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Mentes sucias – Berta Gonzalez de Vega

Por @martinidemar

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Los Jueves Santos por Málaga hay niños vestidos de legionarios y con tambor que tararean el Novio de la Muerte, esa copla que la Legión tiene por himno, pese a que no la cantara la Piquer. No conozco a nadie que haya organizado conferencias sobre las metáforas de la canción ni sobremesas dedicadas a saber qué suerte araña con zarpa de fiera al corazón del buen legionario. Es el himno de unos soldados que están dispuestos a abrazar a la muerte para defendernos. Benditos sean. Además del Jueves Santo, hay otra gran cita legionaria con los civiles españoles: los 101 kilómetros de la Legión en la Sierra de Ronda, carrera de ultrafondo cuyos dorsales se agotan en horas. Al acabar la gesta, casi arrastrándose algunos, siempre hay un legionario en meta que, al imponer la medalla de barro que acredita la llegada, el ya popular ladrillo, dice “Con dos cojones”. En ese momento, se saltan las lágrimas a progres, rancios, ejecutivos y fontaneros. A amas de casa y a creativas de publicidad, que de todo hay y, cada vez, más mujeres.

Algunos de los soldados esta semana han tenido la idea de visitar a los niños ingresados en la planta de oncología del Materno Infantil en honor a un teniente fallecido. “Misión hospitalaria Teniente Remón” denominaron a esas horas en las que hubo cántico del himno en la ludoteca del hospital, donde repartieron camisetas y cabritas de peluche. Al día siguiente, el grupo de Izquierda Unida en el Parlamento andaluz registró una pregunta al consejero de Salud por haber permitido un acto que “No respeta la libertad religiosa ni el estado en que se encuentran estos niños y sus padres”. No ha habido ninguna queja de los padres, que agradecen cualquier entretenimiento para unos niños en un trance delicado. Curiosamente, hemos incorporado al lenguaje lo de “la batalla contra el cáncer” pero los parlamentarios de Izquierda Unida deben de creer que los niños más fuertes, los que soportan las sondas y la quimio con entereza, se pueden venir abajo por escuchar a unos legionarios cantar un himno que ya va asociado a su ciudad. Málaga la roja, por cierto, la que resistió a unas tropas que ahora recibe en masa, pese a que el Ayuntamiento de Madrid le quite la calle a Millán Astray, fundador del cuerpo. Porque lo de la memoria histórica está mucho más en la mente de los políticos que en un pueblo y gente en cuyo nombre suelen hablar los que no se han percatado de que se puede cantar La Novia de la Muerte con alegría, gente de toda condición, ideología y partido.

Preocupa que haya una izquierda que considere traumático que unos niños aplaudan a soldados. ¿Quiénes se cree que nos van a defender? ¿Una asamblea de okupas pidiendo el reagrupamiento de los presos etarras? ¿Un círculo de los que piden solidaridad con los cobardes de Alsasua? ¿Los dirigentes que aplauden que les perdonen la vida los etarras que mataban por la espalda y asesinaron a niños? Afortunadamente, no faltan adolescentes que quieren ingresar en el Ejército. Tienen claro para qué y por qué. Ignoro lo que tienen en la cabeza los que se empeñan en adivinar sucios pensamientos en gente que disfruta viendo desfilar a los legionarios. Los extremos se acaban tocando. Aquellos curas de hace décadas alertando a las niñas sobre los peligros de los hombres y algunas feministas de última ola que los ve como agresores en potencia siempre. Ahora estos con fantasías de soldados mientras unos niños cantan el himno. Ojalá acaben bien esa carrera de fondo contra el cáncer. Con dos. Ovarios. Huevos. Lo que sea. Con más entereza de lo que les suponen los de Izquierda Unida. Esos que siempre nos quieren ver como necesitados de su protección, pero nunca de la del Ejército, parece ser. O de uno mismo con su mecanismo.

Origen: Mentes sucias – Berta gonzalez de vega – Medium

«Bono nos dejó desprotegidos, indefensos y desamparados» Paloma Cervilla / ABC

Familiares de fallecidos lo acusan de «ocultar» la verdad y cree que «destruyeron pruebas»

Declaró por escrito Si en el caso del Yak-42 fue en persona a declarar, en el del Cougar Bono se negó y lo hizo por escrito No atendió a las familias «Bono nunca me recibió, no contestó a las cartas. Es un fariseo que no puede dar lecciones de nada»

Las heridas que dejó la actitud «osbtruccionista» y de «desamparo» del entonces ministro de Defensa, José Bono, con las familias de los 17 militares fallecidos en Afganistán, al estrellarse un helicóptero Cougar el 16 de agosto de 2005, han vuelto a reabrirse. El desafío del exministro pidiendo responsabilidades al Gobierno del PP y al exministro de Defensa, Federico Trillo, por el accidente del Yak-42 ha sacudido la memoria de Eduardo Guitard, padre de uno de los pilotos fallecidos.

ABC  Restos del Cougar accidentado en Afganistán el 16 de agosto de 2005

Él luchó muchos años por intentar conseguir que el Gobierno de Zapatero le dijera la verdad sobre si fue un accidente o un ataque talibán: «Pero desde el primer momento Bono no dijo nada, ocultó la verdad, no nos quiso dar el sumario. Yo he vivido en primera persona la obstrucción de Bono para que no se supiera qué pasó. No dio ninguna facilidad y me siento indignado sobre cómo ha salido ahora a tirarse a la yugular en el caso del Yak-42. Parece que lo que ha hecho en el accidente del Cougar está bien hecho».

Un intento de obstruir la investigación unido a un alejamiento de las familias afectadas: «Bono nos dejó a todas las familias desprotegidas, indefensas y desamparadas», recuerda indignado Guitard a ABC. «Es un fariseo y no puede dar lecciones de nada, sobre todo después de todas las cosas que dijo en el tema del Yak-42 y que con nosotros nunca hizo».

Guitard quiere recordar una de las frases de Bono: «“Los muertos pueden ser honrados y la mejor forma de honrar a los muertos es con la verdad y atendiendo con cercanía, delicadeza y afecto a los familiares”. El hombre es esclavo de sus palabras». Una circunstancia esta última que no se produjo, ya que a Guitard nunca lo recibió en el ministerio y lo que, a su juicio es peor, «nos citó a varias familias y cuando llegamos no nos encontramos con el ministro sino con el secretario de Estado de Defensa, el señor Pardo». Ni contestó tampoco sus cartas ni sus correos. «Traicionó a los militares que habían fallecido. Conmigo solo habló cinco minutos en el funeral de mi hijo. A partir de ahí, nunca más».

Uno de los episodios más duros en su búsqueda de la verdad fueron los obstáculos que se encontró para poder acceder al sumario: «La primera respuesta que recibimos del juzgado militar era que no nos lo daban porque eran muchos documentos. Insistimos, y por fin nos dejan hacer copias pero solo durante dos horas de lunes a viernes y teníamos que llevar los folios».

El padre del capitán Carlos Guitard luchó judicialmente muchos años y a él se debe que el Juzgado Militar reabriera en junio de 2008 la causa que había sido archivada. Se embarcó en una investigación que sacó a la luz muchas incógnitas sobre si fue un accidente o un ataque talibán, ya que incluso fue reivindicado por uno de sus líderes de la zona, el mullah Dadullah.

Una de estas incógnitas aún sin desvelar se deriva del contenido del último informe pericial solicitado por el Juzgado Togado Militar número 11 con fecha de 18 de marzo de 2010, al que tuvo acceso ABC. Este documento exculpa a los pilotos del Cougar de la responsabilidad del accidente: «El accidente se produjo por la concurrencia de una serie de factores relacionados con la situación en la zona de operaciones, el procedimiento de vuelo, la misión en ejecución, factores humanos, las condiciones meteorológicas o cualquier hecho imprevisto sin que, por ello, se pueda atribuir el siniestro de forma directa a mala praxis o negligencia por parte de la tripulación de la aeronave».

«No quiero perdón»

La reapertura de la causa obligó a José Bono a declarar, pero lo hizo por escrito, cuando en el caso del Yak-42 sí que fue en persona. Y según Guitard, puso de manifiesto que «se destruyeron pruebas para evitar que se supiera qué pasó. Yo ya no quiero perdón, solo que se sepa la verdad, que es lo que ha ocultado Bono».

Origen: Kiosko y Más

El asesinato del almirante carrero Blanco – General de División Rafael Dávila Álvarez

A petición vuestra y con el fin de facilitar su lectura, publicamos juntos los dos relatos del asesinato del Almirante Carrero Blanco , Presidente del Gobierno de España. Los artículos fueron publicados en actuall.com

1967-carrero_vicepresidente

16 de marzo de 1972

‹‹Se ha tomado contacto con un antiguo Coronel de la OAS residente en España, para ver de obtener (sic) por mediación suya toda la información posible en la zona vasco-francesa acerca de las actividades de toda índole de personal de la ETA y Partido Comunista de Euskadi residentes en la región, así como sus proyectos de actos terroristas en las provincias Vascongadas y Navarra, conocer sus puntos de apoyo dentro y fuera de España, lugares por donde pasan la frontera en sus incursiones, forma de proveerse de material explosivo, armas y todas las circunstancias personales de los componentes de los comandos encargados de llevar a cabo las misiones terroristas…››.

Scan1-e1450262569488Así empezaba el informe de una operación puesta en marcha el año 1972 por uno de nuestros servicios de información y bautizada con el nombre de ‹‹OPERACIÓN DOBLE E››. Poco se sabe de ella. Se ha publicado algún documento aislado que nos confirma su existencia y propósitos. Nada más. Aquí desvelaremos alguno de sus secretos. Solo algunos.

Al disolverse la OAS (Organisation de l.Armée Secrete) (recordemos que había nacido en Madrid con el propósito de luchar por la Argelia francesa), muchos de sus militantes se mantuvieron unidos dentro de una organización básica bajo el cobijo que les brindó el régimen de Franco.  Acogidos en el Levante español, aquel no fue solo su hogar y refugio, también fue su santuario.

El Gobierno español y sus servicios secretos no encontraban en su vecina Francia la colaboración política y social necesaria para controlar y luchar contra la organización terrorista ETA. Carecían de información y contactos fiables. Información oficial no existía ya que Francia, que conocía, controlaba e incluso apoyaba a la ETA, impidió toda actividad en su contra.

El Gobierno español (al menos uno de sus servicios de información más prestigiosos), desconcertado ante la nula cooperación francesa en su lucha contra la ETA, recurrió a  los antiguos miembros de la OAS que aún mantenían su red de informadores y estructuras de cooperación y hermandad.

Así se pone en marcha la operación . Los pasos los inicia un Coronel francés perteneciente a la OAS que junto a un sargento del servicio de información de la Guardia Civil se desplazan a Francia para establecer los necesarios contactos con miembros de la organización F.N.R. (Federación Nacional de Repatriados) que acogía a antiguos miembros militares de la OAS. Una condición prevalece por encima de todo: el secreto más absoluto y la total clandestinidad de manera que solo un reducidísimo grupo de la Guardia Civil, nadie más, sabrá de la operación.

En un tiempo récord se logra establecer una red de informadores en Hendaya, Boredeaux, Bayonne, Toulouse y París. Su misión inicial es recoger todas las informaciones oficiales del Gobierno francés concernientes a las directivas que se cursen a los Gobernadores sobre la ETA. Obtener información a través de la policía o de contactos sobre refugios, bases, puntos de apoyo, actividades y proyectos subversivos de la ETA y confeccionar planos, croquis o hacer fotografías de todos los puntos de la ETA que sean posibles, tanto en Francia como en España.

