17 julio 1936: El 18 de Julio en Canarias – Jose Luis Díez

Como se hace constar en el título, afrontaré el comentario de este título apoyándome en los aspectos más relevantes del acontecer diario en la isla de Gran Canaria antes del Alzamiento Nacional del 18 de Julio de 1936.

     Tras las elecciones fraudulentas de febrero del 36, uno de los primeros decretos militares del ministerio formado por Azaña y hecho público el 22 de ese mismo mes, fue el cese de Franco como jefe del Estado Mayor Central y su destino a la Comandancia General de Canarias. Entre el 11 y el 13 de marzo, Franco realizó una escala en Gran Canaria, adonde llegó en el barco Domine en compañía del nuevo Gobernador Civil de Las Palmas, Manuel Ramos Vallecillo, antes de posesionarse de su destino en Santa Cruz de Tenerife.

     Pasados unos meses y encontrados en la isla de Gran Canaria el  viernes 17 de julio para asistir al entierro de Amadeo Balmes, Gobernador Militar de Las Palmas, fallecido el día anterior cuando manipulaba una pistola en el campo de tiro de La Isleta, al tiempo que aterrizaba allí el Dragon Rapid, avión que había sido contratado en Inglaterra por Luis Bolín, corresponsal de ABC, con objeto de transportar al general desde Canarias a Marruecos, donde debía hacerse cargo del Ejército de África, que asumió la iniciativa de levantarse en armas contra el confabulación Frentepopulista adueñada de  la República.

     El entierro del general Balmes fue presidido por Franco. Le acompañaban autoridades provinciales, insulares y locales, entre las que se hallaban Antonio Boix Roig, nombrado Gobernador Civil después de la renuncia de Ramos Vallecillo, Fajardo Ferrer, repuesto en la alcaldía de Las Palmas después de la victoria en las urnas del Frente Popular, en febrero de 1936, y Herrera González, presidente accidental del Cabildo.

     Después de los actos fúnebres, Franco dio un corto paseo; luego, se retiró al Hotel Madrid, donde se alojaba también Orgaz, y departió con algunos jefes militares y con el cónsul italiano Ruggero Martini Marchi. Además de la escolta militar que acompañaba a Franco, velaron también por su seguridad algunos falangistas: Abreu y Apolinario, que montaron la guardia en los alrededores del hotel, y otra persona que permaneció en el interior de un coche, armada de una ametralladora corta.

    Aquella misma noche el Gobernador Civil de Santa Cruz de Tenerife, Antonio Boix Roig, habló por teléfono con Casares Quiroga para comunicarle la copia del telegrama que el coronel Eduardo Sáenz de Buruaga había dirigido a Franco desde Tetuán a las o5,15 horas, en la que se le notificaba el levantamiento en armas del Ejército de Melilla. Y el General Franco, tras recibir la comunicación, se desplazó al Gobierno Militar para organizar desde allí la toma del poder dictando las primeras medidas para asegurar la ciudad, a las 5 de la mañana difundió un bando militar o Manifiesto de las Palmas, que fue leído en Radio Las Palmas y Radio Club Tenerife (1).

A las diez y veinte del 18 de julio de 1936 se recibe en Santa Cruz de Tenerife un radio de Tetuán que se retransmite inmediatamente a Franco en Las Palmas. “Tetuán, 18 de julio, a las diez, Urgentísimo. Coronel Sáenz de Buruaga, jefe del Ejército de África, a general Franco. Dueños absolutos de todas las plazas de Marruecos agradecemos de corazón el entusiasta saludo, anhelando pronto llegada ponernos sus órdenes. Puede tomar tierra en Tetuán o en Larache sin consecuencias. Conviene avise salida y esperamos noticias. ¡Viva España!”

    Franco confía la situación de las Canarias al general Luis Orgaz, iniciándose así, desde la Comandancia Militar de esta plaza el movimiento nacional salvador de España y declaración del estado de guerra, constituyéndose este cuerpo en pie de guerra y prestando servicio de armas en varios centros y dependencias de esta ciudad y de patrulla por las calles de la población para garantizar el orden. En contados minutos el Ejército se fue apoderando sin resistencia de todas las Corporaciones y centros oficiales de la capital. La declaración del estado de guerra vino acompañada de un notable aflujo de voluntarios que se pusieron a disposición de las autoridades militares, para reforzar servicios de vigilancia e investigar las actividades de personas consideradas sospechosa. El resto del pueblo contempló con curiosidad el ir y venir de la tropa, sin conocer el formidable alcance de lo que estaba ocurriendo.

