La planmedia del Dr. Jiménez Losantos / Moncho Tamames

La ofensiva que Federico Jiménez Losantos está llevando a cabo contra quienes no se quieren inocular, hostigando incluso a Santiago Abascal, es cuando menos irracional y sospechosa de perseguir algún objetivo económicamente avieso. El recurso de la descalificación personal, como forma de argumento único que tantas veces le ha llevado a los tribunales, ha sobrepasado todos los límites: “nazis a los que hay que exterminar, delincuentes comunes, psicópatas, estafadores, malignos, escoria, basura, ratas, burricie, negacionistas, antivacunas, bebelejías…” Eso es lo que somos muchos de los que coincidimos con lo que normalmente dice este señor.

Losantos está utilizando el mismo lenguajo de la narrativa única de la plandemia, cual hembrista defendiendo la perspectiva de género en sus palabros. Por ello, lo primero es evidenciar de antemano esa manipulación lingüística, recordando el significado real de conceptos farmacológicos, microbiológicos y periodísticos elementales, pues, como diría cierta cateta, “nos va la vida” en esto de la “vacuna”.

Vacuna: no es una vacuna, porque ni está aprobada como tal en España, ni en la UE, ya que no terminará con sus ensayos previos hasta mediados de 2023. De momento es un producto que se ha autorizado sólo para uso de emergencia, conforme a una redefinición de “pandemia” que la OMS modificó a los efectos que estamos viendo.

SARS-CoV-2: es un supuesto coronavirus, como pudiera ser el SARS-CoV-1. A diferencia de otros, ni ha sido clínicamente identificado, ni ha sido aislado ni secuenciado. Es más, se han prohibido hasta las autopsias por las que pudiera saberse del mismo. Por tanto, es un supuesto virus cuya identidad y conocimiento se lleva ocultando de forma proactiva y oficial durante ya casi dos años, es decir, incontestablemente.

Ministerio de Sanidad de España:

El SarCov2 no está aislado ni sabemos quién lo tiene.

Covid-19: es una enfermedad que supuestamente proviene del supuesto virus. Lo que no es ningún supuesto es que en España se contabilizaron menos de veinte casos de gripe estacional en la temporada 2020-2021, cuando todos los años se han dado varias decenas de miles de casos. Dice la narrativa de rebaño que es por el uso de las mascarillas, cuando las mismas nada pueden hacer contra un virus (siguiente definición), como pueda ser un coronavirus, por lo que no es contestable que se está metiendo en el cajón de sastre del covid todo lo que entra por los hospitales, como se han hartado de testimoniar los sanitarios a los que nunca darán espacio de expresión en los planmedios de Losantos y de todos los restantes que van hacia su izquierda.

Mascarilla: tejido para evitar el supuesto contagio de un supuesto virus, por el que protegerse de una supuesta enfermedad ligada al supuesto virus. En términos de exactitud matemática, es decir, nuevamente de forma incontestable, es un tapabocas que, en el mejor de los casos (FFP2) tiene una anchura de permeabilidad cincuenta veces mayor a las dimensiones de un coronavirus. Así, su utilidad no puede ser otra que la de despersonalizarnos, al no poder mostrarnos como somos, ni ser reconocidos, al igual que para ir adoctrinando a la infancia y testando nuestro grado de servilismo.

Caso clínico: supuesto enfermo de covid conforme a un test PCR, cuyo inventor –que por ello recibió el Nobel–, el bioquímico Kary Mullis, ya señaló que no sirve para los coronavirus. En la propia web del Ministerio de Sanidad reconocían que arroja “al menos, un 50% de falsos positivos”. Sin embargo, la realidad estadística nos lleva a que son más del 90% los falsos positivos, ya sea por los llamados “asintomáticos” (concepto aplicable a cualquier enfermedad…), como por lo que ha venido siendo cuantificable respecto de los casos que requirieron atención médica, es decir, lo que ha delimitado siempre si se tiene o no una enfermedad, el diagnóstico clínico. La propia FDA ha decretado que este 31 de diciembre dejarán de utilizarse las pruebas PCR, al igual que ya son apenas sólo veinte Gobiernos del planeta los que siguen haciendo un uso interesado de la incidencia basada en esta prueba.  

