista de Esquerra Republicana de Cataluña: el “Estat Catalá”. Para ellos Companys era un indepe sobrevenido, lo acusaban de oportunista y le reprochaban su pasado de abogado laboralista al servicio de anarquistas.

Las juventudes de Estat Català estaban comandadas por Josep Dencàs y su lugarteniente Miquel Badia, dos Bravehearts a la catalana que comandaban los “escamots”: unas milicias de estilo mussoliniano y bravucón dedicadas a perseguir todo lo que oliera a españolismo. Lo mismo reventaban una manifestación, que asaltaban la redacción de un periódico o abrían la cabeza de quien dijera algo que no les gustaba.

Para ser sinceros, hay que reconocer que el gustillo por lo marcial y totalitario era un vicio muy común en la juventud de la época. Si partimos de la base que también son dictaduras las del proletariado, las nuevas corrientes venidas de Europa entusiasmaban por igual a jóvenes de derechas, izquierdas y mediopensionistas.

El caso es que Estat Catalá no paraba de crecer, a pesar de que sus aires fascistoides causaban repelús a los seguidores de Companys, no digamos al resto de partidos catalanes.

Companys no disponía de una fuerza comparable a la de Estat Catalá. Sus rabassaires eran campesinos dispersos y desorganizados; mientras que los aguerridos xicots de Dencàs estaban en Barcelona, prestos a marchar sobre la Generalitat en cuanto se les ordenase.

Las juventudes de E.R.C. del Estado Catalán (JEREC) desfilando en Barcelona.

Para tenerlos contentos, Companys les fue entregando las prendas que le iban pidiendo. Aprovechando la muerte repentina de Joan Selves —titular de Interior— le sustituye Josep Dencás en Junio de 1934 y nuestro Braveheart se hace con el aparato represivo de la Generalitat.

La revolución de Octubre en Cataluña.

Cuando el 4 de Octubre entran los tres ministros de la C.E.D.A. en el Gobierno, los escamots ya eran los amos de Cataluña y deciden lanzar la Generalitat contra el Gobierno de Madrit. 

Les acompaña la Alianza Obrera (socialistas + comunistas – anarquistas) a los que la independencia les importaba una higa, pero les interesa apoyar la revolución que había convocado el nuevo Lenin español. A última hora de la noche del 4 de Octubre, declaran la huelga general en Cataluña siguiendo la consigna para el resto de España. 

El viernes 5 de Octubre Barcelona estaba paralizada. La tensión se palpa en las calles. A media mañana mandan una comisión a preguntar al President cuando piensa romper con Madrid.

Los guardias tratan de impedir que los huelguistas paralicen el servicio de tranvías en Barcelona. (Revista Crónica 28/10/1934)

Por la tarde, en medio de gran expectación, se reune el Parlament, pero la sesión se levanta a los cinco minutos de comenzar. El motivo lo da el Conseller de Hacienda: “las circunstancias actuales, de suma gravedad, requieren, por parte del Gobierno, la máxima atención”.Ese mismo día, La Humanitat (periódico oficial de E.R.C.) había publicado en su portada“La ciudadanía catalana puede considerarse movilizada, que cada uno ocupe su puesto”. Y su editorial terminaba diciendo: “El Presidente dirá la palabra necesaria en el momento oportuno, mientras tanto cada uno en su puesto”.
El recién nombrado Ministro del Interior en Madrid era un Cordobés dicharachero que no debía leer La Humanitat. Lo digo porque, a última hora de la tarde, comunicó a los periodistas que la Generalidad estaba con el Gobierno y dispuesta a mantener el orden público en Cataluña.*   *   *

El Ministro andaba más perdido que una almeja en un botijo porque Companys empezó dando largas. Su plan era mantenerse en una “neutralidad expectante”, me explico, comprobar primero como prosperaba la revolución en España, para inclinarse después en “socorro del vencedor”.

Para ayudar a quitarle la careta, los de la Alianza Obrera convocaron el sábado día 6 por la tarde una mani en la Plaza de Cataluña. Desfilan por las ramblas en filas de a cuatro, en plan militar pero sin armamento; lo cierto es que lo tuvieron muy escaso en todo el movimiento porque Dencàs prefirió abastecer a sus milicias.

Los proletarios se van concentrando frente a la Generalitat con una pancarta que decía: “Alianza Obrera” “Exigimos la República Catalana”.

Por su parte, Dencás concentró sus milicias en la plaza de la Universidad. Les pasa revista y reparte winchesters nuevecitos, escopetas de caza y mosquetones roñosos. Acto seguido, ocupan puntos neurálgicos de la ciudad y se dedican a cachear a los transeúntes. Coches y camiones requisados con la bandera catalana, recorren las calles a gran velocidad.

