Crímenes de lesa humanidad: una pediatra prescribe “vacuna experimental COVID” a una niña con antecedentes cardiológicos

Nos envía este articulo Moncho Tamames que publicamos integro:

Pediatra prescribe “vacuna” a niña con antecedentes cardiológicos

Dentro del muy reducido ámbito médico que prescribe el veneno asesino, llama la atención que aún haya pediatras que crean tener alguna potestad sobre la modificación genética de los niños y su descendencia. Aunque el asesinato de bebés esté muy bien visto por el consenso progre, hasta qué punto se lo puede permitir nadie respecto de niños aún no concebidos, a sabiendas de que los abortos “naturales” se han disparado más de un 3.000%entre las portadoras del veneno(https://dailyexpose.co.uk/2021/06/16/3016-increase-loss-baby-due-covid-jab/?fbclid=IwAR2AQqD6mdrkKWw-VvqU8q8tXBxXQyaguMQiW013XirKOcbh_ixArPyKdFI). Y no hace falta irse al Código de Núremberg y demás normativa bioética, pues la modificación genética es un delito contra la salud pública de los artículos 159.1 y 359 de nuestro Código Penal. Animo a todo lector divorciado, cuyo ex cónyugesolicite en Juzgado de Familia el potencial asesinato de sus propios hijos, a denunciar también y de inmediato cualquier prescripción “médica” que se haga para ello, pues al no tener derecho los menores a vacunas de tipo convencional, sino sólo a pócimas de ARN-m, su modificación genética no tiene posible mal interpretación jurídica.

La puericultora Ingrid González Gil, de la Clínica Cemtrode Madrid (la del Dr. Guillén.

La puericultora Ingrid González Gil, de la Clínica Cemtrode Madrid (la del Dr. Guillén y los futbolistas), le ha prescrito a mi hija, de 12 años de edad, inocularse. Lo ha hecho a sabiendas de que tiene antecedentes cardiológicos, sin haber querido atender a nada de los mismos, sin querer hacerle prueba alguna o remitirla a especialista cardiólogo,y a pesar de habérsele dado toda la información directa de la EMA sobre miocarditis y cifras de muertes y lesiones severas a día de hoy. No le bastan 31 mil muertos y más de tres millones de lesionados gravemente, sólo entre los menos de 300 millones de inoculados en los países de la UE (PDF adjunto). Y, tales cifras, como ya sabemos, son sólo sobre datos de los diez días siguientes a la inoculación o sobre casos que, el propio juez y parte, es decir la EMA, decide si son o no “efectos adversos”atribuibles al veneno asesino que sólo ellos autorizan. Así, y a poco que se quiera ser riguroso, hay que multiplicaresas cifras por dos dígitos, tanto en el corto como, especialmente, en el largo plazo, pues la modificación celular no es cosa de diez días. Entre tanto, seguirán apareciendo esos artículos de la prensa globalista y criminal, preguntándose a qué se debe el repentino gran crecimiento de las defunciones ajenas al Covid.  

Si se tratase de una autoridad, a esta prescripción “pediátrica” se le llamaría prevaricación y maltrato infantil, con posibles ulteriores delitos de lesiones y homicidio. Pero tratándose de un médico, el asunto agrava lo previsto en el Código Penal, pues la presunta negligencia se produce dentro de su campo profesional, cuyo juramento hipocrático viene a dejar clara la inhabilitación vitalicia: “Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.” Quien juró aquello no es Ingrid González Gil.

A mayor agravante, la puericultora hizo una segunda prescripción en la que, tras haber recibido toda la información señalada, se reafirmó poniendo en serio peligro la vida de mi hija y la de los hijos que podría tener o haber tenido. Y lo hizo apelando a informes que por supuesto no citó y de los que debería mirar el accionariado de las empresas que los encargan, si es que supiese algo de las ramificaciones de la Fundación del mayor genocida particular de todos los tiempos, amo de todos los virus y antivirus desde que crease Microsoft. La prescripción, o indicación si se prefiere, sólo cita a un claustro de políticos locales corruptos que andan modificando celularmente a la ciudadanía, esto es, al Consejo Interterritorial del Sistema bla, bla, bla de Psicópatas. El ego de Ingrid González Gil, de lleno inmerso en el actual Yo de grupo que posibilita todo totalitarismo, aprovechándose de las inseguridades y miedos de los carentes de autoestima, se antepuso a la realidad matemática e incontestable de las cifras de asesinados y lesionados. Todo ello, para meter en un experimento génico a una niña adolescente que ni es población de riesgo ni podría tener jamás ningún problema con el Covid, como señala su propia Asociación Española de Pediatría en el PDF adjunto. ¿Estamos ante otra tonta útil del globalismo o es que tiene algún interés directo en esta aberración médica?

A mayor abundamiento, como le dirá mi letrado en el Juzgado de Instrucción, esta gente todavía no se ha enterado de que la inoculación de menores de 12, 13, 14 y 15 años no está legalmente autorizada. Bien es cierto que en las comunicaciones de la EMA se amplió el uso del veneno asesino desde los 12 años (ahora, y a dos tercios de dosis –0,2 ml en vez de 0,3–, para niños de 5 a 11). Si bien, la autorización, las condiciones legales, el único documento de valor jurídico al que se pudiera recurrir si hubiera algún problema, sigue señalando que es a partir de 16 años. En mismo sentido y como también se documenta en el PDF adjunto, tanto la OMS como los propios laboratorios (Pfizer y Moderna) también excluyen a menores de 16 años de su experimento génico-asesino.

La prescripción de esta puericultora, que incluye varios dogmas globalistas y faltas a la verdad, es un panfleto político que, como hace todo medio de comunicación terrorista, termina atenuando la importancia de la miocarditis, cuando es algo que, como mejor sabe ella,mata células del corazón que no se regeneran, produciendo lesiones de por vida, que alcanzan a minucias como la muerte, transplante, ictus, parálisis permanente, etc.

“En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción.” Tampoco éste es el hipocrático caso de Ingrid González Gil. 

Moncho Tamames, empresario, licenciado en Periodismo y Psicología M. Clínica.

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