Casos personales: no son un dato estadístico. Y yendo por delante el máximo de los respetos y las más sentidas condolencias hacia todos los familiares y allegados de los fallecidos CON covid, todos hemos perdido a familiares y amigos cercanos. Por tanto, valerse de un concepto que es sensacionalista por definición, –al ser un sentimiento, por durísimo que sea, queda en la esfera del sensacionalismo argumental–, es tan vil como pueda ser el hacerse política con las víctimas del terrorismo.

Losantos campa a sus anchas en el insulto, en la inversión de todo concepto clínico y se adscribe a la narrativa única del Gobierno. Ya saben, cuando algo no se entiende, sigan la pista del dinero; Pfizederico lo llaman ya. Ahora bien, ni quienes no nos inoculamos tenemos por qué ser objeto de sus injurias y calumnias diarias, ni Abascal tiene por qué ser objeto de coacciones, por las que llamándosele públicamente gallina (es muy gracioso que esto se lo diga Losantos a Abascal…), deba estar a revelar información médica de su más exclusivo ámbito privado, además de legalmente protegida como dato personal, porque así lo quiera imponer un particular al que nadie ha votado. Aunque Abascal no necesita que nadie lo defienda, ha hecho un ejercicio de responsabilidad que le define una vez más, máxime cuando, en este caso, su opinión sobre la inoculación podría influir en la decisión de otros. Y aunque haya miembros de Vox, que mediante fotos o declaraciones, se hayan posicionado en un lado, esto es, alterando el pronunciamiento oficial del partido sobre la libertad de elección, no implica que todos deban hacerlo.

El Dr. Losantos podrá estar en el ajo o le podrá estar pasando como con su etapa comunista, o como con los diez años que tardó en pronunciarse e identificar las mafias y leyes de la ideología de género. Nunca es tarde para despertar, muchos hemos sido objeto del adoctrinamiento de la izquierda y se sale de ello, tiene cura. Pero es que en este caso, basta con acudir a las bases de datos de los sistemas de salud para verificar la simple y llana evidencia de las muertes y efectos secundarios severos que está produciendo la “vacuna”.

Tomando sólo los datos de la Agencia Europea del Medicamento (EMA – EudraVigilance), nos encontramos con 982.444 personas con efectos secundarios reportados, ya sean muertes o lesiones, a 25 de septiembre de 2021, conforme a la suma de lo que desglosan respecto de cada una de las cuatro marcas de “vacunas” que se han inoculado en Europa (pinchar en la “C” y bajar hasta los cuatro enlaces de “Covid-19”, con el nombre de cada vacuna: https://www.adrreports.eu/en/search_subst.html#).

Las dosis que se han distribuido hasta ahora en la UE son 510M, de las que 55M corresponden a las dosis de una sola pauta de Johnson & Johnson (pinchar en puntos 6 y 7: https://ec.europa.eu/info/live-work-travel-eu/coronavirus-response/safe-covid-19-vaccines-europeans/questions-and-answers-covid-19-vaccination-eu_es#vacunaci%C3%B3n). Es decir, se han distribuido dosis para “inmunizar” (sí, aquello que nos contaban) a 282M de personas. Especulando a favor del tragacionismo, pongamos que todas esas personas se han inoculado ya, en sus respectivas pautas, todas las dosis recibidas por la UE. Así pues, los efectos graves y/o mortales de esta “vacuna” representan el 0,35% de quienes se la inoculan (982.444 es el 0,3484% de 282M).