Además se seleccionaría un comando con experiencia para llegado el caso efectuar voladuras de edificios, secuestros e incluso eliminación de personas. Se fijan los precios para la actuación de los comandos ‹‹que serán los que rijan en el mercado en cada momento››. Para la voladura de edificios se fija una cantidad de un millón de pesetas, más doscientas mil de gastos; los secuestros cinco millones y medio y la eliminación de personas previo acuerdo más los gastos.

Uno de los primeros informes que se obtiene es de carácter político y en él se recoge la impresión de los medios oficiales franceses donde muestran su gran desconfianza en cuanto al futuro de España.Scan1-e1450262569488

Textualmente dice el informe:

‹De poco tiempo a esta parte, los resortes del poder y de fuerza han sido puestos en manos de tres hombres de confianza del Caudillo y calificados de duros, el Sr. CARRERO BLANCO, como Vicepresidente del Gobierno, que dicen será el verdadero sucesor de Franco; el General GARCÍA REBULL, antiguo miembro de la División Azul, Jefe de la 1ª Región Militar, que reúne la fuerza más importante y potente del Ejército; y finalmente, el General INIESTA CANO, considerado “duro dentro de los duros”, recientemente nombrado para mandar la Guardia Civil, que tiene en sus manos toda la parte de Orden Público››.

Termina el informe diciendo que estas tres personas han cerrado el camino a una mayor liberalidad iniciado por López Rodó al que califican de tecnócrata y muy inteligente además de ser el portavoz de una Iglesia que no quiere abandona sus privilegios (seis mil millones de pesetas), al mismo tiempo que trata de promover un mayor acercamiento a la clase trabajadora.

Consideran al príncipe Don Juan Carlos como “hombre de paja” y que por el momento no harán ningún caso de él.

Por otro lado en España, Alicante y Benidorm, donde residen numerosos miembros de la OAS, se establecen contactos con distintos personajes con antecedentes familiares y económicos que permiten utilizarlos para esta misión. Para ello siempre se cuenta con la colaboración desde puestos de la administración  para presionarles con la concesión o rechazo de licencias de apertura de ciertos negocios como grandes salas de fiesta y cafeterías.

Desde Francia empiezan a llegar informaciones de gran valor: Situación de bases de la ETA, nombres de dirigentes, boletines oficiales sobre la ETA elaborados por las autoridades francesas, así como la ubicación de un refugio-base del movimiento separatista vasco ETA-ENBATA en Bayonne (finca denominada Cheniere) y de la base secreta principal de la ETA-ENBATA situada en Port-Du-Roi. En esta base se enumera la existencia de ametralladoras MAT-49 francesas, metralletas “GORDO” de 12,70 alemanas, fusiles de asalto “Mauser”, fusiles de asalto MK-42 rusos pero de fabricación China y bazokas “Matra” franceses. La dirección de esta base es llevada a cabo por el Jefe principal de ETA, que es un vasco español, emigrado de USA a Francia hace unos siete años. Entre una de las acciones que se prepara es la voladura de esta base de la ETA.

Doc.CB2De las informaciones que se reciben destaca la relativa a las formas de allegar fondos para financiar el movimiento terrorista separatista vasco ETA-ENBATA:

-“Golpes económicos” (atracos) a Bancos o entidades de ahorro en el país Vasco.

-Remesas de dinero norteamericano, en dólares, recogido entre los vascos españoles residentes en U.S.A.

-Canon establecido a los mecheros Dupont, aparatos de radio Autovox y a toda clase de neumáticos que se venden en los comercios del principado de Andorra.

-Cuota de todos los barcos pesqueros que salen de san Juan de Luz para El Senegal.

-Beneficios del tráfico clandestino de armamento que realizan con destino a Angola y colonias portuguesas en África. El punto clave de este tráfico está en Kinshasa, en un bar denominado “Blue Note” regentado por una señora  llamada Francine.

-Ayuda que reciben, al parecer indirectamente, de la CIA norteamericana. No se facilitan datos concretos sobre este punto.

Por último se comunica que los servicios secretos franceses han detectado el día 14 de agosto (recuerden estamos en 1972) el paso de Francia a España de armamento individual automático consistente en ametralladoras alemanas Smeiser y fusiles automáticos Fall, de fabricación alemana, reglamentarios en la OTAN, sin determinar el número de cada clase, pero en cantidad suficiente para armar a 40 hombres. Junto a este armamento se han introducido trescientos cincuenta Kgs. de explosivos de distinta clase.

La malla de informadores alrededor de ETA proporciona detalles desconocidos e impensables hasta entonces.  Se consigue aumentar la red hasta llegar a tener dos en París, dos en Bordeaux, dos en Bayonne, uno en Toulouse, uno en Hendaya, uno en Niza y uno en Marsella.

El 17 de octubre se recibe una importante información del agente denominado ‹‹Andorra-1››. Son los proyectos existentes en medios comunistas españoles para eliminar a personalidades destacadas del Régimen actual. En el informe figuran, como objetivos de estos atentados, el Príncipe, el Vicepresidente del Gobierno del que dicen es el verdadero motor del Régimen franquista tantos años, que tiene todos los resortes del poder en sus manos y a quien ven como futuro Jefe de Gobierno  y como tal su influencia sobre el Príncipe será decisiva.

La suerte está echada. Los objetivos, marcados desde Toulouse, están fijados. La maquinaria se pone en marcha. Las órdenes llegan  desde la sede del Partido Comunista con base en Toulouse.

Cuando el Gobierno español, su servicio de información, dispone de esta información clave, sorprendentemente la ‹‹Operación Doble E›› se suspende.

Así se explica en el informe:

“En conversación celebrada en el día de hoy con nuestro agente el Coronel, se le hizo saber, personalmente por mí, que debía dejar, de momento, en suspenso el montaje de la red informativa y la continuación del servicio, mostrando por ello evidente disgusto y además calificó de falta de seriedad por mi parte la incertidumbre a la que se le tenía sometido y mi manera de llevar un asunto como este, dada la gran importancia y trascendencia que ello tiene para España.”

Era el día 7 de noviembre de 1972. Luego vendrían otras informaciones que confirmaban lo peor. Al año de recibirse esta información, el Almirante don Luis Carrero Blanco, recién nombrado Presidente del Gobierno, era asesinado.

¿Por qué se suspendió la ‹‹Operación Doble E››? ¿Tuvo continuidad en el futuro?

No tenemos la respuesta pero sí una aproximación a los hechos. Una aproximación que solo se entiende desde la ‹‹Operación Doble E››, que sin duda abre nuevas incógnitas.

El 2 de diciembre de 1973 era asesinado el Presidente del Gobierno de España, Almirante don Luis Carrero Blanco. Se cumplen 42 años de un hecho olvidado por la memoria histórica porque a buen seguro tuvo como responsables intelectuales a ocultos y silenciosos personajes que resucitaron tras el magnicidio. Su susurro al oído, su cobarde indicación, estaba tras el crimen. Bien les vino y bien lo sabían.carrerokissinger

El asesinato, también el procedimiento llevado a cabo, dejó asombrado al mundo entero. A la tragedia de la atrocidad cometida se le unió el esperpéntico espectáculo de un enorme vehículo desaparecido hasta encontrarlo en el interior del edificio de la Iglesia en la que minutos antes había estado el Presidente oyendo misa. Nadie daba crédito. ¿Una acción ejecutada con resultados que requerían gran conocimiento técnico o sus efectos fueron fruto de la casualidad de unos inexpertos? La noticia dio la vuelta al mundo. Empezaba la proyección internacional de la ETA. Ni ellos mismos se lo podían creer. ¿Quién cometió aquel magnicidio? Las especulaciones llegan hasta nuestros días. Las historias se mezclan con la historia y los intereses por mantener el silencio continúan. Ni un papel desclasificado.

No voy a repetir las hipótesis ya conocidas por todos ustedes y narradas de forma repetitiva en cientos de libros y artículos. Simplemente pretendo aportar nuevos datos que sirvan para enjuiciar aquel terrible asesinato y sobre todo conocer alguna de las informaciones trascendentales que se tenían y que podían haber evitado, o al menos hacerlo más difícil, aquella tragedia y quizá alguna más. Y lo haré siguiendo, como en el artículo anterior, los informes de la ‹‹Operación Doble E››.

En noviembre de 1972 muere el Cónsul francés en Zaragoza, M. Roger Tur, como consecuencia de las heridas sufridas en el asalto al Consulado de dicha ciudad. La información que se recibe de los agentes de Doble E es que los autores del hecho no pertenecen ni tiene relación con la organización separatista (sic) vasca ETA., pero sí constituyen un comando extremista, dependiente del partido comunista, fracción marxista-leninista.

Este comando está dirigido por el PC. desde Toulouse. Parece ser una venganza por las medidas adoptadas por las autoridades francesas contra la ETA. No se pretendía la muerte del Cónsul, simplemente amenazarle, pero la inexperiencia de los asaltantes y su nerviosismo provocó este desenlace.

Los informadores aseguran que M. Roger Tur estaba en conexión con los servicios de información norteamericanos, a los que facilitaba noticias, habiéndose confirmado que trabajaba para la CIA. Camuflaba estas relaciones bajo la apariencia de proporcionar detalles de productos relacionados con y para fábricas de tabaco.

Aparece la CIA aquí y junto a otro informe  que asegura que los servicios secretos franceses investigan el posible tráfico clandestino de armas a través de España hacia Francia por Algeciras y que las armas pueden proceder de la base de Rota de cuyo personal dicen los servicios secretos franceses tener absoluta desconfianza.

Saquen ustedes sus propias consecuencias.

Suspendida la ‹‹Operación Doble E››, las relaciones con el Coronel y los informadores continúan de manera correcta pero con la frialdad de una relación rota. Saben que la ruptura viene de niveles que ellos ni controlan ni conocen.

libro-carreroEl 17 de diciembre llega una definitiva y preocupante información: la entrada en España de comandos de ETA-ENBATA con fines terroristas. Son cinco comandos que han cruzado la frontera por Dancharinea (Navarra) y las zonas de Roca Pinet, Port Negre y Pla de Llosas, del Principado de Andorra.

Se distribuyen en Cataluña, Levante, Sevilla. Algeciras y Madrid.

Poco después llega una información definitiva, una de las claves difícil de entender pero que nos sobrecoge a todos y nos deja sumidos en una enorme incertidumbre y desasosiego. La información llega el día 17de diciembre de 1972. En una reunión celebrada el día 15 de este mes entre miembros directivos de ETA-ENBATA con elementos de la dirección del PC. de Toulouse se acordó llevar a cabo en distintos puntos de España una operación denominada ‹‹Navidades Negras›› o ‹‹Turrón Negro››, en la que se incluyen secuestros, acciones subversivas y violentas. Pretendían forzar al Gobierno a poner en libertad a los presos de ETA en una acción conjunta de ETA y el Partido Comunista de Toulouse.

Como medio más eficaz se estimaba la realización de secuestros de personalidades de gran relieve dentro del régimen franquista, saliendo a relucir en las discusiones el Príncipe Juan Carlos, el Vicepresidente del Gobierno, el Director General de la Guardia Civil y otros. Las discusiones derivaron hacia los familiares de estos debido a la protección que se suponía llevaban los altos cargos. Así se acordó.

El Almirante Carrero Blanco lo supo. La comunicación se la hizo el Director General de la Guardia Civil, Carlos Iniesta Cano, como demuestra Javier Tusell en su libro ‹‹Carrero. La eminencia gris del régimen de Franco››. Reproduce también uno de los muchos documentos de la ‹‹Operación Doble E››, este del que les hablo, aunque el informe consta de más de cien documentos. ¿Dónde estaba el resto? ¿Quién los conocía?

