El tabú del patriarcado (lo que el feminismo no te cuenta)

El libro comienza con un relato acerca de una chica a la que se le pincha una rueda del coche. Inmediatamente, un hombre se para a ayudarla. Ante la dulzura y la inocencia de la chica, el hombre decide hacer él mismo todo el trabajo por ella: busca en su furgoneta las herramientas, se mancha, le cambia la rueda, etc. Finalmente, la chica le da las gracias y le dice que no sabe qué hubiese sido de ella sin él. El hombre arranca su coche, y a pesar de que llega tarde al trabajo y se ha manchado la ropa, conduce con una sonrisa de satisfacción en la cara. ¿Cómo es esto posible? Esther Vilar diría que las mujeres no son oprimidas por los hombres sino que controlan a los hombres para su ventaja. Como afirma ella misma (¡Ojo! Yo no defiendo las siguientes ideas)

En mi artículo El pilar del feminismo: el patriarcado, expliqué cómo la Teoría Feminista ha popularizado una visión, con un cariz negativo, del concepto de patriarcado. De un tiempo a esta parte, esta noción se ha vuelto tan hegemónica en nuestra sociedad que disentir de ella pareciese algo ciertamente tabú. Es por ello que en este artículo me gustaría ofrecer al lector diferentes puntos de vista acerca de este concepto que tanto se ha popularizado en los últimos años. Como siempre digo, no pretendo sentar cátedra del asunto, pero sí que me gustaría aportar todos aquellos puntos de vista que he podido averiguar, y, especialmente, hacer hincapié en los que a mi juicio ofrecen la perspectiva más razonable del asunto.

En primer lugar, presentaré la Teoría Feminista; después, la Teoría de la ley de la exogamia de Levy-Strauss; después, la teoría de Daniel Jiménez y, por último, abordaré el concepto del patriarcado desde la perspectiva que, a mi juicio, mejor lo explica con todo lujo de detalles, que es la visión de Xeno Shenlong, que es capaz de unir en una explicación todas las perspectivas anteriores desde una aproximación evolutiva.

El artículo será largo, porque quiero ser exhaustivo, así que os invito a leerlo con calma. Espero que os guste.

TEORÍA FEMINISTA

Como ya se dijo, es la aproximación más popular que existe a día de hoy. Kate Millet en su Política sexual lo definía como un:

Sistema de dominación masculina que facilita la opresión y la subordinación de las mujeres.

Por su parte, la historiadora feminista Gerda Lerner lo definió en 1986 como:

La manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general.

Como dije en el anterior artículo:

Si nos fijamos, se puede observar cómo el patriarcado va unido al concepto de opresión, dominio, subordinación de la mujer con respecto al hombre. Para Lerner el patriarcado (opresión femenina) se inicia en el Neolítico, esto es, el periodo entre el 6,000 a. C. y el 4,000 a. C., lo cual significa que las mujeres han estado oprimidas durante unos 8.000 años y es, recientemente, ya sea con el protofeminismo de la Revolución Francesa o el feminismo de la primera ola de las suffragettes, cuando han empezado a liberarse del yugo de la opresión patriarcal.

Por su parte, Mala Fontenla, define el patriarcado intentando integrar las diferentes corrientes feministas:

El patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–políticas basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia. Los estudios feministas sobre el patriarcado, y la constatación de que se trata de una construcción histórica y social, señalan las posibilidades de cambiarlo por un modelo social justo e igualitario.

El patriarcado feminista lleva aparejada la noción de machismo estructural, es decir, la prevalencia del varón sobre la mujer. También lleva aparejada la idea de los roles de género, que son aquellas normas sociales que, desde esta visión, serían las responsables de perpetuar la opresión femenina, debido a que a las mujeres se las ha educado para ser sumisas, débiles, dependientes, dóciles, etc., y al varón se le ha educado en el ejercicio del rol dominante. Es por ello que la mujer estaría supeditada al varón en múltiples esferas, no porque sea inferior al él, sino porque se nos educa de esta manera.

De esta perspectiva, esta estructura de dominación es la madre de todas las estructuras de dominación existentes, pues es la más duradera en el tiempo y la que afecta al 50% de la población.

Críticas a esta teoría

Como expliqué en mi artículo, si se acepta esta visión, entonces se ha de aceptar, de forma inexorable, que somos descendientes de unos antepasados hombres canallas y unas antepasadas mujeres débiles y/o poco inteligentes. Esto es debido a que esa estructura de poder, con sus roles de género asociados, fue creada para beneficio de los hombres y en detrimento de la mujer. Aquellos no fueron portadores de ninguna empatía y sí de mucha maldad, pues fueron capaces de oprimir durante 8.000 años a sus mujeres, y estas fueron tan débiles e incapaces que durante ese tiempo no pudieron subvertir el yugo de la opresión siendo el 50% de la población.

También expliqué que no es posible salvar el escoyo de la culpabilidad masculina simplemente recurriendo a la idea de “no es que sean los hombres los culpables, sino que es una estructura que se ha conformado” debido a que, a no ser que se reconozca que las mujeres también participaron de esa estructura (y entonces no se puede hablar de opresión) o que las mujeres fueron estúpidas al elegir su propia condena, se ha de aceptar que esta estructura fue impuesta por la fuerza, en contra de los deseos femeninos. Por lo tanto, sí o sí, este relato nos lleva de vuelta al punto de partida: los hombres eran canallas, las mujeres débiles y/o poco inteligentes.

También expliqué cómo no es adecuado comparar esta situación con los esclavos negros, debido a que los negros también han sido esclavistas, no todos los negros han sido esclavos (pero sí todas las mujeres han estado oprimidas), los blancos también han sido esclavizados en ciertos periodos de la historia, y, sobre todo, un amo jamás daría la vida por un esclavo, pero muchos hombres sí que darían la vida por una mujer.