Entre el VAERS (EE.UU.), el NHS (R.U.) y la EMA (UE) han reconocido, como “casos reportados”, más de cuarenta mil muertes ligadas a la vacuna; algo que, extrapolándolo al número de personas “vacunadas” en todo el planeta, supone 344.100 muertes por la “vacuna” (min. 1:10:00 del vídeo del “debate” con la ex Ministra de Sanidad y el presidente del Impresentable Colegio Oficial de Médicos https://www.eldiestro.es/2021/09/la-exministro-de-sanidad-carcedo-y-el-presidente-del-colegio-de-medicos-de-madrid-se-fugan-de-un-debate-cuando-les-hablan-de-los-muertos-provocados-por-las-inoculaciones/). Ahora bien, todos estos organismos impiden proactivamente cualquier posible debate sobre el número real de personas que han fallecido a causa directa de la inoculación, pues no van a ser precisamente estos reguladores, –promotores de la vacuna, esto es, jueces y parte–, quienes estén por la labor de reconocer sus asesinatos. De ahí, que en todo momento hablen de “casos reportados” y “reacciones adversas”, descargándose de toda responsabilidad e incluso trasladándosela al inoculado, en vez de al veneno que lo ha matado o destrozado de por vida. Tampoco son lo que se dice muy rigurosos, cuando no certifican una sola muerte que no tenga un estudio de meses, con médicos de varias especialidades que así lo certifiquen. Si ese es el criterio, nos dirán que habrán muerto 5 ó 7 personas por la “vacuna”, en su descarada y criminal propaganda… Es decir, que incluso ante las miles de muertes que se han dado en la misma semana, cotejables en todo medio decente, ya fuera sin patologías previas o aun teniendo 15 o 25 años, se quedan tan anchos diciendo que no hay certeza alguna sobre tales asesinatos, como si la simple y abrumadora estadística de sus datos no fuese ya una certeza relevante, como lo es en todo campo médico para determinar un patrón.

689.933 son los fallecidos CON covid en la UE desde el 27 de diciembre de 2020, hasta hoy, periodo de nueve meses desde el que se inició la vacunación (pinchar en la línea de UE, restando al total del 28-09-2021 la cifra del 27-12-2020: https://www.worldometers.info/coronavirus/worldwide-graphs/#europe-usa-deaths). Es decir, fallecieron con CON covid un 0,15% de los 447M que habitan la UE.

Por tanto, por muy Federico, tragacionista, rebañero o super guerrero de la mascarilla que se pueda ser, la matemática no engaña (y, por favor, el que tenga dudas, que entre un momento en los enlaces directos que se han aportado y haga sus cuentas): más del doble de posibilidades de morir y/o contraer una enfermedad severa con la “vacuna”, que de morirse por covid (0,35% vs. 0,15%). Y teniendo en cuenta que las probabilidades de NO morir por covid son del 99,85% conforme a lo anterior, pero del 99,99% siendo menor de 50 años, –es decir, la inmensa mayoría de los que faltarían por inocularse–, más alto y claro no se puede decir todo esto. El dilema de inocularse o no, que sólo debe atender a los tres criterios de siempre (¿es necesaria?, ¿funciona?, ¿es segura?) no encuentra respaldo en ninguno de ellos (https://www.laprensa.com.ar/505981-Covid-19-Esto-no-es-una-teoria-conspirativa-es-una-conspiracion.note.aspx).

Se puede ir a hacer cola al polideportivo vacunal para que, por lo pronto, le metan una paliza inmediata a todo tu organismo, con riesgo de posteriores daños severos y terminales, o se puede vivir la vida sabiendo que tienes más riesgo de morir por la próxima gripe estacional. Y si uno teme estar en ese 0,01% de riesgo de muerte, puede protegerse con vitamina D, C, Zinc y con todos los nutrientes que existen para fortalecer el sistema inmunológico (plantas medicinales, ajo, orégano, curry, cebolla…).