Todo quedaba en manos de la Guardia Civil, concretamente en las de su Director General, teniente general Carlos Iniesta Cano, nombrado para el cargo en enero de 1972 donde permaneció hasta su pase a la reserva en mayo de 1974.

El general Iniesta antes de hacerse cargo de la dirección de la Guardia Civil había estado en Argelia como Embajador. También es reseñable el hecho de que fue Agregado Militar de la Embajada española en Washington entre 1949 y1955. La ‹‹Operación Doble E›› da comienzo justo en el momento de hacerse cargo de la Dirección General de la Guardia Civil.

El Jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil en aquellos momentos era el entonces coronel Sáenz de Santa María que más tarde sería su Director General y del que se especuló sobre su conocimiento y participación  en la guerra sucia de los GAL. Es famosa su no declaración en el Congreso, solicitada a puerta cerrada, sobre aquellos hechos.

En una entrevista concedida a El País (24-II-1995) contestó a la pregunta:

  • ¿Alguna vez recurrió en aquella época a la guerra sucia?
  • Le responderé con una máxima: En la lucha contraterrorista hay cosas que no se deben hacer. Si se hacen no se deben decir. Si se dicen, hay que negarlas. Creo que he contestado.

Había contestado. Sabía de lo que hablaba. eL-COCHE-DE-cARRERO-BLANCO-TRAS-EL-ATENTADO

Sin duda desde aquel mes de enero de 1972 hubo altos cargos muy bien informados sobre todo lo que ocurría en el entorno de ETA y del PC. de Toulouse. Eran los que recibían los informes y manejaban los hilos de la

‹‹Operación Doble E››, los mismos que en un momento crucial dieron al traste con ella. ¿Por qué? Nunca lo sabremos.

El Presidente de la Nación española, el Almirante Luis Carrero Blanco fue asesinado un año después de haberse anunciado el interés de ETA y el PC de atentar contra él o su familia. Había sido sentenciado en  Toulouse en octubre de 1972.

La CIA, la ETA, el Partido Comunista de Toulouse… Quién sabe.

No hay duda de que la mano ejecutora fue la ETA, que la información vino de una serie de personajes, todos ellos conocidos miembros del Partido Comunista.

Dudo de complejas maniobras y mi experiencia dice que cuando buscas las razones de algún hecho ocurrido, lo más sencillo es lo que nunca se contempla y suele ser lo que ha sucedido. Una serie de errores, esperemos que ninguno mal intencionado, la rutina del día a día y la irresponsabilidad de algunos, acabaron con la vida del Almirante. La ETA como ejecutora y el PC. con sede en Toulouse como informador y responsable intelectual. ¿Alguien más? Creo haberles proporcionado datos suficientes para meditar y obtener conclusiones. Se ve con claridad que también hubo culpables por omisión.

¿Quién ordenó iniciar la Operación Doble E? ¿Quién y por qué se anuló en el momento decisivo? ¿Por qué no se tomaron las medidas de seguridad adecuadas con el Almirante Carrero Blanco en función de la información que se recibía? Es conocido que las medidas de seguridad con el Príncipe Juan Carlos y su familia se extremaron al máximo.

Sabemos que en el año 1974 el Ejército desplegó en el Pirineo Vasco-Navarro en la llamada Operación Iruña para impermeabilizar la frontera con Francia. La infiltración y la posible acción en fuerza en alguna localidad de partidas armadas de terroristas fueron contempladas.

España estaba conmocionada. ETA seguía asesinando.

Nunca supimos lo suficiente ni Francia cumplió con su deber de informar y colaborar.

La ‹‹Operación Doble E›› fue un proyecto sin ejecutar pero la información obtenida no fue explotada adecuadamente. Queda una incógnita grave, saber porqué aquellos informes quedaron en los cajones de algún mando y no se activaron las medidas más elementales de seguridad.

Mientras muchos se jugaban la vida en cada esquina, mientras daban lo mejor de ellos, otros con su trabajo se dormían en los laureles.

¿Por qué no se dio la adecuada protección al Presidente del Gobierno?

¿Quién asesinó a Carrero Blanco?

Si me preguntan mi opinión les diré que los ejecutores fueron las alimañas asesinas de la ETA y que desde el Partido Comunista de Toulouse contemplaron la escena con la cobarde satisfacción del asesino que ha logrado su objetivo.

Algunos aluden al misterio de aquella frase de Franco: ‹‹No hay mal que por bien no venga››. No había tal misterio sino interpretaciones hechas con maldad o simplemente para rellenar líneas, pero todas erróneas. Franco solo quiso hacer frente a la situación infundiendo ánimo a una Nación que se enfrentaba a un grave problema, el de la incertidumbre del futuro.

MADRID, 6-1-1969.- EL JEFE DEL ESTADO, FRANCISCO FRANCO, RECIBE EN EL PALACIO DE EL PARDO A UNA REPRESENTACION DE LOS TRES EJERCITOS ESPAÑOLES, CON MOTIVO DE LA PASCUA MILITAR. EN LA FOTO, SALUDA AL ALMIRANTE CARRERO BLANCO. EFE.

El pueblo español supo reaccionar con calma y sufrir con enorme dolor e indignación más y más muertes inocentes. No hay mal que por bien no venga solo era una frase de ánimo hacia el futuro.

Por ahora, lo que nos queda, es el horror y el dolor de tanto asesinato cometido por la ETA, una herencia genética que algún día se borrará pero no mientras se permita su justificación o que los que los justifican ocupen puestos en la administración.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

PUBLICADO EN:  actuall.com

BLOG: generaldavila.com

Twiter: @generaldavila

Origen: EL ASESINATO DE CARRERO BLANCO I.- Antecedentes. La ‹‹OPERACIÓN DOBLE “E”››EL ASESINATO DE CARRERO BLANCO II. ‹‹NAVIDADES NEGRAS-TURRÓN NEGRO›› (General de División Rafael Dávila Álvarez) – General Dávila

Para la memoria historica del ayuntamiento de Madrid –  Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios

A LA SEÑORA PRESIDENTA DE LA COMISIÓN

PARA LA MEMORIA HISTÓRICA DEL AYUNTAMIENTO DE MADRID

Doña Francisca Sauquillo

Plaza de la Villa nº 4

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Madrid

Madrid, 2 de agosto de 2016

Los Antiguos Caballeros Legionarios, organizados en las distintas Hermandades y Asociaciones que jalonan todos los rincones de España, representantes de un Colectivo de Veteranos que han servido en La Legión Española y que engloba a aproximadamente unos Cien Mil Miembros, comparecen antes Usted y exponen, en el trámite de audiencia concedida por la Señora Presidenta de esta Comisión, lo siguiente:

Movidos por la inquietud que nos causa la noticia de la  futura supresión del nombre la calle dedicada al General D. José Millán Astray, Fundador de La Legión, en virtud de la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica, y su posible sustitución por el nombre de “Calle de la inteligencia” con el debido respeto deseo exponer lo siguiente en nombre de las Hermandades de Antiguos Caballeros Legionarios de toda España.

El general Millán Astray fue un insigne soldado que combatió en Filipinas y Marruecos, haciendo siempre alarde de valor y sufriendo gravísimas heridas y crueles mutilaciones. Pero nunca descuidó su formación intelectual, como algunos pretenden contraponiendo el valor a la inteligencia (ambas virtudes son perfectamente compatibles). Se diplomó en la Escuela de Estado Mayor, lo que significaba en aquel tiempo, además de amplios conocimientos militares, el dominio del idioma francés, el conocimiento de otro idioma extranjero y la habilitación como Ingeniero Geodesta. Era, además, miembro del Ateneo. Fue condecorado por Francia, Argentina, Chile, Uruguay, Méjico, Cuba y EEUU, y, según Gárate Córdoba, “es uno de los tratadistas y escritores militares más prestigioso de su tiempo”. Por sus estudios, tratados y conferencias sobre la Guerra de Marruecos fue recibido por los presidentes de Italia y Francia, y por el Alcalde de Nueva York. Y era sólo un Teniente Coronel.

Su obra principal, la fundación de La Legión, denota, entre otras cosas, una capacidad de organización, de trabajo, de tenacidad y de confianza en sí mismo, verdaderamente notables. Como ejemplo de la dificultad de crear e instruir una unidad militar, desde que el Presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero, dio la orden de crear la Unidad Militar de Emergencias (UME), hasta que estuvo en condiciones de apagar un incendio, pasó más de un año. Contaba para ello con un Teniente General auxiliado por un competente y amplio Estado Mayor, y con todo el apoyo de personal y material de los tres Ejércitos. Desde que se alista el primer Legionario (septiembre de 1920) hasta que la Legión entra en combate solo pasaron cuatro meses (Día 7-01-1921 Zoco el Arbaa Tetuán). Se produce el auxilio a Melilla (julio de 1921), habían pasado solo 10 meses. En esa ocasión, la sola presencia de 1200 legionarios mandados por El general  Millán Astray, fue capaz de devolver la confianza a la población civil de Melilla, aterrorizada, y de que las vanguardias de Abdelkrim se detuvieran ya prácticamente en los arrabales de la ciudad. Para esa obra no contó casi con nada, ni con nadie. Todo lo tuvo que hacer él, entre otras cosas, reunir un equipo de colaboradores, entre los cuales eligió a personas que consideraba más competentes que él mismo, lo que era otro rasgo de una gran personalidad.

El general Millán Astray puso de manifiesto sus cualidades humanas, pues se hizo respetar por personas de todo tipo; desde los que no respetaban nada y a nadie, pasando por gente humilde y miembros de la aristocracia y, lo que es más importante, se hizo querer de todos ellos.

Su obra, La Legión, salvó muchas  vidas, no solo ocupando siempre la vanguardia  en la  Guerra de  Marruecos, desde el mismo momento de su creación. Supuso liberar de  esa  guerra  a  dos  soldados españoles de reemplazo por cada Legionario alistado. Dos  hombres  que procedían de  las clases  más  humildes y no podían pagar su leva para librarse de la guerra. El dicho de que “Un legionario vale por dos”, es totalmente cierto. El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, de fecha 1 septiembre de 1920, disponía según las propuestas  que había hecho Millán Astray, que el gasto para la creación de La Legión se amortizara librando dos soldados por cada legionario alistado, que no se repusieran bajas de  guerra de reemplazo y que se repatriaran unidades peninsulares. Si  fueron 19.000 los  alistados, puede muy bien afirmarse  que 38.000  hombres, probablemente de las clases humildes, no tuvieron que ir forzosos a esa  guerra durante un año. (Adjunto fotocopia  del  Diario).

El General Millán Astray fue un personaje extraordinario, de mucha fama, cuya trascendencia y conducta de vida no ha trascendido al gran público lo suficiente. No tuvo ningún mando durante la guerra civil, Inválido, como estaba en 1936, fue encargado de fundar Radio Nacional de España con evidente gran éxito, por su dominio del uso de la palabra y algo que es menos conocido: fue el organizador del benemérito Cuerpo de Caballeros Mutilados de Guerra por la Patria. Que acogió, ayudó y dio empleo, dentro de sus capacidades a muchos heridos en operaciones. Al frente de esta benemérita institución murió el 1 de enero de 1954.