Otro de los problemas de esta visión maniquea de la historia, es que puede ser dada la vuelta. Es decir, siguiendo la misma lógica y con la misma imaginación, se podría llegar a argumentar que los hombres han sido el grupo oprimido a lo largo de la historia. Obviamente, yo no creo en esta visión, pero en los años 70, en plena explosión del feminismo, hubo una mujer que defendió algo parecido. Su nombre es Esther Vilar, médica, psicóloga y socióloga, autora del famoso libro El varón domado, el cual le valió amenazas de muerte de por vida. En la dedicatoria del libro ya se pueden observar las intenciones de la autora:

Este libro está dedicado a las personas que no aparecen en él: a los pocos hombres que no se dejan amaestrar y a las pocas mujeres que no son venales (*vendibles), y a los seres afortunados que no tienen valor mercantil, por ser demasiado viejos, demasiado feos o demasiado enfermos.

El libro comienza con un relato acerca de una chica a la que se le pincha una rueda del coche. Inmediatamente, un hombre se para a ayudarla. Ante la dulzura y la inocencia de la chica, el hombre decide hacer él mismo todo el trabajo por ella: busca en su furgoneta las herramientas, se mancha, le cambia la rueda, etc. Finalmente, la chica le da las gracias y le dice que no sabe qué hubiese sido de ella sin él. El hombre arranca su coche, y a pesar de que llega tarde al trabajo y se ha manchado la ropa, conduce con una sonrisa de satisfacción en la cara. ¿Cómo es esto posible? Esther Vilar diría que las mujeres no son oprimidas por los hombres sino que controlan a los hombres para su ventaja. Como afirma ella misma (¡Ojo! Yo no defiendo las siguientes ideas):

Los hombres han sido entrenados y condicionados por mujeres, no muy diferente de la forma en que Pávlov condicionó a sus perros para que se convirtieran en sus esclavos. Como compensación por su trabajo, a los hombres se les da el uso periódico de la vagina de una mujer.

En los años 70 se televisó un debate entre la feminista alemana Alice Schwarzer y Esther Vilar. En lo personal no estoy de acuerdo con el enfoque que adoptan ninguna de las dos, porque ambas me parecen visiones extremistas, pero reconozco que tiene cierta gracia ver a Vilar haciendo de espejo del feminismo, una especie de: “Tú me das una serie de argumentos para defender que la mujer está oprimida, y yo, usando la misma lógica, recojo tus argumentos y los transformo en lo contrario: el hombre está oprimido por la mujer”. Y la pregunta aquí sería: ¿por qué los argumentos de Esther Vilar serían menos válidos que los del feminismo? Al fin y al cabo, cada una, usando los datos, el argumentario y las interpretaciones que les interesa, crean una realidad concreta: los hombres/mujeres están oprimidos por las mujeres/hombres. ¿Quién lleva razón? En mi opinión ninguna, pues la relación entre hombres y mujeres nunca fue una historia de opresores ni oprimidos, sino de cuidado mutuo (aunque en ese cuidado esporádicamente también se puedan dar “guerras”)

TEORÍA DE LA LEY DE LA EXOGAMIA

Me gustaría explicar la teoría que Levi Strauss presenta su obra Estructuras elementales del parentesco, para ello me basaré en este vídeo de Leyre Khyal:

Levy-Strauss decía que el terreno de la vida sexual era con preferencia a ningún otro, el espacio en el que se daba el tránsito de la naturaleza a la cultura (…). En la búsqueda de indicios culturales universales, Levy-Strauss encontró que la restricción sexual constituye el principio cultural de toda sociedad. Esto quiere decir, por un lado, que hablar de cultura es hablar de orden, y, por el otro lado, de que ese orden es constitutivo a partir de una restricción, una limitación de carácter sexual. 

¿Qué norma es esta?

Levy-Strauss encuentra en la ley de la exogamia (o prohibición del incesto) como la condición de igualdad de acceso al cuerpo de las mujeres, una condición de solidaridad que se impone a todos los hombres y les obliga al intercambio de estas, generando así una red estructural que sería una estructura elemental del parentesco y sería constitutiva de todo el aparato social. (…) Es decir, el tabú del incesto es una norma prosocial que se da en el terreno de la sexualidad y que constituye el cambio de “naturaleza” a “sociedad”. (…) El tabú del incesto es la restricción que impide a los hombres acceder ilegítimamente al cuerpo de las mujeres de su propio clan, tribu, linaje, familia… obligándoles así a su intercambio. Así, el tabú del incesto y la ley de la exogamia, son el cimiento constitutivo de toda sociedad. (…) El matrimonio (…) es el momento en el que el padre tras cumplir con la normativa de restricción sexual de acceso a sus hijas las entrega a otro hombre. De ahí que las numerosas pruebas a la virginidad (…) en realidad son pruebas al honor del padre; es decir, el hecho de que la pérdida de virginidad antes del matrimonio de una hija cuestiona en realidad el papel del padre. Por eso los símbolos de pureza como el color blanco (…) aparecen siempre asociados a la figura de la novia (…) pues representan el honor del padre, su valor, su cumplimiento a la normativa. Si observáis en nuestra cultura es habitual que los padres lleven a la novia al altar que va entera de blanco a entregársela al novio. Esto no quiere decir que en occidente se practiquen intercambios de mujeres, por suerte, al contrario, son las reminiscencias de antiguos significados de lo que suponía el matrimonio que fueron cambiados en todo el proceso de la modernidad por múltiples acontecimientos. 

¿Cuál es el problema de esta teoría? Demostrar que la evitación del incesto es algo aprendido socialmente, como expone Strauss, y no algo innato. Me dice un contacto:

Creo que la falta de atracción sexual entre hermanos es algo innato, no construido. Otra cosa es que nosotros no tengamos un detector de genes e identifiquemos como hermano a una persona con la que no tengamos lazos de sangre, de la misma forma que dos hermanos separados al nacer se encuentran y, como nunca crecieron como hermanos, la atracción sexual puede surgir. Un hermano es una persona con la que compartimos nuestra infancia y competimos por la atención de nuestros padres. Generalmente, ese hermano es también hijo de los mismos padres. 