La narrativa oficial y criminal del Gobierno social-comunista, a la que se apunta incondicionalmente Losantos, puede especular todo lo que quiera sobre cuántas muertes se han evitado con la inoculación. Entre tanto, para los que estemos a los datos, ahí están también los del ya mayor número de “vacunados” fallecidos, en la avanzadilla de Israel, o la comparativa de fallecidos en España entre los agostos de 2020 y 2021, los meses menos sospechosos de gripes adjudicables al cajón covid (sumando los casos de cada día, tenemos 460 vs. 2.802 muertes, un 509% más: https://www.worldometers.info/coronavirus/country/spain/). De la proporción de “vacunados” en las UCI’s ya dejaron de informar los planmedios, tan pronto vieron, hace un mes, que aquellos empezaban a superar a los bebelejías, lo cual irá despejando dudas respecto de su implicación en el encubrimiento de lo que ya es una matanza o, cuando menos, una colosal generación de daños severos que dichos miedos siguen promoviendo hasta las máximas consecuencias posibles. Si bien, lo grave es que seguirán muriendo más inoculados que bebelejías. Y promover presuntamente el asesinato, Dr. Losantos, no es otra causa procesal gilipollesca, como las de injurias, de las que te jactas de haber sobrellevado heroicamente.

A pesar de las evidencias de exactitud matemática, contrastables en los datos oficiales, Losantos nos anima a todos a que nos inyectemos un producto que ni un solo médico ha prescrito en certificado oficial y que se ha llevado ya por delante, ha dejado parapléjico o con lesiones cardiovasculares y cerebrales severas, a centenas de miles de personas. Si bien, lo peor es la previsión que hacen los médicos y biólogos decentes para los próximos años, pues tampoco es contestable que son tratamientos de ingeniería génica cuya inoculación sólo acaba de empezar. Eso sí, los planmedios seguirán participando de la matanza, bajo las tesis de las nuevas cepas que Fauci y Gates nos irán anunciando para seguir haciendo caja con sus respectivas inversiones en las “vacunas”, cuando tales cepas y sus muertes, son ya los devastadores efectos iniciales de la propia “vacuna”. No hace falta ser un lumbreras ni llamarse Federico para ver la trayectoria paralela de las muertes por la “cepa delta”, respecto del momento álgido de las campañas de vacunación según el país. Prueben a cotejar la trayectoria de sendos datos en el tiempo para los casos cronológicos de Israel, luego R.U., luego España y después Francia y EE.UU.

Quizás y a pesar de la exactitud matemática (eso de la “evidencia científica” ya no se lo cree nadie, ante los políticos y tertulianos que han destruido esa expresión, cuando juegan a los médicos), el Dr. Losantos seguirá compeliendo a representantes públicos, al objeto de que prescriban un fármaco que ni sus fabricantes están revelando todo su contenido… Entre tanto, a muchos militantes, votantes y simpatizantes de Vox, –los que nos encontramos en las manifestaciones y fiestas de la espuma de lejía–, nos sigue costando mucho entender la postura del partido con esta “vacuna”. Así se lo pregunté en julio a uno de sus dirigentes, pues Vox identificó desde sus inicios todo lo que supone el globalismo, en cuanto a las élites y gobernantes que nos manejan en un formato de comunismo global nunca visto.

Por tanto, no se entiende qué más tiene que pasar, tras casi dos años de esto. Son casi cinco millones de muertes atribuidas a esta guerra vírica mundial, con un iniciador debidamente localizado, China. Se ha impuesto la censura total (el inicio de toda dictadura) en las principales redes sociales y medios de comunicación. Se han dado golpes de Estado simultáneos en infinidad de países, cerrando parlamentos, decretando estados de sitio, imponiendo bozales incluso al aire libre, cerrando negocios, prohibiendo trabajar, convivir… Y la mal llamada vacuna es la pieza central del mismo plan. Un plan que no tiene soporte clínico alguno desde mayo de 2020 y mucho menos en el ámbito económico, al no haberse rebasado, también desde dicha fecha, la ocupación de UCI’s de cualquier gripe estacional. Y, eso, sin tener que recurrir siquiera a la de 2018…