    A las once y veinte de la mañana, Franco monta en un automóvil en el patio interior de la comandancia y atraviesa el breve espacio que le separa de un pequeño embarcadero, trasladándose 

    A continuación, Franco se trasladó al vecino muelle de San Telmo y se embarcaba en un remolcador que lo conduciría al aeropuerto de Gando, ello bajo la mirada de Boix Roig, el Coronel Emilio Baraibar, el Jefe de la Guardia Civil y otros mandos que se habían negado a sumarse al golpe militar, que vieron al remolcador España II, con marinería militar a bordo, pasar por delante de la sede del propio Gobierno Civil, entonces situado en un edificio de la calle Triana del lado del mar.  Previamente habían sido informados de que el general Franco, entonces Comandante General de Canarias, iba dentro; y de que se dirigía así por mar al aeródromo militar de Gando (donde le esperaba el Dragon Rapide). Boix y Baráibar tenían orden expresa del Ministerio de la Gobernación y la dirección General de la Guardia Civil de capturar a Franco vivo o muerto. Y el remolcador estaba a tiro de pistola de tierra. Ambos, además, habían sido conminados por líderes de izquierdas, tanto políticos como sindicales, concentrados en el propio Gobierno Civil, a abrir fuego para detener o hundir al remolcador. Pero no hubo disparos. Antonio Boix se negó a dar la orden., y esa irresponsabilidad y despreocupación de impidió que se tomaran las elementales medidas preventivas, para frustrar el golpe de estado.

    Trascurridas unas horas, la ciudad quedaba controlada por las fuerzas militares, con la única excepción del Gobierno Civil, donde se habían congregado representantes de las fuerzas políticas de izquierda y dirigentes de la Federación Obrera, que resistió durante dos días, hasta que la amenaza de un bombardeo con una pieza de artillería instalada en sus inmediaciones obligó a la rendición incondicional, que había sido exigida previamente por el general Orgaz, a quien se había confiado la Comandancia Militar de Canarias.

     Y Franco en el muelle de San Telmo se despidió de sus subordinados, con estas claras y contundentes palabras: “Fe, fe, fe; disciplina, disciplina, disciplina.” Subió a bordo del Dragon Rapid, que lo llevó al Protectorado español de Marruecos. Su hija y su esposa, que habían pasado la noche también en el Hotel Madrid, permanecieron hasta el 19 de julio en el cañonero Arcila, desde el que transbordaron a un buque alemán con dirección a Lisboa.

(1) En estos tiempos de “Memoria subjetiva” en que las tergiversaciones, las falacias y las mentiras que asiduamente propalan los “demócratas de toda la vida” acerca de nuestra reciente historia, es de gran interés que, en este 84 aniversario del Alzamiento Nacional, leamos atentamente el citado manifestó, uno de los documentos más importantes y definidores del pensamiento de Franco, que escribió de puño y letra, y que dice así:

“¡ESPAÑOLES!

   A cuantos sentís el santo amor a España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la Patria, a los que jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la Nación os llama a su defensa.

La situación de España es cada día que pasa más crítica. La anarquía reina en la mayoría de sus campos y de sus pueblos; autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando no fomentan, las revueltas. A tiros de pistolas y ametralladoras se dirimen las diferencias entre los bandos de ciudadanos, que, alevosa y traidoramente, se asesinan, sin que los poderes públicos impongan la paz y la justicia.

    Huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la Nación, arruinando y destruyendo sus fuentes naturales de riqueza y creando una situación de hambre que lanzará a la desesperación a los hombres trabajadores.

    Los monumentos y tesoros artísticos son objeto de los más enconados ataques de las hordas revolucionarias, obedeciendo a las consignas que reciben de las Directivas extranjeras, que cuentan con la complicidad o negligencia de gobernadores monteriles.

    Los más graves delitos se cometen en las ciudades y en los campos, mientras las Fuerzas de Orden Público permanecen acuarteladas, corroídas por la desesperación que provoca una obediencia ciega a gobernantes que intentan deshonrarlas. El Ejército, la Marina y demás Institutos armados son blanco de los soeces y calumniosos ataques, precisamente por aquellos que deben velar por sus prestigios.

    Los estados de excepción y alarma sólo sirven para amordazar al pueblo y que España ignore lo que sucede fuera de las puertas de sus villas y ciudades, así como para encarcelarla a los pretendidos adversarios políticos.

    La Constitución, por todos suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total; ni igualdad ante la Ley, ni libertad, aherrojada por la tiranía, ni fraternidad; cuando el odio y el crimen han sustituido al mutuo respeto, ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial más que por regionalismo que los propios poderes fomentan; ni integridad y defensa de nuestras fronteras, cuando en el corazón de España se escuchaban las emisoras extranjeras que predican la destrucción y el reparto de nuestro suelo.

