Un error … sin paliativos – Jaime Alonso / FNFF

18 de julio de 2021

Vaya por delante mi afecto personal y admiración política hacia Rocío Monasterio, a la que considero honesta, valiente, luchadora, coherente y con capacidades para cogobernar con eficacia la Comunidad madrileña, ínsula barataria, donde se refugia España frente al socialismo español. Entiendo que, con tantas entrevistas en directo, no pueda estar excelsa, espontanea, arrebatadora, todo el tiempo y en todas las materias, teniendo en cuenta las encerronas a las que le someten. También admito que el mejor escribano echa un borrón. Qué su formación académica está ligada al calculo y la estructura, no a la teoría política, el derecho comparado o la historia, aunque distinga al Estado, del Gobierno y, a ambos, de la sociedad civil a la que representa. 

 

El hecho de no ser una profesional de la política, al uso; formada en las escuelas de verano para recitar soflamas y tópicos; ni haber chupado banquillo en esas juventudes meritorias en el peloteo al jefe y porta/carteras, me permite habilitarla para aceptar esta crítica de quien le desea el bien, sin pretender consejo de cómo obtenerlo. Este retazo de análisis, derivado de sus palabras, sólo pretende paliar la sorpresa, malestar y hasta indignación provocado, entre afiliados y votantes, por sus declaraciones en el programa televisivo, 24 horas.

 

Sostuvo Rocío Monasterio que “el franquismo fue una dictadura, y Corea del Norte es una dictadura, y Arabia Saudí es una dictadura… y yo condeno todas las dictaduras, y Cuba es una dictadura”. Ante la enciclopédica ignorancia sobre la dictadura de Franco y su torpe equiparación con la “dictadura del proletariado” comunista o la teocrática; sin incurrir en él fácil argumento de que fue el lugar que eligieron sus padres para huir de Cuba y no a la inversa, poderosa razón para establecer una mayor gratitud y nítida diferencia; le intentaré aclarar su error sin paliativos, la injusta equiparación, y las notables diferencias de lo que Vd. califica, como falacia “ad hóminem” abusiva, de iguales dictaduras.

 

Para tal aserto resulta palmario que desconoce que hasta el siglo XIX todos los regímenes existentes fueron autoritarios, aunque tuvieran la forma de imperios, monarquías, aristocracias o repúblicas. También que Spengler escribió, con acierto: “la democracia del siglo XIX es ya bolchevismo”, en las dos fases, desde la revolución francesa y la guillotina, hasta la rusa de 1917 y el terror comunista, de Lenin. Valore la temporalidad histórica de su proteico vocablo, democracia, en el mundo de las ideas y la practica política. Fidel Castro sólo fue un émulo aventajado y oportunista de Stalin, que implantó el totalitarismo comunista en Cuba, al que derrotara Franco en España. ¡Fíjese la magnitud de la comparación!

 

Como planteamiento inicial debería saber que la magistratura de Franco, señalado por sus enemigos como dictadura, era suprema, personal y excepcional, según expresión del más preclaro intelectual de su época, Gonzalo Fernández de la Mora. En esas tres acepciones confluían las condiciones carismáticas de caudillo militar, la de haber sido elevado a la cúpula del nuevo Estado, y la de tener poderes extraordinarios, no habituales en la estructura constitucional del Estado. Nace la llamada “era de Franco”, de una ineludible guerra civil que evita el mismo comunismo que triunfa en Cuba veinticinco años después.

 

La magistratura de Franco fue, durante todo su mandato, constituyente, autolimitadora y autocrática, pues nunca actuó a legibus solutus, libre de ataduras legales. Por ello no admite comparación alguna con cualquier dictadura, menos aún con las comunistas de Cuba y Corea del Norte, tampoco con las teocráticas monarquías árabes. Solo admite semejanza con el “mandato comisorio” que lleva al poder a Julio Cesar; y se hace para restaurar una legalidad inexistente, fundando y proclamando una nueva legalidad. Esa magistratura suprema (autoritaria), siempre temporal, no nació de un golpe de estado incruento, caso de Napoleón el 18 Brumario; ni de una guerra revolucionaria, caso de Oliver Cromwell; sino de una guerra contra revolucionaria, que dirigió Franco. En frente tiene todos los variados asaltos al poder que ha fomentado el comunismo, allí donde le dan la oportunidad y el pueblo vive anestesiado, para instaurar su totalitarismo.