Confiemos en que, como ha hecho Bolsonaro, tan pronto la racionalidad de los datos se imponga a la irracionalidad del miedo, asistamos al pronunciamiento de Vox sobre el epicentro de todo esto, la “vacuna”, confirmándose de verdad lo que expresa su actual eslogan, porque está claro que a los demás partidos nadie los espera. Y también está claro que las 370.000 personas que dice el Gobierno que rehusamos la inoculación es una cifra que no se creen ni ellos. Por supuesto, Losantos la dio directamente por buena, en uno de los cuatro artículos de su ofensiva vacunal del pasado domingo, pues como buen servidor de Mao en su día y hoy de estos estalinistas, va incluso más allá de la narrativa de sus socios, el Gobierno patológico-social-comunista. Si bien, la pregunta hubiera sido cuántos de los menores de 70 años se han “vacunado” por miedo irracional (mediático), por facilidad para viajar, por imposición en el trabajo, por presión social… Esa pregunta, aun inviable en el Congreso y de imposible respuesta precisa, sí la tenemos todos contestada en nuestra pequeña estadística de allegados y conocidos. Esto no es la vacuna del covid, es la vacuna de la coacción, del miedo y de la Agenda 2030.

Y dónde estará Losantos cuando la narrativa ya no tenga dónde agarrarse y hasta el pastor se quite la mascarilla. Confiemos también en que su actual lapsus de memoria pase, pues como bien sabe él, ya pueden empeñarse muchos libros de Historia en mantener las tesis oficiales, que éstas siempre han sido eclipsadas por la realidad de los hechos y de los datos posteriormente conocidos; es decir, por la realidad de las “teorías de la conspiración”. Hemos sido engañados en todo acontecimiento negativo que tuviera gran dimensión histórica, sin excepción. Ya nos explicaron Hitler y Stalin cómo funciona eso de que cuanto mayor es el engaño y el número de muertos, los tragacionistas hacen patria. Pero un ilustrado en Historia, Sir Pfizederico, cree que esta vez será distinto. Estamos ante la primera excepción, nos cuenta él. Y por eso se posiciona proactivamente con los que siempre utilizan los mismos modelos de represión hacia quienes tan solo revelan datos: falacias ad hominem, coacción y patrones de coerción y manipulación psicológica, entre tantas cosas que están haciendo…

El Sr. Losantos se pasa el día denunciando la aprobación de leyes por las que se normalizan las patologías terminales del consenso progre, pero considera que en lo de la plandemia y su “vacuna” sí debemos creer a esos mismos enfermos. Ver para creer.

El dióxido de cloro según el equipo médico del Dr. Losantos  

Más allá del lenguajo de la narrativa única, Losantos hizo gala de un vacío argumental absoluto en su despliegue de artículos del pasado domingo contra los bebelejías. Ni un dato sobre nada y, en su incontinencia de insultos, Losantos confundía la sal de mesa (cloruro sódico) con la lejía, lo cual no resulta muy convincente si pretende rebatir o debatir sobre el asunto (https://tv.libertaddigital.com/videos/2021-09-22/federico-jimenez-losantos-responde-al-acoso-de-los-antivacunas-6820468.html?utm_source=POR_D&utm_medium=grande&utm_campaign=relacionada). Pero iba aún más lejos cuando se valía de un doctor en química que trabaja para el Gobierno de Sánchez y la Agenda 2030 (CSIC). ¡Buen compañero de viaje, Federico! ¿Qué será lo próximo, citar al New York Times o a El País como fuentes solventes?

Dicho doctor reducía el argumento de su entrevista a dos datos únicos. Al hablar de lejía confundía –malintencionadamente se entiende– su agente con el dióxido de cloro, al igual que señalaba que una molécula de tres átomos tiene las mismas propiedades que una de dos (“básicamente, su modo de actuación es el mismo”; léanlo por favor, no tiene desperdicio https://www.libertaddigital.com/ciencia-tecnologia/salud/2021-09-25/el-timo-del-dioxido-de-cloro-es-lejia-un-veneno-para-el-organismo-6821418/?utm_source=POR_D&utm_medium=grande&utm_campaign=relacionada). Es decir, que es lo mismo el agua que el hidrógeno y la química que la mímica. A fin de cuentas sólo varía un átomo, una sílaba… ¡Qué más da! ¡Todo cabe en el título de un doctor!