A este respecto, el sociólogo finlandés Edvard Westermarck propuso en 1891 el “efecto Westermarck”, que sostiene la hipótesis de que las personas que conviven en una estrechez de proximidad doméstica durante los primeros años de sus vidas, se vuelven insensibles a la atracción sexual de una manera innata. No obstante, como podéis imaginar, esta teoría también cuenta con sus críticos, pero no es mi objetivo en este artículo indagar en profundidad en la veracidad de este efecto.

Otra aproximación que guarda similitudes a la teoría de Levi-Strauss la podemos ver en este vídeo del politólogo Santiago Armesilla:

El patriarcado fue una institución histórica que surgió para evitar la endogamia en las poblaciones humanas y asegurar la exogamia (…) Los padres, varones, eran los que dominaban el territorio de la economía doméstica que ya se había asentado en el neolítico, y eran los dueños de los bien inmuebles, es decir, de la casa y de lo que había que proteger mediante la guerra, las armas… (…) Ese gobierno de los padres se asienta históricamente a través de la guerra y de la propiedad, mediante el varón mayor, que suele ser el patriarca de los bienes inmuebles, y que hace que la mujer que vaya a vivir a esa casa mediante un aseguramiento de la exogamia exitoso (…) sea ella la dueña de los bienes muebles, los movibles (…), eso le convierte en una institución que tiene una evidente racionalidad antropológica clara, porque dura muchísimo tiempo, muchísimos siglos, porque permite entre otras cosas asegurar la recurrencia de sociedades que necesitaban de esa técnica para poder subsistir. (…) Lo que critican las feministas radicales del patriarcado, es una institución que no entendieron bien cómo funcionaba y que además en un sentido antropológico-histórico fue lo que permitió que muchas sociedades funcionaran de manera exitosa, y que fue, además, debido al propio desarrollo técnico y tecnológico que existía en esa época. (…) Fue una institución racional que a las mujeres les sirvió de mucha ayuda para progresar. (…) Fue un avance social porque ayudó a los pueblos sedentarios a generar algo que iba más allá de la barbarie del neolítico (…), fue esencial para la civilización, fue positivo para que haya civilización, es más, el patriarcado es civilización. 

DANIEL JIMÉNEZ

Abordaré fundamentalmente este apartado en torno al conocido libro de Daniel Jiménez Deshumanizando al varón (libro que recomiendo encarecidamente a todo aquel que quiera acceder a una realidad diferente del relato hegemónico).

Primero, expondré lo que Jiménez entiende por patriarcado; después, expondré los tipos de poder femeninos que han existido y los hechos históricos que los sostienen y que contradicen la tesis feminista de la opresión de la mujer; por último, expondré la tesis de que los roles de género son un acuerdo entre ambos sexos.

Patriarcado

Como muchos sabréis, la palabra patriarcado significa literalmente “gobierno de los padres”. Según Jiménez, este significado puede ser un poco engañoso, pues no siempre fue necesario ser padre para detentar una autoridad. Un ejemplo claro han sido todas aquellas religiones en las que el celibato era obligatorio. Por otro lado, en el ámbito de la política también ha habido líderes que no fueron padres, como fue el caso de dos presidentes de los Estados Unidos (James K. Polk y James Buchanan). Jiménez propone que, si lo que se quiere decir es que el patriarcado es el “gobierno de los hombres”, entonces un término más adecuado sería “androcracia”. Por otro lado, el autor nos explica:

El uso de la palabra «patriarcado» para hacer referencia a un sistema que asigna roles de género tampoco es correcto. Los roles de género existieron antes, durante y después de las sociedades patriarcales: por ejemplo en la división sexual del trabajo de las sociedades cazadoras-recolectoras o en el Occidente contemporáneo.

Para el autor, la perspectiva adecuada con la que debe abordarse el término patriarcado es:

Para referirse a un sistema de organización familiar centrado en el padre que es apoyado por la ley y la costumbre, como por ejemplo la sociedad romana en la figura del paterfamilias. Es decir, el gobierno de los padres en sus respectivas familias, no el de los hombres en posiciones políticas o de autoridad. También puede emplearse para describir los papeles de liderazgo político o religioso que se asocian simbólicamente con la figura paterna.

Cuando Jiménez dice “no el de los hombres en posiciones políticas o de autoridad” entiendo que se refiere a que, en verdad, la gran mayoría de los hombres no llegaban a ninguna posición de autoridad en la esfera político-social, sino tan solo una minoría de ellos y que las mujeres aristócratas podían tener más poder que la mayoría de los hombres.

Pero, aunque el hombre en lo legal pudiera poseer una autoridad formal, eso no significaba que de puertas para adentro de su casa poseyera dicha autoridad. Para explorar el terreno del poder femenino, Jiménez realiza una distinción entre los conceptos “poder” y “autoridad”:

Para el propósito de este análisis utilizaré las definiciones de Max Weber, quien describía poder como la capacidad de ejercer o imponer la propia voluntad sobre otros, frente a autoridad, que es el poder aceptado por la gente porque proviene de una fuente que considera legítima. Dicho de otra forma: toda autoridad conlleva poder, pero no todo poder proviene de la autoridad.