 

El problema que se planteó el régimen de Franco y los intelectuales de su tiempo, Marañón, Pérez de Ayala, Ortega, Pedro Laín, Víctor Pradera, Eugenio Montes, José María Pemán, Eugenio D´Ors, Baroja, Azorín, Pérez Embid, López Rodó, Gonzalo Fernández de la Mora, Martin Artajo, y la generación de la II Republica, fue el de ¿cómo escapar a los peligros del estado demoliberal, causa de aquellos males, sin caer en el absolutismo? Problema que puede volver a reproducirse en España.

 

La original dictadura franquista a la que Vd. equipara lo resolvió (no caer en el absolutismo, ni en el peligro liberal) de forma novedosa y eficaz, si atendemos a los resultados. Mediante un proceso autolimitador y constituyente. Desde él origen: “todos los poderes del nuevo Estado” en que consistió el mandato a Franco, el 1 de octubre de 1936, confluían en él, (legislativo, ejecutivo y judicial -facultad de gracia-), sólo los conserva hasta el 17 de julio de 1942 cuando se crea, mediante ley, las Cortes como “órgano superior de participación del pueblo español en las tareas del Estado”. Ese nuevo parlamento, poder legislativo, era elegido por los cauces naturales de representación política a través de la familia, el municipio, el sindicato y demás cuerpos intermedios (democracia orgánica), aprobando las distintas leyes que iban limitando el poder de Franco y creando las instituciones que configuraron el estado social y de derecho, hasta su muerte. Así se fueron sucediendo las leyes: Ley de Referéndum de 22 de octubre de 1945. Fuero de los Españoles de 17 de julio de 1945. Ley de Sucesión de 26 de julio de 1947, que constituía a España en reino. Ley de Principios del Movimiento Nacional de 17 de mayo de 1958. El proceso de autolimitación del poder concluyó con la Ley Orgánica del Estado de 10 de enero de 1967, por la que el jefe del estado se sometía a una propuesta vinculante en terna del Consejo del Reino, para designar al presidente del Gobierno, lo que se aplicó en los nombramientos de Luis Carrero Blanco y Carlos Arias Navarro. Además, se restringían los poderes transmisibles al Rey; se imponía “la completa independencia de la justicia” (duró hasta 1983) y la “inamovilidad de los magistrados”. Y finalmente Franco propuso a las Cortes, en virtud de las atribuciones que le confería el art. 6 de la Ley de Sucesión, a Juan Carlos de Borbón y Borbón como su sucesor a titulo de Rey, ratificado por el pleno de 22 de julio de 1969, con 41 votos en contra. ¿Puede Vd. Rocío Monasterio, decirme si ha ocurrido algo similar en las otras dictaduras equiparadas?

 

Franco se limitó a cumplir con el mandato que recibió en 1936. El concepto tradicional de España, la moral católica, la unidad de la patria, la hispanidad, la independencia nacional, un ejecutivo fuerte, una representación orgánica, el sindicalismo vertical, la limitación del poder, la primacía del derecho, la independencia de los tribunales, la economía de iniciativa privada, la intervención subsidiaria del estado y la revolución social. Por eso hay en la historia de España, una “era de Franco”; pero no hay un sistema franquista en la historia de las ideas políticas. Franco no quiso un partido único para usufructuar el poder y sucederle, sino unas instituciones solidas, un desarrollo económico y una justicia social como base de la convivencia; de ahí surgió la clase media, inexistente hasta entonces. Sólo cuando inclinó la balanza en favor de instaurar la monarquía dinástica y cuando antepuso el desarrollo económico y social a la ideología, puede decirse que Franco ejerció su prestigio, la auctoritas y potestas.