Todas estas burradas se contestan con cualquier vídeo de los médicos que prescriben el dióxido de cloro, así como en la propia página de Andreas Kalcker (https://andreaskalcker.com/), quien ya no da de sí para rebatir a todos los trileros de la química y medicina de patrocinio farmacéutico e institucional. En cualquier caso, la diferencia no es tan difícil. El hipoclorito sódico (NaCIO; átomo de sodio, cloro y oxígeno) es la lejía, la que el doctor pretende decirnos que es lo mismo que un gas que, además, se extrae de otro agente distinto. El cloruro sódico o cloruro de sodio (NaCl; sodio y cloro) es la sal de mesa, la que según Losantos tomamos los bebelejías. El clorito de sodio (NaClO2; sodio, cloro y dos de oxígeno) se utiliza sobre todo para fabricar papel. Pero, a poco que se escuche y vea un momento cómo se sintetiza el dióxido de cloro (ClO2) a partir de la reacción del clorito de sodio con un activador, terminando como gas soluble en agua, puede uno comprobar cómo este doctor en química nos está intentando engañar. Equipara la acción del hipoclorito sódico con la del clorito de sodio. Y, sobre éste, un agente líquido, lo confunde a su vez con un gas, el CDS (siglas en inglés de la solución acuosa de dióxido de cloro) resultante de la citada reacción. Así, es lo mismo que si nos dice la obviedad de que si respirásemos agua moriríamos, cuando la analogía con el CDS sería el oxígeno del agua, no el H2O. Y eso sin entrar en el hecho de que pasa por alto los porcentajes de concentración, las ppm del CDS final para consumo, su estructura electrónica, etc.

Parece que el doctor también milita en algún partido político del globalismo plandémico, pues siendo absolutamente innecesario y gratuito, algún interés directo tendrá que tener para él, estar a insultar también a quienes hacen uso del CDS. Concretamente nos tacha de secta y estafadores. Eso, viniendo de su clase magistral sobre cómo engañar con la química elemental… Tome asiento doctor y relaje su ira, que en no más de quince años, cuando esté tranquilo viendo la tele, mientras corrige los exámenes de sus alumnos, podría aparecer un tal Kalcker pronunciando un discurso en Estocolmo.

La ingesta humana de CDS no ha matado a una sola persona en doscientos años de uso, ni tampoco a ninguno de los millones que lo han tomado para curarse del covid, mediando todo un país, Bolivia, que lo viene tomando de forma regulada por Ley expresa. La “vacuna” lleva muchos miles de muertos, tal y como reconocen a regañadientes sus propios promotores. Y, aunque no ando en el negocio de la sal ni del cloro, un kit completo de CDS cuesta 12 euros y dura toda la vida, por mucho que te hinches a tomarlo cada vez que tienes una dolencia. Por tanto, tampoco se entiende muy bien a cuento de qué viene esa estafa que idea Losantos y su doctor, sobre algo que han evidenciado desconocer de principio a fin o que, peor aún, demonizan por algún interés que sólo podría ser espurio.

Lo que seguro que es una estafa, periodística y deontológica si se quiere, es vender miedo cuando no hay razones, aterrorizar al personal con una planmedia que no existe desde hace año y medio, vendernos sal por lejía o idear estafas de 12 euros para algo que puedes usar treinta años. Y, todo ello, cuando lo que se propone a cambio es un aniquilador de seres humanos que cuesta tres veces más y que te quieren inyectar al menos dos veces al año, sin ya razón alguna de ser.  

Moncho Tamames es empresario, licenciado en Periodismo y Psicología M. Clínica.

Un comentario en “La planmedia del Dr. Jiménez Losantos / Moncho Tamames

  1. Fantástico artículo. De lo mejor que he leído sobre la plandemia. Toca casi todo y lo enlaces para comprobar los datos oficiales que cita son directos, lo cual no es habitual, al estar siempre muy escondidos en las webs institucionales…

    Moncho Tamames es un crack, de lo más políticamente incorrecto que hay. A la par que pone muy en serio a Losantos en su sitio, suelta zaskas por doquier con los que te meas. ¡Fichadlo!

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