El poder femenino en las sociedades campesinas

Jiménez nos dice:

En su estudio sobre las sociedades campesinas, Susan Carol Rogers reveló que, aunque los hombres detentaban la autoridad, las mujeres esgrimían el mismo o incluso mayor poder. Entre los motivos se encontraban: que las decisiones importantes para la comunidad solían ser tomadas por órganos políticos lejanos al pueblo o la aldea, limitando el poder de decisión masculino centrado en lo público; que ambos sexos realizaban tareas distintas, pero complementarias, creando una interdependencia entre los esposos; que el hogar era el centro de producción y consumo para el campesinado, área dominada por la mujer (…) Teniendo en cuenta que la mayor parte de la población mundial a lo largo de la Historia ha pertenecido al campesinado, no es una conclusión que debamos desechar a la ligera cuando nos planteamos si históricamente la mujer contaba con poder.

Stephanie Coontz nos señala acerca de la división sexual del trabajo en algunas sociedades medievales:

Ninguna persona, ni hombre ni mujer, podía manejar individualmente y por sí sola una granja. El hombre se dedicaba a los trabajos agrícolas de puertas afuera; en realidad a un campesino se le conocía generalmente como el labrador. Además de arar esparcía el estiércol, excavaba la hulla para obtener combustible y cosechaba a mano empuñando pesadas hoces y guadañas. Trillaba el trigo, daba vuelta al heno y a veces salía a trabajar a los campos de otros terratenientes. La esposa ordeñaba las vacas, fabricaba mantequilla y queso, alimentaba a las gallinas y los patos, limpiaba y escardaba la lana, preparaba la linaza (un proceso que comprendía quince pasos), elaboraba la cerveza y acarreaba el agua. Además, las mujeres eran las encargadas de llevar los excedentes de la producción al mercado, lavar la ropa en el arroyo de la aldea y moler el grano en el molino. Hombres y mujeres participaban en la cosecha, espigaban los campos y recolectaban leña. Las mujeres, igual que los hombres, a veces se empleaban para realizar labores agrícolas en otras propiedades.

Tipos de poder femenino

Para Jiménez habría tres tipos de poderes femeninos fundamentales: el poder maternal, el sexual/sentimental y el tradicional.

El poder maternal

El poder maternal derivaría de la condición de madre, y comprendería la dependencia emocional entre madre e hijo; la deuda de vida y supervivencia que consciente o inconscientemente se establece con la madre (quien suele estar más presente durante la infancia que el padre); la pervivencia de la autoridad materna que se extiende de manera informal más allá de la mayoría de edad del hijo; la influencia recibida por la educación materna y el respeto que la sociedad otorga a la maternidad y las madres en general, donde confluye con el poder tradicional. El hecho de que uno de los mayores insultos que se le pueda hacer a un hombre esté vinculado al honor de su madre constituiría un ejemplo del vínculo emocional establecido entre ambos.

En este apartado, Jiménez nos cuenta la historia de Lü Zhi, la cual, tras el fallecimiento del emperador Gauzo, y tras la sucesión en el trono de su hijo Hui de Han, se convirtió en emperatriz viuda. Lü Zhi, a pesar de que no detentaba la máxima autoridad formal, tenía más poder que su propio hijo emperador. La emperatriz, la cual odiaba profundamente a una de las concubinas del antiguo emperador Gaozu (la Concubina Qi), y en contra de las órdenes del nuevo emperador, decidió asesinar a esta y a su hijo Liu Ruyi, un chiquillo de doce años. Así nos lo cuenta Jiménez:

Sabedor de la enemistad de su madre con Qi, el emperador tomó medidas para protegerla a ella y a su hijo. Sin embargo, tras unos meses sin incidentes, Hui bajó la guardia y se fue de cacería sin él. A su vuelta, el emperador encontró que el hijo de Qi había sido envenenado. La propia Qi seguía con vida, pero le habían cercenado las extremidades, arrancado los ojos y cortado las orejas. Después de obligarla a tomar un ácido que la dejó muda, fue arrojada a las letrinas. La emperatriz madre la nombró «el cerdo humano». Estos hechos hicieron enfermar al emperador por un año y posteriormente abandonó el gobierno.

A pesar de que el nuevo emperador tenía una doble autoridad sobre la madre (la de ser emperador y la de la obediencia al hijo varón a la muerte de su padre), esta no fue suficiente para detener el poder de la madre. Como nos cuenta Jiménez:

El emperador fue ninguneado por su madre, y así es generalmente retratado Hui en la Historia de China: como una persona con buenas intenciones, pero impotente ante las maquinaciones de su progenitora. ¿Cómo es posible que la autoridad de Hui fracasara cuando se enfrentó a su madre? Si equiparamos autoridad y poder, sería incomprensible, pero cuando separamos ambos términos la razón queda clara. (…) Ninguna regla o ley puede controlar el poder que una madre puede ejercer sobre su hijo. Que el poder femenino no haya sido codificado como la autoridad masculina no lo hace menos real ni menos relevante. En este caso, como hemos podido comprobar, se impuso sobre la máxima autoridad del planeta (con permiso de los emperadores romanos). Cualquier consejero o político habría sido ajusticiado de haber intentado algo parecido, pero Lü Zhi pudo salirse con la suya no tanto por el cargo que ocupaba, sino por ser la madre de Hui.

Jiménez también nos cuenta que el poder maternal también se manifestó de forma política, por ejemplo, con Carrie Nation:

En su guerra contra el alcohol que precedió a la ley seca, se presentaba como una madre y adoptaba una actitud maternal para pedir a los dueños de los salones que le abrieran sus puertas. Seguidamente los destrozaba con un hacha de mano sin sufrir graves represalias por parte de las autoridades. Nation alcanzó seguidores en todo el país y consiguió endurecer las leyes contra el alcohol.