    La Magistratura española, que la Constitución garantiza, igualmente sufre persecuciones que la enervan o mediatiza y recibe los más duros ataques a su independencia.

    Pactos electorales, hechos a costa de la integridad de la propia Patria, unidos a los asaltos a Gobiernos Civiles y cajas fuertes, para falsear las actas, formaron la máscara de la legalidad que nos preside. Nada contuvo la apetencia de Poder; destitución ilegal del moderador; glorificación de la revolución de Asturias y de la separación catalana; una y otra, quebrantadoras de la Constitución que, en nombre del pueblo, era el Código fundamental de nuestras Instituciones.

    Al espíritu revolucionario e inconsciente de las masas, engañadas y explotadas por los agentes soviéticos, que ocultan la sangrienta realidad de aquel régimen que sacrificó para su existencia veinticinco millones de personas, se unen la malicia y negligencia de Autoridades de todo orden que, amparadas en un Poder claudicante, carecen de autoridad y prestigio para imponer el orden y el imperio de la libertad y la justicia.

    ¿Es qué se puede consentir un día más el vergonzoso espectáculo que estamos dando al mundo?

    ¿Es qué podemos abandonar a España a los enemigos de la Patria, con un proceder cobarde y traidor, entregándola sin lucha y sin resistencia?

¡¡Eso no!! Que lo hagan los traidores, pero no lo haremos quienes juramos defenderla.

    Justicia e igualdad ante la Ley os ofrecemos. Paz y amor entre los españoles. Libertad y fraternidad exentas de libertinaje y tiranía. Trabajo para todos. Justicia social, llevada a cabo sin enconos ni violencias y una equitativa y progresiva distribución de la riqueza sin destruir ni poner en peligro la economía española.

    Pero, frente a eso, una guerra sin cuartel a los explotadores de la política, a los engañadores del obrero honrado, a los extranjeros o a los extranjerizantes, que directa o solapadamente intentan destruir a España.

    En estos momentos es España entera la que se levanta pidiendo paz, fraternidad y justicia; en todas las regiones, el Ejército, la Marina y Fuerzas de Orden Público se lanzan a defender la Patria. La energía en el mantenimiento del orden estará en proporción a la magnitud de las resistencias que se ofrezcan.

    Nuestro impulso no se termina por la defensa de unos intereses bastardos, ni por el deseo de retroceder en el camino de la Historia, porque las Instituciones, sean cuales fueren, deben garantizar un mínimo de convivencia entre los ciudadanos que, no obstante, las ilusiones puestas por tantos españoles, se han visto defraudadas, pese a la transigencia y comprensión de todos los organismos nacionales, con una respuesta anárquica, cuya realidad es imponderable.

   Como la pureza de nuestras intenciones nos impide el yugular aquellas conquistas que representan un avance en el mejoramiento político-social, y el espíritu de odio y venganza no tiene albergue en nuestros pechos, del forzoso naufragio que sufrirán algunos ensayos legislativos, sabremos salvar cuanto sea compatible con la paz interior de España y su anhelada grandeza, haciendo reales en nuestra Patria, por primera vez, y por este orden la trilogía FRATERNIDAD, LIBERTAD E IGUALDAD.

Españoles: ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

¡¡¡VIVA EL HONRADO PUEBLO ESPAÑOL Y MALDITOS LOS QUE EN LUGAR DE CUMPLIR SUS DEBERES TRAICIONAN A ESPAÑA!!!”

José Luis Díez Jiménez

José Luis Díez Jiménez

Nacido en Ciempozuelos (Madrid), y educado en el colegio de los pp. agustinos, estudió Obras Publicas, Filosofía, y Teología. Casado con cinco hijos, ha trabajado como empresario hasta su jubilación.

Premio “Manuel Delgado Barreto” de Círculos San Juan. Es articulista en varias revistas y periódicos, y ha escrito y editado los siguientes libros: “Buscando a Franco”, “Patria, su ser o la nada”, “Oro de ley”, “Explicando: Así quiero ser”, “Crónicas del XIV centenario del III Concilio de Toledo”, “Acuérdate alma cristina que hoy has de…” “Lo que dice el Evangelio” (cuatro tomos), “Camino del Cielo”, “yo te busco tu ne encuentras”, “En el umbral de lo infinito”, “¿Dónde está la Primavera del Concilio Vaticano II?”.

También ha dibujado y editado las láminas del Centenario de Franco, y realizado unas 250 películas subidas a YouTube, algunas le han sido restringidas y otras eliminadas, que ha vuelto a subir a Vimeo. En la actualidad es el Secretario General de la Asociación para la Reconquista de la Unidad Católica de España.

Fuente

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