Para  algunos, su recuerdo se circunscribe al incidente que protagonizó con D. Miguel de Unamuno en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca al inicio de la Guerra Civil. Dicho incidente, que ha sido mitificado, en realidad no se produjo entre el filósofo y Millán Astray, sino entre el primero y uno sus catedráticos, Francisco Granados. Éste, que estando en uso de la palabra, hizo mención a la “antiespaña” representada por vascos y catalanes, lo que indignó al vasco Unamuno y motivó su contestación al catedrático. Millán Astray pidió entonces la palabra y al no concedérsela, se produjeron los gritos. Unamuno presidía el acto en representación del Jefe del Estado, de hecho él mismo así lo indicó al inicio del mismo: “Vengo en representación del Jefe del Estado” y en la mesa presidencial le acompañaban, entre otros, la Sra. de Franco y el propio Millán Astray, siendo este último quien, ante la actitud de algunos extremistas, protegió a  Miguel de  Unamuno, indicándole: “coja del brazo a  la Sra.” y acompañándolo hasta el coche.

Don miguel Unamuno se había  caracterizó por mantener un difícil equilibrio en su apoyo a alguno de los dos bandos pero finalmente se decantó por el denominado bando nacional – lo que le ocasionó la desposesión de todos sus títulos por el Gobierno de la República- (adjunto fotocopia de la orden.) De hecho había aceptado la representación de  Franco en dicho acto. No murió en la cárcel ni fue represaliado por el incidente. Tras fallecer el 1 de enero de 1937, el traslado de sus restos mortales se realizó a hombros de  falangistas.

Esta demostrado por insignes historiadores que nunca gritó “muera la inteligencia”.

Además, ¿Por qué no creer el relato de  Millán Astray? el no tenía porque mentir, ni lo hubiera  hecho jamás, como aparece en su declaración de los hechos, en la entrevista que le realizo el periodista Cristóbal de Castro mantenida el 20 de diciembre de 1946.

Sin embargo, al margen de lo anterior, no se debe juzgar vidas o conductas por frases puntuales sacadas de contexto, sino por hechos. ¿Alguien puede pensar que el Sr. Pablo Iglesias, Secretario General de Unidos-Podemos, cuando dijo; << … cuando acabemos con esta charla en lugar de mariconadas del teatro nos vamos de cacería a Segovia a aplicar la justicia proletaria que es lo que se merecen unos cuantos.  >> ¿Pretendía que los asistentes al acto se echaran a la calle a vapulear al primero que  vieran y organizar una revuelta? No, esa frase se pronunció en una conferencia dada en 2013 ante un grupo de militantes de Izquierda Anticapitalista. En ella, Pablo Iglesias contrastaba dos formas distintas de hacer política desde un planteamiento progresista. Sacada de contexto parece otra cosa muy distinta que bien satisface e interesa a ciertos grupos. En este sentido, ¿Deberían los Canarios hacer persona no grata a  Miguel Unamuno por definir Canarias como; <<Tierra de frutas sin sabor, flores sin olor, hombres sin honor y mujeres  sin pudor>>? No, pues es muy probable que lo dijera por su situación de deportado en Fuerteventura en los años 20, durante la dictadura de Primo de Rivera. De hecho, algún monumento dedicado al insigne autor adorna la vía pública de algún punto de las Islas.  El grito de  “¡¡Viva la muerte!!” , como expresión de valor  ha merecido otras interpretaciones. Nadie como el Presidente del Gobierno Adolfo Suarez, un hombre poco amigo de extremismos, y si comprometido con la necesaria reconciliación de los españoles lo expresó  de  de una  manera muy elocuente en una visita al 3ª Tercio de La Legión en Fuerteventura, el 23 de Abril de 1978 .; << Caballeros legionarios. Pienso que ese desprecio vuestro por la muerte es quizás el más bello canto de amor a la vida, a una vida libre, a una vida que se ofrece al servicio de los demás>>.

En cuanto a su participación y actitud ante la sublevación, como apolítico, era contrario a la intervención de los militares en la política. Previamente al golpe de estado de Primo de Rivera de 1923, fue consultado por éste y Millán Astray le dio su opinión en contra. Pidió el retiro, como queja a la existencia y conducta de las Juntas de Defensa, grupúsculos de militares que desde 1916 interferían de forma manifiesta en la política del Gobierno. Desde el año 30 no ejerció mando alguno de tropas. No participó en la conspiración y cuando comenzó la Guerra  se  encontraba  en Argentina. Tardó un tiempo en regresar a España y lo hizo por Lisboa, donde Gil Robles y algunos diplomáticos le convencieron de no incorporarse al bando republicano. Es posible que la información dada al militar fuera totalmente partidista, y el saber que el Ejército  de  África  estaba  en el otro bando influyeran en su decisión de unirse al bando de Franco, pero, como índico, ni estaba enterado de la sublevación ni participó en ella. La guerra fue una tragedia en la que España se partió en dos y todos los españoles de una u otra  forma y por las más variopintas circunstancias, participaron en uno u otro bando.

Una  intervención directa de Millán Astray en la  contienda y muy poco difundida,  ocurrió el día uno de enero de 1937. Enterado de ejecuciones sumarísimas, se  presenta  en la  cárcel provincial de Salamanca. Sin tener mando ni autoridad, pero utilizando su ascendiente y prestigio, ordena reunir a los presos y empeña su palabra que no permitirá ni una  sola  ejecución, cortando de  inmediato cualquier represalia sobre los detenidos. (Carlos Rojas, médico del frente popular detenido, ¡Muera la inteligencia!¡Viva la muerte! Pg. 97-98).

En la actualidad, Millán Astray es un símbolo respetado y admirado por todos los que forman y han formado parte de la Legión. Esa Legión, que da muestras de su buen hacer por diversas partes del mundo, contribuyendo al prestigio de España. Y ese buen hacer, es debido entre otras cosas, al espíritu que hoy se mantiene vivo y que le supo inculcar su fundador.

Una de  sus  facetas en que empeñó sus  últimos  años, fue la ayuda a los pobres (él los llamaba los humildes). Con sus Legionarios alternaba en las tabernas donde comían los obreros, se enteraba de sus necesidades, condiciones de trabajo y los ayudaba  siempre  en nombre de  los  mutilados.

Se  volcó  exclusivamente  en  obras  sociales, en la parroquia del padre

Madina, en el barrio de   las  Latas,  en el puente de   Vallecas, en el Barrio de Doña  Carlota. Los  más  desprotegidos, sabían  bien de  su entrega y dedicación. Cuando se clausuró la Escuela de Taquimecanografía para preparación de Suboficiales en Madrid, en la calle de Orfila, todos los bienes que contenía la misma fueron entregados a los necesitados de los Barrios gracias a Millán. También colaboró con el Padre Madina en la fundación de la Ciudad de los Muchachos.

En las fechas Navideñas sufría al ver los grandes comercios llenos de productos inalcanzables para sus patrocinados. En estas fechas, en unión de su mujer y legionarios,  se reunían en su casa para confeccionar paquetes de alimentos y ropa para niños, para entregar a los necesitados. La intendencia Militar era unos de los lugares donde acudía a buscar lo necesario para entregar en el Barrio de las Latas. Uno de los días que fue a este lugar a dar su acostumbrada charla, al salir vio a un anciano “a cuerpo gentil”. Se quitó su gabán y se lo entregó. Estas gentes humildes le profesaban un gran aprecio y han aparecido innumerables cartas a Millán Astray agradeciendo las gestiones realizadas. Son muy apreciadas por los coleccionistas.

Cada día el Padre Madina, mandaba a casa del General a una persona necesitada donde compartía  el menú del mismo Millán Astray, entregándole la escolta algún detalle económico. Eran conocidas algunas de sus ayudas, a los niños del colegio de Huérfanos de las Mercedes, a los impedidos del asilo de San Rafael, y muchas más  otras desconocidas por su forma de entender la caridad, <<Una mano no tiene porque saber lo que hace  la otra, en mi caso no tengo ese  problema>>.

Le preocupaba la situación de los accidentes de los “guardias de la Porra”, los del casco blanco. Llevaba una estadística de sus accidentes. De  Millán Astray partió la idea de los templetes de los guardias para dirigir el tráfico y evitar sus atropellos.

En el poema del Legionario se reflejó como un Guerrero, un Poeta y un Fraile.

Estas tres condiciones las cumplió sobradamente en el transcurrir de su vida. Solía comentar que “no dependía de nosotros ser ricos, pero si el ser felices. Las riquezas no siempre son bienes, y ciertamente, siempre son de poca duración; pero la felicidad que proviene de la virtud, dura siempre”.

En la dura posguerra, intentaron en ocasiones sobornar a Millán Astray. Se recuerda una de un amigo personal suyo que en su despacho le ofreció una cantidad importante si conseguía una licencia de importación de garbanzos de Méjico. La anécdota dice que el comerciante no recuerda como salió del despacho, era un primer piso.

Su amigo Ramón Artigas, que era Gobernador del Banco España, al conocer la situación precaria en la que se encontraba el General, le ofreció algún Consejo de Administración que era compatible con su sueldo de General u otro cargo análogo. Por supuesto la contestación fue que no. Al comentarlo  con su secretario lo hizo en estos temimos “¿Crees que puedo aceptar un cargo del que nada sé ni para el que me encuentro preparado? Esto sería tanto como robar dinero, y …tú me conoces”.

Su actitud y forma de ser que he tratado de describir con estos retales le trajo problemas con autoridades y gobierno. Protestó ante Franco por escrito el 24 noviembre de 1947 por la gestión de la fiscalía de Tasas y la Comisaria de Abastecimiento. (Francisco Franco y su tiempo pg. 215).

Millán Astray, tras la Guerra Civil no obtuvo ningún ascenso ni reconocimiento, mientras  veía  ascender a otros más modernos que él. Sólo después de muerto (1 de enero de 1954) se le dio un ascenso honorifico, lo que parece prueba irrefutable de que  su participación en la sublevación fue nula. Lejos de suntuosos panteones, sus restos descansan en una humilde tumba en el Cementerio de la Almudena de Madrid donde reza “José Millán Astray, Caballero Legionario”.

Tal y como expresa la Presidenta de esta Comisión en la entrevista del día 08.04.2016 (El Confidencial) ”El artículo 15 de la Ley dice muy claro que todas aquellas  personas o monumentos que inciten a la  violencia o hayan incitado a la sublevación son los que no pueden seguir…..Porque lo que plantea también la propia Ley de 2007, en su preámbulo es la pretensión de reconciliación, concordia y reconocimiento”.

Como ya he expuesto,  el General Millán Astray fundó la Legión en 1920, y marcó en ella una impronta que llega hasta nuestros días. En efecto La Legión es una  Unidad Militar del Ejército de Tierra que, actualmente, conforma la vanguardia del mismo y que goza de enorme prestigio tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, por su abnegada participación en todas las operaciones de paz en las que España ha participado durante los últimos 25 años, bajo cualquiera de los gobiernos que han decidido su participación. Pues bien, permítame decirles que una parte sustancial de esa impronta se basa en el recuerdo de su fundador, en la práctica del credo Legionario que él legó y de su ejemplo  de arrojo, voluntad de servicio y amor a sus tropas. Borrar gratuitamente el nombre de sus fundador de una calle de Madrid, y sobre todo, cambiarla por un nombre como “La inteligencia” será percibido como una provocación por todos los legionarios, por lo que no se conseguirá la finalidad de la Ley de la memoria histórica, antes bien, abrirá nuevas heridas.

Es por todo lo expuesto, que creyendo compatible la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica con el reconocimiento a la obra de este insigne militar, reconocimiento que el propio Régimen de Franco no le concedió, les pido reconsiderar la supresión de la calle en homenaje a Millán Astray 62 años después de su muerte, toda vez que dicho reconocimiento lo es en virtud de una obra que sigue plenamente vigente, y que es reconocida y respetada por madrileños, españoles y extranjeros, y que representa las más nobles y sublimes virtudes personales y militares.