El poder sexual/sentimental

Derivaría de la expectativa de proporcionar o retirar atenciones sentimentales o sexuales al hombre. En este caso la mujer no tiene por qué realizar la promesa o amenaza de forma explícita (aunque en ocasiones se haga), sino que se insinúa como respuesta implícita en determinados escenarios o incluso puede asumirse de forma tácita. El escritor canario José Clavijo y Fajardo indicó en el Siglo XVIII cómo los hombres eran moldeados por la expectativa de recibir dichas atenciones:

Los hombres han fido fiempre lo que Vms. han querido que fean. Antiguamente se metieron Vms. en la cabeza el fer Dulcineas, y eramos todos Quijotes. Dieron Vms. en prendarfe de la valentía, y eramos matones implacables. Quifieron fer rondadas; y hechos poftes de las cafas, apenas havia nieve, agua ni fereno que no cayeffe fobre nuestros fombros; estimaron los verfos; y bueno, ó malo, fe encontraba un Poeta en cada efquina. Guftaron de hombres afeminados, y cambiamos la efpada y el broquél por cintas, bucles, tontillo y limpiadientes.

En este apartado, Jiménez hace referencia al conocido cuento medieval de Aristóteles y la princesa india Filis, que nos sirve para ejemplificar el enorme poder que puede tener la sensualidad femenina, aun incluso sobre uno de los mayores sabios que han existido. Resumidamente, el cuento viene a decir que Aristóteles, el cual fue maestro de Alejandro Magno, le aconsejó a este evitar a Filis. Ella, sabiendo que Aristóteles fue el responsable del nuevo comportamiento de Alejandro, planificó una venganza que consistía en seducirle para avergonzarle delante de este. Así, cuando lo sedujo, para probar su amor, le hizo prometer que la permitiría cabalgarle como si fuese un caballo. En ese momento, durante esa ridícula escena, acudió Alejandro Magno al lugar en el que Filis le había citado y presenció el suceso. Existen tres versiones de esta historia, en el que al final de ella Aristóteles:

1) Se disculpa ante Alejandro, diciendo Amour vainc tot, & tot vaincra tant com li monde durera (El amor lo conquista todo, y todo conquistará mientras dure el mundo).

2) Le dice a Alejandro que, si una mujer engañó al anciano más prudente, cuanto más puede hacer con un joven, a lo cual Alejandro lo perdona.

3) Huye a un país lejano, donde medita sobre la maldad de las artimañas femeninas.

Otros ejemplos de poder femenino fueron Madam Ke o Wu Zetian en China; en Japón, por su parte, la amante de Shogun Tokugawa Ieyasu, Onatsu:

Influía tanto en Ieyasu que alguien comentó que el caudillo estaba dispuesto a aceptar que lo blanco era negro, si así lo decía ella.

Por otro lado:

El último rival de Ieyasu, Toyotomi Hideyori, estaba incluso más influenciado por su madre, Yodogimi. Reconociendo su poder, Ieyasu envió justamente a otra mujer, la cristiana María Kyogoku, para negociar con ella un acuerdo de paz durante el Asedio de Osaka en 1615, acuerdo que Yodogimi aceptó y más tarde supondría su perdición

Otros ejemplos los tenemos en América, donde un cronista azteca describió al rey Texcoco como:

«totalmente dominado» por su segunda esposa, que ni siquiera provenía de la nobleza.

También en España hay ejemplos de poder femenino en la madre de Carlos III, la reina Isabel Farnesio, o la reina Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI. Sobre esta última, nos cuenta Jiménez:

Benjamin Keene se refirió al poder que esta última ejercía sobre su esposo Fernando VI afirmando que «puede persuadirlo como quiera, con tanto poder, pero con menos dificultad, que la emperatriz madre hacía con su marido, su padre». Y según el embajador portugués los ministros pasaban buena parte de sus documentos por ella debido a que «solo ella sabe lo que debe ser dicho u ocultado al rey»

Otro ejemplo de este tipo de poder lo tenemos en las huelgas sexuales, generalmente iniciadas por mujeres hasta obtener de sus parejas el comportamiento político deseado, a veces con éxitos y otras veces con fracasos.

El poder tradicional

No emana de las relaciones interpersonales, sino de las expectativas sociales y culturales marcadas por los roles de género. La mujer, particularmente en sociedades tradicionales, puede demandar que el hombre cumpla con su papel de protector y proveedor tanto como él espera que la mujer realice su papel de cuidadora del hogar y los hijos. Su primacía en la esfera privada, la más importante para la mayoría de las familias, la sitúa en una posición ventajosa para tomar la mayor parte de las decisiones importantes. Por ejemplo, un sondeo del Pew Research Center determinó que en un 31 % de las parejas estadounidenses la mayoría de las decisiones se toman de forma conjunta, en un 26 % el hombre toma más decisiones y en un 43 % es la mujer quien lo hace. Entre las decisiones se encontraban escoger las actividades compartidas el fin de semana, compras para la vivienda, decidir qué ver en televisión y manejar las finanzas del hogar. Otro sondeo, recogido en Harvard Business Review, constataba que en los distintos países encuestados las mujeres toman la decisión en la compra del 94 % de los muebles, el 92 % de las vacaciones, el 60 % de los vehículos y el 51 % de los productos electrónicos, concluyendo que “las mujeres determinan la economía mundial”.

En este apartado, Jiménez también nos habla de los casos de la India, China y Japón, en donde las tradiciones “mandaban” que la persona que tenía más autoridad en una pareja no era el marido, ni tampoco la esposa de este, sino su madre. Como indica Ruth Benedict:

Se da por descontado que en las familias respetables los padres eligen las esposas de sus hijos, normalmente a través de los buenos oficios de algún mediador (…). Es proverbial que la suegra no vea con buenos ojos a la nuera. Encuentra en ella toda clase de defectos; puede incluso echarla y romper el matrimonio, aunque el joven marido sea feliz con su esposa y no pida más que vivir a su lado. Las novelas, y la vida misma, destacan tanto el sufrimiento del marido como el de la mujer. El marido, por supuesto, cumple con el ko [piedad filial] al someterse a la ruptura del matrimonio

Así, Jiménez nos recuerda:

Si bien el marido poseía más autoridad que la esposa, la suegra tenía aún más autoridad que el marido, y este último debía obedecer sus dictados

Intercambio de libertad por estatus

Según Jiménez, la relación entre hombres y mujeres nunca ha sido de explotador y explotada, sino más próxima a una relación entre padres e hijos. A un esclavo se le pone limitaciones por el bien del amo, a un hijo por su propio bien (y aunque la autoridad formal la detentase el varón, como hemos comentado, las mujeres podían ejercer otras formas de poder que equilibraban la relación entre ambos sexos).