 

La dictadura comunista de Cuba o Corea del Norte, que Vd. compara, siguen el mismo patrón totalitario que asoló Europa en el siglo XX y permanecen en Hispanoamérica y Asía en el presente, solo la china ha evolucionado. Todo compete al Estado y nada hay al margen de él. El partido, una élite corrompida, mafiosa y degradante ocupa, en beneficio propio, todos los resortes económicos y del poder. Ninguna actividad individual o colectiva se escapa al control estatal; se suprime la propiedad privada y todo lo estrictamente privado se reduce a mínimos. El capitalismo monopolista del Estado o socialismo real niega a los ciudadanos la libertad de expresarse, de poseer, de comerciar, de fundar empresas, de desplazarse fuera y dentro del país; es incompatible con los derechos humanos, con instituciones mínimamente representativas y con la economía de libe mercado. ¿Dentro de esta taxonomía real entre dictaduras, es donde Rocío Monasterio sitúa la similitud? Me cuesta admitirlo.

 

Juzgar la historia en tiempo presente es uno de los ejercicios más cínicos y totalitarios que ha introducido la izquierda en su ideario social, por dos poderosas razones que todavía la derecha no ha entendido. Una porque, abstrayéndose de las circunstancias de tiempo y lugar, blanquea su pasado y denigra a quienes les vencieron en la guerra y en la paz. Dos, porque el presente queda deslegitimado si lo haces del pasado, del que trae causa, una vez finalizada la tarea (Ley Memoria Democrática). Pura y eficaz ingeniería social. Con ello y sin sucesión de continuidad, volveríamos al aventurerismo republicano y la definitiva destrucción de la Nación/Estado. Eso parece que Vox lo tiene claro y marca una notable diferencia con la suicida política del PP y Ciudadanos.

 

El absurdo, ineficaz y contraproducente modo de juzgar el pasado, por parte del centro derecha, ha consistido en la “equidistancia” de considerar a todas las dictaduras iguales: malas; y todos los dictadores condenables “per se”, cualquiera que haya sido la razón por la cual se produjo esa necesidad de suspender la actividad parlamentaria y prescindir del sufragio universal, soberanía del pueblo lo llaman. Ese simplismo argumental obedece a una falta de rigor intelectual y valor político, malo para quien aspira a ser gobernante. Ese fue el error de Rocío Monasterio.

 

La democracia no es el derecho a gobernar, sino el de ser bien gobernados”, sostenía Vázquez de Mella, por ello deseamos esté a la altura de su partido a la hora de reconocer la historia y no continuar por la senda de la falsificación marcada por la izquierda. Nadie pretende la exaltación de una historia irrepetible, pero si, al menos, su conocimiento, respeto y ponderación a la hora de hacer juicios de valor y comparaciones tan ofensivas.

 

El proceso seguido por Franco de autolimitación de poderes y de institucionalización del Estado, permitió la transición de su magistratura excepcional a la monarquía tradicional de las Leyes fundamentales en 1975 y, posteriormente, a la monarquía parlamentaria de la Constitución de 1978 que redujo la Corona a un símbolo sin potestades efectivas. Eso, Sra. Monasterio, permitió que ambas transiciones se efectuaran en aplicación de la normativa vigente, sin ruptura y sin violencia de la legalidad instaurada el 23 de julio de 1936 por la Junta de Defensa Nacional, a la que no pertenecía Franco, hasta hoy. ¿Podría darse algo similar el Cuba, Corea del Norte? Lamentablemente no, porque nada tienen que ver esos regímenes con el de Franco.

 

Resumiendo, con al acierto doctrinal del maestro del racionalismo constitucional hispano Gonzalo Fernández de la Mora, la dictadura que la Sra. Monasterio rechaza y, lo que es peor, equipara, fue “la dictadura soberana autoasumida revolucionariamente por la Junta de Defensa Nacional, legalmente transmitida como dictadura comisoria a Franco, quien la transformó en un Estado de Derecho mediante sucesivas y congruentes autolimitaciones nunca revocadas. Franco se esforzó continuamente en no ser un autócrata o soberano a legibus solutus”(libre de ataduras legales). Los errores de la transición no le son atribuibles y sí a sus herederos. Sírvale el extenso articulo de confesión a su conciencia; la penitencia sería que leyera: “Franco para Antifranquistas, o, los Mitos del Franquismo” de Pío Moa; así no cometerá errores tan evitables e ilustrará el verano.

 

JAIME ALONSO

F.N.F.F.

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