La Conquista de Tenochtitlan por Hernán Cortés y los pueblos originarios víctimas de los mexicas

Hoy hace 500 años que el gran Hernán Cortés, al mando de un ejército integrado en su gran parte por indígenas (tlaxcaltecas y otros pueblos originarios), tomó la capital del imperio mexica, gente que practicaba sacrificios humanos e imponía fuertes tributos a sus vecinos.


Varios historiadores, por ejemplo, Federico Navarrete Linares de la UNAM, afirman que en las tropas que tomaron Tenochtitlan había un 1% de españoles y un 99 % que pertenecían a “pueblos originarios”. Unos 1.000 españoles y unos 100.000 tlaxcaltecas y texcocanos.


Junto a los españoles de Hernán Cortés lucharon en el asedio gente de Tlaxcala, Texcoco, Totonacapan, Xochimilco, Tlatlauquitepec, Huexotzinco, Atlixco, Cholula, Chalco, Alcohua y tepanecas, pueblos que sufrían la tiranía de los mexicas y su derrota consideraban una liberación.

Harris: «La principal fuente de alimento de los dioses aztecas estaba constituida por los prisioneros de guerra, …, eran cogidos por cuatro sacerdotes, extendidos boca arriba sobre el altar de piedra y abiertos de un lado a otro del pecho con un cuchillo de obsidiana.»
«Después, el corazón de la víctima —generalmente descrito como todavía palpitante— era arrancado y quemado como ofrenda. El cuerpo bajaba rodando los escalones de la pirámide, q se construían deliberadamente escarpados para cumplir esta función.» Después las víctimas eran comidas.


Todorov: “Lejos de encarnar el mal absoluto, Cortés, a menudo, les parecía un mal menor, un liberador, guardadas las proporciones, que permite romper el yugo de una tiranía especialmente odiosa”.
La intervención de los nativos en la derrota del imperio azteca fue decisiva, pero también es cierto que sin la dirección de Hernán Cortes habrían fracasado. Todos los intentos indígenas de sacudirse el yugo azteca se habían frustrado.
Hernán Cortés y sus aliados se enfrentaron a unos 200.000 mexicas o aztecas. Moctezuma había muerto a causa de las pedradas lanzadas por su propio pueblo el día 29 de junio de 1520. A partir de entonces estaban comandados por el tlatoani (el que habla) Cuauhtémoc.


Según el soldado y cronista Bernal del Castillo, “en mitad de la laguna salada se asienta la metrópoli, como una inmensa flor de piedra, comunicada a tierra firme por cuatro puertas y tres calzadas, anchas de dos lanzas jinetas.”
El asedio de las huestes de Hernán Cortés a Tenochtitlan comenzó el 12 de mayo de 1521 y culminó 90 días después, el 13 de agosto de 1521, al ser capturado el tlatoani Cuauhtémoc cuando pretendía escapar en una canoa.
Para salvar las aguas que rodeaban Tenochtitlan, Hernán Cortés ordenó construir al maestro armador Martín López, trece bergantines equipados con artillería. Los barcos se realizarían con parte de los aparejos de los barcos abandonados en la costa. Nunca fueron quemados.
Gracias a esos bergantines, Cortés se convierte dueño y señor de la laguna donde se alza Tenochtitlan. Sin embargo, el primer ataque es rechazado por los mexicas. Cuauhtémoc pedirá refuerzos a provincias gobernadas por familiares, pero los capitanes Tapia y Sandoval lo impedirán.


Tenochtitlan está completamente aislada. No pueden entrar ni refuerzos, ni provisiones, ni agua. Los mexicas se alimentarán a partir de ahora de raíces, plantas y de la carne de sus prisioneros indígenas o españoles, cuyos gritos al ser asesinados serán escuchados por sus compatriotas.
Ante la resistencia encarnizada de los mexicas, Hernán Cortes ordena demoler toda construcción que fueran conquistando. Los aztecas ya no podrán utilizar las casas para lanzarles flechas, dardos, piedras o lanzas.
A finales de junio, Cuauhtémoc ordena un ataque contra los campamentos de sus enemigos. Hernán Cortés es capturado, pero gracias a la intervención de Cristóbal de Guzmán y de Cristóbal de Olea es liberado. Ese día sesenta españoles serán sacrificados a la vista de sus camaradas.
López de Gomara: “Hubo tanta mortandad porque anduvieron tan crueles y encarnizados los indios nuestros amigos, que a ningún mexicano daban vida por más reprendidos que fueran”. Los tlaxcaltecas y otros pueblos antaño tributarios de los mexicas aprovecharon para saldar cuentas.
Si los mexicas o aztecas matan y se comen a sus prisioneros, los tlaxcaltecas y otros aliados de Hernán Cortés harán lo mismo. No tuvieron piedad con los mexicas de la misma manera que éstos nunca la tuvieron con ellos.
Hernán Cortés: “Nuestros amigos hubieron este día muy grave despojo, el cual en ninguna manera les podíamos resistir, porque nosotros éramos obra de 900 españoles, y ellos de 150.000 hombres, y ningún recaudo ni diligencia bastaba para estorbarles…».
Día a día, los mexicas quedan confinados en una cuarta parte de la superficie original de Tenochtitlan. Hernán Cortés trata de parlamentar con Cuauhtémoc pero este no comparece. Ordena entonces a Alvarado, a los aliados y a los bergantines que atacarán al mismo tiempo.
En la mañana del 13 de agosto de 1521, San Hipólito, Hernán Cortés logra entrevistarse con Cuauhtémoc. Se niega a rendirse, pero los mexicas comienzan a huir de la ciudad. Uno de ellos de los que tratará de huir será el propio tlatoani.
Cuauhtémoc será capturado por el capitán García de Holguín cuando trataba de escapar del asedio en una piragua. Pidió a Hernán Cortés que lo matara pero este se negó. Capturado el tlatoani cesó la resistencia de los mexicas. Españoles y aliados entran en Tenochtitlan.

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