En otras palabras, como diría Xeno (a la que ahora analizaremos) en su propio vídeo analizando este libro:

Los roles de género se han construido consensuadamente, tanto por hombre como por mujeres, en un intercambio de libertad por estatus. (…) La supervivencia de las mujeres del grupo es más importante para su continuidad, al ser ellas el cuello de botella reproductivo de la especie

Es decir, una mujer solamente puede dar a luz una sola vez cada 9 meses; sin embargo, un solo hombre puede dejar preñadas a muchísimas mujeres a lo largo de un año; es decir, no se necesitan muchos hombres para continuar la especie, pero sí muchas mujeres.

Por su parte, la dependencia de las mujeres hacia los hombres genera un endeudamiento: (…) el acuerdo primigenio entre los sexos siempre había sido que los hombres sacrificarían su vida y bienestar por proteger los de las mujeres y a cambio ellas no saldrían de la seguridad de sus espacios. La desechabilidad de ellos vendría dada por su menor importancia reproductiva y la sumisión de ellas sería una manera de facilitar su protección, como sucede con los niños, y una forma de pago hacia sus protectores, ya que ningún hombre arriesgaría su vida sistemáticamente si no esperase recibir nada a cambio.

En este punto me gustaría hacer una reflexión. Si nos fijamos, a día de hoy en occidente, ya no se dan las condiciones en las que los hombres, debido a una gran hostilidad ambiental y escasez de recursos del pasado, debamos seguir haciendo el papel de proveedores y protectores (por lo menos tanto como se esperaba de nosotros siglos atrás). Tampoco ya se espera de las mujeres esa falta de libertad o ese trato infantilizado. Es por ello, que de un tiempo a esta parte se han empezado a popularizar los cuestionamientos relativos a los roles: es decir, aquellas propuestas que te hacen cuestionarte que como hombre hayas de ser proveedor, fuerte, varonil, macho alfa, etc., lo mismo que las mujeres deban ser amas de casa, dependientes del marido, sumisas, afables, etc. En otras palabras: se da esto porque a día de hoy es posible este discurso. Sin embargo, como veremos más adelante, este discurso también parte de varias trampas, pues no parece que hayamos trascendido al 100% estas tendencias biológicas.

XENO SHENLONG

He de reconocer que soy un enamorado de la obra de esta chica (por cierto, sí, sé que va a sonar muy oportunista, pero, abusando un poco, quisiera aprovechar para promocionar su Patreon, porque las curradas monumentales que se mete esta chica no están pagadas, así que si a alguien le interesa apoyarla ya sabéis. Aquí también su canal de Youtube).

En ¿Qué es el patriarcado? (2ª parte), Xeno nos dice lo siguiente (por la extensión limitada de este artículo no podré resumir el contenido de todo el vídeo; no obstante, recomiendo encarecidamente a cualquier persona curiosa ver el vídeo entero):

Habíamos visto cómo existe una continuidad entre la posición feminista hacia el matrimonio antes y después de la aparición del concepto de patriarcado.

Es decir, antes de surgiese el concepto de patriarcado en el feminismo, el matrimonio ya había empezado a caer y a incrementarse los divorcios. Esto coincide con la implantación de la píldora anticonceptiva. Con ella, la mujer puede retrasar su embarazo o no tener hijos. No hay que olvidar que los hijos, muchas veces, son un pegamento para las parejas y pueden evitar muchos divorcios. En palabras de Xeno:

El rechazo al matrimonio es un fenómeno cultural que aparece como consecuencia de un cambio material (los anticonceptivos) y el feminismo es un reflejo ideológico de este fenómeno y NO A LA INVERSA.

Dicho de otra manera, supongamos —Dios no lo quiera—, que el Covid no se fuese nunca y que, de hecho, surgiese una cepa más fuerte con la que se descubre que la gente sobre todo se contagia muchísimo por los besos. En este contexto, sería lógico que se empezase a dar un cierto recelo entre las parejas que acaban de conocerse a besarse a la primera de cambio, si el riesgo fuese tan alto. De este modo, un cambio material (el Covid) produce un cambio cultural (el no besarse hasta estar seguro que la persona es de confianza) y este cambio cultural puede ser utilizado de forma ideológica por algún movimiento; por ejemplo, supongamos que surgiese un repunte del cristianismo en España y con el paso del tiempo se incorporase una nueva norma moral a su doctrina: Dios no desea que las parejas se besen hasta el matrimonio.

Siglos después, cuando pasase el Covid, esta norma carecería de sentido y diríamos que la religión es estúpida y que ella es la responsable de esta conducta de no besarse (causa proximal); sin embargo, la causa distal (la lejana) de esta conducta no es la religión, sino el Covid, la religión simplemente la convirtió en una norma moral.

Habíamos visto también que el patriarcado, en la Teoría Feminista, no es más que el sistema de monogamia estable que en las sociedades avanzadas se ha institucionalizado con el matrimonio. De ello, por tanto, podemos concluir que el feminismo no rechaza el matrimonio por haber descubierto que este era el origen del patriarcado, sino que esa motivación ya era anterior. Es decir, el concepto del patriarcado es una excusa, un discurso legitimador que se construye a posteriori para darle una justificación ideológica a la tendencia cultural que se había iniciado con la píldora anticonceptiva. Esto nos había llevado a afirmar que, si bien la causa proximal (próxima) del feminismo es la lucha contra el patriarcado, su causa distal (lejana) está en la promoción de los intereses femeninos en el contexto biológico de la competición intersexual.