Si en puridad con la mencionada ley, se hubiera de dejar constancia de que los méritos contraídos por Millán Astray lo son en época de distinta y desligados completamente de la Guerra Civil, al igual que la acción tomada en referencia a la Calle del Comandante Zorita-Aviador Zorita, les proponemos considerar una nueva denominación para la misma calle: Calle de José Millán Astray, Fundador de La Legión.

Igualmente solicitamos con el debido respeto que se nos tenga por personados como parte interesada en el procedimiento administrativo del cambio de calle de nuestro Fundador, así como se nos dé traslado de la documentación e informes ya existentes al respecto, así como se nos comunique las actuaciones que se llevarán a cabo en dicho procedimiento para que nuestra Voz sea escucha por los motivos descritos.

A estos efectos se señala como domicilio de notificaciones la dirección de la

Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios, sita en la calle San Nicolás nº 11 de Madrid C.P. 28013 y como teléfono de contacto el 658 65 62 64 Firman el presente documento:

Don José Pérez Recena

Coordinador de Hermandades y Asociaciones Legionarias

Don Ramón Moya Ruiz

Presidente Hermandad Nacional

Don Jesús Cañadas

Presidente Hermandad Barcelona

Don Mario Guío

Hermandad de Almendralejo

Don Luis Ponce

Hermandad de Fuengirola

Parra

Hermandad de Legionarios Saharianos

Francisco Rodríguez Ferreira

Hermandad de Galicia

Hermandad Cofrade de Caballeros Legionarios del Principado de Asturias

Juan Carlos Fernández

Hermandad de Valladolid

Francisco Sánchez

Presidente de la Hermandad de Benamejí

Guillermo Rocafort

Secretario Nacional

Cortes libera Tenochtitlan (13 de Agosto) con sus aliados, los indígenas, de las tiranías asesinas que sometian méxico 

Para celebrar la liberación de Tenochtitlan (Ciudad de Méjico) el 13 de Agosto por Cortés y sus aliados los indígenas del valle de Puebla-Tlaxcala, vemos el espíritu que les animaba

Cuando se viaja por América, todavía hoy,  y  las gentes se asombran ante la fuerza y la grandeza de la naturaleza, se admira con más intensidad la obra de titanes que supusieron los descubrimientos, la conquista y la liberación de las Américas, obra que valora más cuando se miden las condiciones y medios con que se realizó. 

Y la pregunta que se puede hacer a continuación es ¿qué es lo que diferenciaba a estos héroes de otros hombres vulgares?:

Y la respuesta es la Fe.

En el aniversario de la liberación, 13 de agosto de 1521, de México-Tenochtitlan por Cortés le tomaremos como modelo y representante del espíritu y valores que informaban a estos conquistadores, del que disponemos de mucha información gracias a los cronistas y biógrafos: Bernal Díaz del Castillo, Francisco Cervantes de Salazar, Gomara, Herrera, Fernández de Oviedo, Navarrete, Madariaga…

 

Sobre el libro de éste último sobre Cortés nos apoyaremos especialmente.

Sus juicios son especialmente agudos y provienen de un pensador que por sus posiciones políticas no son “sospechosos”.

Como él indica, “Cortes, es uno de aquellos hidalgos de fortuna que se precipitaban en tumultuoso torrente hacia el continente desconocido con sus personas, sus bienes, su vida entera; del mismo linaje histórico que Ojeda y Nicuesa, Pedrarias y Balboa, Pizarro y Solís, u otros tantos conquistadores vigorosos centauros del Descubrimiento-Conquista que galopaban sobre el continente sin dejarse arredrar ni por la flecha indígena, ni por la naturaleza inhóspita y cruel, ni por sus propios rivales, hasta que el indígena, la naturaleza o el rival ponía trágico fin a su vida y aventura.

Como ellos, Cortés se lanzaba al Nuevo Mundo movido por una ambición tácita y oculta que la mera existencia de lo ignoto provocaba en su alma, por la tensión entre la vitalidad virgen de su ser y el ámbito sin límites en qué aplicarla, tensión que actuaba en todos ellos, pues estaba en el aire, pero que sólo sentía cada cual según el metal de su ánimo.

Estas tendencias naturales habían ido tomando forma histórica concreta durante los siete siglos de la Reconquista en que España había sido almáciga de guerreros.

En aquellos siete siglos (que terminaron cuando Cortés tenía seis años de edad), la única profesión que un español viril creía digna era la lucha contra el infiel.

De esta tradición surgen Cortés y todos los conquistadores.

Fueron al Nuevo Mundo a «fazer nuevas moradas» y «a ganar el pan» con su lanza y espada, y tan lejos estaban de abrigar la menor duda sobre la ética de su profesión como el accionista de una empresa lo está hoy de abrigar dudas sobre la ética de sus dividendos o el obrero especializado sobre la de sus altos jornales.

Era una forma de vida establecida y reconocida tácitamente, una ley no escrita que obligaba al hidalgo o caballero a ganarse la vida, hacerse la fortuna y fundar o mantener su linaje por medio de las armas.

El trabajo no tenía nada de deshonroso en sí; al contrario, el buen artífice era objeto de universal estima, quizá mayor que en nuestra era mecanizada. Sólo era vergonzoso el trabajo para el caballero o hidalgo, porque implicaba falta de valor para ganarse la vida y la fortuna por medios más peligrosos.

Por tanto, los conquistadores, vástagos de veinte generaciones de vencedores de moros, acudían al Nuevo Mundo imbuidos de la certeza absoluta de estar en su derecho y en su deber como hidalgos al ganar nuevas moradas y abundancia de pan luchando contra aquellos nuevos infieles en tierras ignotas.

Pero además sentían igual derecho e igual deber no sólo como hidalgos sino como soldados de Cristo.

Como Cortés solía repetir en cuanto a él concernía, «no tengo otro pensamiento que el de servir a Dios y al Rey».

¿Qué quería decir con servir a Dios? Hombre de su siglo, profundamente empapado en la fe, más todavía, de alma tejida con fibra de la misma fe, para Cortés no eran frase vana estas palabras.

¿Cómo podríamos nosotros, para quienes la fe es una lotería que se gana o se pierde según la suerte de cada alma, comprender aquella edad en que era la fe como el aire y la luz, una de las condiciones mismas de la existencia, el aliento con el que se hablaba, la claridad con que se veía?

Cortés respiraba la fe de su tiempo. «Rezaba por las mañanas en unas Horas —dice Bernal Díaz— e oía misa con devoción.» Era una fe sencilla, fundada sobre la roca viva de la unidad y de la verdad. Verdadera porque una; una porque verdadera.

Lutero había nacido ya, pero su voz no resonaba todavía —al menos en el Nuevo Mundo—. Todos los hombres, cualquiera que fuese su nación o su color, eran o cristianos o infieles o capaces de que la luz del Evangelio los iluminara e hiciera ingresar en el girón de la cristiandad.

Servir a Dios quería decir una u otra de estas dos cosas tan sencillas: traer al rebaño de la Iglesia a los pueblos ignorantes todavía ajenos a la fe, o guerrear contra aquellos infieles que, por negarse a la conversión, se declaraban enemigos de Dios y de su Iglesia.

Este era precisamente el plan de acción de Cortés en aquellas tierras desconocidas que le aguardaban a Occidente: si los «indios» se declaraban dispuestos a escuchar a su fraile, a dejarse bautizar y a aceptar la soberanía del Emperador de la cristiandad, paz; si se oponían, guerra.

Este servicio de Dios era desde luego también servicio del Rey-Emperador. Al fin y al cabo ¿no era el Emperador ministro de Dios en la tierra?

Este pensamiento era la base de toda la filosofía política, no sólo española sino europea, y es seguro que Cortés lo oiría definir y comentar más de una vez en las aulas salmantinas: había que obedecer al Rey no como Rey sino como ministro de Dios.

Cortés serviría pues al Rey por el mero hecho de que conquistaría para la cristiandad el ánimo y la voluntad de un nuevo Imperio.

Téngase en cuenta que, en aquellos tiempos, Estado y religión, civilización y fe, eran una misma cosa, de modo que el servicio de Dios y el del Rey eran uno y lo mismo en este otro sentido de que la conversión, a ojos de aquel siglo, no era tanto un acto religioso e individual como social y colectivo.


Cujus rex eius religio era el principio de aquella edad no sólo entonces, cuando nadie soñaba todavía con la Reforma, sino aún más tarde cuando la Reforma vino a hacer de este principio, tan extraño para la actualidad, factor de tan grave importancia para la historia de la Cristiandad.


Así se explica que Cortés se embarcase en su aventura con quinientos soldados y sólo un fraile y que tanto él como sus compañeros tuviesen una certeza tan absoluta de la santidad de su causa, pues, una vez establecido su poder sobre la tierra conquistada y «pacificado» el pueblo, la conversión era pan comido. No había en esta actitud ni sombra de tiranía espiritual:


La conversión era pan comido puesto que la fe cristiana era la única verdad, y, por lo tanto, los indios, libertados de su paganismo por las armas españolas, no podrían dejar de ver con sus ojos ya libres la luz de aquella única verdad.


No nos extrañe esta actitud: no sonriamos con sonrisa de superioridad, porque los hombres de nuestros días piensan y obran de idéntica manera con respecto a su religión, que llaman Democracia liberal.


En ella creen con fe no menos ingenua, teniéndola por la felicidad evidente para todo hombre de buen sentido, y en esta fe cobran fuerzas para imponer el progreso y la libertad a todas aquellas sociedades que no comparten su religión cívica.


Ha cambiado la letra pero la música es la misma. Pecaríamos de injustos al ver hipocresía en la actitud de Cortés. Hipócritas y egoístas los hay hoy y los había entonces, pero entonces como ahora, la mayoría de los hombres de acción no veía contradicción o falta de armonía alguna entre sus fines y sus métodos.


Cortés era sin duda uno de estos conquistadores sinceros. Cuando hablaba de servir a Dios y al Rey decía lo que sentía, es decir, su fe como agente cristianizador y civilizador de almas paganas y de Estados bárbaros.


A buen seguro que no era cosa fácil encarnar una religión tan absoluta en sus normas.
El Capitán, como sus soldados, hallaría a veces la armadura de un soldado de Cristo bien rígida para los movimientos libres que pide la vida de los humildes humanos.


En tales momentos, Cortés pecaba; a no ser que hallase en su conciencia una junta elástica entre el ideal absoluto del Evangelio y la práctica relativa de la realidad. Así le veremos aceptar mujeres indias, regalo frecuente de sus amigos indígenas, no sin bautizarlas primero.


Pero en cuanto a la conquista en sí, Cortés se nos presenta como un conquistador persuadido de su derecho a dominar a aquellos infieles para hacerlos entrar en el jirón de la Iglesia, pero a la vez consciente de su deber de no recurrir nunca a las armas hasta haber agotado todos los medios pacíficos de hacerse con la voluntad de los indígenas.


Esta actitud no era tan sólo mero deseo de economizar sus escasas tropas; era también consecuencia de su opinión teórica basada en su concepción religiosa, como lo prueba su práctica de hacer leer por el escribano público ofertas de paz tres veces repetidas antes de iniciar un ataque.


Esta ceremonia, no era para él mero trámite de leguleyo..


Ejemplos de su actuación, poniendo por encima los intereses espirituales sobre los materiales, aunque los primeros pusieran en peligro los segundos, los tenemos abundantemente.


Como cuando los españoles asistiendo a un servicio religioso indígena, escuchando en silencio un sermón de un sacerdote indio, vestido con largas mantas de algodón y que llevaba el cabello, al modo ritual, sin lavar ni peinar desde que había sido ordenado, masa sólida cimentada con la sangre de sus víctimas humanas. Cortés, por media de Melchoi, el intérprete indio, explicó a los indígenas que «si habían de ser nuestros hermanos, que quitasen de aquella casa aquellos sus ídolos que eran muy malos y les hacían error, y que no eran dioses, sino cosas malas, y que les llevarían al infierno sus ánimas v se les dio a entender otras cosas santas y buenas y que pusiesen una imagen de Nuestra Señora que les dio y una cruz y que siempre serían ayudados y tendrían buenas sementeras y se salvarían sus ánimas».