Dencás ha ordenado venir a los mossos d´esquadra de toda Catalunya y la guardia de Asalto que está a las órdenes de la Generalitat. Grupos de independentistas armados aguardan las órdenes del “general en cap” en las sedes de Esquerra.

Va pasando la tarde del sábado y Companys sigue sin decantarse. Entonces Dencás se presenta en la Generalitat y le pone entre la espada y la pared, por las ventanas se colaba el griterío exigiendo la república Catalana. Los chicos de Estat Catalá y Nosaltres Sols corean junto a los de Alianza Obrera en la plaza de Sant Jaume.

El gentío en el casco histórico contrasta con las calles desiertas en el resto la ciudad.

Los manifestantes exigen a Companys la República Catalana en la plaza de San Jaime.

Companys no podía seguir dando largas sin ser acusado de traidor españolista por unos y de fascista por los otros. Finalmente, la radio anuncia que el honorable President dirigirá la palabra al pueblo a las 20:00. 

En el balcón de la Generalitat izan una bandera con la estrella roja de Esquerra, pero una pitada aconseja cambiarla por la senyera.

*   *   *

En Madrid, los periodistas que hacían guardia en la puerta del despacho de Presidencia vieron salir visiblemente emocionado al Presidente del Gobierno. Sin declarar el motivo, Lerroux les manifestó que iba al Ministerio del Interior para celebrar una conferencia por teletipo con Barcelona “para evitar que fuera intervenida”. Acababan de informarle lo que está pasando en Cataluña.

Cuando a eso de las 19:30 llega al Ministerio del Interior (el edificio donde dan las campanadas de Nochevieja), ya estaban reunidos casi todos los ministros. Deciden extender el Estado de Guerra a toda España, hasta ese momento solo estaba declarado en Asturias.

Mientras Lerroux conferencia con el Capitán General de Cataluña (general Domingo Batet), el Ministerio es asaltado por grupos armados desde la Puerta del Sol y el callejón de San Ricardo. Las fuerzas de seguridad toman posiciones para defender al Gobierno y los transeúntes corren a refugiarse en tiendas y portales.

El Ministerio era todavía blanco del tiroteo mientras el Presidente redacta la alocución que transmitirá por radio a las 22:00 “con la voz velada por la emoción, pero sin desfallecimiento en el ánimo y en plenitud de facultades oratorias para llegar al corazón del pueblo” (El Liberal, 14/10/1934). Fue publicada al día siguiente en la Gaceta (el B.O.E. de la época).

El domingo 7 por la mañana, se celebró una multitudinaria manifestación en la Puerta del Sol de adhesión al Gobierno y por la unidad de España.

Companys declara el Estado Catalán de la República Federal Española.

A eso de las 20:15, en el balcón de la Generalitat aparece Lluis Companys rodeado de sus consejeros y altas personalidades de Esquerra y Estat Catalá. Un altavoz acalla los aplausos:

Atenció! Atenció Catalans! Va dirigir la paraula l’honorable president de la Generalitat.

En medio de un silencio expectante, el President lee con voz temblorosa su histórica alocución:

“las fuerzas monarquizantes y fascistas (..) han asaltado el poder (..) predican el odio constante y la guerra contra Cataluña (..) solidaridad con los hermanos de las tierras hispanas que luchan hasta morir por la libertad (..) proclamo el Estado Catalán de la República Federal Española (..) invita a los dirigentes de la protesta general contra el fascismo a establecer en Cataluña el gobierno provisional de la República, bla, bla, bla, Visca. Visca.

Ca-ga-te-lo-ri-to.

¿Dónde estaba el Gobierno provisional y quién había hablado de una República Federal?

Hoy sigue siendo un misterio. Hasta ese momento lo único que había encima de la mesa era una insurección armada organizada por los socialistas para adueñarse del Poder en España.

Las palabras de Companys comprometían a Azaña, que se encontraba a la sazón en Barcelona escondido en casa de un amigo.

Esa misma mañana, su partido había dado la siguiente nota de prensa: “La izquierda Republicana declara que el hecho monstruoso de entregar el Gobiemo de la República a los enemigos, es una traición. Rompe toda solidaridad con las instituciones actuales del régimen y afirma su decisión de acudir a todos los medios de defensa de la República”.

Azaña escribió después un libro exculpatorio titulado “Mi rebelión en Barcelona”, según su testimonio había ido a un entierro a Barcelona el 28 de septiembre y se quedó unos días, precisamente para tratar de convencer a aquellos señores de que era una locura que se sublevaran.

Después de mucho poner el VAR, los historiadores han llegado a la conclusión que no cometió falta en ataque, si acaso, fuera de juego.El Tribunal Supremo sobreseyó el caso por falta de pruebas.