A continuación, se explica cómo las mujeres, por llevar la carga del embarazo, son las encargadas de llevar a cabo la selección sexual. Los hombres, como grupo, son los iniciadores primarios de las relaciones y las mujeres las selectoras. ¿Qué relación tiene esto con el patriarcado? En palabras de Xeno:

Originalmente, mi respuesta a la cuestión del patriarcado iba estar estructurada en dos partes, pero la conclusión se apoyaba en la presuposición de que hombres y mujeres tienen comportamientos sexuales diferentes, y, al parecer, eso es algo que también debo demostrar: 

Así, que, de forma resumida, intentaré plasmar en las siguientes líneas la demostración aportada por Xeno de este fenómeno de la selección sexual:

Las mujeres son el factor limitante de la sexualidad y el filtro aplicado de los hombres hacia ellas es mucho menos estricto que a la inversa. Sabemos también que la ley de la oferta y la demanda le confiere una ventaja a las mujeres en este ámbito y que ellas reciben más ofertas románticas y sexuales que ellos. De hecho, el hombre promedio no recibe ningún avance sexual por parte de las mujeres, mientras que estas disfrutan de una media de 4 oportunidades al año.

Este desequilibrio también se refleja en la cantidad de mensajes que cada uno de los sexos recibe semanalmente con los hombres más cotizados apenas superando a las mujeres menos cotizadas en atención recibida y una inmensa mayoría de varones que son prácticamente invisibles.

Todo esto, finalmente, se manifiesta a nivel general en el número de parejas potenciales que hombres y mujeres pueden atraer, lo que genera un bucle de retroalimentación que fuerza a los hombres a adoptar un rol de seducción indiscriminada y a las mujeres uno de selección estricta. 

Estudio sobre matches en Tinder:

Sabemos que la manera en que esto repercute en el mercado sexual es confiriéndole un mayor valor sexual a las mujeres, hasta el punto de que 4 de cada 5 hombres son calificados por las mujeres por debajo de la media en términos de atractivo sexual, mientras que lo inverso no ocurre.

Que la falta de atractivo acarrea una penalización para los hombres en el mercado sexual, pero no para las mujeres:

Que la mayoría de solteros involuntarios son hombres, mientras que la soltería femenina es típicamente voluntaria o transitoria.Y que el objetivo principal de los hombres es encontrar a una pareja con unas características similares a las suyas, pero que las mujeres solo aceptan a sus mejores candidatos

Sabemos que todas estas tendencias son biológicas ya que no se reducen con el aumento del nivel económico, sino que se incrementan, y por tanto, no son fruto de la necesidad.

Tampoco proceden de diferencias sexistas, ya que, nuevamente, las diferencias son más pronunciadas cuanto más igualitaria es la sociedad:

Ni son un producto de la presión social, puesto que lo mismo sucede con la liberalización sexual:

Y, finalmente, no corresponden a la calidad de las parejas potenciales disponibles, ya que la selección femenina sigue siempre una distribución de Pareto con respecto a los candidatos, incluso en contextos en los que las ratios sexuales son radicalmente alteradas:

También podemos encontrar estas mismas tendencias en las especies animales, demostrando continuidad evolutiva:

E incluso el mismo patrón aparece en sociedades primitivas de cazadores-recolectores, indicando que no se trata de un factor dependiente de la cultura:

Por otra parte, podemos descartar el papel de la casualidad estadística o que nos encontremos en una época anómala, puesto que sabemos por los estudios genéticos que la presión de la selección sexual ha sido mayor para con los hombres de manera constante a lo largo de toda nuestra historia evolutiva:

Hasta aquí las evidencias con respecto a las diferencias en el comportamiento reproductivo entre hombres y mujeres. Pero, ¿cuáles son las consecuencias de esto?

Podemos decir que la tendencia es la maximización de la calidad de sus parejas en la mujer media y la maximización de la cantidad en el hombre promedio. Esto significará que, al tender a escoger a los más aptos sistemáticamente, un pequeño grupo de hombres acaparará casi todo el interés femenino, y al ser ellos más propensos a maximizar su número de parejas, eso implicará que ese selecto grupo de hombres acaparará una mayoría de las mujeres a expensas de los hombres menos exitosos en aquellos contextos en los que el mercado sexual no esté fuertemente regulado. 

Un mercado sexual liberalizado favorecerá a los hombres alfa y a las mujeres, en tanto que ellas podrán dar rienda suelta a sus deseos sexuales y ellos dispondrán de un gran número de mujeres con las que tener sexo; en cambio, un mercado sexual regulado, es decir, uno basado en la promoción de la monogamia, favorecerá al grueso de los hombres, ya que les asegurará una pareja estable a cada uno, saltándose la necesidad de competir entre sí y permitiendo el acceso regular a las relaciones a todos los varones de bajo nivel que, en caso contrario, quedarían directamente excluidos. Todo esto, evidentemente, comprometiendo los intereses de las mujeres que ya no podrán escoger libremente a uno o varios de los hombres más populares, ya que se verán forzadas a conformarse con una única pareja adecuada a sus capacidades. (…) Por este motivo, porque el sexo tiende a acumularse en los percentiles más altos, la vieja promesa feminista de que la liberación sexual supondría más y mejor sexo para todos, ha terminado por demostrarse falsa. Al contrario de lo que afirman las feministas, ni la atracción es enteramente subjetiva, ni mujeres y hombres juegan en igualdad de condiciones, ni los emparejamientos libres se distribuyen homogéneamente entre toda la población. 