Los indios no se atrevían por miedo a sus dioses y desafiaron a los españoles a que se atreviesen ellos, con lo que pronto verían cómo los dioses les harían perderse en el mar. Cortés mandó entonces despedazar a los ídolos y echarlos a rodar gradas abajo; hizo limpiar y purificar el templo, lavar las espesas capas de sangre seca que cubrían los muros y blanquear todo y después hizo edificar un altar sobre el que puso la imagen de la Virgen adornada con ramos y flores: «Y todos los indios estaban mirando con atención».

 

Esta escena parecerá sin duda de lo más anticientífico a muchos arqueólogos y no faltarán racionalistas escépticos que, blandiendo la Inquisición, declaren la religión de Cortés tan sangrienta como la de los indígenas y, por lo tanto, el cambio de ídolos sin significación alguna para la humanidad.

Pero el observador sobriamente imparcial pensará de otro modo. No hay quien lea la página en la que Bernal Díaz refiere este episodio sin sentir la fragancia de la nueva fe y de la nueva leyenda que vienen a llenar el vacío creado por la destrucción de los sangrientos ídolos:


La Virgen Madre y el Niño, símbolos de ternura y de debilidad, de promesa y de abnegación, en vez de los sangrientos y espantosos dioses.


Al realizar este acto simbólico, Cortés obedecía sin duda al impulso de una fe ingenua y sencilla -único rasgo ingenuo y sencillo en aquel carácter tan redomado- pero también a un seguro instinto del valor de los actos y de los objetos concretos y tangibles en el gobierno de los pueblos.


La destrucción de los ídolos iba a transfigurarse en una de las escenas legendarias de su vida en cuanto sus inauditas hazañas hiciesen de él una figura heroica cubierta de leyendas floridas; porque, en efecto, la leyenda es un acto cuya verdad vive en la esfera de los símbolos y Cortés iba a ejecutar más de una vez este acto tan simbólico y creador, único que podía elevar a los indígenas de Nueva España de sus sórdidos ritos caníbales al nivel elevado del ritual cristiano.


Los indígenas estaban por lo visto más dispuestos de lo que hubiera podido creerse para aceptar el cambio, pues cuenta Bernal Díaz que, al volver la armada inesperadamente a causa de una avería en un navío, hallaron «la imagen de Nuestra Señora y la cruz muy limpio y puesto incienso». Y añade: «Dello nos alegramos».


Cortés consideraba gracia de Dios las victorias que había conseguido y se preocupa en su correspondencia de los sacramentos. Leámoslo en Bernal Díaz,: «En las cuales cartas les hizo saber las grandes mercedes que Nuestro Señor Jesucristo nos había hecho en las victorias que hobimos en las batallas y reencuentros desque entramos en la provincia de Taxcala, donde agora han venido de paz, y que todos diesen gracias a Dios por ello, y que mirasen que siempre favoreciese a los pueblos totonaques nuestros amigos y que le enviase luego en posta dos botijas de vino que había dejado soterradas en cierta parte señalada de su aposento…»

 
Caída sensible, se pensará, para un caudillo que así pasa de sus consejos de política en favor de los totonaques y su devoto agradecimiento al Señor a Quien atribuye su gloria y sus victorias, a pedir que le manden dos botijas de vino escondidas en su aposento de Veracruz.


Pero, un momento. Sigamos leyendo: «… dos botijas de vino que había dejado soterradas en cierta parte señalada de su aposento y ansí mismo trujesen hostias de las que habíamos traído de la isla de Cuba porque las que trujimos de aquella entrada ya se habían acahado».


Aquel vino no era pues para banquetes y no lo había ocultado a sus sedientas tropas para aplacar la sed del General; era para la misa y se había apartado para asegurar la continuidad del sacramento. «En aquellos días —añade Bernal Díaz — en nuestro real pusimos una Cruz muy suntuosa y alta y mandó Cortés a los indios de Çimpançingo y a los de las casas questaban juntos de nuestro real que lo encalasen y estuviese bien aderezado»

 
Junto con la confianza en sus hombres, fe en la victoria sin la que la victoria es imposible, Cortés sentía la vocación de conquistar vastos territorios y pueblos para el Imperio cristiano cuyo soldado tenía conciencia de ser.


Para él, la propagación de la fe y la de las banderas de España eran una misma cosa, y tan evidente que no admitía ni duda ni discusión.


Así escribe al Emperador cómo, para animar a sus soldados, les hizo valer que estaban «en disposición de ganar para Vuestra Majestad los mayores reinos y señoríos que había en el mundo. Y que demás de facer lo que a cristianos éramos obligados, en puñar contra los enemigos de nuestra fe, y por ello en el otro mundo ganábamos la gloria, y en éste conseguíamos el mayor prez y honra que hasta nuestros tiempos ninguna generación ganó».


Estas palabras de su pluma prueban hasta qué punto eran inseparables en su espíritu los motivos nacionales y los religiosos, lo que no ha de sorprendernos en un hombre de su tiempo, sea cual fuere su nacionalidad, y menos todavía en un español, acostumbrado por una guerra siete veces secular contra el moro invasor a ver en el extranjero al infiel y a identificar la fe con el patriotismo.


Además, al arrostrar tan ingentes peligros, Cortés confiaba de pleno en la ayuda divina.


El relato de Bernal Díaz es aquí inestimable, en contraste con el más corto y sobrio del propio Cortés; pues mientras el soldado, a pesar de su tendencia a sacar a luz a los de filas, se ve arrastrado por la belleza misma del valor sereno de su caudillo a ensalzar los méritos de Cortés, de cuya alma inconmovible hace irradiar ante nuestros ojos todo el ánimo que inunda a su ejército, Cortés se limita a apuntar al cielo como la fuente de la fuerza que él comunica a sus hombres en palabras cuya misma sencillez hacen llegar haste nosotros el aroma de su sinceridad: «Y que mirasen que teníamos a Dios de nuestra parte y que a El ninguna cosa es imposible, y que lo viese por las victorias que habíamos habido, donde tanta gente de los enemigos eran muertos y de los nuestros ningunos» .


La constancia y la firmeza de esta seguridad en el apoyo de Dios, que Cortés sentía como una fuerza siempre viva en su alma, resaltan y se confirman en una escena que debemos a Andrés de Tapia.


Había procurado Cortés hacerse con toda la información y con todos los consejos posibles por parte de los indígenas en quienes confiaba, y en particular de Teach, el cempoalés, «hombre cuerdo, e según él dicie, criado en las guerras entre ellos. Este indio dijo al marques: “Señor, no te fatigues en pensar pasar adelante de aquí, porque yo siendo mancebo fui a Mexico, y soy experimentado en las guerras, e conozco de vos y de vuestros compañeros que sois hombres e no dioses, e que habéis hambre y sed y os cansáis como hombres; e hágote saber que pasado desta provincia hay tanta gente que pelearán contigo cient mill hombres agora, y muertos o vencidos éstos vendrán luego otros tantos, e así podrán remudarse e morir por mucho tiempo de cient mill en cient mill hombres, e tú e los tuyos, ya que seáis invencibles, moriréis de cansados de pelear, porque como te he dicho, conozco que sois hombres, e yo no tango más que decir de que miréis en esto que he dicho, e si determináredes de morir, yo iré con vos.” El marqués se lo agradeció e le dijo que con todo aquello quería pasar delante, porque sabie que Dios que hizo el cielo y la tierra les ayudarie, e que así él lo creyese».

 
Estas eran las fuerzas que alimentaban su valor. No eran nuevas en él. Le habían impulsado desde el principio, iluminando sus ambiciones más densas con una luz y elevándolas con un espíritu sin los cuales no hubiera sido capaz de mantener su dominio sobre los soldados y capitanes que impacientes se agitaban en torno suyo como abejas y avispas; pero aunque le animaron desde el principio, no cabe duda de que fueron creciendo en poder e intensidad a medida que iba pasando de prueba a prueba, elevándose de victoria a victoria, entre peligros que hubieran quebrantado el coraje de un hombre sólo impulsado por una vitalidad animal.


Cortés veía en su victorias la mano protectora del Señor cuyos intereses servía devotamente, por pecador que tuviera conciencia de ser.


De modo que, sin darse cuenta aún de la índole primordial de su victoria, que los acontecimientos iban a revelarle, y así, demasiado realista para atribuirse todo el mérito del triunfo, le concede sólo ocho líneas de una larga carta al Emperador, explicando la victoria porque «quiso Nuestro Señor en tal manera ayudarnos».

 
Cortés hizo repetidos esfuerzos para convertir a Moteczuma. No es posible que correspondiesen a lo arduo de la tarea. la distancia espiritual que los separaba era demasiado grande, aparte de que le faltaban los elementos mentales y lingüísticos necesarios para construir el puente sobre aquel abismo, acercándose al ser recóndito y remoto del Emperador azteca.


Es significativo que, aunque Cortés en persona se daba cuenta de la vanidad de los ídolos mejicanos, sus soldados, sin exceptuar a Bernal Díaz, y no pocas de sus cronistas, entre ellos Torquemada, Cervantes de Salazar y Gómara, creían a pies juntillas en su existencia y en su poder para aconsejar directamente y «hablar» a Moteczuma y a sus sacerdotes, con no menos fe (quizá con más fe) que los mismos mejicanos.


Así resulta que la religión, si no de Cortés, al menos de parte de los españoles que en su órbita giran, era tan capaz como la de Moteczuma y los suyos de absorber otros dioses, gracias a la virtud proteica del diablo.


Para los cristianos sencillos de aquellos días, para todos los soldados y para gran número de los fralles, aun de los más cultos, era el diablo el que se hacía pasar por Vichilobos, Tetzcatlipoca y demás figuras monstruosas que adoraban los mejicanos; con lo cual aquellos «bultos» cesaban de ser meras figuras de piedra o de simientes amasadas con sangre, meros apoyos materiales de los ensueños vacuos de una estirpe atrasada, para transfigurarse en criaturas vivientes, dotadas de una voluntad y de un lenguaje propios —hecho que hacía de la conversión de los indígenas una especie de conquista espiritual, una cruzada de los soldados de Dios contra el espíritu del Malo.


Puede compararse la actitud mental popular en estas materias con la del propío Cortés cotejando el relato de Cortés sobre su famosa destrucción de los dioses del Gran Teocalli con la página en que Andrés de Tapia refiere la misma escena.


Significativa imágen, metáfora de la liberación de Méjico, la Catedral sustituyendo el Gran Teocalli, Templo Mayor azteca, lugar de asesinatos rituales 

Cortés escribe con su concisión usual y con su elegancia positiva y concreta. Al referirse a los dioses indígenas y al Dios universal de los cristianos, habla un lenguaje claro, inteligente, casi pudiera decirse que moderno y racionalista «los bultos y cuerpos de los ídolos en quien estas gentes creen -escribe al Emperador— son de muy mayores estaturas que el cuerpo de un gran hombre. Son hechos de masa de todas las semillas y legumbres que ellos comen, molidas y mezcladas unas con otras, y amásanlas con sangre de corazones de cuerpos humanos, los cuales abren por los pechos, vivos, y les sacan el corazón, y de aquella sangre que sale de él, amasan aquella harina, y así hacen tanta cantidad cuanta basta para facer aquellas estatuas grandes. E también, después de hechas, les ofrescía más corazones, que asimismo les sacrifican, y les untan las caras con la sangre. A cada cosa, tienen su ídolo dedicado, al uso de los gentiles que antiguamente honraban sus dioses, por manera que para pedir favor para la guerra tienen un ídolo, y para sus labranzas otro, y así para cada cosa de las que ellos quie ren o desean que se hagan bien, tienen sus ídolos a quien hon ran y sirven.» 
 