Encarcelado a bordo del Sanchez Barcaiztegui, Azaña aguarda la llegada del juzgado que ha de traerle la orden de libertad. (Mundo Gráfico, 02/01/1935)

10 horas de independencia.

Nada más declarar la independencia, Companys telefoneó a Domingo Batet solicitando la adhesión del ejército al nuevo Estado catalán. El general contesta que por teléfono le da la risa y que mejor se lo ponga por escrito.

El bueno de Companys ya sabe lo que significa la reacción de Batet, pero de todas formas comisionó al Director General de Trabajo (Sr. Tauler) para llevar la nota oficial a la Comandancia. Al leerla, el general manifestó que solo tenía una respuesta y, uniendo la palabra a la acción, entregó a Tauler un ejemplar de la declaración del Estado de Guerra.

Era el típico bando al que dio un toque personal con la última frase: “Como catalán, como español y como hombre que sólo mira y aspira al bien de la Humanidad, lamento este momento y espero de la cordura de todos que no se dará lugar al derramamiento de sangre”.

Lo que ocurrió después podría calificarse de astracanada si no fuera porque hubo cerca de 50 muertos.

Dencás se había negado a entregar armas a los sindicatos más bregados. Se jactaba de que se las arreglaba él solo con sus milicias, pero acabó resultando un Braveheart de Playmobil.

Se quitó de en medio por una salida secreta que comunicaba el edificio de Gobernación con las cloacas de Barcelona, salió al exterior por un emisor de aguas fecales de la playa de Somorrostro y huyó a Francia llevándose 11.000 pesetas del Fondo Social de Obras Benéficas de Barcelona.

Le acompañaban su lugarteniente Badías (más conocido como “capità Collons“) y Arturo Menéndez Lopez (el que era Director General de Seguridad cuando lo de Casas Viejas)

.Un proyectil sin espoleta hizo este boquete en un balcón de la Generalidad. (Mundo Gráfico 17/10/1934)

Antes de salir de najas, Dencás se pasó la noche retransmitiendo en directo estrafalarias alocuciones radiofónicas que escuchó todo Barcelona: empezó pidiendo que se quedaran en casa los que no tuvieran órdenes de defender la República, después aseguró que el ejército estaba siendo repelido por las fuerzas “regulares” de Cataluña. Según avanzaba la noche, pasó a lanzar angustiosos llamamientos pidiendo ayuda a sus correligionarios, como no aparecía ni Dios, acabó pidiendo auxilio en español a los hermanos de los pueblos de Iberia.

De fondo se escuchaban las descargas de fusilería y el temblequeo de las ametralladoras.

 “Naturalmente, esto daba al receptor una calidad emocional enorme” (Revista Crónica. 14/10/1934, pag. 13)

“Esas voces de desesperación y de angustia, ponían el alma en un puño. Daban pena y dolor.” (Mundo Gráfico, 24/10/1934, pag. 19) 

Entre parrafada y parrafada, pinchaban sardanas, muchas sardanas, Els segadors, la Marsellesa y hasta música religiosa.

*   *   *

En síntesis: la mayoría de los esquerristas juzgó oportuno abandonar las armas y marcharse a su casa sin pegar un solo tiro. Los que se quedaron, cayeron tarde en la cuenta que ir a bailar al local del partido los domingos era más divertido que jugarse la vida a cara o cruz. Los xicots pasaron la noche atrincherados pidiendo refuerzos a Dencás. 

Batet pudo haber hecho una escabechina, pero optó por ponerles cerco y dejar que se cocieran en su propia salsa. Se rindieron de madrugada después de unos cuantos cañonazos sin carga explosiva.

Así quedó la fachada del Centro Autonomista de dependientes de Comercio. (Mundo Gráfico 17/10/1934)

La peor parte la llevaron los del Sindicato autonomista de dependientes de comercio. No se les ocurrió otra cosa que atacar al piquete que leía el bando de guerra en la rambla de Santa Mónica (murió un sargento) y parapetarse después en su local, que casualmente estaba situado frente por frente al cuartel de artillería de Atarazanas. Tiro directo de puerta a puerta, los artilleros no tenían que perder tiempo calculando trayectorias. Murieron tres independentistas, los demás huyeron por una ventana del patio trasero del edificio.

A las 6:00 de la mañana, colgaban del balcón de la Generalitat el mantel blanco donde habían servido la cena a Companys y su Gobierno.

Multitudinario entierro en Barcelona de los militares muertos en cumplimiento de su deber durante la revuelta (Revista Crónica 14/Oct/1934)


Tras el triunfo del Frente Popular en Febrero de 1936, no tardó en llegar la amnistía para “los represaliados de octubre”. Companys volvió a presidir la Generalidad y restituyó en sus puestos a todos sus antiguos consellers excepto a Dencàs.

Con eso, creo que está dicho todo.

*   *   *

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