Xeno, finaliza el vídeo concluyendo:

Ya estamos preparados para concluir en el próximo vídeo, cómo es que en una especie biológicamente polígama se terminó imponiendo la monogamia cultural. Y la respuesta, de manera poco sorprendente, nada tiene que ver con la opresión de las mujeres.

¿Qué es el patriarcado? (3ª parte)

Nos dice Xeno:

Con lo visto en los vídeos anteriores podemos concluir que el feminismo surge en los años 60 de un deseo agregado, inconsciente, pero racional de responder a los cambios materiales en el mercado sexual adoptando una estrategia reproductiva que favorezca los intereses de las mujeres a expensas de los de los hombres beta. Esto, ciertamente, explicaría la aparente paradoja de que el feminismo es a la vez, un comunismo económico y un capitalismo sexual

Pero esta contradicción no es tal si la consideramos desde el punto de vista de los intereses femeninos. Los hombres, como grupo, son los propietarios del capital económico (…) mientras que las mujeres controlan el capital sexual.

Hace unas semanas publiqué un artículo que llegó a la portada de la web: El tabú de la prostitución (el mito del 80% es trata). En el artículo traté de demostrar que el dato del 80% es falso y de rastrear el origen de este mito. Una vez concluida esta demostración, pregunté que cómo es posible que los medios de comunicación, los políticos y la sociedad hayan colaborado en la propagación de este mito, es decir, qué hay en la mente de muchas personas que de manera inconsciente les conduce a querer creerse una idea como esta. En su momento no ofrecí respuesta, pero creo que ahora es el momento y esta relacionado con lo que Xeno nos está explicando:

A la causa feminista de la defensa de la igualdad subyace siempre una interpretación de esa igualdad favorable para las mujeres. Y todo esto tiene que ver bastante con posiciones muy comunes dentro del movimiento, como la oposición a la prostitución, a la pornografía o la maternidad subrogada, que tiene muy poco que ver con la igualdad objetiva y absolutamente todo que ver con el control de su hegemonía sexual. 

Si bien algunos podrían dudar de la existencia de mecanismos psicológicos subconscientes tras este tipo de comportamientos, existen estudios científicos (*este, o este, o este, o este) que señalan precisamente esta dirección: la de que las mujeres promedio castigan a aquellas compañeras que permitan a los hombres evadir el filtro de la selección, puesto que, de lo contrario, perderían su poder sobre la sexualidad. 

En un sentido estricto, no puede entenderse la oposición entre feminismo y patriarcado sin entender la sexualidad humana, porque precisamente esta lucha tiene antecedentes biológicos. Es decir, existe una continuidad entre sus versiones animal y humana, cuya diferencia está en el hecho de que los seres humanos son capaces de envolver en simbolismos culturales esta dinámica. (…) Del mismo modo que el tipo de estrategia reproductiva determina los rasgos físicos, es bien conocido dentro de la biología que también determina el tipo de organización social, es decir, que puede predecirse a través del modelo reproductivo de una especie un conjunto de características bien definidas acerca de cómo será su comportamiento y ciertamente es tentador tratar de ver los paralelismos con la cultura humana.

Esta es la mayor paradoja del feminismo: desde la revolución sexual han luchado continuamente por acercar la sexualidad humana al Modelo de Torneo, señalando al modelo reproductivo por pares como el origen de toda desigualdad, pero es precisamente al revés

La monogamia garantiza una sociedad más igualitaria y menos violenta. Es el modelo de torneo el que causa la diferencia sexual; por tanto, no tiene sentido, desde un punto de vista racional, plantearlo como un avance hacia la igualdad. De nuevo, la explicación feminista es incapaz de dar cuenta de esto, pero los datos se ajustan perfectamente a las predicciones de nuestro modelo. 

En lo que sí que tengo que darles la razón a las feministas es que el patriarcado es una herramienta para controlar la sexualidad femenina. Esto es absolutamente cierto. Lo que es erróneo son las motivaciones que se le atribuyen a su origen. Desde un punto de vista histórico el patriarcado es relativamente reciente. Con esto quiero decir que la población humana ya se había esparcido por todo el globo en grupos sin comunicación entre sí en el momento de su origen. De este modo, sabemos que el patriarcado tiene un origen plural y relativamente simultáneo. En este punto, la Teoría Feminista se caracteriza por su extrema vaguedad y es incapaz de explicar cómo es posible que todas las culturas del planeta decidieran casi simultáneamente y de forma arbitraria, empezar a oprimir a sus mujeres. (…) En cambio, podemos explicar con total precisión el origen del patriarcado desde nuestra teoría, atribuyéndoselo a un cambio material por el que todas esas sociedades pasasen. (…) El origen del patriarcado es el descubrimiento de la agricultura

La agricultura, por primera vez en la historia, permite la acumulación de recursos. Los recursos determinan el estatus social y el estatus social es atractivo para las mujeres. 

Si nuestra teoría es cierta (…) cabria esperar una caída en el número de hombres que conseguirían reproducirse justamente durante la aparición de la agricultura, y si rescatamos la gráfica de la variabilidad genética (…) eso es exactamente lo que nos encontramos: la presencia de este cuello de botella genético a comienzos del neolítico en que un solo hombre se reproducía por cada 17 mujeres y los demás se quedaban sin nada, es la prueba de que sabemos CÓMO, CUÁNDO Y POR QUÉ surgió el patriarcado .

La Teoría Feminista de la opresión de las mujeres está equivocada. La monogamia es la respuesta a los excesos insostenibles del modelo reproductivo de torneo en un contexto en el que la acumulación existe.

En definitiva:

Aquí concluye mi artículo. He tratado de exponer diferentes visiones del concepto de patriarcado: la feminista, la de la Teoría de la exogamia, las aportaciones de Daniel Jiménez, y la aproximación evolutiva de Xeno Shenlong. Ahora os toca a vosotros elegir cuál os resulta más racional. Por supuesto, si contáis con alternativas, contádmelas en los comentarios.

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