Estos fueron los ídolos, bien claro lo dice y bien claro lo ve, que creyó necesario derrocar: «los más principales de estos ídolos y en quien ellos más fe y creencia tenían, derroqué de sus sillas y los fice echar por las escaleras abajo, e fice limpiar aquellas capillas donde los tenían, porque todas estaban llenas de sangre que sacrifican, y puse en ellas imágenes de Nuestra Señora y de otros santos, que no poco el dicho Mutecçuma y los naturales sintieron; los cuales primero me dijeron que no lo hiciese porque si se sabía por las comunidades, se levantarían contra mí, porque tenían que aquellos ídolos les daban todos los bienes temporales y que, dejándoles maltratar, se enojarían y no les darían nada y les secarían los frutos de la tierra y moriría la. gente de hambre. Yo les hice entender con las lenguas cuan engañados estaban en tener su esperanza en aquellos ídolos que eran hechos por sus manos de cosas no limpias; e que habían de saber que había un solo Dios, universal Señor de todos, el cual había criado el cielo y la tierra y todas las cosas, y hizo a ellos y a nosotros, y que éste era sin principio, y inmortal, y que a El habían de adorar y creer y no a otra criatura ni cosa alguna».

 
Lenguaje de hombre inteligente y claro, muy por encima no sólo del de sus soldados, que no habían pasado por Salamanca, sino también del de muchos frailes educados en la Universidad y que, en punto a erudición, sobrepasaban a Cortés.


En estas palabras, Cortés mide la religión de los mejicanos como hombre del Siglo, y bien devoto creyente de los dogmas de la Iglesia entonces universal para todos los europeos.


Pero, al lado de esta transparencia intelectual, vibraba en él otra calidad que no deja pasar tan fácilmente en sus cartas, fríamente objetiva, al Emperador; bajo su mente clara ardía un corazón religioso que explica su acción violenta contra los dioses indígenas, referida con tanta sencillez en su informe al Emperador.


Este Cortés vibrante y trepidante es el que nos transmite Tapia en su relato, si bien algo desfigurado por la visión personal del narrador. Refiere Tapia cómo, cuando Cortés fue a visitar el teocalli, había en Méjico poca gente española por andar casi todos en busca de minerales por las provincias:

 «e andando por el patio me dijo a mí: “sobid a esa torre e mirad que hay en ella”; e yo sobí […] e llegué a una manta de muchos dobleces de cáñamo, e por ella había mucho número de cascabeles e campanillas de metal; e quiriendo entrar, hicieron tan gran ruido que me creí que la casa se caía. El marqués subió como por pasatiempo, e ocho o diez españoles con él; e porque con la manta que estaba por antepuerta, la casa estaba escura, con los espadas cuitamos de la manta; e quedó claro. Todas las paredes de la casa por de dentro eran hechas de imaginería de piedra […] eran de ídolos, e en las bocas déstos e por el cuerpo a partes tenían mucha sangre de gordor de dos e tres dedos; e descubrió los ídolos de pedrería e miró por allí lo que se pudo ver, e sospiró, habiéndose puesto algo triste, e diJo, que todos los oímos: “¡Oh Dios! ¿Por qué consientes que tan grandemente el diablo sea honrado en esta tierra?” E: “Ha, Señor, por bien que en ella te sirvamos”.»
 
Tal fue sin duda el estado de ánimo en que se puso Cortés, mas no su lenguaje, que ya conocemos directamente por sus cartas al Emperador. El soldado cronista empaña con sus propias supersticiones el cristal claro en que Cortés reflejaba la realidad. Al ruido de los cascabeles habían acudido sacerdotes y otros circunstantes.


Cortés mandó llamar a los intérpretes y les dijo: «Dios que hizo el cielo y la tierra os hizo a vosotros y a nosotros e a todos, e cría lo con qué nos mantenemos, e si fuéremos buenos nos llevará al cielo, e si no, iremos al infierno, como más largamente os diré cuando más nos entendamos; e yo quiero que aquí donde tenéis estos ídolos esté la imagen de Dios y de Su Madre bendita, e traed agua para lavar estas paredes, e quitaremos de aquí todo esto.»

 
Aquí ya refleja Tapia con alguna mayor fidelidad el estilo de su jefe, y sigue diciendo: «Ellos se reían, como que no fuera posible hacerse, e dijeron: “No solamente esta ciudad, pero toda la tierra junta tienen a éstos por sus dioses, y aquí está esto por Uchilobos, cuyos somos; e toda la gente no tiene en nada a sus padres e madres e hijos, en comparación déste, e determinarán de morir ; e cata que de verte subir aquí se han puesto todos en armas y quieren morir por sus dioses.” El marqués dijo a un español que fuese a que tuviesen gran recaudo en la persona de Motecçuma, e envió a que viniesen treinta o cuarenta hombres allí con él, e respondió a aquellos sacerdotes: “Mucho me holgaré yo de pelear por mi Dios contra vuestros dioses, que son nonada”; y antes de que los españoles por quien habia enviado viniesen, enojóse de palabras que oía, e tomó con una barra de hierro que estaba allí, e comenzó a dar en los ídolos de pedrería; e yo prometo mi fe de gentilhombre, e juro por Dios que es verdad que me parece agora que el marqués saltaba sobrenatural, e se abalanzaba tomando la barra por en media a dar en lo más alto de los ojos del ídolo, e así le quitó las máscaras de oro con la barra, diciendo: “A algo nos hemos de poner por Dios”».

 
Este admirable relato confirma en un todo el carácter de Cortés analizado en nuestras páginas.


En aquel momento era el dueño de hecho y sin disputa de un imperio que había conquistado por una obra maestro de previsión, cautela, sagacidad, paciencia y astucia.


Y una mañana, «por pasatiempo», va de visitar al Gran Teocalli, ve los ídolos y las trazas repuguantes del cruel culto y sacrificio; se entristece, interroga a Dios, ofrece servirle para libertar aquella tierra y gente de tales abominaciones; predica a los sacerdotes como puede; oye su resolución de morir por sus dioses y cauto como Capitán, adopta rápidamente ciertas precauciones tácticas, pero ¿cambia su estrategia?


¿Da ni un segundo de atención a la idea de que en un instante puede destruir el éxito espléndido de todo un invierno de trabajos, de bravura y de inteligente perseverancia? ¿Recuerda que tiene cantidades ingentes de oro en sus arcas? ¿Piensa en su potencia, ya seguramente establecida?


Ni un segundo. Echa mano de una barra de hierro y, sin esperar siquiera a que hayan llegado los treinta o cuarenta españoles que ha mandado llamar, se abalanza sobre los ídolos y los destroza, dándoles primero en lo alto de los ojos en presencia de los sacerdotes espantados.


Tapia, y sin duda también sus compañeros presentes, le vieron entonces «saltar sobrenatural», elevarse en el espacio tan alto como los ídolos gigantescos que iba a desafiar y a destruir.


Era en efecto sobrenatural y se elevaba más alto que sí mismo. «Considerando que Dios está sobre natura» —había escrito poco antes al Emperador—.


Así ahora alzado hacia Dios por su fe, se elevaba sobrenatural. La marcha que había comenzado unas semanas antes en las marismas de Veracruz, hacia lo alto, elevándose paso a paso, lucha a lucha, victoria a victoria, por los escalones gigantescos de la cordillera haste la altiplanicie de la capital misteriosa y recóndita, tenía que terminar en la más alto de las ascensiones haste aquella cúspide del Teocalli más empinado donde Cortés dio un golpe de barra histórico entre los ojos del feroz Uitehilipochtli.


Aquél fue el momento culminante de la conquista, la hora en que el anhelo del hombre por alcanzar lo más alto triunfa sobre su querencia a contentarse con disfrutar de lo ya conseguido; la hora en que la ambición y el esfuerzo vencen al éxito, en que la fe vence a la razón.


Si Cortes hubiera sido un hombre menos razonable, aquel acto hubiera podido descontarse como una temeridad por bajo de las normas que todo hombre debe alcanzar para que se le considere como en plena madurez; pero Cortés encarnaba la razón y la cautela.


Su acto no puede pues interpretarse como caída por bajo de la razón, sino al contrario, como subida por encima de la razón. Por eso ha entrado de lleno en la leyenda, como todos los actos en que el hombre se eleva por encima de los hombres.”


Estos son los espíritus que conformaban los hombres notables de la España del Siglo de Oro. ¿Volverán sus inquietudes a llenar nuestros anhelos

Origen: Para celebrar la liberación de Tenochtitlan (Ciudad de Méjico) el 13 de Agosto por Cortés y sus aliados los indígenas del valle de Puebla-Tlaxcala, vemos el espíritu que les animaba

No manchemos la memoria de nuestros héroes – Rafael García Tudela (Hermano de Jorge, caído en acto de servicio)

No manchemos la memoria de nuestros héroes.

Mi hermano menor Jorge perdió el viernes su vida en el atentado de Kabul junto con su compañero Gabi. Deja a su amada Gema y a sus dos ojos de la cara, Alejandro y Lucas, este último con tan solo nueve años, sin olvidar a una madre, suegros, hermanos, cuñados, tíos, primos, compañeros y amigos, que ya no seremos nunca más presa de sus interminables abrazos y pegajosos besos, ya que mostraba su amor con la misma pasión y entrega que ponía a todo aquello que hacía en la vida.

Mi hermano no murió por las balas o por las explosiones, Jorge murió por defender los valores en los que creía: su familia, su trabajo y una patria en libertad y justicia.

Como Jorge, hay miles de personas que arriesgan su vida por estos mismos valores y que quiza nunca sean debidamente reconocidos. Hoy todos los medios se hacen eco de la noticia y los politicos hacen mención en sus mítines, Algunos ya apuntan a sucumbir a la tentación de utilizar este hecho como un arma arrojadiza con la que obtener una ventaja en el proceso electoral. A éstos les ruego, que por favor, no manchen la memoria de un hombre de honor con su deshonor, que lo aparten de sus luchas cainitas impropias del pueblo que pretenden liderar. Siento envidia de la unidad del pueblo Francés frente a la indignidad que aqui mostramos.

Mi hermano murio asesinado por una barbarie contraria a todo en lo que el creía. Si hay que mejorar las condiciones de todos los que nos defienden, que se haga por una vez mostrando la unidad de un pueblo, todos juntos en una decisión única de combatir la sinrazón, y asegurar nuestras libertades y derechos frente a quienes nos las quieren arrebatar, pero ahora por favor dejen esto fuera de sus debates oportunistas.

Nadie obligó a Jorge a abordar esa misión, y nunca nadie le habrá oído quejarse de su equipamiento, ni por las condiciones de la embajada, etc. El tenía una misión, y no dudaba en ejercerla hasta el final, porque el amor a su trabajo y su profesión no le permitiría hacerlo. Estoy seguro que solo se habrá ido con un reproche, y es el de no poder haber donado todos sus órganos para salvar más vidas, ya que esa era su voluntad, y las circunstancias de su muerte no lo han hecho posible.

Dentro de una semana nadie se acordara de Jorge en los medios, ni los politicos en sus mitines (afortunadamente), pero su legado quedará en el ejemplo que nos dio a todos los que tuvimos la suerte de quererle y admirarle.

En vida lo dio todo por todos, nunca se guardó nada para él. Ahora sólo espero y confío en que su país le devuelva al menos una parte de ese esfuerzo ocupándose de su viuda e hijos.

La guerra, manual de instrucciones – Bernard Henri Levi| Internacional | EL PAÍS

Hay que llamar a las cosas por su nombre y tratar al enemigo como tal. La alternativa está clara: si no hay tropas en su terreno tendremos más sangre en el nuestro

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Pues bien, aquí está la guerra.

Una guerra de un nuevo tipo.

Una guerra con y sin fronteras, con y sin Estado; una guerra doblemente nueva porque mezcla el modelo desterritorializado de Al Qaeda con el viejo paradigma territorial que ha recuperado el Estado Islámico (ISIS).

Pero una guerra, en cualquier caso.

Y ante esta guerra que no deseaban ni Estados Unidos, ni Egipto, ni Líbano, ni Turquía, ni hoy Francia, solo podemos hacernos una pregunta: ¿qué hacer? Cuando nos cae encima una guerra así, ¿cómo responder y ganar?

Primera ley: llamar a las cosas por su nombre. Al pan, pan, y al vino, vino. Y atrevernos a decir esa palabra terrible, guerra, frente a la que lo deseable, lo propio y, en el fondo, lo noble por parte de las democracias, pero también su debilidad, es rechazarla hasta los límites de su comprensión, de sus referencias imaginarias, simbólicas y reales.

La grandeza y la ingenuidad de Léon Blum, que en un famoso debate con Elie Halévy dijo que no lograba concebir —salvo como una contradicción— ni la idea misma de una democracia en guerra.

La dignidad y los límites de las grandes conciencias humanistas a finales de aquellos mismos años treinta, que vieron surgir, espantados, a Georges Bataille, Michel Leiris, Roger Caillois y otros colegas del Collège de Sociologie con sus llamamientos al rearme intelectual de un mundo que creía haber dejado atrás su parte maldita y su Historia.

Ahí estamos hoy.

Pensar lo impensable de la guerra.

Consentir esa contradicción que es la idea de una república moderna obligada a combatir para salvarse. Y pensarlo aún con más tristeza porque varias de las reglas establecidas por los teóricos de la guerra, de Tucídides a Clausewitz, no parecen servir para ese Estado fantoche que lleva la llama más allá en la medida en que sus frentes están desdibujados y sus combatientes tienen la ventaja estratégica de no establecer diferencias entre lo que nosotros llamamos la vida y ellos llaman la muerte.

Las autoridades francesas lo han comprendido, hasta en las más altas instancias.

La clase política ha aprobado unánimemente su gesto.

Quedamos usted, yo, el cuerpo social en su conjunto y en su detalle: queda la persona que, cada vez, es un blanco, un frente, un soldado sin saberlo, un foco de resistencia, un punto de movilización y de fragilidad biopolítica. Es desesperante, es atroz, pero así están las cosas, y es necesario actuar con la mayor urgencia.

No es terrorismo. No es una dispersión de lobos solitarios ni de desequilibrados

Segundo principio: el enemigo. Quien dice guerra, dice enemigo. Y a ese enemigo no solo hay que tratarlo como tal, es decir (las enseñanzas de Carl Schmitt), verlo como una figura a la que, según la táctica escogida, se puede engañar, hacer dialogar, golpear sin hablar, en ningún caso tolerar, pero sobre todo (enseñanzas de san Agustín, santo Tomás y todos los teóricos de la guerra justa), darle, también a él, su nombre auténtico y preciso.

Ese nombre no es terrorismo.

No es una dispersión de lobos solitarios ni de desequilibrados. En cuanto a la eterna cultura de la excusa que nos presenta a los escuadrones de la muerte como individuos humillados, empujados al límite por una sociedad inicua y obligados por la miseria a ejecutar a unos jóvenes cuyo único delito era que les gustaba el rock, el fútbol o el frescor de una noche de otoño en la terraza de un café, es un insulto para la miseria y para los ejecutados.

No.

Esos hombres que están en contra del placer de vivir y la libertad propia de las grandes metrópolis, esos bastardos que odian el espíritu de las ciudades tanto —dado que son lo mismo— como el espíritu de las leyes, del Derecho y la dulce autonomía de los individuos liberados de antiguas sumisiones, esos incultos a los que habría que replicar, si no les fueran completamente desconocidas, con las bellas palabras de Victor Hugo cuando gritaba, en plenas matanzas de la Comuna, que atacar París es más que atacar Francia porque es destruir el mundo, merecen el nombre de fascistas.

Mejor dicho: fascislamistas.

Mejor dicho: el fruto del cruce que vio venir otro escritor, Paul Claudel, cuando en su Diario, el 21 de mayo de 1935, en uno de esos destellos cuyo secreto solo poseen los grandes, anota: “¿Discurso de Hitler? Se crea en el centro de Europa una especie de islamismo…”

¿Qué ventaja tiene dar un nombre?

Poner las cosas en su sitio. Recordar que, con este tipo de adversario, la guerra debe ser sin tregua y sin piedad.

Y forzar a cada uno, en todas partes, es decir, tanto en el mundo árabe musulmán como en el resto del planeta, a decir por qué lucha, con quién y contra quién.

Eso no significa, por supuesto, que el islam tenga afinidad alguna con el mal, como no la tienen otras formaciones discursivas.

Y la urgencia de este combate no debe distraernos de esa otra batalla, también esencial, que es la batalla por el otro islam, por el islam de las luces, el islam en el que se reconocen los herederos de Massud, Izetbegovic, el bangladesí Mujibur Rahman, los nacionalistas kurdos o el sultán de Marruecos que tomó la heroica decisión de salvar, enfrentándose a Vichy, a los judíos de su reino.

Pero eso quiere decir dos cosas, o quizá tres. Para empezar, que, como se supone que la tormenta fascista de los años treinta no rebasó el perímetro de Europa, las tierras del islam son las únicas del mundo en las que se ha eludido asumir la memoria y el duelo que sí han llevado a cabo los alemanes, los franceses, los europeos en general, los japoneses.

Con este tipo de adversario, la guerra debe ser sin tregua y sin piedad

Después, que hay que poner de relieve con más claridad la disyunción decisiva, primordial, que enfrenta esas dos visiones del islam, enzarzadas en una guerra letal que es, pensándolo bien y por utilizar una expresión conocida, el único choque de civilizaciones en activo.

Y, por último, que ese trazado de la línea sobre la que se enfrentan los seguidores de un Tariq Ramadan y los amigos del gran Abdelhawahb Meddeb, ese señalar lo que, a un lado, puede alimentar el “Viva la muerte” de los nuevos nihilistas, y al otro, el tipo de trabajo ideológico, textual y espiritual que bastaría para conjurar el regreso o la llegada de los fantasmas, debe ser, sobre todo, obra de los propios musulmanes.

Conozco la objeción.

Oigo gritar a los biempensantes que llamar a quienes son buenos ciudadanos a desvincularse de un crimen que no han cometido es suponerlos cómplices y, por tanto, estigmatizarlos.

Pero no.

Porque ese “no en nuestro nombre” que esperamos de nuestros conciudadanos musulmanes es el de los israelíes que se desvincularon, hace 15 años, de la política de su Gobierno en Cisjordania.

Es el de las masas de estadounidenses que en 2003 protestaron contra la absurda guerra de Irak.

Es el grito más reciente de todos los británicos, fieles o simples lectores del Corán, que decidieron proclamar que existe otro islam —manso, misericordioso, apasionado de la tolerancia y la paz— que no es ese en cuyo nombre pudieron apuñalar a un militar en plena calle.

Es un grito hermoso. Es un bello gesto.

Pero, sobre todo, es el gesto sencillo, de justicia, que consiste en aislar al enemigo, separarlo de su retaguardia y hacer que deje de sentirse como pez en el agua en una comunidad para la que, en realidad, es una vergüenza.

Porque quien dice guerra dice otra vez, inevitablemente, la identificación, la marginación y, si es posible, la neutralización de esa fracción enemiga que actúa en el territorio nacional.

Es lo que hizo Churchill cuando encarceló, en el momento de la entrada de Gran Bretaña en guerra, a más de 2.000 personas, a veces muy próximas —su propio primo, Geo Pitt-Rivers, número dos del partido fascista inglés—, a los que consideraba enemigos interiores.

Y es, salvando las distancias, lo que debemos decidirnos a hacer hoy, por ejemplo prohibiendo a quienes predican el odio; vigilando más de cerca a los miles de individuos fichados y marcados con una “S”, es decir, sospechosos de yihadismo; o convenciendo a las redes sociales estadounidenses de que no permitan los llamamientos a cometer atentados suicidas a la sombra de la Primera Enmienda.

Es un gesto delicado, que está siempre al borde de las leyes de excepción. Y por eso es crucial, en estos momentos, no ceder ni sobre el derecho ni sobre el deber de hospitalidad, más necesarios que nunca ante la avalancha de refugiados sirios que huyen precisamente del terror fascislamista.

Seguir recibiendo inmigrantes al mismo tiempo que se incapacita al mayor número posible de células dispuestas a matar.

Abrir aún más los brazos a los fugitivos del ISIS ahora que nos disponemos a ser implacables con quienes, entre ellos, quieren aprovecharse de nuestra fidelidad a nuestros principios para infiltrarse en tierra de misiones y cometer sus crímenes.

No es contradictorio.

Es crucial no ceder ahora sobre el deber ni el derecho de hospitalidad

Es la única forma de no dar al enemigo la victoria que da por descontada, que es vernos renunciar al tipo de convivencia abierta y generosa que caracteriza nuestras democracias.

Y es, lo repito, ese razonamiento inherente a toda guerra justa que consiste en no mezclar lo que tiene vocación de división, y mostrar, en este caso, a la gran mayoría de los musulmanes de Francia, que no son solo nuestros aliados, sino nuestros hermanos y conciudadanos.

Y, para terminar, lo fundamental.

La verdadera raíz de esta irrupción del horror.

Este Estado Islámico que ocupa un tercio de Siria e Irak y que ofrece a los artificieros de posibles futuros Bataclan bases, centros de mando, escuelas de crimen y campos de entrenamiento, sin los que no sería posible nada.

Sabemos que la semana pasada, en el Sinjar, los peshmerga lograron, con la coalición internacional, una victoria decisiva.

Podríamos mencionar numerosos ejemplos, desde hace seis meses, en los que los kurdos, que hasta ahora son los únicos que han entablado combate cuerpo a cuerpo, han visto retroceder sin resistencia a los malvados soldados de Daesh.

Y, como en otro tiempo en Sarajevo, como en la época en la que presuntos expertos agitaban el espectro de los cientos de miles de soldados que iba a hacer falta desplegar sobre el terreno para impedir la limpieza étnica, en realidad, llegado el momento, será suficiente un puñado de fuerzas especiales y de asalto: estoy convencido de que las hordas del ISIS son mucho más valientes a la hora de hacer volar a unos jóvenes parisienses indefensos que cuando se trata de enfrentarse a auténticos combatientes de la libertad, y por eso pienso que la comunidad internacional, si quiere, dispone de todos los medios para acabar con esta amenaza a la que se enfrenta.

¿Por qué no lo hace?

¿Por qué somos tan tacaños con la ayuda a nuestros aliados kurdos?

¿Y qué es esta extraña guerra que Estados Unidos, con Barack Obama al frente, no parece querer ganar?

Lo ignoro.

Pero sé que la clave está ahí.

Y que la alternativa está clara: “No boots on their ground” equivale a “more blood on our ground” (si no hay tropas en su terreno tendremos más sangre en el nuestro).

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

La alternativa ante la situación está clara si no hay tropas en su terreno tendremos más sangre en el nuestro

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